Lumbre de ciervos

Emma Villazón 

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Al preguntar por las posibilidades reales de la poesía desde un horizonte de sentido inequívocamente nuestroamericano y, por tanto, real y verdaderamente universal, necesario es atender a una voz tan genuina como la de Emma Villazón (1983-2015). Una voz cargada de extrañeza y, al mismo tiempo, una voz entrañable. De allí que esté signada por la radicalidad. Se trata, entonces, de la voz de una mujer que se la juega sin trampa ni cartón; que escribe, como diría Néstor Sánchez, en estado de riesgo; que no se queda a medias e intenta traspasar con marcada obstinación.

Releyendo detenida y atentamente Lumbre de ciervos (2013) me ha vuelto a ganar un sentimiento de franca admiración por el trabajo poético de Emma. La voz que ya despuntaba en su primer libro Fábulas de una caída (2007), se consolida en Lumbre de ciervos y adquiere una proyección del todo irradiante.

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En este 2021 se cumplen seis años de la temprana y dolorosa desaparición física de Emma.

Evoco ahora su presencia entre nosotras y nosotros en la décima edición del Festival Mundial de Poesía de Venezuela (2013). Yo tuve que ver directamente con aquella invitación porque formaba parte de la mesa técnica del Festival y me había llamado mucho la atención Fábulas de una caída.

Aquel fue mi primer y último encuentro con Emma: un encuentro marcante en Caracas porque su calidad humana y su calidez afectiva eran envolventes. Nos vimos varias veces en aquellos días y conversamos como si nos conociéramos desde hace muchos años. De sus manos recibí Lumbre de ciervos con esta bellísima dedicatoria: Querido Gonzalo: Una alegría enorme este encuentro. Que estos poemas migratorios sean como vasos comunicantes.

Por igual, Emma, que estas notas sean como vasos comunicantes. Ojalá.

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Ir por el camino de Emma en Lumbre de ciervos, sí, exige mucho. Como en toda poesía que vale la pena se nos impone una lectura nada complaciente. Se trata de seguirla en sus filigranas de bordadora a través de la textura de cada poema, a través de su labor sobre la materia expresiva. La trama del bordado, por decirlo así, revela un sentir y un pensar que se desmarcan de lo cerradamente explícito. Por eso mismo, la voz de Emma puede hablarle al oído a la gran poeta rusa Marina Tsvetáieva con tanta verdad y tanta belleza en un poema impresionante de este libro.  Y a pesar de que la palabra está tan gastada por el uso, o más bien por su mal uso, cabe agregar: con tanta autenticidad, esto es, sin pose; por fuera de los códigos hegemónicos, vale decir, a la intemperie. En el afuera, se genera esta intimidad entre una rusa y una boliviana más allá de tiempo y espacio pero en clave marcadamente contemporánea. Por ahí pasa también Rilke, la voz de Rilke, en una misma deriva feminista expresada poéticamente con un fraseo todo tensión, todo densidad, todo Eros.

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Hablaba al comienzo de estas líneas de una voz cargada de extrañeza. Pero se trata de una extrañeza que transparenta su propio transcurrir, mejor dicho, su propio devenir sin dejar de ser extrañeza. De allí que esta voz sea capaz de hablar desde aquí y habitar otros lugares, alumbrando tanto ese trance como ese tránsito.

v

Muchas cosas quedan por fuera de estas notas. Por eso mismo, no quiero privarme de dejar un brevísimo apunte a continuación.

Al hacer camino con Emma, cómo no destacar, por ejemplo, toda la red de asociaciones sensibles y simbólicas que encarna la imago del ciervo, de los ciervos: imago en devenir y como devenir, imago de tantos devenires; imago mediadora y personalizada soberanamente en su voz: Las cabezas de ciervo corren/ para hacerse una lluvia un sin-nombre/ una aldaba un peso azul verde.

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Lezamianamente hablando, Emma oficia desde un espacio y un tempo en el que se genera una ruptura de la causalidad y posibilita un orientarse hacia lo incondicionado. Por cierto, a lo incondicionado hizo referencia Simón Villalobos Parada al escribir en su momento sobre Lumbre de ciervos.  

Estos poemas son lugares donde habita la traza de lo incondicionado: lo incondicionado liberador que no cede ante la banalización comunicativa y, por tanto, no permite hacer concesiones.

Cierto que Novalis, así me lo recordaba un amigo, introduce un penetrante matiz: Buscamos por todas partes lo incondicionado y encontramos siempre cosas. Ahora bien, la búsqueda de lo incondicionado liberador sigue siendo tan irrenunciable como fecunda. Así acontece en el caso de esta fervorosa buscadora llamada Emma Villazón.

Buscando la potencia de lo incondicionado liberador, la voz de Emma gana un ir y un venir enteramente vivaz a lo largo de este libro. Un ir y un venir que se convierten en un valiosísimo anchar tanto la experiencia poética como la carne poemática.

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No ha sido fácil el trabajo de selección por la calidad de este libro: hemos procurado que tenga la mayor extensión posible. Se trata, con esta muestra, de dar a conocer, de dar a compartir una voz que merece sobradamente todo lo que se haga por ella.

Agradecemos infinitamente la colaboración del poeta Andrés Ajens quien ha estado siempre atento, siempre presto a responder a nuestras preguntas.

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Emma sigue llevando en sí el signo ascendente del que hablaba André Breton. Tal signo ascendente era para mi Maestro Juan Sánchez Peláez un índice para discernir lo real y verdaderamente valioso en materia poética.

Antes de cerrar estas líneas, quiero compartir un convencimiento: la voz de esta poeta boliviana va a seguir creciendo con el paso del tiempo. Emma Villazón Richter se nos aparece hoy como una contemporánea del porvenir.

Aquí me quedo, junto a un río alzado en la voz que no cesa.

 

 Gonzalo Ramírez Quintero

 

 

 

L U M B R E  D E  C I E R V O S

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Anuncio de ciervos

Ubica la hija el cuerno
lo tañe distribuye peces en tono alto
el grave es mudo se desbarranca de sus axilas
muerto por caparazón muy blando u opaco
Palmas hace y continúa angurria revuelve
tórax alza penacho y la expulsa a bambúes
al aire escaso donde esperaba allá más
del claustro allá más de virtud en techo
y no emergían ni sus ojales

Ubica la que amanece el cuervo
lo blande y en lumbre nace su espada
en caótico cauce para extremar ovejas
o furor que desmenuce lo plano
De aquí para allá a cortar empieza
paredes vasos umbilicales cordones
de hojas atadas a nombres con amor
no manso Nuevas formas ebria imagina
de procrear ciervos: que la madre duerma
sin croar ni quebrarse por años:
que los hijos colgados no sean
en cruz ni pedidos: que esa vieja trama
renazca más cerca de libélulas o barro

Ubica la rauda el trueno lo acoge
se dedica a raspar y raspar con él
en lo seco hasta que avizora
incendios emanaciones sin letra
flores dobles: un río alzado en la voz que no cesa

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Recordatorio para un ciervo

saltando íbamos
cielo arriba en seducción
bajo cada suela una huella,
miles confirmaban la casa, nuestra boca
no; el azul calor se daba
que hace garabatear telas paredes medallas
y hundir la cabeza en pozo áureo

fortificados niños ojos de fanal,
nos decían, traídos para alzar
de bandeja —hipocampos? no!
la labor de la progenie la transparencia de la copa
lo laudable el temor a las fieras lo carnoso

pero de tumbo en tumbo nos fuimos
no vimos o vimos las bardas al atravesar la copa y el grito;
al amanecer tomamos té con delfines
riendo entre excrecencias fosforescentes

…………………………………………—recuerda, recuerda, siempre
…………………………………………tuvimos la piel de lo animal

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Sueño de un hijo

Sube a un alto puente y mira los techos codearse
con la desnudez del cielo; es un paisaje tan celeste umbrío
que imagina se esparce un ángel.
—Todavía no sé si tengo el hijo, dice.
¿Qué hijo? En el sueño me daban el hijo en un cerro
en una aventura alpinista entre ramas copas densas caía
redondo rosado granada germen taurino auténtico —las píldoras
traicionaban entonces (a pesar de la marca) y los cerezos
volvían sus manos dulzonas en gesto de despedida

No sabía qué pérdida desde mi cuerpo emergía
de pronto venía el hijo como el nombre de un
dios cerrado o un indio coloso con el que solo se puede
hacer piruetas para no caer ante él; luego él lloraba
en mis brazos ¿¡Un indio coloso!? Sí, sobresalía él, pequeño
salvaje untuoso robusto en mi pecho
e iba hacia mariposa o marca glacial infinita
cargado a mí lo llevaba a mi oficio de espía de tramas y arbustos

Lo único que sabía era que él no era mío a leguas lo olía
aun así, depositaria de zumbidos secretos, de un boquete terroso fluctuante
me asumía, debido a un ser no.mío, siempre en el
sueño: él me devoraba una oreja lentamente con su boquita
en acción conjunta con la almohada
el colmo de lo extraño me venía el hijo, el no-hijo
…………………………………………—Todavía no sé
………………………………….si voló

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Desde las lilas

árboles largamente doblados
por un ventarrón que arrastra
una enorme sombra de recuerdo
ofreces en vasija desbocada

haces tallar y tallar a una garza con cosas conmovidas:
niños con estrella filosa en las encías
que juegan sobre la fatiga de lo maternal:
la ácida rosa de todos los ciclos, aquella
que responde, aunque no tenga llamadas, y reincide

de noche atravesamos esos puentes,
un blanco río sube a las espaldas, junto con españoles
ásperos, campos que titilan, llamas en chozas largas como
sorpresas de un inicio y confusiones que cuidan
o arremeten con botas y gallos

pero cuál es el prado desde donde empieza
a germinar todo — hasta las cejas de
ella?, pareces dibujarnos en la tierra; o cuál aire
desorienta las manos que con nuevos ojos
quedan; en qué momento llega el diluvio insondable
de afirmarse entre halcones y recuerdos?,
………parecemos hablarte, blancos, desde de las lilas
………………ignorantes de cada hora ida,
………………ignorantes siempre de cada ojo, lluvia — como tus pisadas

aunque sabedores de que a veces también hablamos, andrei,
hablamos como las horas, la lluvia, lo inverso
o lobos púrpuras de pasos intocables.

………………..
……………………………………………………………………………………………………
A A. Tarkovski, desde El Espejo, 1975.

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Deslumbre migratorio

Parece
que llegas a casa primera de aves en refacción
y palpas la severidad que imprime el movimiento.
De cerca los cambios murmuran en ropa tendida
sobre arbustos de niñez reseca. Abajo los personajes exigen gotean.
Parece que en el living una columna crece en verbos
que luchan contra tantas rotaciones. No te detengas,
………………..en los pasillos haces aberturas con los dientes. Ya se
………..levantará el aire a gallo añejo al que quisiste volver para no volver,
………..el gallo de espuelas de plata, las latas de cielo y negrura —
…………………………………………..Parece.

*

como ante la vista del valle, hazte la idea,
los lugares se superponen, se vive más o menos entre roces
a un cáliz a una camilla, partiendo-volviendo, escindida, sin retorno
en el inicio no hay más que un “había una vez” demasiado viscoso

*

nocturno de calor en llanura :
capa sofocante de insectos que titilan
anfibios caracoles muchachos edificios vibrantes
sonoridad de lo inmenso espeso
que entra y sale de poros vaso libro
o también mano que chorrea acústica tropical color ágata
y sumerge a la espalda en forma de bicho de río

*

un jazmín solo eso
es lo que se te da
lo que te penetra
dándose mudo
frente
a excasa que arde
un jazmín
sin geografía ni estirpe a considerar
……..más valioso
que joya
……imprevista :
….no saberse otra….ni la misma
no saberse
(más que el estilo de lo desasido – centelleos
marinos)

*

Muñón, instante, inicio
tal vez de un árbol
que no salió adelante.
Algo que se raspa demasiado de un lado
para que emerja del otro. No hay razón ni suavidad en esto.
Un velo dorado cubre la tarde, que comienza de noche.
Y eso sigue crujiendo, temerario, mezquino,
sin salir en flor —golpeando duro— entre maderas, noticieros.

*

A un cuarto del camino la casa primera dio paso a la segunda
la casa primera dio paso a la segunda a un cuarto del camino
A un cuarto del camino adquirieron nombres: casa de allá menguado
casa de aquí vivido casa de devoción casa de esgrimidores
casa de empeños doblegantes casa de cambios zigzagueantes
A un cuarto del camino a un cuarto del camino la piel vivía cortes oblicuos
Los hálitos de perros países monedas se fundían al unísono
y existían, no existían pérdida ni casas ni caminos a un cuarto del camino
a un salto del camino…..a un tiroteo del camino…..a un estallido del camino

*

—No insistan.
Además del dije de sangre
que nos lanza a lo mismo;
de los incontables desvelos a fin
de que no huyan sus dedos ni grupa;
de los finos amigos, zapatos, empleados
que hundimos para criar sus rutilantes empeños;
no insistan, les dejamos toda
carencia, vasija plena de fortuna,
nieve arriba-debajo de las letras, junto con
vahos sacrificiales y flores de plástico.
El redondel del camino se desploma, el barco
ya carga sus muertos. No insistan más. Deben
tragar el sol entero, la continuidad de un
tono blanco bordado tan agudo—
tan grávido

………………………………………—No inciden sus lazos ni huestes;
………………………………………se abrió el baúl de sombras veinte veces.
………………………………………Las cabezas de ciervo corren
………………………………………para hacerse una lluvia un sin-nombre
………………………………………una aldaba un peso azul verde. Entre
………………………………………lo venido y lo elegido, entre permanecer
………………………………………y partir, aconsejó el cielo: cómo desencallar de ahí
………………………………………sino enturbiando, tejiendo de cabeza
………………………………………en la barba de antecesores y descendientes:
………………………………………“todo se queda con uno;
………………………………………………………………………….y nada se queda

………………………………………no hay nada — todo es”.

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Diálogo de ciervos

¿Por qué el poeta quiere mirar y tocar la palabra?

Jaime Saenz

………………por eso intocable que se aspira rozar
desde la acequia a la neblina que apacienta
el cuello del valle, saliendo de árbol cerrado
y no saliendo, eructando, entrando al baile
oceánico por su tersura abisal, por la traición
debida con las manos heladas, por eso velocísimo
translúcido genital sin dueño que no sabe de límites

………………por eso que restaña posee acusa
percute sume altera abrasa rechaza
en el hijo que vibra estatutos cuando
no hay mole que pegue — por los nacimientos
lumbres de ahogo planetas puentes
papiros que avizoramos

………………por eso intocable — y pan de cada día

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Al oído de Marina Tsvetáieva

pliegues velados amordazados son
palabras veladas amordazadas que el oído transcribe
regresándolas al nomadismo la niebla para que rocen lo palpable vivible
una fuente cordón umbilical sonidos del apareo

tu oído es lo prodigioso: la sulamita soberana que dice
yo te reconquistote desnudo..
te hundote hago desaparecer
para que luego te veas ardas en todas las simientes

marina tu oído es el cuenco donde mis brazos se multiplican se desarman
bailan
………………………………………….y te besan

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o t r a s  c a r t a s  d e  c i e r v o s  a  p o e t a s

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Balada de Sophie Podolski contra la desaparición

a Belano

No he desaparecido, estoy en un sueño
revestida por otro viento de sueño,
en el que no puedo fiarme de los nombres
de mi cuerpo ni de los días venideros.

Sigo ante lo errático y vivo
como ante una corrida de toros
en la que enarbolo y clavo una espada
infinitas veces contra lomos mudos,
esperando el ASALTO
convocándolo como a un ejército,
para que me estalle el ser
y me hablen el mezcal y los idos.

No he desaparecido, cavilo en mi cuarto, pájara curiosa,
sobre las ejecuciones del tiempo. No me protejo.
Enmascarados vibran afuera los siglos,
espías de mis vocablos sin regreso.

Nadie podrá componer a nadie,
ni como a un pergamino o pueblo de estrellas.

No he desaparecido, trazo con locura o pincel adolescente
dibujos de alacranes en la ventana, hago miles
sobre mi reflejo; invadido está mi pecho de una arena
como reloj en avanzado desierto.

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e r o t i s m o  d e  p e j a l e  o s c u r o
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Tu a y tu e

Cuando nace un ruido o pensamiento
no se desvanece el otro, el antiguo;
ambos se juntan en gimnasia oleosa,
se sostienen y fluctúan para darse cabida
en los días y hacer un vivo tiempo medio preso.
Botones los días tejen tu abrigo de pasado y mañana.

Así el niño con manos maternas jala al joven,
y veo de tantos seres estar llena tu boca,
una pecera con prolíficos trémulos estambres.
De tantas alegrías y ahogos bailar llena tu luz
y tu a tu e aperturantes en el poema desnudo
que vos, vos nunca podrías tener un Único nombre
………………………………….ni alguien

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Encarnaciones

los territorios se remueven si traes una tierra
y dejas guiños en el barro,
provocas el acercamiento,
quiebras las batallas estereotipadas
de la ganancia o la pérdida patriótica,
para encarnar(nos) en una otra piel,
en un otro ojo:: vos, la claridad móvil

que no sé:: hay una conexión en el cuarto
casi un huracán inefable, pienso,
preñado de qué es lo que
está(me) ocurriendo cuando miro la ventana
de tu ojo entrante en mí

si no vienes, pienso,
habrá que escudriñar pacientes la hora
de ir por el pan imprescindible ―bajo acuerdos―
pareciera ser una cuestión de límites todo esto
o de imaginar los pasos que da una mente
en busca de otra —cierto correr
y entrar y salir y corrrrerr(se) constantemente,
cierto gran correr adivinándose
entre poluciones de perros y calor

habrá que entrar y salir de los mapas
muchas veces, porque un hambre desova
y se encarna más que un germen vital
y brota ya un nos elegido
…………para buscarnos

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Autopista de febrero

cada vez más lejos cada vez
más cerca, en la búsqueda,
asentían los ojos, jalando hacendosos
las velas de las nubes que huían

sobre metros de cemento cada vez más lejos
de cierto origen, más cerca, encandilaba la joven
morte, encrespada, precipitada
–el ansia de agarrar el cuerpo
con un dedal y soltarlo, fugaz–

cada vez desde más lejos, más
cerca danzaba el secreto obvio
en las humildes capillas del camino

cada vez, en ese paisaje, deslumbraba más
tu mano en el volante, hablaba, da-
ba un haz de posibles mar-
avillosos, una vasija
de pócima cósmica

—de tu mano cerca, íbamos a la lejanía

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Ε.

 

Emma Villazón (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 1983 – El Alto, 2015) Estudió Derecho y Filología Hispánica en la U. Gabriel René Moreno de Santa Cruz de la Sierra y se graduó en el Magíster de Literatura Chilena y Latinoamericana en la U. de Santiago de Chile. Es autora de los poemarios Fábulas de una caída (Santa Cruz de la Sierra, 2007), Lumbre de ciervos (La Hoguera, Santa Cruz de la Sierra, 2013; Ultramarinos, Barcelona, 2020) y Temporarias y otros poemas (Das Kapital / La Perra Gráfica, Santiago / La Paz, 2016),  junto al volumen de narraciones breves Desérticas (Ed. 3600, La Paz, 2016). Los textos que presentamos fueron tomados de la edición de La Hoguera (Santa Cruz de la Sierra, 2013).

 

La obra que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Pedro Medina.

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