Las Cuerpas

Tania Jaramillo

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u n a  p o é t i c a  d e  l a s  c u e r p a s

Dentro de la poesía joven escrita en México podemos encontrar una abundancia de registros que buscan corporizar nuevamente los muñones de las mexicanas asesinadas por el crimen organizado, por sus familias, parejas, amistades, etc. Lo que constituye una insoportable manera de vivir. Esta es una poética de la reconstrucción de las cuerpas que han desparecido. Tania Jaramillo ha madurado un libro que cubre excepcionalmente esta búsqueda, titulado Las Cuerpas (de próxima publicación), Jaramillo ha puesto a las CUERPAS en el centro del diálogo poético, el cuerpo masculino desaparece por la necesidad histórica de escuchar lo que una y varias cuerpas van musitando, hablando, aullando. Los siguientes poemas son testimonio de una poética feminista, humana, que con gran tino es arrebatadora.

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Iván Cruz Osorio
poeta y editor mexicano
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Fango

Me quedé abismada en alguna grieta con los ojos fijos en las sombras
frente a mí la calle
y una danza de crispados movimientos propagaban la demencia entre la gente:
bramaban
lo juro
y se aferraban a algo entre ellas y el viento.
Asfixiada entonces por la angustia
me quedé sin mover los pies ante el semáforo.
El fuerte aroma de los perfumes baratos adheridos a las pieles
se confundía con el olor a planchas llenas de comida
charcos de agua mugrienta
(quizá así sea el llanto de quienes matan a palos a los lobos marinos).
Supe que no me dirigía a ninguna parte:
“Se lo han tragado todo
ya no suenan las voces cantando en las mañanas”.
Quizá salí en busca de una casualidad:
que alguien me arrollara al intentar un paso
que no tendría otro fin
que estar del otro lado de la acera.

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Diluvia

Relámpagos en la noche que caigan
la lluvia
contra la azotea
los tinacos
las maderas enmohecidas en un rincón
entre las paredes que exhalan
dejando una escarcha de humedad y tristeza
contra el juguete descolorido por los rayos del sol
que caiga como pedradas contra las láminas
y silenciosa contra la ropa en los tendederos
que hable el agua de los charcos
con voces enturbiadas de ansiedad
que existan los seres inventados por la imaginación
los monstruos sin forma
los demonios de tiempos primigenios
los aparecidos en medio de la calle
que nos envuelvan los alientos callejeros que emanan las coladeras
que las cucarachas se escondan
o floten muertas
que se enfríe la sala
que la ventana permanezca abierta
y las cortinas se empapen.
Que llueva
que se inunden los patios
y la basura suba a la superficie
que el agua arrastre desde lo profundo
los cristales y escupitajos secos en el pavimento
la carne muerta el rastro
que cubra a la mujer inventada por ellos
que se ahoguen ellos.
Nadie
ninguno vivo
(no se oirán gritos, todo ocurrirá en silencio, nuestro silencio)
que escurramos con los caudales de porquería
hasta el drenaje profundo
y seamos todas las inmundicias
todos los pútridos olores
y los cuerpos extraviados:
que nadie tenga derecho a la tranquilidad
a una mirada llena de amor
ni a un pedazo de pan caliente
si mañana algunx no amanecerá en su cama
ni su voz se oirá pidiendo auxilio.

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Malos olores

Bajo las sábanas envuelta
me convenzo
de que el calor es un nicho
y el hogar un perecer
entre mis propios brazos.
Hay algo que desde hace años me duele en todo el cuerpo
no consigo dejarlo salir
como una menstruación convertida en coágulos
atorada en el cérvix
siento vértigo de la oscuridad en que me hablo
¿quién será tan afortunadx de conocerse?
decir soy y sonreír en un baile que mirarán todxs
en una sonrisa que se llevará por la garganta muchos besos
un alma tranquila
no el reflejo de la boca agria de un borracho
que al llegar a casa
mete las manos a la comida fría de las caserolas
y se embarra sin saciar su hambre

reflejo de ese nicho lleno de ropa sucia
y televisiones prendidas sin descanso
no quiero ver más ese hoyo donde me caí de niña
cuando me aventé de la azotea
creyendo que mi cuerpo podía flotar.
Ahora el cielo se distiende
otra vez se hará tarde
y ayer lo dijeron:
no habrá sol.

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Los cuerpos

i

Los parimos a diario
trabajamos hasta el sueño para darles un lugar seguro
les quitamos la leche materna
pero maman de las cabras las vacas
búfalas y perras
se deja el alcohol y la carne
para dulcificar sus esporas y sus desechos
se les arrulla
se les lava el sexo entre las comisuras
se deprimen
no sabemos qué les pasa
¿tendrán cólico en el alma
o el dolor de haber nacido?
¿les arderá la certeza de los orificios palpitando
la alarma antes de la luz del día
las mucosas deslizando órganos sobre órganos
la fosa roja atrayendo el aire
los vellos deteniendo el polvo
la saliva espesa sostenida en la garganta
o sólo tendrán sed?

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ii

¿Por qué te rehúsas a respirar ahora?
¿Por qué en las madrugadas te despiertas
como queriendo vomitar desde el pecho?
Te arrullo otra vez
cuerpo
estás preso
porque estás vivo
el alma amenaza con descomponerse
dejando solo esta obscena carga de llevarte a cuestas.

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Las cuerpas

i

La cuerpa fue tomada
fue obligada a parir como a la virgen
quemada y trozada desgarradas las ropas
abandonada sin una mirada de ternura
ni una mano que le ayudara a levantarse
no se levantó más.
Vendida
cambiada por una vaca
la vaca cambiada por una cuerpa.
Encerrada en paredes de concreto
con un cristo llorando sangre
expulsada de casa con el sexo húmedo
amurallada
sin poder sentir más el sol en las manos
fue contención de algún esposo
que llegó a jadear sobre ella.
Desollada tirada en la basura
rociada con ácido mutilada
convertida en depósito del placer ajeno.
No hay culpables,
ningún pueblo ha colgado una cabeza en una alóndiga
ninguna hoguera ha ardido con miembros flácidos
ninguna cárcel se ha abarrotado
ni se ha escuchado un grito de hombre
desesperado
por piedad.

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ii

Las cuerpas son el territorio por donde se anda descalza
el lugar donde las tristezas tienen nombre
donde conozco el paraje de mi placer
y el olor que despido ante el peligro
la cuerpa me lleva
elige el camino y sabe dónde parar
me exige:
esta es mi belleza
los ojos negros profundos, la piel caída y áspera
los labios húmedos y delgados
las piernas flacas
y el sexo cálido es también mío
estos son mis intestinos torcidos por la angustia
esta sed que traigo es de cargar tu tesitura
tus anchas soledades y tus aves confundidas
la taquicardia son las horas
que alertan la caída del tiempo
por la barranca
el ardor al defecar es la culpa que me persigue
por sentir siempre las manos vacías.
El lugar que habito
el que me sonríe cuando estoy triste
el hogar del que no habrá que mudarse nunca
es mía
con ella cruzo los baches los topes las avenidas
doy a la carretera al muro a los árboles
con las tarántulas las ardillas las ratas y las serpientes
con el día en la montaña
con la noche en la montaña
con el silencio
llevo en las arterias la dirección del ave sobre el mar
me sostengo defendiendo el espacio que ocupo
y llevo en las manos el grito y la flor.

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Tania Jaramillo. Ciudad de México, 1989. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. He publicado poemas en las revistas: Larvaria y L´Ordinaire Latino-américain; y ensayos en  Altura desprendia. Es guionista de radio y poeta. Las Cuerpas (de próxima aparición) será su primer libro publicado.

La imagen que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Diego Abreu
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