Machi Tawara

Juliet Winters Carpenter

Machi Tawara, una tímida profesora de bachillerato de 26 años, residenciada en Tokyo, tomó el Japón de un golpe cuando se publicó su «opera prima»: un libro de poesía titulado «Sarada Kinenbi» («Aniversario de Ensalada)». En sólo seis meses, el libro paso por innumerables reimpresiones y ha vendido hasta el presente la increíble cifra de 2.500.000 copias, con lo cual se ha convertido en uno de los «best sellers» de todos los tiempos en Japón. Semejante «récord» resulta notable para cualquier libro; para uno de poemas, es algo sin precedentes.

«El fenómenos Ensalada» es la frase acuñada para describir el impacto de este libro en la sociedad japonesa. La propia Tawara se convirtió al instante en una celebridad nacional, asediada por buscadores de autógrafos y entrevistadores, así como por gente que la solicitaba para dictar conferencias. Los periódicos y revistas le rogaban que escribiera columnas regulares. La televisión y la radio, que asistiera a sus programas. Y todo esto ocurría mientras mantenía sus acostumbradas jornadas de trabajo de 9 a 5, de lunes a sábado. Incluso, llegó a tener dos «shows» de televisión por semana. De su libro se han hecho algunos seriales dramáticos para televisión y una revista musical, aparte de una película de largo metraje.

Igualmente, la reacción de la crítica fua altamente favorable, a pesar de ciertas quejas por parte de algunos puristas, ofendidos por la adapatación moderna que hizo Tawara de una forma clásica del verso japonés. «Mañana de Agosto», la secuencia de cincuenta poemas con que abre el libro, resultó galardonada con el codiciado premio Kadokawa Tanka, un logro sin precedentes para una joven recién salida de la Universidad. El libro en su conjunto también resultó seleccionado por la Asociación de Poetas Modernos como la más sobresaliente colección de poemas de 1987.

A parte de producir un libro de ensayos y una segunda colección de poemas menos extensa, Tawara produjo una serie de grabaciones quincenales, en las cuales trataba de responder a la avalancha de llamadas telefónicas que recibía, haciendo referencia a las últimas cosas que estaba haciendo, a la vez que anunciaba próximos eventos. Mientras tanto el «Fenómenos Ensalada» ha generado revistas de historietas, composiciones corales por parte de músicos distinguidos, e incluso un disco CD de «Clásicos de Ensalada» (con obras de Chopin y Debussy), ideado para ser escuchado mientras se hojea el libro.

Quizás la respuesta más sorprendente al trabajo de Tawara ha venido de parte de los propios lectores: inspirados por los esbozos que Tawara realiza (aparentemente sin esfuerzo) de la vida moderna y el amor, utilizando una forma que pudiéramos llamar antigua, son muchos los que han decidido probarse a sí mismos como poetas. Son decenas de miles de cartas que han llegado a su dirección, acompañadas de más de 200.000 «tankas».  El colaborador más anciano es un hombre de 91 años, mientras que la más joven es una niña de sólo 11 años. Hay que esforzarse mucho para encontrar una respuesta similar a cualquier otro trabajo literario: se trata de una identificación tan completa, que los lectores (gente de todos los géneros de vida) no se detienen en un exclusivo deleite pasivo, sino que se lanzan en una avalancha creativa.

Pero, ¿por qué tanto alboroto? El tanka (poema corto de 31 sílabas, divididas según un patrón de 5-7-5-7-7) tiene en el Japón una venerable historia de no menos de 1.300 años. Sin embargo, en los tiempos modernos, el tanka había padecido de un problema de imagen: como trataba de temas fijos (las bellezas de la naturaleza, confesiones emocionales), tenía tendencia a estancase y hacerse muy convencional; esto se veía reforzado con el repetido uso por parte de los poetas de un lenguaje «literario» fuera de moda, con lo que se hacían difíciles de entender, y por lo que se les consideraba como alejados de la experiencia diaria. Por otra parte, aquellos poetas que buscaban revitalizar el tanka evitando las fórmulas clásicas, a menudo parecía que lograban la modernidad solo a costa de sacrificar el ritmo y la gracia. Parte del logro de Tawara reside en su habilidad para utilizar un lenguaje fresco y contemporáneo (empleando magistralmente partes de conversaciones normales, tomando palabras del inglés, como «photographer» o usando iconos como Mc Donalds), sin sacrificar con ello las tradicionales virtudes del tanka: concisión, evocación y musicalidad.

Sin embargo, Tawara no se limita exclusivamente a lo vernáculo. Ella se aprovecha de múltiples posibilidades del idioma japonés, incluyendo palabras clásicas («que me gusta particularmente»). Se aprecian numerosas «majura kotoba» («palabras de almohada») que sirven como modificadores poéticos tradiciones. También hay alusiones a poemas individuales más antiguos y a la célebre antología poética del siglo octavo, el Man Yoshu. Por lo tanto, el lenguaje utilizado no es simplemente el japonés de los jóvenes, sino una sofisticada mezcla literaria de lo viejo y lo nuevo, con énfasis en lo nuevo.

Esta combinación de lo viejo y lo nuevo está presente en el poema inicial (¿ah, pero no puede apreciarse en la traducción!):

Kono Kyoku to kimete kaigan zoi no michi
tobasu kimi nari «hoteru kariforunia».
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Siempre tocando esta canción
corres a lo largo de la carretera de la costa
«Hotel California».

Aquí la palabra nari es una cópula clásica, que contrasta con el sabor moderno y americano del título de la canción.

El mismo poema sirve de ilustración para otro de los rasgos de su trabajo: la tendencia del significado a cabalgar, sin coincidir exactamente con las agrupaciones silábicas. «Ki-me-te kai-gan» (literalmente, «la costa que decide») es una agrupación de siete sílabas, pero no es una unidad de significado en sí misma. A menudo se describe el tanka como «poema de cinco líneas», pero, desde varios puntos de vista, esto genera confusión, no siendo la menor el hecho de que, en japonés, casi siempre se escribe en una sola línea. Todos los poemas de «Aniversario de Ensalada» aparecen en el original escritos en una sola línea vertical, de a tres por página. No obstante, varios presentan interrupciones (señaladas mediante un espacio) para marcar una corte en el poema, un corte que puede aparecer en cualquier parte del mismo. En su segunda colección de tankas, «Toritate no tanka desu» («Tankas recién recogidos»), Tawara experimentó escribiendo tankas de dos y tres líneas de diferentes longitudes (aunque ella afirma que «en su corazón», sigue pensando en tankas de una sola línea). En estas traducciones se ha respetado por lo general el formato de tres líneas, buscando brevedad, sin intentar copiar las cuentas de sílabas.

¿Qué es lo que ha producido este encariñamiento del público japonés? Una posible respuesta parece ser el tono alegre y ligero, perfectamente adaptado a la imagen de una ensalada fresca y crujiente. Las emociones son genuinas y profundamente sentidas, pero nunca amargas o avasallantes. La tristeza de concluir una relación se ve balanceada por el alivio, la decisión rápida y limpia:

Como si me parara del asiento
de un hamburger-Shop
voy abandonando un hombre.

Pareciera que ella está enfrente de un ligero tambaleo de sí misma, pero nunca totalmente perdida en una emoción, siempre como fuera de esta, mientras se observa a sí misma y a los que la rodean con unos ojos livianos y fríamente objetivos.

Aún cuando el amor, o su carencia, constituye el foco principal de la poesía de Tawara, ella también escribe acerca del hogar y la familia, de la vida en una gran ciudad, de sus experiencias como profesora, de la música, la cocina y el béisbol, del mar, de viajes a través de la china, de raros momentos de súbita comprensión interior o de situaciones caprichosas, de premonición o sorpresa:

Ya en la mañana de mi partida a Tokyo
veo a mi madre avejentada
por todo el tiempo que estaría ausente.

Tal como se ve en el poema del título, Tawara valoriza las cosas ordinarias de la vida, los pequeños eventos, y les encuentra su propia belleza, dentro de una vida en la cual cada momento se vive intensa y completamente:

«Esto sabe super», dijiste y también
el seis de julio
nuestro aniversario de ensalada.
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Al escribir en el pizarrón,
me detengo para descansar mi mano
en esos segundos
pienso derretidamente en ti

Al final, sus poemas descansan en su universidad, al leerlos, nos damos cuentade que «¡Sí, así es como es!» o «Ya también conozco ese mismo sentimiento». Ella dice que busca expresar «los vaivenes del corazón» («kokoro no yure»); de su éxito hablan las resonancias que despiertan en nuestros corazones. En comentarios posteriores a sus poemas, Tawara resume así: «vivir es hacer poesía, hacer poesía es vivir».

Resulta irónico (si hemos de creerlo) que Machi Tawara no tiene un auténtico enamorado; estos poemas que suenan tan reales surgen de su imaginación, fundamentada (dice ella tímidamente) no en una añoranza por alguien en particular, sino más bien en un deseo de contacto humano. El hecho de que sus poemas hayan conmovido los corazones de tantos, llegando a millones de personas con las cuales nunca hubiese tenido ninguna relación, parece ser algo que Machi Tawara disfruta enormemente.

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p o e m a s

 

 

Ya no tengo que esperarte más,
ahora me da lo mismo
un sábado con cielo despejado
o un martes lluvioso.

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Como si me parara del asiento
de un hamburger-shop
voy abandonando un hombre.

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Me divierte
tu hesitación cuando buscas
palabras después de un silencio.

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En el fondo del callejón
mi vista tropieza con la de un gato blanco
en un barrio. Creo que es una grieta del tiempo.

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Ya en la mañana de mi partida a Tokyo
veo a mi madre avejentada
por todo el tiempo que estaré ausente.

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Veo la postal que llega
del país de colores primarios
como si fuese la continuación del sueño.

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Seguir viviendo pensando
que «uno más uno son dos»
la soledad me llueve en diciembre.

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Como se vence el tiempo
de conservar la botella llamada «hombre»
el cielo hoy está despejado.

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Conversa simple
y simple sonrisa.
Por ser simple
quiero a mi pueblo natal.

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A causa de la soledad
prendí la televisión
una mujer estrangulaba a un hombre.

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Correo aéreo
cruzando los mares
en la palma de la mano
hay un pequeño amor
mágico.

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Aunque la corriente del río
puede compararse a algo
queda afuera siempre la piedra
en el fondo del río.

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«Llámame otra vez» dijiste,
y descolgaste.
Y deseo llamarte
ahora mismo.

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«Llámame otra vez», «Espérame».
Tu amor siempre siempre
se expresa por mandatos.

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Una palabra de desamor
me preocupa más que decenas
de palabras que anuncian el amor.

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Como si no soportara
su propio peso
el sol rechoncho
ovalado va descendiendo.

 

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Este poliedro de 365 caras
llamado «yo»
se va volando haciéndose trizas
«bun, bun».

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El breve ensayo de Juliet Winters Carpenter así como los textos de la escritora, traductora y poeta japonesa Machi Tawara (1962) fueron tomados de la edición impresa de Poesía 111/112 vol.xix no. 4-5, 1996. La traducción del ensayo fue realizada por José Gregorio Díaz, mientras que los poemas fueron volcados al castellano por Yoriko Toda y revisados por Reynaldo Pérez Só. La fotografía es de Asahi Shimbun, tomada el 19 de agosto de 1987 en Machida, Tokio, Japón.

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