Matías José Morales

Inéditos

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Te envío semillas, cuídalas de la humedad

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1

Dime si no es cierto que lo nuestro
es una mosca enviando cartas repletas
con la palabra mierda en navidad.

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2

Puedo escribir más poemas
que cualquier árbol
y seguir estando en la fila del banco.

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3

Quiero decirte
burbujas, ampolletas
arriba de la cabeza.

El fin de la primavera se acerca
y seguimos quietos mirando
cómo el sol nos envuelve.

Lo entiendo: tengo una pala e ideas
pero estoy muy lejos del suelo.

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4

Si el planeta es tierra, entonces
por qué lo flotando tiende a ser
momentáneo y hermoso

al mismo tiempo.

El amor y un pétalo se parecen
llegado el día
de negar poder al viento.

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5

Somos tercos: niños añejos.
No obstante, todavía con cuesco.

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Cosechas

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1

Luego de terminar su almuerzo
cortó el resto del bosque y cual flor de loto
en aquel tronco prometió nunca volver
a confundir lo turbio con profundidad.

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2

No supo qué decir ni por qué
se describía a sí mismo en pasado.
Amor es lo que lleva un águila entre sus garras
cuando el niño sin amigos levanta la mano.

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Canalización de Basho

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1

A este haiku
parece importarle
mucho la regla.

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2

A este otro
no tanto, la verdad es:

hace mucho dejó de contar
las sílabas que lo componen.

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3

Y a este último
ni siquiera le gusta
que le digan haiku

prefiere mirar agua correr
por la orilla de la vereda

y sueña
ser una hoja.

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Bon Iver

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Trompetas de fondo, cuatro
para ser preciso. Una caja

como aquellas del ejercito cuando marcha
en dirección al pozo. De pronto

el bajo entra, retumba: con él
mi corazón cae de tu mano, te has quedado dormida

leyendo un libro de poesía
no te culpo.

Podría optar por describir
al viento pidiendo dulces disfrazado de suspiro

y orgasmo, pero sería otro fracaso.

Escupe en el suelo, no hay problema
con eso: al menos tendré un recuerdo.

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Poema romántico
que brilla en la oscuridad

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Pensé que a tus besos
de noche se refería el viento
cuando voló techos y con árboles viejos
aplastó el lujo de la materia
sobre ruedas. No es mi culpa si el sol
se calienta al verme saliendo
llena de barro y rencor
dejaste escrito en el espejo.
Hoy doce de enero, entre varios perros
muertos entiendo, soy la colilla del cigarro
al fondo del cenicero.

—¿Debo sentir orgullo por eso?
—Pues claro, evitas un incendio.

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Un desierto que termina
cuando quiero

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Intento, te lo juro bajo
el umbral de un proyecto bipolar.

Ya no logro distinguir tu figura entre tanta letra
que vomito, y me gusta cuando la niebla

contigo se besa y rueda

por la vereda. Se pitearon el pasto, bastardos
de corazón dorado con líquido amargo.

Todavía te amo y prendo un palo
santo en medio de la carretera. Me acuesto

pero no duermo.

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Antiguos meandros

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Esos locos
siempre andaban juntos.

A él le decían Veinte cigarros sueltos.
A ella Noir, del barro no te salgas.

Gente inseparable.
Como ellos, he visto pocos.

Del pantano, eso sí
no los salvó nadie.

La vida es así. Antes y después
huele mal. Deja de latir un corazón

y se quiebra una fina copa de cristal
por el cambio de temperatura.

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M.

Matías José Morales. Talca, Chile, 1988. Es poeta, plomero y psicólogo. Ha colaborado con diversas revistas de poesía. Ha publicado Polución Nocturna, 2021.

La imagen que ilustra esta publicación es el detalle de una obra realizada por el artista venezolano Jose Manuel Ávila

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