Paul Valéry

Coloquios

a Félix Fénéon

 

 

Orgullosos por orgullo

Anaxágoras. Si tienes tú razón, oh Sócrates, puesto que tú no eres yo, no puedes de veras tener razón. Por tanto, hace falta que yo reflexione todavía. Retomando lo que me has dicho y partiendo del estado en que has puesto mi pensamiento, habiéndolo combatido y vencido, se impone necesariamente que yo encuentre al fin una razón en mí que, al mismo tiempo, contenga la tuya propia y que, no obstante, justifique mi anterior opinión. Y esto con la amenaza de mi muerte. Pues, de otra manera, ¿con qué rimaría mi existencia?

Sócrates. ̶ ¡Qué orgullo! Anaxágoras… El orgullo es el sentimiento de haber nacido para algo que solo nosotros podemos concebir y, más que ninguna otra, tal cosa es la más grande y la más importante. Nada debe ser más grande que aquella cosa que yo quisiese hacer… (y no puedo).

La cosa que yo quiero debe ser siempre superior a la que quiere cualquier otro. Tal es el orgullo. Y él no emana de las cosas hechas ni de lo que se da. Pero mi ideal está infinitamente por encima del tuyo, puesto que es mío, únicamente porque es mío…

 

Ω

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Coloquio con un ser

El alba me descubría todo el día enemigo

A. Vamos… Sal del instante… Crea tus potencias. Abre paso a quien eres tú desde el barro viviente que yace en forma de hombre abatido y abandonado en la ropa blanca de tu lecho… Renace! Es tiempo. La noche se trastorna. Ella pierde rápidamente sus estrellas y el veneno del día que llega la penetra. La Luz, alternando su solemne unidad, se insinúa en la profunda sustancia de las tinieblas. Como productos de esta alteración aparecen por todas partes esbozos de cosas, los síntomas primeros de los objetos y de los seres que exigirán de ti réplicas y actos…

B. Perdón! No puedo. ¡Tú exiges nada menos que lo imposible! El peso de mi cuerpo es el de toda la tierra que está a mis pies. ¿Cómo quieres que me levante y alce a la vez al ser y a todo el no ser íntimamente identificados en mí? El menor esfuerzo, la menor tentativa del espíritu exceden los medios de este instante. Déjame…! Ay…! ¡Déjame…!

A. Yo te obligaré a reedificarte.

B. Pero yo te digo que la IMPOSIBILIDAD… Concibes tú que una piedra pueda modificarse por su propia cuenta de tal modo que ella al fin encuentre el suelo donde romperse y saltar prodigiosamente hacia lo alto? Escucha. ¡Déjame! En mi presencia estoy como ausente y apenas en parte presente en mi ausencia. No hay en mí nexos entre lo que veo, lo que quiero, lo que subsisto, lo que cambio, lo que sé y lo que haré… No distingo lo que fui, lo que soy, lo que puedo ser… Verdugo como eres me obligas a responderte y todo lo considero tan penoso que acuden a mis ojos lágrimas de impotencia y de repulsa.

A. ¡Llora, pero vive! Sal del estado de larva. Aclárame esta miserable mezcla de sensaciones equivalentes, de recuerdos sin destino, de sueños inacabables, de provisiones sin consistencia… Llena el orden, reúne todas estas pequeñas fuerzas desorientadas que se dispensan en tu fatiga. Tu debilidad no es más que confusión. Vamos, aíslame de todas estas especies: reúne tus energías de igual jaez; no confundas más lo verdadero con lo falso; cada uno debe valer en su oportunidad! Organiza las diversas partes del complejo tiempo que te permiten poner en juego lo que no es sobre lo que es, y lo que es sobre lo que no es… Dispón bien tus piernas y tus brazos y experimenta tu poder hasta los extremos de tu dominio sobre tus miembros. Aduéñate de tu mirada y haz el espacio en vez de sobrellevar todos los accidentes de la llamativa extensión… Con esta mirada en movimiento  traza la figura definida de los objetos. Afiánzate también en tu potencia interior. Exige, ejerce y excita la libertad general de los límites y de las formas de tu lenguaje; reanima sus recursos de combinación, de transposición, de articulación de las ideas y de distinción de los conceptos…

B. Cállate.

A. Eso no es todo…

B. ¿Qué quieres más de mí? ¿Disciernes tú mismo si me resucitas o me asesinas?

A. Eso no es todo. te dije. Aviva tu pensamiento. Pon sostén al punto por donde empiece a asomar en tu espíritu el aguijón del deseo y la potencia de duración por los que se resolverán a favor del desarrollo de ese origen el conjunto de similitudes, el espacio de resonancias, la suma de posibilidades infundidas en lo que tú crees…

B. ¡Cállate! El solo llamado de mis fuerzas me anonada. Tú me apremias a medir la inmensa labor que es preciso se consagre para que se termine de estar muerto a medias… Déjame, por lo menos, todo el tiempo de volver, sin mucho daño ni pesar, de la condición de cosa a la de bestia y de la bestia a la de hombre, y del hombre en sí al único…

A. Veo que lo más penoso se ha realizado. Enderezas el codo.

B. ¡Ay…! Sí, me despierto… Ya no estoy más como en equilibrio entre cero y el todo; una pequeñez me lanzó a la nada de mi sueño; una pequeñez me ha hecho surgir, edificado en fuerza, dispuesto a vivir…

A. …

B. Tú vas a diferir de ti mismo como una cuerda floja difiere ella misma de una cuerda tensa.

A. Tal vez. Pero yo me siento ante todo extrañamente la presa de sus potencias. Me obsede mi memoria. Mi intelecto exige y mi virtud de obrar afluye a mis músculos que los endurece, sin norte aún…Sentir, poder, querer, saber, deber … todos estos demonios del día se expanden.

B. Considera virgen este día…

A. Virgen como la calle… No bien pienso distingo, con las primeras luces de mi espíritu, diversas inquietudes formadas, seres que me esperan; y, sobre todo, no sé qué cosa muy aburrida, muy difícil de hacer hoy mismo.

B. ¿Qué cosa?

A. …

B. Te digo que no se aún. Hasta ahora ella está velada. Una certidumbre sin rostro. Ella tomará luego todo su aparejo de tiempo y de lugar, de causa y de fuerza ejecutiva… Decir que he girado esto en mí toda la noche; que me despierto y que esto se despierta; y que una jornada que no existe todavía se encuentra ya toda poblada de peces…!

A. Aguardo el acontecimiento. Quizá por esta tarde estarás satisfecho de que este asunto haya acabado y tal vez esté contento de ti.

B. Ah… ¿Por qué volver a ser? ¿Por qué me has sacado de este fango fosforescente entre la vigilia y el sueño? Volver a ser UN TAL… El que me lleva mi nombre, a quien se le prohíbe mis costumbres, mis molestias, mis opiniones, cargado de tantas cosas que hubiesen podido ser cualquier otras que yo siento muy accidentales y que, sin embargo, me definen. ¿Por qué? ¿Por qué entregarme al sol desconocido y al MISMO tan conocido? Si uno se aletarga ¿No es esto una especie de demostración de la perfecta suficiencia de haber vivido el día que se llegue a vivir? ¿Una experiencia de algunas horas no dice ella todo? Intelligenti pauca… ¡Cuántas veces me siento que me conozco de memoria!

A. Eso está mejor  ̶ como dice Molière… Veo que tú razonas, que compones ideas y das forma a tus pensamientos. La energía utilizable rebasará pronto tu economía y tú mismo responderás con proyectos, decisiones, creaciones y destrucciones a la pregunta que me haces (o que tú te haces), y que no consciente otra respuesta. No hay «por qué» cuando se trata de la vida.

A. Tal vez tienes razón.

B. Tú me pareces eternamente despierto, restablecido, reconstruido.

A. ¿En qué lo conoces tú?

B. En esto que estamos de acuerdo. En tal caso, no hay lugar entre nosotros para las COSAS VAGAS; para preguntas que son respuestas, para las respuestas que son preguntas; para los problemas que buscan sus enunciados; para los que usan los vocablos creyéndolos más ricos de lo que son en realidad; para la buena fe que cree en el saber sin poder … ¿Qué haces tú? ¿Saltas fuera de tus sábanas?

A. De pie. Estoy de pie. Golpeo con el desnudo talón la realidad sensible del mundo.

B. Es una manera de golpe de Estado… ¿Y después? ¿Tú te vistes?

A. El mar está a dos pasos. «Yo recorro la onda para salir vivo».

B. ¿Y después?

A. Y después… Yo haré lo que sea necesario. Me siento de repente con una energía extraordinaria. Me encuentro grávido de vida y casi confundido con una libertad de pensar y de obrar que me invade como fuertemente excitado por la inminencia de las dificultades y de los disgustos que no se hace mucho me agobiaban.

B. ¡Atención! Me contenta verte tan diferente de aquel que con tanto esfuerzo arrancaba del estado de vida abatida. Gozo verdaderamente de tu metamorfosis. ¡Tú no eres nada y tú harás todo!¡Pero ten cuidado…! No abuses de este vigor. La noche existe. Ella viene siempre.

A. ¿Crees tú que no veo que llega mi lucidez? ¿Crees tú que no reflexiono en su propio crepúsculo? ¿Y del mismo modo que no la admiro? No es una superior maravilla pensar que se la posee en sí de donde por sí misma desaparece -, no obstante que todas las cosas como apresadas, sean las que fueren, están en una misma y única red que las arrastra insensiblemente hacia la sombra-, las personas, los pensamientos, los deseos, los valores, y los bienes y los males, y mi cuerpo y los dioses se retiran, se disuelven, se aniquilan y se obscurecen juntos? … Nada ocurrió. Todo a la vez, se borra. ¿Está eso bien? Cuando el navío se va a pique el cielo se desvanece y se evapora el mar… Pero ahora, amigo, mira qué fuerte es este puño. Golpea la mesa. La misma fuerza reside en mi corazón que es grande como él. Y palpita de lleno al compás de mi fortaleza! Yo soy la medida y desmesura, el rigor y la ternura, el deseo y el desdén; me consumo y acumulo; me amo y me odio. Y me siento, desde la frente hasta el dedo del pie, aceptándome tal como soy, respondiendo con todo mi ser a la pregunta más simple del mundo: ¿Qué puede un hombre?

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La versión castellana de «Coloquios» de Paul Valéry fue realizada por el poeta Manuel Moreno Jimeno y se encuentra publicado en Zona Tórrida, Revista de Cultura de la Universidad de Carabobo, Venezuela,  n.° 11-12 (1979: 175-184).
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