La sonrisa del tiempo

Nostalgia de infinito en Nada de este mundo, de Víctor Coral

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Carlos Llaza

La creación poética nace de la sobreabundancia y de la carencia; de la fricción entre un amor y un hambre incontenibles, de la huella indeleble que exhorta al ser humano a anhelar (dolorosamente) la plenitud. Cuando el poeta le canta al mundo hecho pedazos o lo despedaza a través de su canto, o cuando le canta a un fragmento específico de la realidad o directamente a la nada, lo hace no solo para construir sentido, sino sobre todo para situar la fugacidad del instante en el seno de la eternidad. Así, Nada de este mundo, la más reciente entrega del poeta limeño Víctor Coral (1968), propone una exploración de la contingencia humana desde el borde del abismo; borde que es, en simultáneo, camino y morada.

Como es obvio, contemplar la nada y dialogar con ella no es tarea fácil. Para conseguirlo, la voz que enuncia los poemas de Nada de este mundo se vale de reflexiones y observaciones tan sobrias como precisas, a través de las cuales incita al lector a atravesar los velos que la mirada genera para cubrir el vacío. Dicho esto, cabe detenerse en el título por un momento. Nada de este mundo puede ser lo contrario a «nada de otro mundo»; es decir, lo opuesto a lo común y corriente. O, tal vez, podría referirse a lo que no forma parte de este mundo. O incluso a la nada que sí habita y conforma este mundo. A través de un evidente control de su oficio, el poeta cimienta el libro en la premisa de que nada es metáfora de todo y viceversa; en otras palabras, una metáfora en la cual no se puede distinguir entre tenor y vehículo. Empezando por Advaita, la primera sección del libro, y a través de las siguientes secciones (Diccionario fugaz, Cosas de nada, Tres poemas), el poeta dialoga con este tropo en busca de nuevas interrogantes, mientras enfrenta al lector con la fragilidad de su propia existencia, esbozada como «La coma que en la frase / oculta al verbo ser».

Fruto de la aparente imposibilidad de este nihilismo místico, los versos de Coral evidencian cuán inocente y riesgoso sería concebir la realidad como aquello que los sentidos perciben; ya que, si bien «Caminamos medio dormidos», «Despertamos cuando el camino se une con la noche», lo cual sugiere una revelación más significativa que la nada. A fin de cuentas, es en la noche oscura cuando el alma sale en busca del Amado (noción también esbozada en Tres poemas). El poeta entonces se embarca en exploraciones del ser y del noser impulsado por el ansia de conquistar el tiempo, lo cual parece realizable solo para «la belleza / que no existe»; afán que a menudo es abrumado por la aterrorizante inercia de la nada: «un burbujeo breve en el mar del noser».

Dado que los sentidos pueden ser poco confiables, la inteligencia permite, hasta cierto punto, comprender y compensar sus inexactitudes y limitaciones. De ahí que en Nada de este mundo la contemplación se despoje de la pasividad para devenir en «Contemplacción». La voz de Coral observa los sucedáneos que ella misma invoca y los mecanismos paliativos que su canto eleva, pero sin perder de vista la llegada del alba que cauteriza y cura. Y aunque el poeta afirme que «Sueño de una sombra somos / diluyéndose en la bruma», tiene plena consciencia de que nada «puede contra el cariño por lo bello». Esta esperanza emerge de la yuxtaposición entre imágenes cotidianas o familiares (el cuadrilátero, el ichu, la lluvia, los charcos, el vaso, la cebolla, la flor, el río, el mar, entre otras) y la experiencia inexorable de vacuidad, tiniebla y muerte. De este modo, la humedad limeña, como la niebla amarillenta de Prufrock, es transformada en animal omnisciente: «Siento cómo lames la helada estatua / y socavas el muro medianero de barro // Lo que ignoro / es como actúas detrás de mis ojos / cuántas aves enloquecen con tu dulce oscuridad».

Este diálogo con las tradiciones filosófica y literaria es una constante en Nada de este mundo. Coral no sólo combina sus materiales con maestría y buen gusto, sino que los renueva de acuerdo con su proyecto poético. Tal vez los más claros ejemplos (mas no los únicos) de este intercambio sean «Amazonas», cuya respuesta a las coplas de Jorge Manrique evidencia el virtuosismo del poeta; «Phobos», que con parca inocencia evoca no sólo «Trilce III» sino también «A mi hermano Miguel»; y la sección «Tres poemas», donde amor, hambre y nostalgia se funden en clamor esperanzado.

Si, como T.S. Eliot observa en su centenario ensayo «Tradition and the Individual Talent», cada obra nueva modifica la tradición y es al mismo tiempo modificada por esta, el nuevo libro de Víctor Coral es una prueba fehaciente de ello. Los poemas de Nada de este mundo, cual caracolas, «llevan la evolución sobre sí» y revelan que «Desde el principio // La espiral es la sonrisa indescifrable del tiempo».

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N A D A  D E  E S T E  M U N D O

V Í C T O R  C O R A L

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A d v a i t a

 

Eckhartiana

El ojo con que dios ve al hombre
es el mismo con que dios ve su vacío

No hay dios
sólo deseo y soledad

No hay hombre
sólo viento inmundo

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Peso

Un cráter no es un abismo

Una fosa no es un foso —aun
que los una la misma ausencia

Sólo nuestros corazones pesan

Sólo ellos
son profundos y vacíos

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¿Reflejo de reflejo de reflejo = realidad?

Una ventana empolvada

Semiabierta

Sobre su luna se refleja
el charco de lluvia
de la pista

El charco refleja
a su vez
la ventana de enfrente

Cerrada

En sus lunas puedo verme
asomado (asombrado)
a mi ventana empolvada

……………………………….—fe falaz del ego—

No:

reflejo de reflejo de reflejo = yo.

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D i c c i o n a r i o  f u g a z

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Sombra

Incluso la muerte
necesita la sombra de los árboles

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Poética

Hay que coger la palabra
apresarla entre el pulgar
el índice
y el anular

……………..—tenaza fugaz—

y
con los dientes
despegar el silencio
de su revés

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Espiral

Conchas / litos/ caracolas
llevan la evolución sobre sí
Desde el principio

La espiral es la sonrisa
indescifrable del tiempo

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Ereignis

En este dominio en donde nada se puede demostrar, muchas cosas pueden ser
mostradas.

M.Heidegger

En la habitación
la sierpe de piedra serpentina brilla bajo la lámpara eléctrica

Afuera
ficus madreselvas cuculíes tiritan con el frío invernal

Tienes que sentir la forma en que el mar se despliega tras los ojos

 

Este es el evento:
hombre y ser se funden
y fundan la deslumbrante morada del día

Morada / mirada / miríada de mares…

Todas las miradas conducen a una mañana pura
ni una novela de Vollmann puede contra el cariño por lo bello…

Siente:
los cuerpos y los ojos (esos linderos perfectos de la luz)
erigen una nueva manera
un existir rotundo

la luz inunda el mundo

El noser nada puede contra su mirada

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C o s a s  d e  n a d a

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La cebolla

Hay que pelarla
muy despacio
con ritmo pausado
pero incesante

Ir quitándole
túnica
tras
túnica
sin miramientos
ni llantos

Dejarla reducida
a ese magro ápice
transparente

Entonces
quitarle
su nombre
y su ser:

arrojar
el ápice
al fuego

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La morena

Así como la morena
se esconde
entre rocas oscuras
y sale de entre ellas
cuando quiere atacar
a una presa
o espantar al enemigo

Así
el recuerdo aparece

………….—instantáneo heridor

y se repliega
a las sombras del ser
dejando
negros jirones
en la superficie
de la mente

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Curriculum Vitae

—Amaneció: fui un vencejo sin alas
admirando la luz a través de sus párpados traslúcidos.
(1968-1975)

—A media mañana levanté vuelo
estuve orgulloso de mi visión panorámica de todo.
(1976-1982)

—Por la tarde comprendí la muerte
lloré la violenta desaparición de las cosas y los seres.
(1983-1999)

—Durante el ocaso
como una paca-paca
aprendí a amar las formas oscuras los presagios.
(2000-2018)

—Ahora en plena noche
añoro aquella luz tengo los párpados negros y pesados
los sueños la deslumbrante realidad virtual
son sólo visiones borrosas.

(2019- )

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Carlos Llaza. Arequipa, Perú, 1983. Poeta y traductor literario. Autor de Naturaleza muerta con langosta (Buenos Aires Poetry, 2019). Su trabajo ha aparecido en publicaciones como Estación Poesía, Altazor, Letras Libres, Buenos Aires Poetry, Jámpster, Oculta Lit, Periódico de Poesía, Heterónima, entre otras. Actualmente traduce la obra de Robert Burns como proyecto de doctorado y es Shaw Scholar (2020-2021) del Centre for Robert Burns Studies de la Universidad de Glasgow.

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Víctor Coral. Lima, Perú, 1968. Ha publicado los poemarios Luz de Limbo (2001, 2005), Cielo Estrellado (2004), Parabellum, (2008), Poseía (2011), tvpr (2014) y Acróstico Deleuziano (Lima, Ciudad de México, 2019). Tiene dos novelas publicadas: Rito de Paso (2006) y Migraciones (2009), y una inédita. Poemas, artículos y ensayos suyos han sido publicados en Letras Libres; Hueso Húmero; Luvina; Periódico de Poesía y otros. Tiene dos poemarios inéditos.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Andrea Britto Moreno
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