Lisbeth Curay

Inéditos

 

 

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El nacimiento del microscopio

Y tú  preguntas
La distancia entre el cuerpo y la sombra
El peso de sentirse
Dentro del balance
Tic- tac -toc
En el mar
Aun cuando respondo entre el crujir de la madera
La torcedura del hueso
Se establece
En el ambiente
Y en la mesa
El ser humano con quien solía hablar
No existe
-No digas nada-
Porque tu olor a bosque se desvanece
Cuando aspiras aire para pronunciar
La U
O cuando te tocas los senos
Me parece contemplar tu cabeza moviéndose
Para helar la sombra que hay frente a ti
Allá,  se aplasta la memoria
Sin círculos
Ni rombos
Me aparto de ti
Eso es todo:
Una vaina de arveja descolgándose

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Fiebre del ícono

Bajo el pie alzado vuelve la imagen divisa:
Pequeña uva,
Deslízate hasta la punta sur de mi país
Ahí la mujer pequeña
Átala al árbol
Y contra ella, coloca la imagen
-Paloma-
Viva eres entre todas las mujeres
Y sobre el vidrio, bendita eres tú
Solo niña
Solo un poco sentada
Entre la mitad de las piernas
Cuando el viento sople y
El vestido se alce
Te dibujaré un sapo
Mitad cabello
Mitad mano
El objeto se mueve
Elimino el ícono

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Toda bestia sobre el paisaje
Merece un bonito destello
Los bramidos hacen un Eco
Se extinguen con
La caída del árbol
Toda bestia en medio de lo absoluto
Merece un par de geranios cortos
Y hacía arriba
El caracol deslizándose

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Aquí sembraré un par de cuernos
Allá
Dos puntas de circonio
Pasado arrojaré una yuca
Si el sol me perdona
Me dibujaré tres pecas
Mira mis dientes
¿Ves la hilacha de mango?
Yo no
Mañana, nos llevaremos al toro

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Mi caballo defeca sobre flores silvestres

Hay que agitarse como un caballo
Que se estrella contra un costal de semillas
Sobre la tierra por donde  habrán pasado sus pezuñas
Y las tuyas también
Echemos un poco de agua
Puedo ver a mi madre en un duermevela
Apacible
No al caballo estrellado
Sí, las manos de una mujer
Que con su tetera
Regaba las plantas
Nuestras plantas tan llenas de bichos
Florecían siempre que nadie
Las tocaba
Recordemos el momento:
El día que mi boca descubrió el sabor de la azucena
Mi lengua dejó de lamer ladrillos
Ahora
Paseo mi cabeza bajo la sombra

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Ese bello sabor: el de las tortas

Todo lo que siento al sumergir el dedo en las tortas
Se lo destino a las hormigas
Diminutas, de picos grandes y medianos
Las mangas de decoración de tortas,
Siempre me han sorprendido
Por la forma lateral de su uso y  su cubierta delicada
Su olor  a plástico
Debería enterrarse en las macetas.

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Lisbeth Curay. Lima, Perú, 1993. Estudió Antropología en la Universidad Nacional Federico Villareal. Forma parte de Cinco Minutos Cinco, asociación cultural que se encarga de promover las artes audiovisuales en el distrito de Villa María del Triunfo. Poemas suyos aparecen en revista Lucerna N° 9 e Ínsula Barataria N° 20.

La imagen que ilustra este post es una intervención a una obra del pintor e ilustrador español Fernando Vicente Sánchez, perteneciente a la serie «Anatomía sobre mecánicas de taller».

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