Para leer a Santos López

Carmen Verde Arocha

 

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Hace pocos días, releyendo a Novalis, tropecé con una frase suya que resume el centro de toda su escritura: la intuición, la imagen y la analogía. La frase dice: «La poesía es lo absolutamente real. Tal es el núcleo de mi filosofía. Cuánto más poético más verdadero».[1] Estas palabras del poeta alemán, me acompañan mientras escribo este muy breve texto sobre cómo he leído a Santos López. Y digo me acompañan, escoltan o custodian porque en esta poesía de López lo intuitivo, lo espiritual, real y verdadero, se expresan desde una voluntad que bien podría colindar con lo dicho por el autor de los Himnos a la noche. El verso de López es particular y propio. Su palabra cuidada, insiste en recuperar su lugar sagrado en el mundo.

 

i 

Si afirmáramos con Juan Liscano que la poesía para López  «no es solamente literatura, texto en sí; forma parte de una acción interior, esotérica, iniciática, situada en una dimensión metaliteraria ajena a la ontología porque no procede de la razón…»[2], tendríamos que asentir que esta, la de Santos López, es una poesía que florece en el interior de una vasija: «Extrañamente algunas veces somos herederos de un corazón/ que, como una vasija, otros han llenado primero».[3] Una vasija que perteneció a su bisabuela, a su abuela y también a su madre como bien lo asoma en su poema «Vasija del corazón», el poeta-heredero de un saber ancestral de lo femenino. Este misterio (la poesía) le ha sido dado y el mandato es preservar y cuidarla: «Hoy, sin embargo, yo la conservo vacía, sin saber el por qué»,[4] pero también ese cuidar significa cubrirle a la vasija su «boca cuidadosamente, así como lo hacían mi madre y/ mis abuelas para mantener el agua limpia y clara».[5]Adentro, en el fondo de la vasija, yace en silencio el corazón del poeta (su palabra) el mismo que ha sido alimentado por las mujeres de su línea materna. Un corazón cuya pulsión ⸺el poeta⸺ siente que «reposa todavía algún silencio que en vano/ intento descubrir».[6] 

…..Un espacio donde la conciencia se nutre pero no se atreve o no quiere saciarse, prefiere beber poco a poco de la fuente, porque «Adentro, adentro,/ Dios es adentro».[7] Y, el poeta, descubrimos, ha vivido su primera transformación en su paso por el agua-vasija-corazón. Ha contemplado y regresa con esta enseñanza: «La poesía no vive/ Cuando manchas el papel con la escritura».[8]

 

 

ii

La Naturaleza es un tema transversal en toda su obra. Aparece con acato y asombro. Se muestra en la contemplación y en los relámpagos expresivos de su propio lenguaje. La Naturaleza en la poesía de Santos López nos enseña que todos somos Uno… «Los árboles son un racimo de huesos que maduran su luz en el misterio./ Los ríos y los mares nos recorren y celebran su gloria en la sangre»[9]; nos alimenta: «Así cada uno de nosotros es lavado por la lluvia/ y alimentado con rocío».[10] Nuevamente, López nos sorprende con su agudeza y respeto ante lo sagrado: «Solo quien elige morir en un bosque/ Regresa firme a las raíces de un árbol».[11]

…..Ya lo dijo Hölderlin: «…no educa ningún maestro, sino,/ maravillosamente omnipresente, en leve abrazo,/ la potente Naturaleza de hermosura divina».

 

 

iii 

El Fuego aparece en la poesía de Santos López con distintas dimensiones: «Hay un fuego que no se apaga con el agua». Y nos incita a comulgar con lo divino: «Pero si apenas oyes el relámpago y nunca lo llegas a ver/ Es porque no supiste que los dioses esperan tu última/ bocanada».[12]

…..López escudriña, reconoce un anhelo en el misterio: «…la aflicción de mi voz, / La tristeza inmóvil durante muchos años/ No me hicieron más muerto que la piedra/ O que la profunda sombra». Hay un Fuego que se pasea por las veredas del alma y deja sus chispas ⸺esa parte nuestra que solo escucha al Espíritu⸺ y respeta sus cenizas: «Ahora que todo es ceniza,/ Tú y yo intentamos recordar,/ Amarnos en otra quemadura». La conciencia sabe de la existencia de: «⸺Un río amarillo sin garganta⸺/  Para hacer del mundo/ Un vientre de luz».[13]

…..Decir que el fuego nos transforma podría parecer un lugar común, pero no en la voz de Santos López. No en esta poesía humilde ante la grandeza del Espíritu que la sostiene. Son poemas con ojos de fuego que despiertan: «El alma brota de un cuajo de fuego; prima cubierta de forma/ alegre al cantar, y su estómago de fresco fundamento/ es luciérnaga: imán en sus fibras».[14] Versos que nos recuerdan que hay un renacer consagrado por el Fuego.  Y, entonces, evocamos a Heidegger: «Todo lo que ha de ser fruto debe entrar en el fuego…».[15]

 

 

iv 

«La poesía de Santos López es única en su sentido, en su lenguaje, en la manera de aproximarse a la naturaleza, a lo humano y sobre todo en la forma inédita en la que alude a los ancestros, y de la manera cómo aborda el conocimiento del hombre». Elizabeth Schön.

 

 

v

La contemplación, la reflexión constante y meditativa forman parte del quehacer poético de López. Cito algunos textos en los que el lector por sí mismo puede aproximarse:

 

«El lazo puro con los muertos como un círculo enorme que nos alza ⸺que no el olvido de la noche de Aquiles⸺, es el vínculo impecable que tienen las palabras para mantenerse juntas».[16]

 

«La palabra es esa costra, un amuleto para seguir y proseguir,/ el secreto que aún hoy continúo descubriendo».[17]

 

«La poesía es luz y misterio cuando el poeta está en completa alineación con el espíritu. Así invoca y crea. Cuando dice lluvia, la lluvia aparece...».[18]

 

 

vi

La poesía de López no pide permiso, por lo menos no de la manera que acostumbramos hacerlo. Presta su voz a los muertos.[19] Se muestra al lector sin deudas, al evocar a otros poetas: William Blake, Rimbaud, Dante, Adonis, Gonzalo Rojas, los maestros sufíes, los poetas griegos, la poesía prehispánica y la yorubá, entre otras fuentes.

 

vii

Santos López escribe desde lo simbólico. Sus versos polifónicos lo delatan. Un poeta que nunca está solo. Cuando escribe, en uno de sus puños sostiene sus visiones, las intuiciones, los sueños, las emociones, el amor. Con ello alimenta su poesía.

 

 

viii

Desde lo averbal, lo filoso, lo espiritual apuesta por el silencio, a la palabra callada. Un silencio por encima de la palabra que lo nombra. Mientras la palabra no ha recuperado su lugar sagrado, seguirá siendo un instrumento ineficaz. El silencio lo sabe y aguarda por su derrota.

 

 

ix

Cada libro de Santos López está conformado por poemas que son distintos rítmicamente. Su poesía inquieta, voraz, abre paso a una fortaleza dramática y espiritual: La palabra como ancestro. Le siguen los otros ancestros (los de la sangre y los dioses y los maestros del bosque). El amor es ciego pero ve: «Porque el amor escrito en el viento/ Lo talla Dios con su hacha de ciego». Continúan, la madre-sombra-luz-guía que nos lleva de la mano por toda la obra del poeta. La madre sanadora que duerme siempre: «Continúa dormida mi madre sobre una estera blanca»[20], pero paradójicamente vital, pues asume los rostros, los miedos, y el amor más absoluto: «Y vieron a mi madre contemplando aquella acacia,/ Aceptaron que el amor yacía sin cuerpo en una tumba».[21]

…..Por último, el jaguar: «Este jaguar es único:/ un instante de fuego». El viajero sagrado de los sueños como bien lo llama el poeta. El único quizás que pueda devolverle a la palabra su lugar: «En la palabra cuchillo/ Que deletrean sus presas».

…..El jaguar-ancestro-guardián de la palabra ⸺en la poesía de López⸺ «Y después nada, nadie,/ Todo se borra./ Hasta el fondo de estos ojos de niño/ Que te admira y te ama».[22]

…..La poesía de López afina nuestra percepción de lectores y nos desvela apenas un atisbo de los cuatro puntos cardinales: «El Norte nunca ha estado en el mismo sitio./ El Sur ya no es el Sur./ El Oeste quedaba aquí./ Y el Este ahora es Occidente. /Hijo los sitios se renuevan».[23]

 

 

Notas
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[1] Novalis. (1998). Himnos a la noche. Canticos Espirituales. Traducción, introducción y notas de Américo Ferrari. Lima: Pontificia Universidad Católica de Perú.
[2] Juan Liscano. (2014). «Ser el otro uno mismo». Prólogo. En: Santos López. El libro de la Tribu. Caracas: Editorial Eclepsidra.
[3] Santos López. (1999). Los buscadores de agua. Caracas: Edición de la Casa de la Poesía «J. A. Pérez Bonalde.
[4] Ibidem.
[5] Ibidem.
[6] Ibidem.
[7] Santos López. (2013). La Barata. Caracas: Edición de autor.
[8] Ibidem.
[9] Los buscadores de agua.
[10] Santos López. (2004). El cielo entre cenizas. Caracas: Monte Ávila Editores.
[11] Ibidem.
[12] Ibidem.
[13] La Barata.
[14] Santos López. (2017). Canto de luz negra. Caracas: Edición de autor.
[15] Heidegger, Martin. (1983). Interpretaciones sobre la poesía de Hölderlin. Traducción del alemán por José María Valverde. Barcelona: Ariel Filosofía.
[16] El cielo entre cenizas.
[17] El libro de la Tribu.
[18] Ibidem.
[19] Invitamos a leer La Barata como si fuera una larga y extensa respiración que atraviesa toda nuestra vida.
[20] Los buscadores de agua.
[21] La Barata.
[22] La Barata.
[23] Ibid. p. 19.

 

 

 

 

 

 

El presente texto de la poeta Carmen Verde Arocha es inédito y fue entregado expresamente a Alejandro Sebastiani Verlezza para que formase parte de este Especial Santos López.
La imagen que ilustra este post es un detalle de la obra Idea as Angel del artista estadounidense Michael Nauert

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