«Marea» de Pedro Varguillas

Animalia, altoparlantes y agua de hablas

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Jesús Montoya

 

Todo es como los ríos, obra de las pendientes.

Voces, Antonio Porchia

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Creo que debe haber sido alrededor de los años 2013 y 2015 cuando Fernando Vanegas, Mónica Gómez y yo tuvimos la idea de formar una editorial independiente. En ese catálogo se encontraban poetas que, como el caso de Yorgenis Ramírez, infelizmente aún se encuentran inéditos en Venezuela. Entre viajes a Maracaibo, Mérida y San Cristóbal corregimos los textos, creamos un logo, cambiamos muchas veces el nombre y conseguimos los diseñadores para las portadas y las maquetas de los libros. Sin embargo, nada pudo concretarse, pues vino ante nosotros una partida inminente, conjugada a la situación política, económica y social del país. Fernando se fue a Chile, Mónica a España, y yo me quedé en Venezuela por tres años más hasta salir a Brasil. De tal manera que el proyecto fue apaciguándose, aunque, creo yo, nunca murió. Nunca murió porque algunos de esos libros han sido y están siendo publicados y nosotros, que los leímos y revisamos con tanta emoción en su momento, somos testigos de su nacimiento con otros sellos, también independientes, como es el caso de Marea (2020), de Pedro Varguillas, publicado por primera vez en una edición artesanal en 2015, en las Ediciones del Movimiento Poético de Maracaibo, y recientemente reeditado por las manos de Gladys Mendía en Los poetas del 5.

Marea no es concebible, al menos para mí, sin pensar en una serie de fluctuaciones del cuerpo y de la voz. Yo diría que esto es particular: una dicción rebasada en los recitales que apareció en poetas de la región andina como Jairo Rojas Rojas y los hermanos Arella: Julieta y Daniel. Tal vez esa exploración acústica de la voz en el centro del país estuvo más enlazada a autores como Francisco Catalano y sus experimentos; proyectos como el revital, cuyo funcionamiento es un collage de lenguajes, acaso un «zapping arqueológico audiovisual», reconfigura significantes culturales para ensamblarlos[1]. No obstante, no existía, al menos en los andes venezolanos, la presentación de esto como una performancia en sentido estricto. Se recitaba así por ahí, en la esquina, en la plaza, en un bar con un piano, en una casa, en donde cayese la noche. Quiero decir que, a diferencia de los revitales de Catalano o de las propuestas actuales de Jairo Rojas Rojas, no había una intención articulada a lo audiovisual ni a la puesta en escena. Era, no lo sé, una bifurcación vibrante que simplemente teníamos (debo también incluirme por casualidad) a la hora de leer los poemas, una suerte de timbre que nadie sabe aún a ciencia cierta de dónde apareció. ¿Era el valle escalonado en frecuencias?, ¿era Mérida entera como geografía?, ¿la dicción de rezanderos, el cante del habla? No lo sé. En Marea la figuración de ese ritmo tendido de la voz, a diferencia del grupo andino que menciono, no está construida como topografía de la montaña, sino del océano. Los componentes sonoros como armonía y estridencia no se limitan al cierre de una orilla, quiero decir, a un paisaje marítimo en tanto representación. Marea es nominal a una revuelta lingüística de significados y tonos transpuestos en imágenes que ascienden para conformar, muchas veces, una animalización del agua en pliegues: «las olas más altas en el pico de un pelícano borracho»; «arriba a los peces le nacen patas y se olvidan de los corales»; «arriba la ola es un torpedo en las patas de un tigre / en la leche de una vaca atormentada». Las aguas salinas producen que su fauna se transforme en quiebres ambiguos del eco, donde lo observado tiende a poseer matices numerados, anafóricos; se trata de un libro para ser leído en voz alta. Un libro que se lee corrido, sí, pero que también se mide en la reiteración del movimiento: «Marea Marea Marea Marea Marea»; «una voz diciendo no no no no no no no»; «tiramos arena de trincheras aprendidas / tiramos cauchos encendidos dentro del humo negro / tiramos tiramos tiramos tiramos tiramos tiramos tiramos».

La adjetivación origina que la liquidez adquiera un cuerpo de ciclos metamórficos: se es agua para ser animal fraccionado y, como si se evidenciara una evaporación, va apareciendo un erotismo de manos, lenguas, muslos. En Marea es narrada una lengua de agua engullida de materias: zinc, vidrios, murallas, naranjas; una lengua de residuos vibratorios. Su artefacto verbal desarrolla, en algunas ocasiones, maneras de intentar decirse: «esta lengua tiene esquirlas entre los dientes / granadas reventando órganos cuerpo adentro». Pero esa lengua, como el ciclo que la compone, también se evapora, tanto desde el retrato del agua, como del cuerpo: «esto es una laguna vapor agua»; «esto son lágrimas sin piel sin sudor sin dolor».

Lo que propongo es apenas uno de los vericuetos por los que el lector navega. A partir de los epígrafes iniciales es advertida la construcción de una casa en una referencia a Luz Machado: «Quiero una casa de piedra junto al mar», tomado de su emblemático poema «Embriaguez de la muerte», contenido en Canto al Orinoco (1953); seguida de esta referencia aparece la cita: «Usted habla como si fuera la lluvia del primer día del mundo», traída de Los plegamientos del agua (2014), de Jairo Rojas Rojas. En ambos casos la arquitectura verbal de la casa, siempre traída a colación en la poesía venezolana, fulgura. Sin embargo, no es la casa en sí misma la razón por la cual estas pistas de rastreo aparecen: su presencia allí es la del fluido, un estado de disolución de la materia en la praxis de la voz. Se navega, pues, un idioma de aullidos, choques y onomatopeyas que relata sus instrumentos musicales. Allí la madera como elemento construye la canoa de la ruta y el tambor. Sonido es travesía de vocablos marinos en Marea:

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siente esta letra lejana mancharte la ira
siente este tambor vibrando en tus oídos
siente estallar tu ritmo latiendo en mis dedos
racatán racatán rasca rasca rasca pam pam pam pam
siente este repicar de negros paridos por un fuego extinto
siente el desembarco de esta canoa milenaria
somos miles haciendo tu sangre delineando tu ruta

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El destiempo del retumbo ajusta una acústica que desplaza reiteraciones en versos encabalgados durante los 18 poemas que concatenan el texto. A decir verdad, Marea, pese a sus divisiones, es un largo poema, cuyos numerales son breves pausas, estaciones que procuran dar calma al torrente. Pero no todo en la obra, como ya comenté, posee una pretensión natural; por su forma narrativa comienzan a pasar retazos, los ya mencionados residuos, que harán del poema una fábula de concreto, como si el paisaje de tránsito trajera otras significaciones en la exposición de imágenes que revientan:

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Estalla marcando el paso dentro de la madriguera
lleva ramas adormecidas entre la tierra de sus sueños
brisa subida sobre el concreto de los edificios
estalla picando diamantes en salas de espejos

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El agua empieza a mancharse y la lengua a arrastrar tales despojos: «charcos artificiales teñidos de fluidos químicos»; «eran sordos maniquíes en vitrinas sin vidrios»; ¿qué hace la ciudad en el agua, sino ser un ruido? Entiendo aquí ese encadenamiento como un viaje de iconografías, su modulación siempre está exigiendo una lectura abierta, alargada: micrófonos, altoparlantes; ¿cómo es que estos artefactos van replegándose en una navegación? Ese es, sin lugar a dudas, el espacio de su autorreflexión: trombones, arpas, ¿y qué hay del otro lado? Una fauna relamida de toros, saltamontes, becerros, guanábanas, cunaguaros, chicharras, gavilanes:

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Tendido veo saltamontes brincando
bailan la danza ritual del estremecimiento
aceite desprendido de tu piel hirviéndome
dentro del rojo caído de tu infierno hay una casa de luces
alumbras una fogata de trombones hinchados
cascadas de sonidos deslizándose por los vellos
piernas chamuscadas entre la hojarasca de este grito
el fuego es un arpa atravesando los bosques
espero viendo incendiarse el llano
espero entre alaridos de toros hirviendo sus lágrimas
espero amarrando con dientes de león el cuello de un becerro
espero caminando las manchas blancas de las garzas en el cielo

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¿El barroquismo lingüístico de un trópico animal? Tal vez, pero siempre intercalado, devorado por el agua que le es dialecto y fragmento en las anáforas y en las partes que van, continuamente, describiendo componentes de lo mínimo: de un diente el lector hace el paisaje venezolano, espacios como Cumaná y árboles como el cují. Marea es una animalia que ingiere, bebe, traga, chupa y antropofagia el lar. Cada uno de estos universos existe esencialmente por el Agua como iniciadora; marineros y algas conceden la voz que va nombrando. Y no acaba allí: se interponen murmullos del portugués, del francés, de cuerpos que enuncian una aparición revuelta entre ciudades, áreas y referencias temporales, colonizadas, un esqueleto caribe y africano que blande un carácter mestizo y que, procura, en gran medida, cultivar un origen relatando la urbanidad, el cotidiano que marcha. Resalto esta cuestión en el poema número XIII, por tratarse de una transfiguración inversa que traspasa la imagen angélico-cristiana a una fala-callejera:

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creyó oírte palabras en portugués
creyó estar en São Paulo
É Pequeno
lo bautizaron tus axilas y le nació un pistolón entre las manos
“negro prieto”
“moreno mío”
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:[…]
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:
se dice
rey del guaguancó
rey del mambo
rey de los barrios
rey de las prisiones
rey montuno
rey del candomble
se dice caballo de Oggun
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en la cima de un tanque de agua
con la sabiduría de ancestros cimarrones
con una sazón legendaria baila su sabor de mafia sin
genealogía de apellidos raros

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En el viaje emergen, además, distintas figuras de la literatura venezolana a ser rastreadas como un orden de la propia representación del texto. Esto ocurre en el poema XIV, donde los nombres de Armando Reverón, Cruz Salmerón Acosta y Enriqueta Arvelo Larriva son mezclados con alusiones a la cultura popular del país: la polarcita (cerveza venezolana); la Vinotinto (apelativo a la selección venezolana de fútbol) y Florentino y el Diablo, el afamado texto de Alberto Arvelo Torrealba, construido a partir de una leyenda popular llanera, entre otros. Es un mapa atravesado por una complejidad que intenta ser abarcadora para dar, finalmente, las señas de una generación constituida por cierto imaginario cultural e identitario que arrumba ya no el agua, sino el asfalto de una modernidad a medias, donde el marco de la globalización exterioriza desde imágenes de beisbolistas emblemáticos, hasta el escritor José Ignacio Cabrujas y la UEFA Champions League, lo que supone una superposición temporal entre la cultura masas, la cultura popular y los referentes literarios que se van borroneando en la conjunción de una experiencia en tránsito. Este primer libro de Pedro Varguillas, fechado del año 2012, aglutina la disparidad de una enredadera sostenida en tráquea y vértebra, en fauna y agua, en concreto y narraciones que potencian la gramática anómala del resonar de una navegación que es, en síntesis, un redescubrimiento.

Jesús Montoya, São Carlos, 2020

 

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Notas:
[1] Esto lo apunta Robert Rincón en una entrada de nuestras ediciones anteriores[1], dedicada a esta singular propuesta. En el canal de YouTube de Francisco Catalano es posible encontrar algunos de sus revitales: https://www.youtube.com/channel/UC37R_-s-IpuYHDnDbqOW1wA

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M  A  R  E  A

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iii

Marea Marea Marea Marea Marea
subo las olas más altas en el pico de un pelícano borracho
arriba a los peces le nacen patas y se olvidan de los corales
un grito de serpiente te come los oídos
una gaviota trasnochada rumea un verbo oscuro
las turbinas de los aviones escupen nubes malditas
arriba el vértigo es un miedo de hormigas
un presentimiento fracasado
una voz diciendo no no no no no no no
arriba la ola es un torpedo en las patas de un tigre
en la leche de una vaca atormentada de tanta mano entre las ubres
arriba los relámpagos anuncian este encuentro
grito que le vuela los ojos a los hombres
luz que penetra el temblor de la tierra
arriba los bagres amarran las estrellas a sus bigotes
la luna pare muchachitos huérfanos con un ojo bizco
Arriba eres un círculo de vida entre mis manos

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v

Vienen bajando del cielo montados en una llama azul
les brotan conjuros de los tobillos
ángeles del desamparo les llamo
cuando veo tus ojos encendidos
al primer grito de esta guerra
tirados en el suelo
tiramos piedras
tiramos balas con liguitas rojas
tiramos arena de trincheras aprendidas
tiramos cauchos encendidos dentro del humo negro
tiramos tiramos tiramos tiramos tiramos tiramos tiramos
esta lengua tiene esquirlas entre los dientes
granadas reventando órganos cuerpo adentro
en lo hondo manos cortas son tijeras de zinc
en lo hondo la lluvia achicharra la piel en una bocanada
en lo hondo un calor anaranjado te mete vidrios en la garganta
en lo hondo la piedad del vómito no existe
traga esta montaña salobre derruida
traga esta rama subida entre las piernas
traga esta casa de barro violando tus murallas
traga esta pólvora que te incendia la paciencia
traga esta guerra santa que te quita la gloria
traga traga traga traga traga traga

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vii

Estalla marcando el paso dentro de la madriguera
lleva ramas adormecidas entre la tierra de sus sueños
brisa subida sobre el concreto de los edificios
estalla picando diamantes en salas de espejos
estalla regando un grito uniforme en los comedores
mira sus ojos no creen cuentos de niños europeos
mira sus manos no saben de alfabetos para ciegos
mírales la fe atea de tanto caminar sobre grama congelada
riega un suspiro tuyo sobre esto que avanza
no temas si el deseo estalla manchándote las manos
no he traído más que este canto a tu casa

no somos tantos no somos menos no somos un rapto
no somos no somos no somos no somos

nadan entre charcos artificiales teñidos de fluidos químicos
creen en años extintos de tanto pelear sin saber por qué
me susurran la próxima palabra gestando un hijo malsano
respiran un aire asfixiado gastado en salas de terapia intensiva
mal hablados sueltan versos a caballo entre sus dientes
míralos agitar las ramas de los mangos tumbando el amarillo
míralos encaramados entre los tamarindos con los ojos
puestos en el vuelo de un ave
óyelos corear el choque de las olas contra las piedras
eran la renuncia a la espera gastada en las costillas
eran sordos maniquíes en vitrinas sin vidrios
eran hijos de un mangle bajo el mar
saben del mercurio entre las magnolias
saben de cayenas para el dolor menstrual
saben de canela para apagar el fuego en la boca
saben de limones para calentar el frío en los pulmones
se han columpiado en los cuellos de las palomas
conocen el tronar de las hojas cayendo en octubre
conocen este delirio alumbrado en micrófonos y altoparlantes
bajo tierra extienden su arena por el mundo
tienen picos bocas garras alas patas antenas
son salvajes cargándote como patrona de pueblo frente a un templo
dan tres vueltas a la plaza te sientan en el pedestal de sus rezos
dinamitan un cerco para ti Marea Santa
estallan de tanto brío animal en sus raíces
estallan sobre el vuelo de un huracán dormido
estallan en ti los hijos de este anhelo

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xi

Soy el terror de tus miedos azotando tus males
la espera en guirnaldas donde la hierba se entrecruza
movimiento que no cesa ante la ola asustada de la muerte

he visto una pelusa de erizo mecida en las alas de una mariposa nocturna
sus colores mestizos arden en lo redondo de la tierra
y en este repicar de campanas del pueblo antiguo de tus padres
anunciando el despojo de los garabatos ocultos detrás de las puertas

soy la cosquilla que te dobla el cuello dormida
el gato que salta a tu cintura y cae de espaldas sobre la paciencia

soy un cañón apuntando el tacón roto de tus zapatos
la falta de altura donde el cojear se afinca en tus mañanas
soy la barba que besa tus rodillas mientras manejas
acelerador que te empaña los cristales de los lentes
un marullo crecido debajo de tu ombligo

Soy la dichosa saudade del desencuentro
amparo que protege el brillo de tus formas reposadas en las tardes
la arena que le da borde al mar de tus sentidos

Soy la correa que ata tus espantos y le da palazos a tu resaca
potro que agarras por la cola y tumbas con la elegancia de un peinado antiguo

Soy la araña que hace vibrar tu fibra
el canto de las cigarras sordas hasta el martirio
de ver colgar sus alas en las mandíbulas de los bachacos

Soy un cangrejo adicto a la resolana sobre rocas en los acantilados
la tenaza que hunde el pedal de tu piano haciéndote esgrimir sus teclas hasta el paroxismo
el pozo hondo donde se agitan las mentiras revueltas por la conciencia

Soy la venganza de una estirpe calibrada en el ojo de un ciclón
la paz en las entrañas de un tornado arrancando casas de la memoria

Soy la inclemencia de la corriente entre los maremotos
la garra clavada en los vagones de los subterráneos
el gusano atestado de gente dando tumbos sobre rieles vencidos

Soy la calle donde marcas tus cicatrices
el pavimento negro brotado de sauces en las aceras levantadas
la melodía interrumpida de los pájaros entre cornetas asustadas
el motor que te enciende la pasión de recorrerme todo
de tomar mis avenidas y levantar un rascacielos en el centro de mí
mapeando los caminos donde andará tu ejercito de batallones cuarteados

Soy el recipiente donde guardas tus pastillas para el dolor atascado en el alma

Soy la fe que te desgasta la pena diluida en el susto de vivir temblando
Soy esto que te nombra en el intento

Soy tu pulso
Soy

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xiv

Sálvame
Marea mía
líbrame de sus discursos barbitúricos serpenteando sus males
llévame al sendero de los abedules donde el día no alcanza a la noche
busquemos trabajos de chinos flamencos místicos de la música gitana en Sevilla
fragüemos nupcias de ahijados espontáneos encarnados en el vestigio del grano de la nieve
aprendamos la arquitectura rocosa de la edad media estancada en vanos cinturones de hierro
levantemos torres pobres para el paseo de monjes caídos en las fosas de las ciudades antiguas
experimentemos un viaje traslúcido en la tumba de San Juan de la Cruz
vamos a alumbrarle la noche oscura con besos luminosos en el oriente de las perlas

ofrezcamos regalos envueltos en cuero de cazadores de leones a las brujas
profanemos el púlpito de los saberes extendidos revelando la alquimia de tus cabellos
silenciemos la secuencia del rigor instituido en los pantalones abandonados por los nudistas
pensemos una ofensa en la clave de un habanero dormido en medio de un son cubano
faltemos al encuentro meditado en las celdas de clausura de los monasterios
saludemos a los amigos con la cercanía de las huellas de los alcatraces en la arena mojada
cuidemos a las vecinas viejas temerosas de morir ahogadas en las bañeras
bailemos vallenatos y fados bebiendo ron y vino con limones y azúcar
corramos un maratón en el fin del mundo viendo pingüinos aplaudirnos la carrera
vamos a Cumaná a prenderle una vela a Ramos Sucre y tomemos un peñero hasta Araya
para revolcarnos en la sal leprosa de Cruz Salmerón Acosta

azul azul azul

azul Reverón me ha cegado la luz de los cocoteros
alumbrando la bahía de Macuto
Juanita levanta a Pancho de las piernas de Serafina que pinte un cuadro con los cachos del toro
despertemos sobre la hierba picados de mosquitos en medio del Roraima
viendo aterrizar platillos voladores en el Pajuí  de la Gran Sabana
hablemos con los lancheros de Soledad a Angostura sobre Luz Machado y su Orinoco
sostenido entre las palmas de nuestras manos salidas por el borde del bote
prendamos un hilo al menguante y salgamos a repartirlo entre los indigentes que hablan solos
entremos a un penetrable de Soto y salgamos entre los colores de Cruz Diez
con los brazos torcidos en las manos  de Otero

vamos a Barinitas a despertar el llano de Enriqueta a cantar con Florentino la canción de Alberto
no te quedes ahí viendo Caracas con la mirada de una sirena colgada en el techo de un balcón
hagamos la fiesta sin regreso en el panteón de los amantes clandestinos
escribamos un bolero que haga sonar las rocolas oxidadas en los bares
tomemos los pinceles de la aurora y creemos un mural donde las ilusiones

………………………………………no se quiebren

busquemos lo que no se nos ha perdido en la argolla del Miranda fastidiado de Michelena
brinquemos sobre los corazones rotos en las tonadas de Simón escritas por el poeta Acevedo
entremos al bar de Ligia conoce a Rubén detrás de la barra abriendo tres tercios Polar con una sola mano
el último en salir
cierra la puerta
paga la cuenta
toca la campana
y pide la bendición

Sálvame sálvame
me persiguen por haberte nombrado arrebatado en mi delirio
esta maleta pesa tanto abre el cajón del carrito blanco y quita la cara de asombro
no me perdonarán esta alegría en medio del grito este zumbar de abejas bailando
rasga estos pantalones rotos en las rodillas
corta el hilo que me sostiene
botemos la espera por la ventana cuando tomemos la Troncal Este

esta historia no es un cuento para los sabios de la lengua sordos de otorrino
esta lengua se rasca la espalda contra las piedritas del suelo donde no te alcanzo
no debes sentirte impresionada si sientes un calor donde no puedes señalarte
diviértete sosteniendo un salvavidas inflado con el ego de los políticos
desata las trenzas de los artesanos en las plazas públicas
vendiendo zarcillos hechos con conchas marinas y restos de palillos para limpiarse los dientes encontrados en los
basureros de los restaurantes de carne asada

quieren hacer una estatua de nosotros y reímos tan fuerte que nos duelen los abdominales
repitamos el gusto de ser niños leyendo historietas cuando el mundo era más grande
y no se cruzaban las calles sin una mano adulta que guiara la pisada
delante de automóviles conducidos por nuestros paisanos insanos
que obtienen sus licencias regalándole chocolates a las secretarias de Tránsito Terrestre
alcemos los brazos como si nos robaran los amigos de nuestros vecinos del edificio de al lado
y demos una vuelta pachanguera siguiendo las instrucciones de un puertorriqueño medio tartamudo
esta es nuestra fiesta le oí corear a toda mi generación exiliada en pepas traídas de San Francisco
por panas que consiguieron una beca para estudiar en UCLA
y ese amigo gay amigo de mi amiga asustado cada vez que le da diarrea por no creer
en el único dios vivo con nombres y colores y texturas y sabores tan variados que es el patrono
de los carnavales de Río

condones……………………………………..condones
………………………condones

salvando la vida de los troyanos dándole duro por el culo al amigo de la amiga haciendo un dúo de universitarios
enamorados amantes del francés del yoga y del taebo
salvándonos del SIDA del VPH de la sífilis de Salustio de la hepatitis y de las novias preñadas

ven
prueba el sabor de los cepillados de mora con tamarindo y triple leche condensada
haciendo una cosa dulce una cosa pegajosa una cosa agria una cosa extraña en tu paladar

cuando el amor llega así de esta manera
uno empieza a oír las carreras de caballos de Santa Rita de Valencia y de la Rinconada María Gualezca yegua de mis tormentos de mis pasiones ocultas de mis compatriotas con la gaceta hípica en el bolsillo trasero derecho del pantalón empleados de un Ministerio cualquieraquince y último cabalgando entre las piernas de Jaramillo entran en la última curva se perfila por el centro de la pista
va levantando la arena en los ojos de Clever Dancer cabeza a cabeza se pelea el Clásico Simón Bolívar deja atrás a My own
business va a ganar va a ganar ganó Venezuelaaaaaaaa
en los adioses de las tardes eres la reina de los turistas en la arena de Margarita
Colón pasó por ahí dándole nombre de perla y nos maldijo
ay de mí Nueva Cádiz
ay de mí Barroso
ay de mí Zumaque I

…………malditos somos por esta vaina que vinieron a echarnos como si fuese culpa nuestra poder sembrar moneditas de oro
en Portuguesa y en veinte años tener un consorcio aurífero británico y un montón de muchachitos catires jugando fútbol
hablando pistoladas del abuelo que no se pela un juego del Manchester en la UEFA Champions League

ay Vinotinto de mis goles en contra ay este gesto es apenas un desahucio ay tiroteos en los hospitales ay sicarios míos
Ay de mí pelotica de goma golpeada por los brazos anémicos de mis hermanos ay de mí Víctor Davalillo
ay de mí Luis Aparicio ay de mí David Concepción ay de mí Andrés Galarraga ay de mí Omar Vizquel
ay de mí Miguel Cabrera ay de mí Johan Santana

ay José Ignacio Cabrujas ay

somos vivos
nos saltamos las colas en las gasolineras de la Florida Turnpike
la primera vez que cogemos el carro alquilado que no podemos comprar en nuestra tierra santa de libertadores
……………………y batimos record
de Miami a Orlando gozando petrodólares
siempre todo está barato dame dos
ay Mickey Mouse de mi infancia
ay Magic Kingdom de mis aberraciones
ay Universal Studios de mis fantasías absurdas
ay ay ay Vicente Fernández en la cabeza de mi abuela
cantado por mi abuelo
ay ranchera que no termina machismo exacerbado
levantando sus miembros con Cialis y Viagra

Sálvame sálvame sálvame
habitemos el alma tuya alma mía nuestra alma

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Jesús Montoya. Mérida, Venezuela, 1993. Es Licenciado en Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de Los Andes y Magíster en Estudios Literarios por la Universidad Federal de São Carlos. Ha publicado Las noches de mis años (Monte Ávila Editores, 2016, Premio de Obras para Autores Inéditos) y Hay un sitio detrás de los incendios (Valparaíso Ediciones, 2017, I Premio Hispanoamericano de Poesía “Francisco Ruiz Udiel”). Su libro más reciente Rua São Paulo (Fundavag Ediciones, 2019), fue merecedor del II Premio Franco-Venezolano a la Joven Vocación Literaria. Forma parte del consejo de redacción de la revista POESIA de la Universidad de Carabobo. Actualmente reside en Brasil, donde se desempeña como traductor y profesor de español.

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Pedro Varguillas. Maracay, Venezuela, 1988. Poeta, escritor e investigador. Licenciado en Letras por la Universidad de Los Andes (Mérida-Venezuela) y actualmente candidato a doctor por el Departamento de Español y Portugués de Northwestern University. Ha sido docente en la Universidad de Los Andes e Investigador invitado en la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Ganador del XXI Concurso de poesía de la ULA con el libro Los poemas del payaso. Forma Parte del comité editorial de la revista POESIA publicada por la Universidad de Carabobo (Valencia, Venezuela). Marea es su primer libro de poesía publicado.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Dayana Maldonado

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