Lo demás es voz

Kaira Vanessa Gámez

.

§

.
.

Otro silencio
[Ars poética]

Destíname a morir en mi tiempo
a erigirme un hogar entre la muerte
a librar la historia familiar en la escritura.
Tomé el compás oscuro
dejé mi único nombre en la gaveta.
Óyeme azuzarme en tu lengua
ríos de agua embalsamada.
Permíteme enhebrar el viejo reino de oraciones transparentes
y en él, a cada tanto
derrumbar de súbito mi cuerpo.
Ellos, los perdidos
son
de lo que yo estoy hecha.
Ayúdame a extender sus sombras
en un único verso.

Oblígame
a mí que soy memoria de un canto negro
a escribir con ébano la niebla
al decir del campo que me espera
muchos años antes.
Háblame en mí, que no me hallo
que me duele no verme.
Defíneme mientras arrastro este lápiz por sus casas
viejas y apagadas
en Valera
en
Tinaco.
Despréndeme de ti
deshazme
reescríbeme y encuéntrame más tarde
desembocada en la oscuridad abrumadora
de la Caracas luminiscente
que no fui.
Rebájame a mentir para encontrarlos.

Y si calla el verbo por el que se fugan
ábreme a su noche, entiérralo en mi norte
préndelo del filo de mis ojos
que sea yo la hora en la que partan
nuevamente
hacia la nada.
Apiádate
y ábreme las puertas de una casa posible.
Escúchame buscar mi nombre en sus roperos
permíteme
lo que no viví ni sé
tal vez sus pausas y mis manos
solas
una hora de verdad, de sangre
para no mirarme de reojo en los espejos.

No me absuelvas, poema, de mi historia.
Condénate al silencio
que me hizo.

.

.

.

.

.

Oí versos perdidos de camino a Pampán

Me pidieron que mirara con la noche
que cediera todo idioma
hasta olvidar
mi casa enceguecida.
Me advirtieron
………………….que no vería sino voces
………………….que no sería sino en mí
………………….que habría de aceptar un cuerpo
que no ha de ver

.

………………….que mi voz esperaba allá
………………………………..—dijeron—
al pie del río

.

que una familia pasaría a mi lado, de prisa
buscando, desmantelada
su propia búsqueda.

.

.

.

.

.

Bisabuela

¿Fue tu hermana, Exequiel?
¿Fue tu hermana quien dejó lo oscuro en mi garganta?
¿Es de ella este velo hondo hacia ninguna parte
la penosa voz de naufragio
bajo la cama?
¿Fue en la borradura de su nombre donde comenzó mi libro?
¿De qué es madre un lugar vacío
en la memoria?

Escribo con las manos de la abuela
un silencio remoto
que llora
una región que, como yo
no se pertenece.

María del Carmen
voz jamás oída de mí. Otra.

Tal vez ella también
ignorara
mi nombre.

.

.

.

.

.

Mi madre no tiene cuarto

Camino por su infancia de suelos negros
y sus lesiones me agreden.
No es suya ninguna grieta del mundo
solo la edad de los árboles
que la esconden
la cicatriz de sombra que lleva
en la lengua
el grito feroz del páramo
desanudándose
de ella.

Cuando no queda pan para su hermano
desmiembra las rejas, traspasa
el horizonte de su cuarto.
¿A qué velocidad irá la casa?
¿Hacia qué norte?

El cuarto de mi madre yace en mi cuarto
irriga mis manos negras con su voz vacía
es el lugar de la casa al que al final
lego mi cuerpo

allí desleo la Historia
mientras entretejo la noche
con cada nudo huérfano
de su cabello.

.

.

.

.

.

FOTOS QUE NO EXISTEN
escamotean la penumbra de mi memoria.
Ya casi no revuelvo los cajones
—arruinados
por mi codicia—.

Sé de un hábito roto
una mirada huérfana
una lengua humana
silente entre las cartas.

Urjo por serme audible
pero hay en ti lugares
que no pueden decirse.

No siento miedo cuando me hablas de las monjas
………..no siento miedo
…………..cuando me hablas
solo vuelvo a los cajones
para despertar
de mis pesadillas.

.

.

.

.

.

EN ESTE LIBRO
mi país se acaba
de otra manera
calla
para vaciarse de mi madre
del reloj
del heroísmo.

 —Los perros huelen el miedo, Vanessa.

Por siglos
el sol ha gritado
y mi abuelo ha languidecido
es demasiado nombre el que pesa sobre sus muletas
demasiada nada
empujándolo hacia el centro.
Yo empuño aquí esa nada para que pueda prolongarse
hasta salir de mis manos
y ungir
el infinito blanco de esta hoja deshecha.

—Los perros huelen el miedo, Vanessa.

Temo que temo.

—Los perros huelen el miedo
Vanessa.

Temo
que escribo
para desbastar un silencio que habla.

Me temo
que elijo
al delator.

Me temo
que callo
para perder

y perder
y perder

todo lo que valerosa victoriosa

no he podido.

.

.

.

.

.

K.

Kaira Vanessa Gámez. Caracas, 1990. Poeta y psicoanalista en formación, asociada a la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano [NELcf, sección Caracas]. Licenciada en Psicología por la Universidad Católica Andrés Bello y Magíster en Filosofía y Ciencias Humanas por la Universidad Central de Venezuela. Fue profesora universitaria y coordinadora académica de la Escuela de Psicología de la UCAB. Ganadora del primer premio del 5º Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2020 y finalista de su cuarta edición [2019], en cuyas antologías fueron publicados sus poemas. Ha participado en diversos talleres literarios, entre otros con Armando Rojas Guardia y Arturo Gutiérrez Plaza. Textos suyos aparecen en las revistas digitales como Letralia, Santa Rabia Magazine, El Cautivo, Revista Kametsa y Casapaís. Lo demás es voz es su primer libro de poemas.

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Lakshmi Weßmann

Contenido relacionado

Archivo

introduzca su búsqueda