Neronessa

Muestra poética

 

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Post vibraciones de la exégesis

Yo fracturé primigenia la escama de la médula tóxica
Resucité la repristinación del argumento oceánico
De las cavidades escaparon los trabucazos de la opulencia
Las cataratas furtivas de la imparcialidad
Dragué con mis muñones la arena
que rellena el sudor de los hombres.

Mis pechos lloraron un cielo de testimonios
óleos y atardeceres se levantarán de mis poros.
Sabrás que mis lágrimas son los brazos
taladrando del esternón de tus leyendas y fracasos
en una barrera rítmica imposible de sintetizar.

Caminas sobre fibras convulsionantes de lo ignoto:
Corre! Se me escapa una uva del pensamiento
Y esa uva se convierte en caracol de la tentación,
del repudio y la quimera
Pura espiral marmolea que se entierra en el ombligo
del discernimiento
y emana una luz como desde el océano visceral.
Es una sola ráfaga
como una baba estelar
Que destila discursos furtivos para enjuagar los nervios
Como un sudor helado de designios y contingencias
Bailan egipcias gotas, el tango
de la incertidumbre.
Ese codo acuoso, ese vértigo de las
Gotas en mis costillas, queriendo
Presionar los ojos del destino.

Hoy recita hijos el tálamo desde el torrente
Un cuchillo de hormigas se come un pedazo del tiempo.
De mi árbol-la-escama,
De mis pechos-los-frutos.
La mitosis forra el ojo del cielo sordomudo.
Un cuchillo de hormigas como un mazo de segundos,
la distancia solo son dígitos de tiempo
cifras jornaleras desmenuzando mi longevidad
ruyendo el tuétano de mis libertades corpóreas.

 

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Tierra significa llanto

Te juro que mis ojos serán fructíferos
Y esparcidos en chasquidos como campanas del alma
Frescamente los despojaré de sus cascaras
Como la luna llena exprime las mareas del fruto de la tierra:
Cultivaré el día.
Concurrirán consecuentes los rayos a la puerta
Latigazos que fracturarán la sinfonía
¿Quién refutará la complejidad de la noche?
¿Quién confiscará la secuela de la opacidad?
¿Qué ruta se estremece entre el cenit y la sombra?
La contienda entre reflexión y cúspide
La balanza entre alba y gravedad,
la eventualidad de ir a embestir al matadero.

Entonces querré mitigar el sol con lágrimas desgravitadas
Y él las encenderá como espigas con la válvula de sus ojos.
Admito que él frecuenta más astros que las mareas
Tanto Midas quedó acorralado en sus mejillas
en un fénix cítrico que se torna elástico para arropar la tierra.
El sol arranca la jornada desde los pequeños cráneos subyugados
Hasta que como padre se cobija de distancia
para en ciclo formular los retos del mañana.

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Vínculos de monopétalos

Entre los trigos negros mis neuronas están esparcidas;
entre jaspes de carbón, contoneadas por la granizada de labios,
asidas a una pelvis de cuarzo que gotea.
Florecen desconociendo el barro al que miman mis raíces.

Quiso que fuese cómodo,
asó que eructé una cama de hojas de romero ortopédico.
Quiso que fuese cálido,
así que inyecté petróleo a mi útero
y le invité a irrumpir en mi siesta como todos los días.

La placenta está ungida
y aceitada borbotea vaporizando la sangre.
Dejé que la carne se propagara
arropando mi corazón hueco.
Se sirvió de mi candor y bebió de mis pulmones.
Se adueñó de mis huesos como escaleras
que llevan a embriaguez miope.

Quiso que fuese espumoso,
igualmente embalsamé en glicerina mis espigas
pero igual fueron segadas por una barba de clavos.
Todo fue disecado por tu aliento herrumbroso.

Constantemente ignoras la nube de avena bajo la cual te desvestías,
y lo cierto es que el cereal es espeso, a veces se burla chorreando avellanas.
Sólo a veces condensa besos que se aglomeran por momentos;
como la sal sordomuda en un útero de venganza.

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Extrínseco

Ella sencillamente es mi porción íntima de existencia

encasillada en el tubérculo del tronco tras las gotas esparcidas,
almacenadas desde el diluvio y para mi resequedad
pues con su parte mojada lavó mi rincón corrupto.

Cuando ella transmuta voy a brotar de mi pelvis
como un infante radar.

Su respiro es mi escuchar,
su misión es mi conciencia
Las palabras serían el mismo sartén mohoso
sin su detonación superholística.

Ella drena el pus que le supone,
no he de escarmentarla.
Sus fiebres son exóticas a mí, las intrusas fiscales.

Habito el patio de sus padecimientos subyugados
y rendidos a mi asilo sensorial
Pero entonces se me explota, se me brota inconsistente,
se me desploma como el pedo ácido,
sus moléculas ineptas carnavalean sobre mi asfalto,
la deslealtad como inflamable incinerando mi perfil quasi creíble.

Yo le entono a mi hígado de Odín la profecía:
Ella no aspira ser en tu conciencia, Ella aspira el ser.
En la siguiente estación sus trenes veloces desplumarán el receptor con cólera.
Con furia lamerá el sebo que lubrica mi pasividad viciosa.

¿Quién formaliza las cercas de la intimidad?
¿Quién determina la confianza?
Quien determina la confianza.

Contorno será la marea que danzará
acorralando las ventosidades del resplandor
como títeres de luz indeleble ahogándose en nuestra ligadura
hasta el punto de rodear el unigénito vapor
de nuestro nexo temporal e intercalado.

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Posteridad ascendente

Ya eyaculamos en los sueños el catarro para
con el manar mantenerlos crudos y erizados.

El guante astral nos enmaraña en su combustión espontánea,
brincando el carrete de plata del Hércules devorado,
los cinco abismos de abolición peregrinando mi materia gris.

Del espíritu las llaves se prostituyen sin estratagema
aliento es el serafín errante:
con un soplo las puertas del papiro se traducen recién nacidas
en este geométrico amanecer de las razones,
conjugándose en el calambre de nuestra intimidad espiada,
en la mermelada carmesí de la conciencia colectiva;
médula va a atiborrar nuestras sangres.

Integrando asimétricas células troncales al desplazarse los microbios
en las carreteras de otro plano ultra condescendiente,
mezclando el ritmo sustituido de las zanjas del espíritu.

Para llegar a esta fase es que desmayo estas horas rascacielas.
Me maquino esta sobredosis paranormal por deseo y vicio,
a veces solo me late con chispa propia la otra aurícula extrasensoria.
Confieso su microcosmos adictivo que recicla mi seso.

Mis sueños son camellos de óleo perpetuo,
me complace recoger del estiércol el enigma.
Los soles que cabalgan son mis letargos lícitos.
Su volumen esponjoso se dilata amortiguando mis días.

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Extremaungida pus de la anarquía

Arrea pobreza el tejido de gestos
Y uvas de sal la luz de tu palabra, tu valiosa fruta bondadosa:
Todo espejo de los sembradíos del alma pronto suspira,
anhelando ser el cuervo perseverante en tus hombros de plata.

Como impuesto saldado al rencor de tu misterio
entre los cerros me bañaré en sidra de capullos de loto
con tus monólogos de satín,
según me plasmes en esta leyenda como vocablo de sueños
de un saturno en plumas.

Sigues incumbiendo al firmamento
como el mañana penetra al hoy y lo preña de las vísceras del infierno.
Agridulce caos, eres de carne, semen y argumentos:
el mismo almidón con que se fríen las patrias.

Tus órbitas son mi buque,
pues me bautizaste en caricias de mirra
y me esculpiste con tu amor en el exquisito caldo del conocimiento.

Me desviaste de estas ardientes brazas que son mis pieles
y diluiste mi espíritu en la otra palma del espejo,
cediéndome la quimera de no ser un reflejo desnudo
de los bulbos cegados,
soplando a mi silencio de alas los eritrocitos
con que fueron autografiadas las runas de la ambición.

Axioma de sarros, todo lo puedes resucitar en las hendeduras de tus garras.
Proveerás de fibra a la compacta piel del odio
y Orión acuático a mis travesías astrales absolutas.

Serás para mí como la electricidad prima,
engendrándome en la humareda del neón.
Rebotarás para extenderte como el sabor de los escarabajos,
para inmortalizarte revoloteando
como el soplido lechoso en mi vientre.

Te vendrás en cosmos,
originando cáscaras de platino
alrededor de mis huesos glaciales
y del tornado sempiterno manchado en trementina.
Que esta vez sea vertida como balbuceos
en los matices del aire incinerado
De cenizas a una nueva luna,
de fibras disgregadas
al hilo de todos los cielos agrios que renacerán,
con el betún de tu iris de hectáreas,
evolucionando el aspecto de los soles huecos
en verdaderos pezones de algodón.

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Sueño y equidad

Hipnopómpica fundiéndose al rigor del látigo del aire
cifras que fluyen al compás vaporoso
en la invisible fuerza de presionar los segundos del vacío mental
espolear la realidad hacia los nervios.
Como el sonido descifrado en las papilas de la mente
enterradas en el órgano del pensamiento
la realidad abre su templo,
peripatética evolución de alboradas,
transmutación de los corpúsculos
desde la sinérgica sincronía de la incertidumbre,
la operatividad de desconocer
hasta la pureza tétrica y avasalladora.

Allí he presenciado al tiempo no frenar
como la cosecha de la ira de la tierra
aun en las estrellas ese atómico retozo de pasión fría,
consecuencias secuenciadas en el fuego tenebroso del vacío
suda la voz rosa que se propaga por el cuerpo
porque son sinónimos.

Al separar los ojos veo el costo de la supervivencia,
Seguir zurciendo
retazos coexistenciales sobre los labios,
fracciones de conocimiento
migajas de espacio
sudor de tiempo
vorágine de cronos..

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Neronessa. Santo Domingo, República Dominicana, 1988. Estudió Artes Creativas en el Open College of the Arts del Reino Unido y Administración de Empresas en University of the People. Ha publicado: La Estirpe de las Gárgolas (2005); El Volcán de la Matriz Electroelastica (2015). Ha participado en diversas antologías internacionales, entre ellas, Plata Caribe: Poesía Dominicana y Uruguaya del Siglo XXI (2008); 17 poeti della repubblica Dominicana (2012); 4M3R1C4 2.0: Novísima poesía latinoamericana (2012);  Material inflamable: 30 poetas dominicanos del siglo XXI (2014) y Sobre un Costado del Planeta (2015). Participó en el colectivo cultural Movimiento Erranticista (Santo Domingo, 2005-2006). Formó parte del proyecto experimental étnico Aruko Wakia (Costa Rica, 2007) y del colectivo artístico Cubo Carbono (Santo Domingo, 2011). Se dedica también a la fotografía artística, a la promoción de estilos de vida sostenibles y al activismo anti-especista.

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