Manto de retazos

Sofía Crespo Madrid & Eleonora Requena

:

:

Un manto posible para Beverly Pérez Rego

Tres apuntes sobre El hilo atroz

Andrea Sofía Crespo Madrid

:

:

i

Se me ha cedido un espacio para hablar sobre El hilo atroz, el último libro de Beverly Pérez Rego, y no tengo reparo en decir que es uno de los libros más importantes de nuestra literatura reciente. Tiene un prólogo maravilloso por Jesús Montoya que en mi opinión recorre con muchísima lucidez el libro y traduce para su lector este viaje, aunque sea tan solo un atisbo de su recorrido, anticipando la multiplicidad de registros y su polifonía, sus formas clásicas y libres, e incluso provocaciones desde el nombre del libro: El hilo atroz en yuxtaposición a la antología hecha por otros dos grandes nombres de nuestra literatura, Yolanda Pantin y Ana Teresa Torres, con El hilo de la voz. Bien, la poeta nos advierte de esta manera que escribir es tejer estas intertextualidades que nos pertenecen. ¿Y qué es un clásico? Un texto capaz de reinventarse, de hablarnos en el presente. El hilo atroz actualiza los mitos de las tejedoras, de las místicas arañas en la noche, nosotras, las mujeres, las, les y los poetas, que transitamos la viscosidad, con el hilo verbal que nos deshilacha para articular una emoción invisible.

La poesía de Beverly nos invita, acudimos a los tópicos y a las intertextualidades (de poetas venezolanas como Luz Machado o Ana Enriqueta Terán, latinoamericanas, como sor Juana o César Vallejo o Pizarnik, de toda la tradición literaria en lengua española mas ni siquiera exclusivamente, porque abarca mitos de la literatura universal) con una visión desmemoriada, del hilo que se ha vuelto atroz o acaso siempre lo ha sido —pienso en el lintel 24 sobre el que escribe Beverly Pérez Rego, acaso nuestro hilo es una soga a través de la lengua, derramándose en un cuadro de sangre, intertextualidad maya—, este es un discurso de alguien cuyo país ya no existe, esté dentro o fuera de Venezuela, también los itinerarios migrantes del libro nos inducen el viaje hacia los infiernos.

Y descendemos, o bien ascendemos como dice la poeta en otro poema, comenzamos este viaje con Isla:

:

que esto lo hemos escrito juntos, que somos culpables de esta ruina, que tocamos la puerta celeste pero nadie abre, ya que en doce naves de proas rojas arribamos juntos a nuestro propio infierno.

:

Ascendemos a los infiernos por la poesía, dice la poeta en uno de sus Ars:

:

Creo en la poesía como la claraboya que sube al infierno,

Cuando alzas la mirada y te preguntas cómo ascender hasta el infierno

(…)

Cuando la tijera del cielo desciende hasta la nuca para cortar el hilo,

(…)

Creo firmemente en el insincero arrepentimiento,

Cuando creo en el poder de la poesía

Creo en el tragaluz del infierno,

Creo en los dichos populares,

Creo en las promesas,

Más que en la poesía,

Creo en la lejía.

:

… creemos, creemos, aunque sea derrotada por la lejía o la imposibilidad de vivir y en esa orfandad del lenguaje está la paradoja. Vivimos en esa tensión, tensión del hilo atroz que nos plantea escribir, ser, leer. Tenemos las palabras, pero también tenemos poemas donde lo que se dice nos doblega al silencio, como Extrajudicial:

:

El hombre de pelo rojo trae consigo una orden de aprehensión
Primero fue uno luego diez después mil y luego nada
Primero cayó uno luego diez después mil y luego nada
(…)
El hombre de pelo rojo vino a imponer la ley
Primero fue un rumor que se llevó un cuerpo río abajo
Primero fue el hedor de los desaparecidos
Primero fue el susurro de un testigo
Primero fue una soga tendida
Primero fue un delator
Primero fue un amigo

:

Quiero decir, además, que en este libro sería imposible hablar de poemas sino de textos, tejidos, hilos, pues los títulos repetidos no son una casualidad sino una costura permanente, un manto que se va hilvanando a través de la palabra y recoge una tradición poética intervenida, un universo abierto por la puerta que ha cosido la poeta con tanta precisión. Nos cubrimos en un entramado textual, y me permito una metáfora quizás ordinaria, nos metemos en este saco de dormir, este sleeping bag para soñar que vivimos y leemos y acaso soportamos un padecer o tantas dolencias como este libro abarca, con los pies adentro y con solo nuestro cuerpo y este tejido como calor, con el oficio ardiente de la poesía que Beverly Pérez Rego tan bien puede conjurar.

La poeta escribe:

:

Yo solo zurzo la noche con el día.
Hoy solo oro por la poesía.
Como un pájaro, pegado a mi espalda,
como mi propia sombra,
como mi propio entendimiento.

:

:

ii

La Noche engendra al mundo, en sus posibilidades infinitas… El mundo todavía no ha tomado forma y entonces sueña, sueña el mundo ser otro mundo, sueñan las cosas, soñamos nosotros que vivimos.

Es la noche anterior al mundo, es la oscuridad anterior a la palabra, hasta que llega el verbo y nombra con destello y ordena el mundo en su caos por descifrar.

:

Comparto estos versos bellísimos de Beverly, en Night:
Y todas las puertas estaban dormidas
Y los faros estaban dormidos
(…)
Y la escritura soñó con palabras
Y las incubadoras soñaban con cuerpos
(…)
Y los cuerpos soñaban con faros
Y las palabras soñaban con todas las puertas

:

Me estremece vivir en este poema, en sus imágenes, me he atrevido a decir que la noche engendra y Beverly en Ars me diría Creo en la urgente eliminación de la noche como metáfora uterina o cisterna vacía, pero la noche no está vacía, y en definitiva, sueña. Quizás por ello la tacha, mas es imposible no escribirla.

:

:

iii

La capacidad de los individuos para soportar las consecuencias de la acción de un agente exterior fue llamada por los griegos pathos. De esta palabra deriva el verbo latino pati (sufrir, padecer) de cuyo participio deviene patientia, ya entre los romanos designaba al hábito o virtud de hacer frente al mal; esta definición clásica nos indica que la actitud defensiva que comporta no es precisamente una actitud meramente pasiva. Padecer no es simplemente permanecer estático. Llegará más tarde nuestra visión cristiana de encontrarle virtud alguna a este sufrimiento. ¿Es acaso posible? ¿Cómo?

El padecimiento de la paciencia: en los mitos clásicos, la condición femenina se articula en ejercicios de paciencia, en soportar, y tejer, y soportar, y así lo cuenta el mito de Penélope y el de Griselda. Existe un oficio en el padecimiento, en la espera… en el telar. ¿Es esto diferente de nuestro presente o hay un largo hilo, un hilo atroz, que nos sostiene en nuestro propio padecer como mujeres y poetas venezolanas, nuestra deplorable condición de venezolanas, escribe Beverly?

También en esta visita a estos dos mitos que he mencionado, el de Griselda y el de Penélope, Beverly Pérez Rego los actualiza, bañándolos en su oro verbal.

A Griselda y a Beverly se les ha concedido el hilo para zurcir todas las ausencias.

:

 Bordando el manto terrestre, Remedios Varo (1961) 

:

Trae el mito de Boccaccio a Güigüe, azotada por la peste, escribe como habrá escrito la poeta durante esta pandemia que le ha tocado y nos ha tocado vivir a todas y todos:

:

Y las mujeres se encerraron en sí
mismas, y sin tener muchas mujeres alrededor se morían las gentes, y
eran muchas las que de esta vida pasaban a la otra sin testigos.
(…)

Sigue:

y prendiendo un candil y tomando sus telas
se fue a sentar arriba de la escalera y se puso a coser y a esperar que
le volviera la vida a todas las mujeres, que yacían entre nudos de
sinalefas y estambre.

:

¿Cuánto podemos soportar? ¿Cuánto aguanta este hilo?
Nos contesta la poeta a través de Penélope:

:

Pues toda mujer nace viuda y es eternamente anegada, extraña e impropia.

 

Es eterno. Beverly Pérez Rego escribe con la conciencia de la última palabra. No se puede escribir de otra manera. No tenemos tiempo. La urgencia de escribir germina en sabernos muriendo de lo que esperamos. Me contesta María Josefa Paz del Castillo, nuestra poeta carmelita, presente en el libro. Y el horror de nuestro padecimiento como venezolanas, como venezolanos, es inabarcable.

A su vez, su formato digital induce una conciencia que cobró el país en el año 2019: este libro podría no leerse algún día, en un presente, no en un futuro. Un presente sin electricidad. El libro termina de forma abrupta en un apagón que también es nuestra muerte insalvable de lo que ya perdimos y nunca podrá volver, aquí, lejos o cerca.

Termino, quisiera, con estos versos que escribe la poeta en el último de los cinco maravillosos haikus en este libro:

:

5

trago a mis madres
afligen sus sabores
irreparables

:

:

Creación de las aves, Remedios Varo

:

:

:

:

Retazos con la noche tachada por delante

Eleonora Requena

 

El hilo atroz es un texto encriptado, digo texto por el asentamiento de sus formas verbales en un lugar afín a una página, aunque estas a ratos parecieran desdibujarse, disolverse o adquirir profundidad.

Digo texto pero es voz, el hilo atroz es letra encarnada, articulación atronadora puesta en la boca de otra, de otro, que lee, y mientras lo hace, se escucha como en off.

:

Rimario. Grimario. Grimorio. Incantésimo.

:

Para entrar en El hilo atroz hay que entregarse al vértigo de su aliento y de su extrañamiento. Desde el primer texto nos introduce en una historia narrada a medias, oculta entre ripios y ajenjos, múltiples formas, variados registros, una invitación, invocación, a leer a tientas en la oscurana.

El hilo va armando sutilmente su imaginario, nos va soltando prendas, una isla, los ruidos de Cadenas, una boca puerta abierta, pasos a través de un laberinto, tal vez haya que renunciar a razón para entender. Luego viene el chorro de palabras.

Lectura a sorbos, nunca pude sostener el hilo de cabo a rabo, siempre tuve que soltarlo, me dejaba sin aire, retomarlo luego, a otra hora, desde la mitad, de atrás para adelante, vuelta a empezar, y mientras tanto, esos textos dentro, cebándose.

Caminando por av. Rivadavia me saltó una imagen derivada del hilo, fue más bien una evocación familiar. En estos poemas se nombran a las fabriles tejedoras, oficiosas del lenguaje de sombras, a aquellas otras de una fábrica en Monte Piedad, zona industrial en 1957.  En la edición del libro se intercalan fotos antiguas, una fábrica textil llena de mujeres, luego otras del mismo lugar hecho cenizas, son imágenes de Triangle Shirtwaist Factory de Greenwich Village, del terrible incendio de 1911. Aquí mi propia historia: Mi abuela Blanca, que murió a los 99 años, trabajó en Caracas toda su vida en una fábrica de telas, primero como obrera, luego fue haciéndose una persona de confianza, incondicional, nunca quiso jubilarse, el dueño de fábrica entendió que ese era un hilo que la sostenía y la dejó seguir asistiendo al trabajo, a pesar de que de la fábrica ya solo quedaban unas pocas oficinas. Era muy reservada mi abuela, la madre de papá, vivía sola en un pequeño departamento en La Candelaria, iba de visita a nuestra casa cada 15 días con horarios y rutinas justas, a veces llevaba retazos de tela. Mi abuela fue guardando, a lo largo de 40, 50 años, recortes de telas, muchas telas, cortes de uno o dos metros, que iba apilando en cajas en su pequeño departamento. Mi abuela era una acumuladora selectiva, muestras de lino, de algodón, de paño, de seda, de satín, en cajas que subían hasta el techo, ella construyó a lo largo de los años su pequeño laberinto en la sala. Esto se lo conté a los muchachos del taller de poesía, Ricardo Suarez y Luis Betancourt, y a Carmen Elena González, he hablado mucho de El hilo atroz en estos días, Luis me dijo que en las cajas de mi abuela había una gramática enhebrada, esto le dio la última puntada a mi recuerdo.

:

Más notas:

Hilos. Hilaturas. Pandora. Ariadna. Penélope. Melanto.

:

Invocación, maldición, lo rizomático, la ambigüedad, el cuestionamiento de nociones de autoría, escritura coral, sacrificial, se ponen en crisis varias categorías de la percepción, son retazos, jirones, escritura de bordes, ars poética, subtextos, transcripciones, traducciones, apropiaciones, parodias, resignificaciones, desapropiaciones, tachaduras.

Este libro es muchos libros, cada hilo lleva a un tópico distinto y sin embargo tan entramado. Es un crisol de registros, hechos con hebras gruesas y finas, todo apunta y da puntada, como apuntadas de una gran trama que zurce al lenguaje. Cada texto toma el hilo del anterior y luego lo suelta, hace un remiendo, teje y desteje, el ritmo del libro es centrífugo y centrípeto, gira y se explaya con una violencia inusitada, en una danza, un aquelarre, es necesario acoplarse a esa velocidad para leer, la voz zahiere su propia idea de escritura, se cita y se repite, retoma textos de sus libros anteriores y los imbrica a estos, centra y descentra, horada y refunda, afirma y niega, teje filiaciones y en la línea siguiente las traiciona, es bilingüe, bicéfalo, traductor y  traidor. Tienta a un concurso de voces de mujeres en la rueca, que se transforman, se entremezclan, se asesinan, en la misma tela que es verbo sacrificial, y que es conjuro, amadas y enemigas, se bañan con la sangre de las niñas, beben de la herencia literaria o la dilapidan, se martirizan, se atizan con un punzón hirviente, Bhatorys en la corte sin única condesa, en un ritual feroz, atroz.

Aquí estamos las desheredadas. Voz de todas y ninguna, voz de sibila, voz de fondo del leteo, que hila grueso con hiel y miel, textos puestos al revés, con las costuras expuestas de una mala sastra puesta en evidencia. El legado de las poetas anteriores es santo y seña en estos textos, están presentes Luz Machado, Alejandra Pizarnik, Enriqueta Arvelo Larriva, Ida Gramcko, Ana Enriqueta Terán.

Se teje y se desteje sobre la voz masculina, aquella que signa la ley y la tradición, el nombre del padre se desmonta y se desfonda, se parodia, se señala a los patriarcas, a los canónicos, los Vallejos, los Nerudas, violadores enfundados, los Daríos, los macondos, los siempre nombrados y alabados en las universidades y en las antologías. También se reconoce a los padres literarios, Sánchez Peláez y sus elementos, la  prosa lírica de Ramos Sucre, y hasta se reescribe una derrota con sorna y honra.

:

Se escribe del país, del no país, del simulacro, de la extranjería, de ese lenguaje que se es en otra parte.

:

Y me fui quedando sin palabras, eran muchas ya las lenguas sueltas,
de tanto tejer solo queda el hilo.

:

:

:

Chat de tuiter
___________

:

Miércoles 7:45 pm

@elerequena Andrea, ese libro de Bev es cabilla, estoy medio asustada, no he podido hilar nada

@filoloca Chama, súper cabilla, ayer me quedé sin pila y me fui a dormir para ni pensar

:

Lunes 5:59 am

@filoloca Ok, ya logré escribir algo, estoy más tranquila, le dediqué sus horas, pero no es para menos, librazo, me duermo, ahora sí

@elerequena Yo aún estoy con notas, tengo la noche tachada por delante

@filoloca Yo la dejo atrás a esa noche tachada, también pude acudir un domingo en la noche y empecé como tú, vengo del futuro, sí se puede.

:

:

:

:

 

Sofía Crespo Madrid nació en Valencia, Venezuela en 1995. Traductora y licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. Editó para la revista Canibalismos (2015-2017). Ha publicado Tuétano (La Poeteca, 2018), Tuétano/Marrow (Ojos de Sol, 2020) en edición bilingüe al inglés y Ayes del destierro (Libero, 2021).

:

Eleonora Requena. Caracas, 1968. Cursó estudios en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Participó en los talleres de creación literaria del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Ha publicado los siguientes poemarios: Sed (Eclepsidra, Caracas, 1998), Mandados (La liebre Libre, Maracay, 2000), Es de día (El Pez Soluble, Caracas, 2004), La Noche y sus agüeros, (Pez Soluble-Instituto Italiano de Cultura, Caracas, 2007), Ética de aire (Bid & Co, Caracas, 2008) y Nido de tordo (Kalathos editores, Caracas, 2015). Su trabajo aparece reseñado en diversas antologías y estudios críticos dentro y fuera de su país. Con Mandados obtuvo el Premio de la V Bienal Latinoamericana de Poesía José Rafael Pocaterra (2000), mientras que con La Noche y sus agüeros obtuvo el Premio Italia 2007 para la Poesía en el certamen «Mediterráneo y Caribe», auspiciado por el Instituto Italiano de Cultura de Venezuela y el Centro de Poesía Contemporánea de la Universidad de Boloña. Textos por fuera (Ediciones del Taller Blanco), es su libro más reciente.

Estos textos fueron leídos por sus autoras durante la presentación de «El Hilo Atroz», organizada por la Fundación La Poeteca.
La imagen que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Javier Miranda

Contenido relacionado

Archivo

introduzca su búsqueda