María Alejandra Colmenares León

Inéditos

 

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Ouróboros I

[Semeruco (Malpiguia glabra)]
Y yo reflexioné durante largo tiempo y temblaba,
pero acabé por decir lo que había dicho al comienzo:
“no quiero”
Friedrich Nietzsche

Me adentro en mi útero
para volver a nacer
membrana arbórea
colmena que anido

Húmedas las voces
hundir ouroboral
serpenteo mis entrañas
viscosa me envuelvo

Desdoblarse es tempestad
túnel vacío:
el encuentro conmigo

Me enfrento a navaja
rayo rojo
viola carne
rasga paredes
declive del espíritu
quiebro el cáliz.

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Centinela

[Salado (Vochysia venezuelana)]

Cayó abatido
frente al Panteón el perro Centinela

más negro
que todos los negros

las noches
fueron sobando su carne
pesado concreto
solo relieve

las moscas
hambrientas celebraban orgías

las estrellas
bajaron a mordisquearle la carne
y dejarlo abierto en rendijas

los fríos
hilvanaron
con hilo de plata
uno a uno sus huesos
recorriéndolos como cuentas de rosario
helado aliento
murmullo sacro.

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 (Sahuario [Carnegiea gigantea])

i

Bueyes negros
sofocan mi piel
prendidos bajo la luna
en la inmensa llanura.
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ii

Termina la tierra.
Diviso desde mis pares
su filoso declive.
Desde el fondo
desde la caída
surge un espejo circular
refleja el brillo de los fuegos
y los árboles nacarados.
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iii

En este espacio en que existo
solo escucho
el aire
que no veo.
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iv

Un ángel se acerca a mi voluntad
de hombre erguido
susurra palabras a mi oído
las rechazo.
No hablo.
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v

árboles negros
árboles blancos.
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vi

El árbol verde se oculta debajo.
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vii

Profundizo los médanos
el delirio metálico
me permite volar.

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Lengua de humo

(Mirra [myrrha, μύῤῥα])

Soy el mismo aún, que temeroso,
te preguntaba a veces quién eras.
Después de cada ocaso
estoy herido y huérfano
pálido, desligado de todo[1]
puedo lejanamente mirar mis pies rasgados
reducir mi pecho bordeando el abismo

confieso
–frente al fuego de un cigarro
emulaciones oscuras de palabra
lengua de tierra
impedida y angustiada–
que estoy rendido
tras estos párpados

insomne
soy el dios de mis dioses

ante la copa del cielo
su piel es mi piel

arrojado a las manos arboledas
quinéticas por el humo de los tiempos
devuelto al fuego
me vuelvo a la calada

confieso

reducido
fuego en cara
un aliento nervioso
que estoy rendido
ante la sospecha
de sentir la herida
y no verla.

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Hildegard Von Niemand

[Lavanda (Lavandula antiniae)]
«Y así, Dios mío, son todas las noches;
siempre se despiertan algunos que andan y andan y no te encuentran.
¿Escuchas cómo pisan con paso de ciego
en la oscuridad?
[…]
¿Los escuchas rezar?
¿Los escuchas caer en las piedras negras?
Tienes que oírlos llorar; porque lloran»
Rainer María Rilke

Un hombre crucificado cuelga de la pared
exhala el día cabizbajo
la habitación austera arropa a Hildegard
corto halo a la luz de una vela
sus pies nobles doblan
frío del quiebre

Diezmada carne blanda
rodillas de rosa
acurrucada en silencio
el clima quieto de un mártir agónico
sudoroso marfil de una pieza

Te asomas al platillo de agua
mojas y frotas tu cara
despeinas tus cejas

enjuagas tu boca y escupes
pececillos de sangre
eterno giro
vórtice de ningún lado

La furia pequeña
el paso
indefectible cruzas la línea
huyes al bosque te internas
todas las sombras son rayas
frente a las raíces exacerbadas
sueños negros te elevan
bestias chapotean en la laguna
no hay salterio que venza ni voz ni oído

Pequeña garza ¿dónde te encuentras?

Con tus garras raspas la tierra
adentras tu puño tu ombligo tu sexo
escurridiza vara de luz
solo miras vitrales a través de las ramas

¡Ah!
Que te comulguen las lombrices
que uñas de tus pies retoñen flores

Los ángeles te buscan

Te escondiste de ellos en lo más profundo
Preguntas cómo morir sin que Dios te vea

Dios golpea
hematoma celestial
el ocaso te silba a lo lejos
ya no oyes
enterrada en el claustro.

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sangre negra
brota de mi nariz
sangre negra
brota de mis ojos
sangre negra que me hace
negranegrasangrenegra
escurre de mi uretra
sangrenegraquemehace
sangrenegra qu e me ahog a
me aho g aho ga menvuel v e m eabruma me aniquil la
sangrenegraheridabierta
sangrenegraojodevenado
sangrenegraluna
sangrenegramatricida
sangrenegralagunaespesa
sangrenegracómodueles
sangrenegrameinundacorrenríosdesangrenegra

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El nocturno

(Ícaro [Sequoia])

 

Mis pies se curvan
acariciando la amura de babor:
he decidido el abandono

esta torre de arena
se arroja contra las aguas oscuras
ha traído consigo tantas voces antiguas
pesa un peso de mundo
agrede las formas de espacio
dobla un espejo de obsidiana

las bestias me halan
se incorporan
violando mis recodos
susurran cantos de ahogo
lengua muerta de habitantes nocturnos

medusas pulmones de agua palpitan
alejan tenues las palabras de mi niñez
y me entrego al mar
peso un peso de mundo
me hunde como un imán
hacia la cámara hermética

siempre proa
nunca nombre
sé llegar a mi origen
abro las puertas que no podré volver a cerrar

soy pájaro surcando la niebla
abrazo el hostil vientre
arde el delirio

cómo arden
los ojos de vidrio
en la lejanía
sus óculos fruncidos
se rinden cansados ante el mito
mito de ser

escasas luces de la cúpula regente
este mar obsidiano las ha cautivado
las aguardo todas en mi sustancia
las aguardo en el fondo del mundo
las aguardo en mi peso
un peso de mundo rendido

en la frágil llama de agua
en el doliente pliegue de tiempo
me doy a los dioses
solo así
–solo–.

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La gran roca

(Abedul [Betulaceae nigra])

 

Huesos dolientes
soportan este mundo desahuciado
crujen
traen consigo
pesados cuerpos grises

lamentan cada paso

reúnen todas las fibras
para andar
apenas
bajo los últimos rayos del arrebol

el chirrido de los huesos ancianos
me aguardan
y como un niño miro dejar sus huellas

no pronuncian palabra alguna
me arrullan como un padre
mientras finjo profundo sueño

sé que al llegar a la cima
estos huesos se partirán como ramas

y al caer
no podré
volver a subir

no podré.

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Nota
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[1] Rainer Maria Rilke. Libro de horas. (1905)

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María Alejandra Colmenares León. Caracas, Venezuela, 1996. Actualmente cursa la carrera de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Sus escritos han sido publicados en Liberoamericanas 80 poetas contemporáneas, Editorial Liberoamética (2018, Argentina), Revista Cantera, Revista Desorden, Revista Canibalismos, Antología de Poesía Inédita Venezolana del Fanzine de la FLIA Caracas Aún le ora a los dioses que le abandonaron, y en la columna Corte de ciruela en el portal digital Heterogénico.

La imagen que ilustra este post es una intervención a una fotografía de María José Espinoza.

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