Los nombres de lo humano

Sobre «Transhumano» de Manuel Gerardi

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Víctor Vizcuña Matthews

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…un mito digno de ese nombre no puede surgir más que en el terreno
de toda la cultura existente.

Cesare Pavese, Il mito (1950)

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Al darse por entendida la imposibilidad y futilidad de establecer definiciones totalizantes, el espacio de la creación artística parece volcarse a la búsqueda de cierta transparencia y a la recreación de la inmediatez, desligándose de la fijación a las conceptualizaciones estáticas y permitiéndose mayores libertades antes vedadas por los cánones preestablecidos, sin que en el proceso se genere una desconexión con el acervo cultural existente. Al hacer referencia al carácter social y a la inmersión en la inmediatez que experimentamos en la cotidianidad a través de la producción artística, se pretende insinuar la existencia de ciertos puntos de inflexión que definen singularidades, otredades y múltiples formas de interacción con la realidad circundante, convirtiéndonos en transformaciones y transformadores del entorno inmediato.

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Es este el caso de Transhumano o lo humano reconsiderado según el orden poético, obra que persigue la difícil labor de servir como medio expresivo y receptáculo cultural, que se despliega como un artefacto de proyecciones en donde se mezclan la materialidad efímera de la existencia, la crudeza de lo cotidiano y el deseo de lo imaginable. El carácter especular de la obra propone una lectura alejada de la rigidez de lo lineal, un espécimen híbrido cuya estructura rompe con los parámetros de las nociones de género literario, integrando recursos multimediales, metatextuales, sistemas de codificación y demostraciones gráficas geométricas que dan las bases estructurales a un texto cuyas aristas sostienen el entramado de tópicos que apelan a una tradición filosófica, aproximándose desde las premisas de la theoria cum pra­xis a una cotidianidad atravesada por el factum de lo contingente, con la búsqueda incesante de la viabilidad de lo hipotético que se constituye como asidero a la coherencia del accionar humano en poemas que se plantean establecer una relación de coherencia con un contexto de enunciación rizomático, esquizoide, que se aproxima a la esencia del objeto, el omne possibile exigit existere leibniziano[1], esto, desde el entendimiento del absurdo que constituye el simple hecho de enfrentarse a la tarea de lo imaginable.

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Así pues, en la lucha entre la apatía y la búsqueda incesante de estímulos inmediatos que caracteriza a esta época, al encarar la obra nos enfrentamos al acto de perseguir el placer primitivo intrínsecamente ligado a la experiencia estética que se deriva de la exposición a la repetición, del reflejo y de la autoproyección fantasmal sobre la que nos regocijamos desde lo individual y lo colectivo. Transhumano se sumerge en el hedonismo de la exégesis, de la antigua tradición que se sustenta en el precepto de lo esencial como posibilidad lógica y de la existencia como efectividad fáctica, que hace un guiño al Principio de Razón Suficiente, del que Leibniz señala que, “nada existe sin razón, es decir, no hay ninguna proposición en la cual no haya alguna conexión del predicado con el sujeto, es decir, que no pueda ser probada a priori”.

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Estas aguas envenenadas de lo posible, cuyo causa sui constituye una tradición de la que participan el rizoma deleuziano, obras como Gödel, Escher, Bach de Douglas Hofstadter y autores como Cesare Pavese, Jorge Luis Borges, Paul Celan, Emil Ciorán y Vicente Huidobro. Es pues, la reminiscencia a la tradición y su puesta en escena lo que Leibniz exponía al referirse a sus exploraciones: “En mis muchas investigaciones he encontrado a menudo que las opiniones de los más antiguos son las mejores, con tal de que se las interprete razonablemente”[2].

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Es esto lo que trae a primer plano Transhumano, una tradición hilvanada por el espíritu del cuestionamiento de las formas y de las teorizaciones intuitivas que contradicen los principios dinámicos y cambiantes de las ciencias y las artes. En el poema titulado Conatus, podemos encontrar una referencia al analysis situs leibniziano que reformula las nociones euclidianas plasmadas en sus Elementos y, al mismo tiempo, la crítica a la laxitud cartesiana rendido ante las intuiciones que tropiezan frente al conatus leibniziano. En la misma línea, nos encontramos con poemas como Principio de no contradicción, Proposición I, Proposición II o Bajo el aspecto del tiempo, poemas que apelan a De Arte Combinatoria, tal como lo ha hecho en el pasado Bach y el tributo a Kepler en Das wohltemperierte Klavier (1722), quien guiado por las nociones del contrapunto se aleja irremisiblemente de la sistematización y simplificación propuesta por Rameau en su Método de composición.

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fe de número racional
fracturado en la matemática del olvido[3]

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En Transhumano, se da por entendido que apelar a esta tradición implica una actualización del espacio de producción, participar de las transformaciones, arriesgarse al juego y a la contradicción. La actualización podrá verse plasmada en la forma en que se recrean pilares de nuestra época, como la presencia de la tecnología, su función mediadora entre la experiencia humana y la noción de realidad como constructo que se confirma en la digitalización. En poemas como La absoluta necesidad de la libertad, el diagrama de flujo guía la lectura a través de condicionales; en Glitch, se hace referencia al proceso de codificación de los objetos de la realidad; Corolario alude al código binario, el lenguaje con el que se articula la informática, que constituye el pilar principal del avance tecnológico.

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Como hijo de Leucó, la sustancia de lo transhumano ha de contener algo de humanidad, y en el poemario la voz narrativa hace hincapié en la condición humana, apuntando a las contradicciones de la experiencia, a la desesperación producida por una realidad material aplastante e implacable que, en muchos casos, se presenta de manera satírica, denostando lo cómico de la amargura, la inverosímil frustración de encarar el absurdo y la incomodidad de entenderse con la alteridad. Así pues, encontramos a un Antinarciso que no tolera su propia singularidad frente al espejo en Refracta; a un ser que se enfrenta al acto de crear presentándose a sí mismo desde el cliché bukowskiano de escribir en un bar en Síndrome del impostor; al recrear el salto fatídico de enfrentarse al abismo en la caída altazoriana de una gota de agua en Defenestra y a las fuerzas ambivalentes de la autodestrucción y la autopreservación que trae consigo el poema Deseo.

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Así pues, Transhumano podrá leerse como conjunto de mónadas en un universo sin Dios que deriva, indefectiblemente, en lo rizomático; como la aproximación al horror vacui guiado por el ímpetu kafkiano que encarna el roedor en Die Bäume y por el desazón quasi comico del teatro absurdo del día a día, teñido por la esperanza existencial camusiana sintetizada por Leibniz y su “aquello que puede ser de otra manera”.

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[1] Gottfried Wilhelm von Leibniz. De veritatibus primis. (1686)
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[2] Gottfried Wilhelm von Leibniz. Die philosophischen Schriften (1677)
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[3] Manuel Gerardi. “Materia”, en Transhumano.

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 V.

Víctor Vizcuña Matthews. Caracas, Venezuela, 1990. Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Actualmente reside en Madrid.

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por el artista Lucas Granado

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