Las casas

Alberto Cisnero

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8-

he visto en los antigales las tinajas
de mis muertos. obviaron la emoción
lexicógrafa, el bostezo, un énfasis que chorreara,
para trinar en el agua. tributaron. palearon.
firmaron
con una cruz. supieron y conservaron
sus nombres verdaderos y completos.
compartieron el mismo pedazo de pan.
ninguno adosó a sus atuendos emblema
de múltiples colores. vivieron y dieron su fin.
quichuistas todos en las casas.
bestias del mismo pelo.

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 10-

es la parte social de mis nudos. conciencia
y corazón. me declaré la guerra civil. escribí
el movimiento obrero granizado con el fierro
en el escritorio. es la única fotografía que existe
del acto. limada la numeración. palabras.
manuscritas. esas y no otras. las mismas de
mudar. y no supe cómo hacer para que las
palabras fuesen esas y no otras. luego enflaquecí.
incendié
una tapera antigua y deshabitada. ningún
elemento de nerviosismo. participaba
en pendencias. es la parte social
de mis propiedades. el suelo yermo.

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25-

ese ruido y furia nada significa. mañana
mi canto contendrá mayor turbidez,
pero aún está por venir la aurora. digan
sus oraciones, chicos, recurriendo al menor
número posible de glosa, acápite o bastardilla.
a lo largo del camino encontrarán cortesía
y apoyo. la interpretación siempre adviene
al final del cuento. y no pertenece
a una finalidad inmediata del lenguaje.

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43-

ya saben, escondite norte, último montículo,
diez brazas al sur del peñasco negro, etcétera.
a eso de las cinco de la madrugada, a la luz
de la luna, me apropincué hasta el arrecife
de coral, a quitar la sal que dejan las olas
al secarse la espuma sucia de la marea,
a volverme niño. para lograrlo o morir.

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93-

buscaba el candor, dos puntos: algo
que lo fuese a ilusionar lejos de los bulevares
en primavera. pero ya no asimila toda la droga.
y dado a las respuestas ecuménicas
y a los extremos de cualquier índole, léase orden
o sueño, insiste en reclutarse, sin caballo
y en elsinor, para la tercera guerra mundial
de condecoraciones que anheló portar.
en su túmulo ha de recitarse: andá y hacé
lo mismo. llegué a cobrarle cariño.
el que se le puede dispensar a un animal.
o a un suscriptor de libros, entendámonos.

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100-

ya pasamos las miserias. callando un día sí
y otro no. recordá eso. si así no fue yo quisiera
que hubiera sido así. luz tan fugaz
y tan plena, perdida y añorada. las salas
de espera ingresan a la fuerza
entre los cuatro márgenes.
pero los detalles aquí no importan.
hace horas que no tengo noticias tuyas.
ese silencio vale más que mi vida.

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Alberto Cisnero. La Matanza, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1975. Ha publicado: El límite de la materia (Ediciones Ruinas Circulares, 2012), Tagsales (Encausto Edictores, 2013), Adiós y hasta pronto (Dio Fetente, 2013), El movimiento obrero granizado (Barnacle, 2014) y Robé un auto para trasladarme a las soledades vivientes (Barnacle, 2015), Ajab (2016), Oquei, gracias (Barnacle, 2017).

Los poemas acá presentados forman parte del libro Las casas (2018). El cual fue remitido a nuestra redacción por parte de la editorial Mora Barnacle (Argentina). La fotografía que acompaña la entrada es cortesía del portal web opcitpoesia.

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