La orante

Yhonaís Lemus

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Para John Berger: «La poesía puede hablar de inmortalidad porque se abandona al lenguaje en la creencia de que el lenguaje abraza toda experiencia, pasada, presente y futura». El escritor, crítico de arte, pintor y poeta británico considera que la inmortalidad de la poesía es mucho más trascendente que la del genio creador, porque no hay nadie detrás del lenguaje que se recita.

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La poesía está cerca de la oración: «Es el propio lenguaje el que tiene que oír y agradecer»; dirá Berger y es así como el poeta profiere una plegaria ante lo inefable, una plegaria con y por las voces que ya no están y es así como se levanta una plegaria dolorosa, pero con devoción y agradecimiento, en el libro La voz de mis hermanas y otros poemas (2021), de la poeta y crítica literaria venezolana María Antonieta Flores, publicado por la editorial chilena LP5 Editora, voces que se funden al unísono con un lirismo excepcional.

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Nada es casual en la producción literaria de María Antonieta Flores (Caracas, 1960) excepto esa fuente creadora que alimenta cada verso para romper la condición tempo-espacial y hacerse un lugar en el mero plano de la inmanencia. La obra de María Antonieta Flores es extensa y rica en un imaginario que roza con un profundo conocimiento de las cosas, del pasado, del presente, de la vida y de la misma condición de ser mujer y estar en el mundo.

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Con El señor de la muralla (1991), Flores inicia su recorrido poético a través del símbolo y va dando forma a una cosmogonía sostenida por esa musicalidad y armonía propia de su escritura: «Soy cántico de antepasados / un nuevo hechizo / fragmento del cuarzo de los relojes / la de los signos y vientos favorables / el astrolabio». Libro que desarrolló durante el taller literario impartido por la poeta Ida Gramcko donde se ve reflejado, por primera vez, la violencia y el poder. Del mismo modo, la imagen del cazador y de la fiera será un leitmotiv presente en varios de sus libros: Canto de cacería (1995), también se puede apreciar en algunos poemas de La voz de mis hermanas (2005) y en Las conductas discretas (2020). La víctima, el victimario, el abandono, la pérdida y el amor en sus múltiples matices serán temas desperdigados por toda su obra: Presente que no en ausencias (1995), Agar (1996), criba de abril (1998), Los trabajos interminables (1998), índigo (2001), limaduras (2005), regresaba a las injurias (2009), madera de orilla (2013), temples (2014), deletérea (2015), Los gozos del sueño (2020).

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La poesía de María Antonieta Flores «invita a cada destinatario a una pausa y a un encuentro congelado en el tiempo en el que la palabra poética se desborda como una creciente, para terminar en el efecto de representarnos en nuestra propia fragilidad y nuestra propia oscuridad»; cita que tomo de la poeta argentina Alicia Genovese (Sobre la emoción en el poema, Cuadro de Tiza, 2019). La materia poética de María Antonieta Flores refleja lo que yace oculto en el destinatario y lo aflora, entonces aparece el descubrimiento; el lector se ve reflejado en cada palabra y la toma para sí, se vuelve uno y se disuelve en el infinito juego polisémico que la poeta propone.

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En La voz de mis hermanas y otros poemas, María Antonieta Flores va del cántico descarnado y a veces apasionado hacia un horizonte metafísico que entra en diálogo con aquellas voces que logran interponer su propia naturaleza; Anna Ajmátova, Sylvia Plath, Anne Sexton, Frida Khalo, Karoline von Günderrode, Alejandra Pizarnik pueden «regresar en otra voz», ellas existen porque están en los poemas con «el mismo dolor que cruza los siglos». El yo lírico evoca las voces de sus hermanas para reencontrarse con ellas, regresar al origen y recuperar las palabras: «allá los pasos de mis hermanas / cubiertas por los trajes negros / las palabras que me donaron». La selección del poemario da cuenta del reconocimiento y de las afinidades de aquellas escritoras que han acompañado a la autora y que se funden en una porque «el fuego tiene una sola voz».

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Este poemario se encuentra dividido en dos partes: la primera parte titulada «La voz de mis hermanas», de la que hicimos mención, y la segunda parte titulada «y otros poemas», donde el yo lírico insiste sobre el dolor, la angustia y la muerte; «un animal muerto puede decirnos algo sobre el futuro» o «rota la tranquilidad /no hay sangre sino polen». Se trata de un imaginario devastador y doloroso que puede refugiarse por momentos en la fe y en la misma oración: «vas encendiendo velas / por aquel que está perdido / por aquel que te llama en la noche alta», «en el regazo del silencio cae una hoja diminuta/ te santiguas frente a sus sueños y le cantas poemas»; versos que he extraído del poema la orante que me hace preguntar: ¿no será acaso la misma María Antonieta Flores una orante o una fiel sierva de la palabra, de la poesía? De allí que la poeta diga: «Mi fe se quiebra a veces, pero me sostiene el trato que tengo con la poesía. Un pacto sostenido por una intención de honestidad». O que asegure que «el poema tiene su propia vida». Entonces, la oración y la poesía siempre han estado allí y usan al poeta como intermediario para hacerse ver.

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El poema trasciende, se eleva, porque se encuentra fuera del alcance del tiempo, nada lo domina y cuando encuentra al poeta que sabe cómo anotarlo, difícilmente lo abandona, se hacen cómplices y compañeros hasta que llega la muerte, e incluso así el poema sobrevive.

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Y.

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Yhonaís Lemus es escritora venezolana y profesora universitaria. Ha publicado La trascendencia de los insectos (2008), El Perro y la Rana, Caracas; Hilos Celestes (2013), Editorial Torino, Caracas; Entre el rostro/rastro de Clarice Lispector (2018), Editorial Académica Española, Madrid; Destellos Acuosos (2019), Halley Ediciones, Buenos Aires; Memorias de la piel (2020), Halley Ediciones, Buenos Aires; En pocas palabras. Antología de microrrelatos (2021), Niña Pez Ediciones. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés y alemán. Cursó una maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, institución de la que ha sido parte del equipo docente. Facilita talleres de escritura creativa y colabora en múltiples proyectos editoriales.

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Alba Izaguirre

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