Ninfas (no musas)

Eugenia Straccali

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Clitemnestra

Detrás del velo
¡Oh bálsamo precioso del sueño, alivio de los males,
cómo te agradezco que acudas a mí
en los momentos de necesidad!
Eurípides

Sin brillo en el duelo
ha llegado el tiempo de la muerte seca:
una mujer en la barca
se descubre
en los velos
tras ella hay una extraña luz
y en el mar
la sepultan

¿Soy voraz?
no me ames entonces
fiera
y rara
mirame a los ojos
estoy nocturna
¿se abren verdes abismos?

Y en la desnudez
mi espalda de serpiente
se ofrece al mundo
velado
amor
si no lo escribo
en la videncia
de una
Secreta
mujer
que se mira en el espejo
roca
y cabeza invertida

En una cítara
que mi aullido canta
escribo
-niña-
ahora mismo
no hay escena en
mi estado no
hay actos
palabra
abierta
no hay
en mi obra
melancólica que
no afina las cuerdas

Sonido puro hay
Esperen…
ya vuelvo a mi roca
refugio
donde el mar no llega nunca
miro
velo
filosa
sangre hilada
velos

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Clitemnestra

Abismada
A veces en el transcurso se una noche clara se observa
cómo se forman apariciones de distinto tipo en el cielo:
abismos, como por ejemplo, agujeros y colores semejantes]
a la sangre.
Aristóteles (Del Cielo)

Tengo ante mí infinitas órbitas de ojos,
círculos de pupilas fijas, de miradas turbias,
de manos superpuestas,
de bocas cerradas donde
el silencio madura mi juicio
(estos versos me los pasó
Marguerite Yourcenar).
Tengo ante mí audiencias de roca.
Maté a aquel hombre con el filo de un hacha,
dentro de la bañera,
con ayuda de este miserable amante
que ni siquiera fue capaz de sujetarle los pies,
¿todos los hombres son cobardes?
mientras el asesino de mi hija agonizaba
con sus venas hinchadas
y cuando bellos hilos de sangre
brotaban de su gigantesco cuerpo muerto.
Ésta es mi historia: soy asesina,
pero de un asesino,
amado asesino y
adorado en la vigilia.
Ustedes lo saben y lo repiten
Y lo repiten
Y lo repiten
rumiando su abundante comida.
¿Qué mujer no quiso
alguna noche serena
estar en mi lugar?
Todas sueñan con ser Clitemnestra
¿no es así?
y todas poseen deseos criminales,
deseos velados porque son inconfesables,
y éstos ruedan por las escaleras
que llevan al Hades.
¡Mujeres! sus pensamientos más crueles
se derraman sobre mí
y yo grito por todas las que asesinan.
Las conciencias malditas
habitan en mí,
y los ultrajes de los hombres
estallan en plena luz
cuando camino sobre su tumba.
Te odio tanto Agamenón.
Mi antigua desgracia está cercana:
la dulce Ifigenia fue sacrificada;
Electra tiene el alma
como una flor seca,
y su hermana deambula insomne
por la tierra infértil
como yo
¿me ven?
Ya no lloro,
no me lamento,
estoy sonámbula siempre…
¿cómo puedo matar a un muerto?
tampoco puedo revivir a una hija.
Agamenón, mi venganza
fue deliciosa como una fruta
en la boca sedienta.
Ahora, el jugo de su antiguo padecer
me alimenta y nutre,
por eso miro el mar,
no me sumerjo en sus aguas
porque es la sepultura de una niña.
Y si nací de la espuma como Venus,
ahora permanezco en la orilla eterna
de una espera amarga.
¿Dónde estás Orestes?
¿Imaginando mi agonía?
Quiero que las Erinias
y mis esclavas más fieles
sean mi cortejo,
y que sean ellas las que
velen mi cuerpo otra vez muerto.
Te hablo en voz alta Agamenón:
¿podés oírme? ¿me oís?
te maté apasionadamente
en la furia del amor y los celos
envenenada por una ira profunda.
Ya no soy madre,
soy Clitemnestra:
¡Ésa soy!

 

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Ifigenia

Fuera de la noche

 

Padre
te pido:
no me mates
antes de tiempo
que es dulce ver la luz
cuando se abre entre los árboles
o en los reflejos del mar,
no me fuerces
todavía
a ver lo que hay bajo tierra
me pongo de rodillas
con ramas suplicantes
¿puedo persuadirte con mi canto?
Las imágenes de infancia
pueden ser
más elocuentes que mis lágrimas.
¿Por qué padre querés matarme?
detesto mi fragilidad
y esta voz abismada
no puedo
morir
gloriosa
no puedo.
¿Ante qué dios puedo aullar?
No me fuerces
a mirar lo subterráneo
los muertos
no son nada
estás arrasando con mi deseo
por eso
desde niña
no puedo flotar en aguas calmas
y sueño
con tormentas negras
con olas que me tragan feroces.
No me niegues
por favor
el resplandor de Helios.
Ya sé que soy lunar
pero bajo cielos abiertos y brillantes
quiero como siempre
recorrer los bosques
por la noche
sumergirme
en manantiales límpidos,
allí donde se encuentran
las fuentes de las ninfas y
la pradera florida
donde crecen las rosas
y los jacintos
se esparcen
para ser cortados por las Diosas.
No quiero morir
padre
porque vos desfalleces en tu guerra
no hay séquito fúnebre
que puedas ofrecerme.
Te digo nuevamente:
es dulce para mí ver la luz
aunque tengo naturaleza espectral
no quiero morir
¿cómo podes olvidar el amor?
belleza inútil.
¡Me matan!
¡Ojalá los dioses nunca hubiesen recibido
en este puerto
a las naves de espolones de bronce,
a la escuadra con rumbo a Troya!
ni hubiesen soplado vientos contrarios para vos.
En verdad, los mortales
estamos sometidos
a muchas miserias,
y es fatal que siempre
asole a los hombres alguna desgracia,
pero
soy
tu hija
luminosa al nacer
dijiste
¿te acordás?
¡Mentiroso!
Lo olvidaste también
y ahora
me querés
oscura
ensombrecida
en el Hades
deambulando
y condenada
a escribir versos
de amor triste.
Quiero escapar
a ese territorio
en donde puedo ser también solar.
Fui la primera en llamarte
padre,
y vos me recibiste como tu hija
fui la primera en dar y recibir
sobre tus rodillas caricias tiernas.
Y me hablabas así entonces:
«¿Te veré feliz ¡oh hija!
En las moradas de tu marido,
viva y floreciente, como es digno de mí?»
Y yo te decía,
colgando mis brazos a tu cuello
y oprimiendo tus mejillas con mis manos,
como ahora:
«Y yo, padre,
¿te veré envejecer
en la dulce hospitalidad de mis moradas,
devolviéndote los cuidados
que tuviste para criarme».
Guardé el recuerdo de estas palabras;
pero vos las olvidaste,
¡y querés matarme!
pensá en mi madre.
Te conjuro.
¿Qué tengo que ver yo
con las bodas de Menelao y de Helena?
¿Por qué me pensás muerta?
Mírame,
si no cedes a mis palabras.
De niña ya tenía percepción del mal.
Hablaba con espíritus nocturnos
presentía tu violencia.
Te suplico en silencio,
Padre.
¡Pensá en mí con piedad!
Escuchame:
dulcísimo es
para los hombres
ver la luz;
pero los muertos
ya no son nada.

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Ifigenia abismada

 

No quiero llorar
y ustedes
canten por mi destino,
con palabras propicias,
y que sea un presagio feliz
mi muerte
mi padre es violento
¿no lo sabían?
Preparen los cestos,
quemen al fuego
la cebada purificadora
y las ramas frescas
y toque mi padre
el altar con su mano derecha,
sumergido en el humo
porque voy
a salvar
a los helenos.
Quiero coronas de flores
traigan aguas lustrales
para limpiar mi cadáver
dancen en torno al templo y al altar;
celebren a la reina Artemisa, la bienaventurada,
porque voy a cumplir el oráculo
con mi sangre
ya que así es preciso
¡Oh madre!,
madre venerable,
ahora te doy mis lágrimas,
y mis huesos
y mis flores
y mi tumba
me hundo en el abismo
de un mar de guerra
y renazco
en la memoria
de todas las sacrificadas
que están despiertas
en el silencio de los muertos.

 

 

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Calipso

La vuelta de Odiseo

 

i. Autoretrato

Definitivamente no soy musa.
¡Soy Ninfa y por naturaleza!- grita colérica.
Las ninfas danzan
en torno de un río esencial
porque son las hijas de la humedad
y de lo fluido.
Nýmphe indica linfa,
indicio de un agua existencial,
el agua de la cual poseemos
nuestra libre vida móvil.
Es verdad
el mito sobre mi desnudez:
un hombre al verme sin ropa
se despeña en el manantial: muere.

 

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ii. Nacimiento

 

Nacida fuera del tiempo
en el centro fatal
por fuera de los astros
desgracia familiar, profecía:
Esta niña es un desastre–
dijeron los sacerdotes del cielo.
Provoca cataclismos marítimos
en el cruce astronómico tiene
órbitas flotando en sagitario
además de un lunar junto a la boca.
El Olimpo quedó en suspenso en su bautismo
y estallada la esfera que cuida Cronos.
Cuando nació
irrumpió una penumbra eterna
en los planetas brillantes
y la constelación de Acuario.
-Es Venus rajada desde el comienzo- dijo un profeta ciego.
-Ninfa y diosa habitante
de la isla de Ogigia- dijo Zeus.
-¡Trae catástrofes!- dijeron todos.
Y se agrietaron las rocas
emergieron los volcanes
y las guerras comenzaron.
Desde entonces
ella
recibe a los marineros moribundos
primero les lleva ramas y azufre
luego se los traga
bella e indiferente,
con voracidad y gracia
como su hermana Circe
es raptora de hombres débiles.

 

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iii. Atributos

Calipso sabe leer
el lenguaje de los pájaros
y en sus bahías mediterráneas
las gaviotas se adelantan a las estaciones
anda sonámbula entre acantilados
y la pequeña ciudad en ruinas
nadie la ve
nadie la nombra
se siente sola
frecuentemente
sólo el compás de las olas
le alcanza para dormirse
profunda
al borde del abismo
que la cruza
por la mitad
descansa
en las grutas más lluviosas.
Y se pregunta taciturna:
¿Qué importa cuántos amantes
puedas tener si ninguno de ellos
puede darte el universo?

 

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Odiseo encallando

Los árboles no viajan
sino con su murmullo de hojas
pero te acompañan…
Cuando el silencio
en la garganta del bosque
se te hizo imposible
son únicamente los idiotas
quienes creen en la realidad del mundo,
lo real es de por sí inmundo
y tenemos que soportarlo.
Odiseo
el recuerdo
es que ella tiene
la hermosura del agua
en el cristal
y vos renunciaste a tu deseo
(y a ella por supuesto).
Pasaron las mil noches
las distancias
y después
te susurró a los lejos
como los ángeles que tocan la piedra
la viste
despojada de vos
en ese anochecer
sobre las sierras
la llamaste
entonces:
ella vio tu rostro.
Odiseo encallado- dijo
como tu balsa
también te recordó
en el relieve filoso
dudando inciertamente
pero corriste, corriste, corriste y corriste
hacia el mar helado
¿dejaste de vagar inquieto?
Calipso
Calipso
Calipso
te animaste a nombrarla al fin.
¿Te acordás que te fuiste
sin comprender su melancolía?
¿No era que tu virtud es la audacia
y también la de todos los guerreros?

Hay otra forma de medir
la valentía de los hombres
evidentemente…

Te cautivó lo sutil de su aliento
también su jardín secreto… seguro…
no fue ilusión
no fue magia
pero tu mente no olvidaba
y Calipso se te volvió
hembra deseante
hechicera terrestre
(soy ninfa, no musa te repetía sin parar).
Ahí perdiste el control,
claro, ella es peor que Troya ardiendo
(tampoco hubo olvido de la patria
palabra que ella pronuncia con recelo
vos con emoción exagerada)
es que ella viene de lo astral
y su lengua
conoce los placeres cosmogónicos:
eso es pavoroso para un gladiador desarmado.

-¿Y ahora volvés?- te dijo.

Únicamente
quien cedió en su deseo
se siente culpable
con la misma fuerza
de las mareas que estallan
en las profundidades
como su intensidad
lumbre incandescente
que te asusta
su hoguera
te incinera despacio
ella descubrió
el furor
en tus ojos cansados
la lucha contra el caos
y los huracanes
es terrible encontrar
en un paisaje tan bello
toda
la incertidumbre- le dijiste
y te fuiste

-¿Y ahora volvés?- te pregunta.

Son los pensamientos que teje Penélope
con sus hilos y su culpa de esposa abandonada
una mujer tejiendo nocturna siempre

entrelaza insomnio y crueldad
y su urdimbre, histeria fina
construye espectros reales
fantasías violentas contra el esposo
y suelta carcajadas
fantasías violentas
contra el esposo y suelta
carcajadas
(no te olvides nunca).

Finalmente la dejaste- te dice
¿viste?
no tenía que morirse
sino en el amor
arco quebrado
marino oscuro
estás rodeado
de riberas y horizontes
brumosos de mujeres.
Penélope no sabe estar sin vos
Calipso sí,
ella sí puede
sueña con vos,
sueña con vos,
sueña con vos…
y ninguna diosa entra
en su cabeza
para trazar esos sueños
una ninfa es creadora
de sus propios delirios
no inspira al escritor
ella es poeta.
Y cuando madura el sol
dejando sus rayos
caer lentos
ella está triste
muchas veces la muerte
muchas veces el mar
la lleva
blanca
y entonces
se enoja
se vuelve terrible
monstruosa
agitada de vos
sufre
nadie sabe cuánto sufre
ninfa desgarrada es
a las musas las escriben
a ella la poseen y se escapan
no resisten su intensidad
a las pléyades las petrifican en la imagen
bajo el manzano dorado
una ninfa no puede domesticarse… nunca.

Ella cocina la carne
porque es cazadora
ella tiene cuerpo y órganos
donde habitan los humores y las pasiones.

Ahora
que regresaste de Ítaca,

-¿Tuviste que asfixiarte nuevamente para volver?-te interroga

ella lo vio en el espejo templado
tu ausencia en tránsito
por eso sonríe
porque se adelanta
y sabe siempre (furiosa) que:
«inmortal es quien acepta el instante
no el que no le teme a la muerte», Odiseo
te llevaste la isla con vos y con ella adentro.

-Volviste errante- te dijo irónica.

-Seremos errantes los dos- dijiste.

Hoy
son tantos los tiempos posibles
los ríos y las rosas de las batallas
la bandera mecida por el hierro
relumbran llanuras sin país
después
la nieve malvada
te hunde y quedás absorto
frente a tanta blancura.
Perdidos en el humo
volveremos a fumar- le dijiste
y en el medio de la noche leíste
en el cielo:
‹…Hoy estoy perplejo, como quien pensó y encontró y olvidó»

No hay demora en las miradas
y nada se pierde
ya no hay derrotas
ni desasosiego.
Un perfume a madera
el salitre flotando
los vuelve nocturnos.

No te asustes- te dice
pensá en la corriente que te trajo
arrancándote del mar,
podés hablar de tus viajes si querés
y quedarte callado
después
hasta la mañana
en la duración del amor.
La memoria se astilla
y aquí la poesía
arma alegorías sonoras.
El ensueño nos hace reales
por eso en la vigilia
¿hablás dormido?
y contás de los arpones
que atravesaron peces gigantes
ya sé que alucinado:
te ves cubierto
por la sangre de los monstruos
abriendo con fuerza
sus fauces en mitad del oleaje
gigantes de ojos turbios
inquietante océano negro, muy negro

eso es culpa del andariego.

El que se va
luego piensa en la guerra de oro.

Mentile que le gusta.

 

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Calipso

(Por fuera del mito)

 

Calipso te regaló:
sus viñas, sus ciruelos,
sus castaños, su abedul plateado…
las ramas divergentes del roble
la proa tallada de los argonautas
casi todo te dio
hasta sus disculpas
por provocar tu naufragio.
Y todo eso rechazaste al escapar.
Ahora, son tuyos
por haber regresado
por fuera del tiempo
de la espera
las pesadillas quedaron…
perdida expresión
de héroe triste tenés…

Hay intervalos de tiempo
ráfagas sobre tu cabeza.

Yo vi agonizar a Calipso en el jardín
sus turbaciones,
su acedia lenta
la llevaron tantas veces
hasta el barranco
allí arrojó: flores de agua
desde la ensenada,
luego,
se disolvió en el revés de sí misma
porque los dioses los vieron
dormir la siesta bajo el ciprés
(ella lo sabe)
cubiertos de luces y sal
estatuas retorcidas
desmesura de tu mente
no podías evadirte
de los preludios de tu viaje
retorno a la fuente- le dijiste
y zarpaste.

¡No sabés lo difícil que es duelar
una ilusión pendiente!

Pero regresaste cabizbajo
sabiendo que al principio
está la batalla de los árboles
porque todo empieza
subterráneamente
tierra que se abre
y en la herida:
la raíz
que olvida el fuego final
hoguera y corteza
después
la ceniza
pero en el inicio
hundido y terrible el temblor
de los bulbos
que pugnan por espacio
en la tierra espesa
humus ancestral
ojos que no pueden ver
horror oculto
y esperar, esperar, esperar
la duración del brote
permanecer quieto
ante la fisura
ahí estamos
renacido
levemente
ahora
en tu eterno retorno
los árboles vistos desde abajo
parecen moverse
vibran con el viento
destilan luz
las manos en la corteza
y en el borde de ese nuevo tiempo
estamos (eso creo)
finalmente
en el silencioso devenir de la isla.
Sin pasado ya
la orilla estuvo abierta
pero en este instante
descendés humano y animal
es este un destino feliz.

Odiseo
poseés un terreno y una casa
campos de frutales
en la vera del río
tal vez tengas que surcar, surcar, y surcar
esos campos como una bestia
labrando hasta al atardecer
trabajar cansa.

-¿No lo sabías?- te preguntó insolente.

En los valles despejados
sos pasajero siempre
guiado por los huesos de los bueyes
esparcidos entre los pastos
pero estás con ella
tu amor es más grande
te dijo el oráculo
Calipso lo sabe
sonríe y transcribe:

«Amor mío,
………………………tenemos los ojos azules de los prisioneros;
pero los sueños adoran nuestros cuerpos tendidos, somos dos cielos en el agua
y la palabra es nuestra sola ausencia»

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Eugenia Straccali. La Plata, Argentina, 1970. Es poeta, dramaturga, docente e investigadora en la UNLP. Escribió: Antígona ningún dios respira sobre el mundo (2006); Elec­tra, ¿es posible matar a un muerto? (2010);  Abismadas (2016), libro que se recupera y amplía en Ninfas (no musas). 

La imagen que ilustra esta entrada es un detalle de la pintura I left with bits of you stuck on my skin (2015) de la artista iraní Sanam Khatibi.

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