Parasitarias

Alejandro Castro

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lengua geográfica

Como lágrimas,
había murciélagos. Había
frutas delirantes, troncos
que se quedaron dormidos,
arrastrados por la corriente,
un canto entrecortado por las olas,
un canto mentido que este poema
no podrá repetir nunca. Había
piedras del tamaño de un puño
que no conocen el deseo
ni lo cumplen. Había maldad,
desesperado miedo de no ser pantera,
de no ser
más que hombres. Había
sangre, sangre de tu piel
lastimada por una emoción
que no me recuerda.

Si pudiera, te dije,
y no pude. Había murciélagos,
esas criaturas de la noche africana
que cuelgan como lágrimas,
como ratas aladas por la furia de Dios,
para que nadie pudiera vivir
en las entrañas, en el seno
de la naturaleza, donde yacen
los monstruos.

Había sal en la ola,
qué vergüenza.
Había puños como piedras,
insectos, guijarros, virginidad,
espantos que supieron esperarnos
tras la sangre.

No era la cueva de un dragón, era
apenas la cuenca de un ojo cerrado
como puerta, era reino de lágrimas,
murciélagos.
Ni río ni rama ni pantera ni lecho,
era un hueco, poco cueva, poco entraña.
Si pudiera, te dije, y no pude.

Pero el cielo sabe y los arbustos
cuánto quisimos imposible,
cuánto, terriblemente,
para no gritar o esperar
ni sentir miedo de
los surcos de tu lengua despapilada,
tu lengua de leproso
y las escamas de mi piel
y tus alas de dragón
y una chispa que no fue llama.

Para que no siga todo igual
hasta el fin de los tiempos
volveré a la cueva un día
y daré de comer a los murciélagos.

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malencuentro

Efélide en tu rostro nomeolvides.
Vetealamierda efélide no estoy hablando de flores.
Hablo del destierro digo del destino.
Leche mala maluco coño de madre pecosa.
Aciaga hora indeciso homocigoto.
Recuerda                    no soy biólogo.
Nomeolvides efélide en tus brazos
efélide en tu pecho nomeolvides.
Que te quiero acunar hasta la noche
que te quiero cantar una canción muy triste.
Nomeolvides efélide en tus nalgas prodigiosas
coñodemadre myosotis nomeolvides
vetealamierda efélide en la espalda niña
vetealamierda y nomeolvides.

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CON el erizo y la ola el mar traza sus fronteras,
se defiende de armatostes, del ingenuo y el descalzo.
Nada protege a las olas, sin embargo, como al erizo
sus puyas, del barco. Qué defendiera a las puyas,
qué defendiera a las olas. Quién concediera,
Piélago, a todo el mundo una costra.

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Alejandro Castro. Caracas, 1986. Poeta venezolano. Licenciado en Artes por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar (USB). Es autor del libro No es por vicio ni por fornicio. Uranismo y otras parafilias (Monte Avila, 2011), ganador en 2010 del Concurso para autores inéditos de Monte Avila Editores y reeditado en 2018 por El Estilete. Su segundo libro, El lejano oeste (Bid & Co., 2013), fue merecedor del premio al Libro del Año 2014, otorgado por los libreros venezolanos. Ha trabajado como docente en los departamentos de Estudios Estéticos en la Escuela de Artes y de Teoría Literaria en la Escuela de Letras, ambas de la UCV. Es columnista en el suplemento literario del diario El Nacional, así como en distintas publicaciones digitales. Actualmente realiza estudios de doctorado en la New York University. Parasitarias (Libros del fuego, 2020) es su publicación más reciente.

 

La imagen que ilustra este post fue realizada a partir de una pintura del artista venezolano Juan Luis Landaeta, serie Varia, técnica mixta, 2020.
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