Pedro Rocha

Trad. Reynaldo Jiménez

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D e s c r i p c i ó n    d e    u n   p o e m a

P e d r o   R o c h a

 

 

 

………….Ahora, aquí en este momento, sería el momento en que yo hablaría un poema que comenzaría discurriendo sobre la ciudad como un organismo compuesto por todas las vidas que hacen funcionar este hábitat urbano. Hablaría de las transformaciones y desplazamientos de objetos abandonados o caídos de bolsillos, llevados por vientos o por patadas inconscientes de peatones en las veredas. El sonido de las palabras anteriores se fundiría al de las siguientes en cacofonías y asonancias, produciéndoles propiedades químicoauditivas a las sentencias y sus significados. (Un desliz en la voz del poema por dentro e imbricado en la escucha del oyente). Sería una escucha activa y daría la impresión de estar oyéndose el verso siguiente aún en el verso presente, como si el poema fuese un oráculo y el oyente un vidente.

………….Hasta que, sin un quiebre definido o repentino de ritmo, el poema haría una curva e iniciaría una serie de versos con palabras imperativas. Eslogans, de los más gastados y sin creatividad, esa cosa estanca, adelante. Sería un momento largo donde las expresiones extenuantes se irían superponiendo y creando un enorme cansancio mental y una creciente monotonía. Tantas frases estériles, acumuladas unas sobre otras, en flujo corriente, harían que esa suma de vectores cree un objeto sonoro, aunque la voz del poema quede encajonada dentro del cuerpo de la escucha.

………….Un objeto sonoro sin sentido en sus partes. Una amalgama de palabras impotentes pretendiendo potencia. Objeto sólido. Objeto sólo leído. Inmaterial. Mental.  Exclusivamente nominal. Sin correspondencia con cualquier realidad, cualquier motivo de acción para el cuerpo. Apenas un cuerpo-sonido sublevándose, sugerido por la suciedad sonora como única imagen, definida y clara en la imaginación de la audiencia toda. Se incluye aquí a quien no estuviera prestando atención. En esta parte del poema la atención no sería necesaria para que éste tenga éxito. El poema sería apenas esa presencia ruidosa, invasiva y agresiva, hasta incómoda. Sin embargo, como todas las combinaciones de palabras serían de reconocimiento inmediato e íntimo —¿y por qué no decir: fácil, y hasta dócil?— la incomodidad se vería bastante atenuada, dejándole apenas la monotonía y la sensación de la pérdida de tiempo a quien estuviera presente.

………….Y atravesando esa niebla, despuntaría la presencia del objeto. Un objeto sólido solitario y solamente sonoro.

………….Se sigue entonces que, cada uno a su propio tiempo, aunque casi al mismo tiempo, pues existiría una cierta destreza del habla conduciendo el advenimiento de la imagen
—el sonoro sólido objeto—
en la mente de los oyentes, se daría una rara Gestalt colectiva, cambiando el tedio generado por la impresión de que nada sucede por el júbilo del saneamiento de la voluntad, o incluso de la necesidad de encontrarse fuera de la esfera personal. Ser un cuerpo demográfico y tener la percepción de la, entonces, conquista de tiempo, de desplazamiento en espacio subjetivo.

—y lo sólido sonoro suelto en el espacio—

………….Percibiendo este colectivo sujetado, tejido a ese objeto alzado por el sonido, seguirían dos pausas. Se haría perceptible dónde terminaría una y empezaría la otra. Sin que eso sea algo corriente, incluso siendo muy incomún, no pasaría de la periferia de la percepción, causando espanto. Del espanto al arrebato de estar viviendo algo nuevo, inédito. Sería un descubrimiento.

—el objeto enhiesto del sonido amalgamado de las frases imperativas estaría todavía presente y fuerte como un sol ecuatorial—

………….A partir de ahí, comenzaría yo a hablar del cielo, pero sólo de los colores que proyecta en esta parte del planeta cuando se da el intervalo entre el día y la noche. Aquel espacio de tiempo cuando se vive «entre jornadas» y la tierra está caliente, y la atmósfera muy fría. Cuando la fuente de luz va pasando detrás de donde podemos divisar, por el hecho de la curvatura del planeta —el azimut— en asociación con el formato cóncavo (esférico desde donde podemos ver) de la estrella, al proporcionar tal explosión de matices y al mismo tiempo actuar como un tobogán para ondas y partículas.

—el objeto sonoro, izado por el sonido, flota todavía—

………….Hablando sin hablar completamente del asunto de las imágenes, aun así estarían límpidas, lúcidas, la textura de los colores y el entendimiento de lo trata el texto del poema.

—y aquel objeto lanzado del sonido se haría presente hasta el final del habla—

………….El texto ahora revelaría un lema: dos versos o tres. Metrificados y muy redondos. Un lema como un refugio. Un abrigo compuesto de palabras comunes, pero que juntas le producirían un tal tridimensionalidad al poema que se tornaría incesante al descubrimiento y redescubrimiento de nuevos sentidos y aplicaciones, combinaciones de posibilidades donde el fin se encontraría con el comienzo, pero no como en el comienzo del poema. Aquí, en el final, la secuencia de palabras se reiniciaría, pero siempre en otro lugar, como en una espiral.

—y el suspenso se mantiene en suspensión—

………….Los versos estarían escritos de forma tal que, en el habla, la respiración se haría fluida y yo los repetiría como si fuese una sola expiración de esa espiral. Todos los que estuviesen oyendo tendrían ideas de cómo conducir mejor este poema si fuesen ellos quienes lo escribieran. Eso crearía un híbrido entre simpatía y soberbia, siempre bajo la presión del objeto alzado del sonido, presente en la cabeza de las personas. Y cuando todos alcanzasen esa nueva forma de estar en el propio cuerpo, esa nueva respiración provocada por la escritura y por la oralización de la misma, contaminando el habla muda dentro de la voz interior del público, entraría el sonido sintético de una herramienta electrónica dando secuencia a la performance de la Diëresis, que como un chorro violento de agua, comenzaría a erosionar el objeto alzado por el sonido que estuviera presente en la imaginación de los que oyeran el texto que se terminó en este exacto momento.

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Pedro Rocha. Rio de Janeiro, 1976. Poeta y editor brasileño. Profesor en la EAV – Escuela de Artes Visuales de Parque Lage. Ha publicado los libros: Escrita de Galo (Escrito de Gallo) (colección sec.xxi -2002); Onze (Once) (Azougue Editorial, 2002); Chão Inquieto (Piso o Terreno Inquieto) (Editora 7Letras – 2010); Experiencia do Calor (Experiencia de Calor) (Dantes Editorial, sello: Labia Gentil – 2014); Ogivas de Urgencia (Ojivas de Emergencias) (Editora 7Letras, sello Megamini – 2015); NERVO VERSO (NERVIO VERSO) (Independiente – 2018); Um Poema (Un Poema) (Independiente – 2019); Oju Axé (Editora Autografia, sello Bem-te-li – 2019); ademas de otras publicaciones, colectivas, revistas e antologías. Es integrante del colectivo Trema. Fundador del CEP 20000 (Centro de Experimentacion Poética) y creador del grupo performático FalaPalavra.

Reynaldo Jiménez. Lima, Perú, 1959. Reside en Buenos Aires desde 1963. Publicó: Tatuajes (1981); Eléctrico y despojo (1984); Las miniaturas (1987); El libro de unos sonidos. 14 poetas del Perú (1988); Por los pasillos (1989); Ruido incidental/El té (1990); 600 puertas (1992); La curva del eco (1998, 2ª ed. 2008); La indefensión (2001, 2ª ed. 2010); Musgo (2001); Reflexión esponja (2001); Papeles insumisos de Néstor Perlongher (con Adrián Cangi, 2004); El libro de unos sonidos. 37 poetas del Perú (2005); Shakti (2005, antología y traduccción al portugués por Claudio Daniel); Sangrado (2005; 2ª ed. 2017); Ganga (2006, antología por Andrés Kurfirst y Mariela Lupi); Plexo (2009); Esteparia (2012; 2ª ed. 2017); El cóncavo. Imágenes irreductibles y superrealismos sudamericanos (2012); El ignaro triunfo de la razón (antología de escritos de Gastón Fernández Carrera, 2013); Informe (2014); Nuca (2015); Piezas del tonto (2016); La inspiración es una sustancia, etc. (2016); Intervenires (2016); Filia índica (2017); Ello inseguro (2017); Funambular (2017); Antemano (2017) y Olla de grillos (2018). En 2019 salió el volumen I de su poesía reunida: Ganga. Traducciones: del portugués, Galaxias de Haroldo de Campos (2012, 2ª ed. 2013); Los poros floridos, Roza barroca y la antología Moradas nómades de Josely Vianna Baptista. (2001 y 2017); Catatau de Paulo Leminski (2014); Instanto y Palabra desorden de Arnaldo Antunes (con Ivana Vollaro, 2013 y 2014); El infierno de Wall Street de Sousândrade (2015); del francés, Espejo ardiente y otros poemas (2016), Renombre del amor y otras versiones (2017) y Praderas temporarias (2017), tríptico de versiones de César Moro, entre otros. «Sus grabaciones más recientes: Tusongs y con Emanuel Frey Chinelli, Ripio. Fue incluido en diversas antologías: Medusario (1996; 2ª ed 2010; 3ª ed. 2016), Pulir huesos (2007) y Antología crítica de la poesía del lenguaje (2009) entre muchas otras. Junto a la pintora Gabriela Giusti, creó y condujo tsé-tsé (revista-libro y sello editorial) entre 1995 y 2008. Jiménez es también corresponsal  de POESIA en Argentina.

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Angélica Lozada.

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