Paul Éluard

Trad. Juan Romero Vinueza

 

El espejo de un momento

Disipa el día,
Les muestra a los hombres las imágenes desligadas de la apariencia,
Despierta en los hombres la posibilidad de distraerse.
Es duro como la piedra,
La piedra deforme,
La piedra del movimiento y de la vista,
Y su brillo es tal que todas las armaduras, todas las máscaras son distorsionadas.
Lo que la mano ha tomado desprecia hasta tomar la forma de la mano,
Lo que ha sido comprendido no existe más,
El pájaro se ha confundido con el viento,
El cielo con su verdad,
El hombre con su realidad.

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Acabar

Los pies en los zapatos de oro fino
Las piernas en la arcilla fría
De pie los muros cubiertos de carnes inútiles
De pie las bestias muertas

Ya un remolino viscoso
Fija para siempre arrugas y muecas
Ya los ataúdes dan a luz
Ya los vasos están llenos de arena
Y vacío
Ya los ahogados se hunden
La sangre destruye
En el agua sin fondo de sus esperanzas pasadas

Hoja muerta blanco rencor
Contra el deseo y la alegría
El descanso encontró a su maestro
Sobre los lechos de piedra y de espinas

El arado de las palabras está oxidado
Ningún surco de amor aborda más la carne
A la miseria devoradora
Bajo las paredes cubiertas de las armas emocionantes
Que veían claro en el hombre
Los hombres ennegrecen de vergüenza
Los otros celebran su basura
Los mejores ojos se abandonan

Hasta los perros son desdichados.

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Justicia

Pesada imagen de plata miseria en los brazos útiles
Comeremos las flores del antiguo y del sencillo
Los que lloran de pena tendrán los ojos reventados
Y los que se ríen de horror serán recompensados.

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El alba disuelve los monstruos

Ignoraban
Que la belleza del hombre es más grande que el hombre

Vivían para pensar pensaban para callarse
Vivían para morir eran inútiles
Recubrían su inocencia en la muerte

Habían ordenado
Bajo el nombre de riqueza
Su querida miseria

Masticaban las flores y las sonrisas
Solo encontraban un corazón en el fusil

No comprendían los insultos de los pobres
Pobres sin preocupaciones mañana

Los sueños sin sol los hacían eternos
Pero para que la nube se convirtiera en lodo
Descendían no levantaban más la cabeza al cielo

Toda su noche su muerto su bella sombra miseria
Miseria para otros

Olvidaremos a estos enemigos indiferentes

Pronto una muchedumbre
Repetirá la clara llama con dulce voz
La llama para nosotros dos para nosotros sólo paciencia
Para nosotros dos en todo lugar el beso de los vivos.

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Dictamen

La noche que precedió a su muerte
Fue la más corta de su vida
La idea de que él existía todavía
Le quemaba la sangre de las muñecas
El peso de su cuerpo le daba asco
Su fuerza lo hacía gemir
En el fondo de este horror
Comenzó a sonreír
No tenía un compañero
Pero había millones y millones
Para vengarlo y lo sabía
El día se levantó para él.

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Identidades

………………………………………A Dora Maar

Veo los campos el mar cubiertos de un día igual
No existen diferencias
Entre la arena que dormita
El hacha al borde de la herida
El cuerpo en gavilla desplegada
Y el volcán de la salud.

Veo mortal y bueno
El orgullo que retira su hacha
Y el cuerpo que respira a plenitud dentro su gloria
Veo mortal y desolada
La arena que vuelve a su lecho de salida
Y la salud que tiene sueño
El volcán que palpita como un corazón develado
Y las barcas recogidas por los pájaros ávidos
Las fiestas sin reflejo los colores sin eco
Las frentes de los ojos siendo presa de las sombras
Las risas como encrucijadas
Los campos el mar el tedio torres silenciosas torres sin fin

Veo leo olvido
El libro abierto de mis persianas cerradas.

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Paul Éluard. Saint-Denis, Francia, 1895 – Charenton-le-Pont, Francia, 1952. Autor de una poesía siempre basada en temas cotidianos y experiencias dramáticas de su propia vida. Durante los años 20, Éluard se entregó a la experimentación poética y junto con André Breton, Philippe Soupault y Louis Aragon dio vida al surrealismo. Tuvo tres etapas dentro de su poesía: la dadaísta, la surrealista y la comunista. Entre sus libros más destacados se encuentran: Morir de no morir (1924), Capital del dolor (1926), El amor la poesía (1929), La inmaculada concepción (1930), La rosa pública (1935) y Los ojos fértiles (1936), Curso natural (1938), y El libro abierto (1941).

Juan Romero Vinueza. Ecuador, 1994. Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Sus poemas y cuentos han sido publicados en revistas físicas y digitales en México, Chile, Perú, Ecuador, Argentina, Colombia, Venezuela, Guatemala, Estados Unidos y España. Su más reciente libro, Revólver Escorpión (2016), ha sido publicado por la editorial La Caída.

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