Perros de ficción

ERNESTO CARRIØN

UNA PERCEPCIÓN DE LOS TEXTOS DE ERNESTO CARRIÓN

Para comentar sobre el modo de edificarse poeta se debe anotar que el proceso se inicia con un reiterado entretejido subjetivo: recuerdos, sentimientos, sensaciones, acontecimientos…En el ámbito aparecen mangles, el mar y frecuentes nubes grises. El individuo se identifica con el nombre de Ernesto Carrión nacido en Guayaquil. Desde luego, fue niño, adolescente y es adulto. Su trayectoria vital se confirma en documentos y con algunas noticias confidenciales. Carrión, por algún motivo desconocido, decidió justificar su existencia con la actividad de poeta. La subjetividad, paralelamente o después de mucho bregar, se convirtió en escrituras poéticas. Y como ocurre en estas circunstancias, las escrituras permanecen en libros y se convierten en testimonios. Por tratarse de poemas, el tiempo verbal predominante es el presente, aspecto lingüístico que, según algunos teóricos, contribuye a crear un presente constante; este artificio, también visible en los escritos de Carrión, permite que los lectores los asuman como experiencias propias, o mejor, como emociones compartidas.
Carrión construye sus escritos con alusiones subjetivas, es decir, íntimas y con alusiones culturales tratadas, a su vez, con específicas aproximaciones e interpretaciones. Unas y otras se resuelven en la subjetividad. No se impone el pensamiento de orden lógico y en el conjunto de los textos ese pensar, cuando más, se expone como declaraciones de desobediencia y constante negación. En Carrión la ambigüedad se deshace en abruptas confesiones. La dureza de los textos surge del enfrentamiento con la inaprensible realidad y del conflicto entre la agonía del individuo y la presencia del otro.
Sin embargo, se observa el desarrollo de cierta coherencia. La ubicación de los poemarios en grandes apartados demuestra que se atan con hilos conductores, hilos internos que se evidencian al lector en marcos intelectuales muy reconocidos, tal como ocurre con los perfiles de los témpanos en superficie amplia del mar. Así, pues, en La muerte de Caín, sobresale la tradición judeocristiana. ¿Será que la voz poética exterioriza el trasfondo religioso del autor? ¿Es la implicación de las visiones religiosas en la cultura de los pueblos hispanoamericanos? De este marco opina el escritor chileno Héctor Hernández Montecinos, en su análisis de La muerte de Caín, (Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2007), que Carrión «de manera tajante relee y reescribre el primer libro de nuestra cultura judeocristiana, en una amplia magnitud, y lo transfigura a modo de iluminación en un solo gran poema de una intimidad desgarrada y de saberse más como incógnita de sí que de certeza y verdad.»
En el siguiente conjunto de poemarios: Los Duelos de una Cabeza sin Mundo, el extenso registro intitulado Los diarios sumergidos de Calibán, (Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2014), contiene el tema de la identidad del habitante americano visto desde entradas históricas  y geográficas diversas. Sin querer viene a la memoria el Canto General de Neruda. Por cierto, a diferencia del Canto General, Los diarios… son anti-heroicos. La alusión a Calibán, motivo manipulado en la literatura a partir del drama de Shakespeare y recogido por escritores hispanoamericanos, es objeto de múltiples y distintas perforaciones por parte de la voz poética de Carrión. Los diarios…dicen y desdicen los contenidos históricos y antropológicos de una identidad en formación y de extraordinaria complejidad.
El último poemario publicado por Carrión lleva el título de Manual de Ruido, (Gobierno Autónomo de la Provincia de Pichincha, 2015), expone lo que podría constituir una poética. El tema de la inutilidad de la poesía se entrelaza con la negación del canon poético. No se trata de una poética sustentada en reflexiones teóricas pensadas durante siglos, reflexiones apenas  mencionadas. Los puntos de la poética de Carrión son de esta índole: «Un proyecto poético verdadero busca su natural inutilidad.»; «La poesía, aunque se insista, no está al servicio de las palabras.»; «Y: siento miedo por un mundo lleno de inútil poesía.» Por este camino todo se defenestra. Las corrientes o estilos literarios, que tanto han ocupado a críticos y autores, son reiteradamente desacreditados. Parodiado alguna declaración de Umberto Eco, la voz poética de Carrión dice que la mejor poesía es la que no se escribe. Pero, como se dijo al comienzo de este comentario, no es solo la inutilidad del texto, hay otro elemento implicado: «La realidad no tiene un problema de transparencia, es simplemente oscura, intransferible, desarrapada. Pero desaparecer el dilema del texto es desaparecernos.» En resumen, el oficio de escribir incluye el conflicto de la existencia del individuo acosado por una realidad ominosa.
Estamos muy lejos de la percepción diáfana del mundo y de sus actores humanos. En la actitud de la voz poética de Carrión se captan ecos de autores como Rimbaud o Lautréamont. Para comenzar se debe desprestigiar el canon de la poesía lírica y degradar la visión de un mundo llena de simulaciones y disimulos, repleta de utopías y holocaustos, oprimida con mitos antiguos y modernos. El autor aparece como un ser mirífico que, a través de la obsesiva tarea de escribir, se plantea el problema de vivir.  La alusión a El mito de Sísifo, de Albert Camus viene al caso: el problema es considerar si vale la pena vivir.
Comentar la obra de un poeta es una labor poco prudente, siempre queda todo por decir; no obstante, se añade una consideración final. La manifestación de la lengua literaria de Carrión no se sujeta al ritmo melódico de los poemas que propone la tradición. (No se sujeta del todo). Escribe Carrión a renglón seguido e intercala líneas escritas con mayúsculas; en ocasiones, desplaza líneas al margen inferior de las páginas. Estas maniobras visuales –innovaciones de la escritura vanguardista– apelan al interés de un lector extremadamente curioso.
Cabe decir, en todo caso, que a propuestas arriesgadas del sentido convienen presentaciones significantes no comunes. ¿Qué hay dentro del afán creativo? Me atrevo a decir que se trata de la comunicación profunda. Los lectores, como se expresa en una de las notas de la contratapa de Los diarios…, no saldrán ilesos de la lectura de los textos y este es el propósito.

                                               Julio Pazos Barrera

Autor de una obra que mezcla la prosa, el verso y el versículo, Ernesto Carrión es una de las voces más interesantes del panorama hispanoamericano más reciente. Como su obra es fragmentaria y oceánica a un tiempo, y debe mucho a nombres tan grandes como Neruda o Rimbaud, resulta difícil aislar alguna parte, pero no se pierdan textos como «El sueño de los clones» o «Las cartas del Átomo», por no hablar de la segunda parte de la antología, titulada «Cuatro perros bajo el granizo», con textos dedicados a Lowell, Sexton, Plath y al propio autor.

Joaquín Juan Penalva

PLATH

Como somos un grupo, los campos de las afueras son de bronce negro o de un verde inaudito

Nadie quiere ver la nieve semejante a un montón de esparadrapos cubriendo la enorme cabeza roja de nuestro mundo

Nadie quiere irritarse con esa leche filtrándose sobre la tierra negra de nuestros cuerpos a los que nos exigen desobedecer para ganar el mejor vestido dentro de un teatro que está condenado a las tormentas

Yo sé que somos un grupo y me adelanto: rara es mi excusa pero menciono el desagüe y las crecidas uñas del cadáver de mi padre para que el día se me escape volando

Hay filosofía en el fraude a uno mismo, así como en la movilidad de las heces

Vamos, estoy sentada sobre la piel del espejo, vigilando las heridas de cada uno de nosotros, mirándonos desde afuera como en un congelador lleno de vísceras de trapo bajo luces deformes

Estoy atesorando cada examen siniestro que hace el reloj en lo alto, inyectándole muerte al hombre que está disecando en su garaje una mariposa

Estoy recorriendo el arañazo que hace la esperanza en los rostros de los huéspedes de esta colonia china, casi como un salivajo que eyacula sobre un campo de orégano. Bocas pegajosas y pies hipnotizados en sandalias pateando un cráneo en la sala con vergüenza

En tardes así, el Sahara me parece una bola de nieve deslizándose por todas las literas de los hospitales en busca de belleza

Descomponiéndose como la niebla frente a la luz del engaño

Cuando anochece, gotas frías de sudor irrumpen en esos cuerpos dejando un rastro invisible sobre sus corazones

Son violentos ciegos extinguiéndose frente a los candelabros, brillando unificados por el dolor
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EL CORAZÓN DEL TIEMPO

[IV]

Sexo, preso, asesto, meto, incendio, ofrezco, violo, acaparo, reparo, tomo, destruyo y devuelvo, escupo todo mi miembro dentro del hueso de la vida muerta. Húmeda la vida muerta. ¿Vas a decir que esto no soy yo gritando? ¿Que escribes tú mis palabras? ¿Que organizas mi diálogo con todo el reciclado de un pésimo documental y mi diario privado? Frida, risa, tiza, brisa, ceniza y remodelación. Frida, friso, rizo, atisbo, pérdida y fascinación. Vuelo de un cavernario que sin valor vuelve a la tierra atando mis caderas. Mi Dios es la majadería ante el colmillo del niño. Mi Dios son estos celos; y mi Dios es celoso.

A cada quien su porción de fantasma con sus manitos gordas como dos elefantes esperando bajo una tormenta. ¿Y esto soy yo gritando? Y esto soy yo gritando. Y esto soy yo gritando: lápiz, papel, tijera, goma, cerro, canción, montón, oración, botón, muerte, muerte, muerte, mencióname como si una terrible oscuridad cayera sobre mí al decir tu nombre: muerte. Quítame este dolor: oveja del sexo opuesto ábrete entera, magulla mi pensamiento, mi pedazo de mejilla en tu rojo mango. Yo tengo la piel caliente y los orificios abotonados para que nadie me penetre y se robe mi cuerpo. La gran cicatriz que soy como una enorme vagina echada sobre la cama sin cortarme el pelo.

…………………………………………………….«Frida» –me dice el viento pero yo no respondo.

………………………Soy una cicatriz echada sobre la cama. El mundo en llamas.

«Frida» –me dice el coro de los ángeles que son los tallos desnudos de los montes vacíos, pero yo no respondo.

………………………Soy una cicatriz echada sobre la cama. El mundo en llamas.

«Frida» –me dice el agujero negro del tiempo, su cuerpo elástico encima de las ondas magnéticas, pero yo no respondo.

………………………Soy una cicatriz echada sobre la cama. El mundo en llamas.

«Diego» –me dicen- como llamándome a mí misma a través de mi muerte y entonces sí respondo. Digo: «mándenme lo que sea que aquí habita el suicidio y el amor arcano». «Diego» –me gritan más fuerte– y la cicatriz que soy se tuerce en miles de flores.

Tengo su verga en mi mano

……………………..(ápoles

…………………….salvajes)

manzanas de cualquier lado,

y chilla como un pez el narrador de este libro que escondía su sonido entre los orificios de las luces como una flauta de palo. Diego si pinta a Dios se pinta a él mismo. Y esa virilidad es carnicera. Y esa totalidad es apostólica.

………………………………………………………………Y más allá el futuro abre su pico hermoso.

Cuenta el narrador –Dios y Diego fundidos– que el mundo es siempre joven:

La Galaxia es una extensión de la pretensión del amor de hacernos uno. Verde que te quiero Lorca. Y esa virilidad espacial (abrigo de todas las razas, cielo de todas las hembras, fanal de todos los machos) raja los tiempos. Sin embargo el mundo es siempre joven. El mundo siempre será joven mientras gente joven esté asumiendo los roles participativos de la vida. El control de la sociedad. Las plazas de trabajo. Arrastrando consigo mismo la cabeza de la tiranía hasta los labios rojos de la pubertad hiriente. El mundo no envejece, solo sacude su cabello perverso sobre el hombro de los que pasamos sin sentirlo. El mundo no envejece: se arrastra, salva vidas, hiere en lo más hondo, asalta enormes bancos de conciencias. El mundo no envejece:

…………………………………………………………soy húmeda vela en llamas contra su osadía.

TALLER EN LAS ESTRELLAS

a José Kozer

 

En el Principio era el Barroco:

Las estrellas arremolinadas haciendo migas de pan sobre la mesa interminable del Universo. Negro el cuerpo de la mesa, pues nadie comía allí, nadie vivía allí, más que el barroco y las vías lácteas y los planetas desordenados como ostras de mármol entre fango y agua.

Imágenes en libertad absoluta a las que había que ponerles una soga al cuello, hacerlas trizas, humanizarlas. La raja de la mierda de los asteroides. El deseo de la pulpa por romperse. Boas incineradas en tinajas de olas cósmicas. Acuarelas y mantecas dentro del brazo. Todo nuestro presente un trapo en llamas. Un cañerío desde el antemomento. Un chorro de metal con una tripa de flores ondeando los gemidos del abismo como una bandera.
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En el Principio era el Barroco:

Sudaban sangre los márgenes de las palabras, los filos del pensamiento tenían prisa, ardían los colores dentro del casco absoluto de un vacío demoledor hecho de hueso y números. Asimismo ríos y tropezones sexuales había en la tibieza del maíz. Semen en las lunas y en los arcoíris abiertos a su transexualidad y pureza. Cáscaras de nueces eran los soles, ratones los agujeros negros, altos papagallos el plástico de los desiertos; y el papel era el contraste entre el vacío y el agua. La danza de las piedras en un rebote de luces. Las plantas y los animales eran cristales morados en el ojo del delfín que era de aceite. Vuelco de legañas en una lluvia eterna.
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En el Principio era el Barroco:

La vacada: más de 200 planetas bailando enloquecidamente alrededor de un sol pezón como una bola de espejos. El desprendimiento de una retina roja color hormiga roja color de llama roja color de cielo. Caían no del cielo ni hacia la tierra, simplemente caían desde ninguna parte y hacia ninguna parte: uñas, momentos, disfraces, corsés (¿flotaban?) y fotos de unos tomates ahorcados en la aurora sin recrear aún. Todo lo que caía era en su fuego un sesgo paralítico del paramecio.
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En el Principio era el Barroco:

La vacada: miles de estrellas inseminándose como algodón de pera. Chispas en los márgenes de la Nada. Indagación filosófica de un dedo en una vagina. Caída de  mulos en un templo seseado por la fibra eléctrica que avanza a pistoletazos por la mitad del Vacío. Cortezas de cabezas en pilares imaginarios, con planos imaginarios, con sumas imaginarias y el rojo que no es la alfombra sino el tropiezo.

Una galleta haciéndose añicos contra la tapa de un frasco: avena, arena y oxígeno coagulado cacareando una implosión fuera de juicios. Cacareando una explosión enriquecida.
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En el Principio era el Barroco:

Una tela arrugada por tender. Una tela tendida por arrugar. La puñalada, la sangre y la raíz. Astillas en el páramo de la muerte dibujando un caballo. Aglomeración de burbujas en los témpanos oscuros detenidos ante los sistemas solares como gas, gasa nuclear, cámara de ruidos, hoyo de los mil sueños de un paralelismo migratorio. Puro movimiento sin reventar. Vocales y minerales en efervescencia dentro de volcanes y volcanes en fiesta prendida. Un semillero de órganos clavado en la costilla de la noche mirada en rayos equis.
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En el Principio era el Barroco:

Nuestra casa. Cortinas aleonadas, disfraz de rey, fauna del manjar en los polos de los árticos siderales. 600 millones de lenguas, tétricas lenguas, en un residuo de luz. Municiones de viajes espirales en una bandeja de peces fritos. Máscara de lo neutral en arritmia fosforescente. Nieve de las religiones en cara de búho. Tornados de algoritmos y obesas manchas de agua en estado embrionario. Presentimiento e Intuición en son de fornicación rayándose las caras. Colores y matas podadas en la penetración de una melena que tartamudeaba su tic tac allí frente a la gran ave. La noche.
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En el Principio era el Barroco:

Un secreto mayor. Hilachas de pensamiento enredando la campana del mensaje tatuado como argumento alquímico oyendo, pero no, la división de los seres en millones de reses, en millones de confusiones, en centenares de paladares, en miles y miles de corrientes de aire remarcadas en la palma retorciendo el contenido de una metáfora.

Era el vacío al Principio:

el caos y el barroco irreductibles.

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LA MÁQUINA QUE CHILLA LOS POEMAS

Mi madre era un pez.
FAULKNER

 

Ir hacia la madre es volver del pecado. Perder lo sagrado, sangrando el puño. Mordiendo letras con el cuerpo arrinconado por la pena de ser algo inevitable que indica música, hace música, pero que llora y al mismo tiempo es culpable de todo. Yo, fui culpable de todo, soy culpable de todo, de la música, del llanto, de la droga y del pez. Hice, hago esqueletos de semen amarillo, desperdicio la vida en un fragmento de hoja, caigo y me levanto en cualquier momento. Vuelvo del pecado para entrar en la vida. Duermo como una foca sagrada, entre mis hijos, para entrar en la muerte. Soy
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la máquina que chilla los poemas, y el errado que pide un nuevo error. Hacia noches ancestrales y licores salvajes. Bajo lágrimas desquiciadas rodando por mejillas raspadas por el rímel y el ardor enfurecido de una luna amordazada como un viejo astronauta en su hueco de nieve. Pido, lloro, llanto exijo, devuelvo sudor y semen amarillo y torno derrotado al rincón de mi arte. Mi arte, parecería ser, es sólo un tronco inflado en un cementerio donde siempre desaparecen las flores. Mi arte, más que un arte, es una degradación de mí mismo frente a mi arte. Es, mi arte sin yo serlo, mi único retazo de persona. La pudrición del pez sobre una mesa arreglada por los otros. Soy
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la vuelta del pecado eyaculado para no durar. Su vulva misteriosa, llena de ojos. El asno del instinto apilando sus poemas bajo mi cama. Abriendo mundo. Haciendo sangre en los rincones de un buen hogar. Hallando excusa, en un día cualquiera, para asesinar mi paz de pájaro-algodón, mi traje de señor, mi piel de madre. Tecleando muelas sobre cadáveres que ya no existen. Sentado como un gordo árbol sobre mi falo que lanza falsamente, y en nombre de la muerte, un jonrón de versos. Soy
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la máquina que chilla los poemas contra el pie que avanza con firmeza sobre un mundo armado con labios derrotados que besan anos. El crimen de un país que humilla a sus artistas con la pobreza. El crimen de un país que obliga a sus artistas a ser burócratas y comerciantes. El crimen de un país que humilla con su canon. La peste de las páginas en blanco que no escribiré jamás. La excusa de un deterioro mental que presume de su deterioro como una niña presume de su nuevo cepillo. Soy
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la máquina que chilla los poemas. La sombra compartida y su brazo quebrado. El pecado que odia la verdad y que odia el pecado. Los labios derrotados en el revés de estas manos y rasgos accidentados haciendo sonidos raros con un cuerpo perdido. Nada de lo que escribo que podrá salvarme. Cualquier tontería que escriba que podrá salvarme. Soy
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billy reapareciendo en el ojo enemigo • William H. Bonney limpiando su puñal sobre la curvatura crespa de su lengua. Monsieur Monstruo lleno de nudos y ruido: hacia un fondo de huesos: despeñándose. El Jugador de béisbol contemplando por la noche su uniforme colgando en el armario como el fantasma congelado de su propia manada. Soy
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un hombre sin manada: un mundo en guerra. La máquina que chilla los poemas y el palo quebrado. La claridad de un pez que se hace fuego, desde el principio de la vida, al interior de su madre.
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LAS LEYES DEL TIEMPO III

1. Dice mi padre, enterrado en su insaciable criatura, precioso como la gota brillante de un hueso de gato perforado en la pecera desconocida de la hipnosis nocturna: qué sueño anima la oreja decorada con la ceniza, qué sueño lava el muñón extravagante, el cuello atado con los llantos de un monstruo incurable de 190 libras. Qué sueño te conoce como tu mejor enemigo. Qué sueño se desprende de tus testículos y hace tu nombre en la niebla. Finge el cascajo.

2. Dice mi padre muerto, delicioso como la barba amarilla del agua en la mañana impetuosa del chivo curioso: todas las lenguas son la misma lengua, la de la muerte. Pero mi fórmula para extraviarla es este cuerpo. Un cuerpo que es un cielo donde todos pueden aplastar sus sílabas incendiarias, mover sus dedos en círculos hasta limpiar su polvo, donde todo es deseo aturdiendo los preparativos del espejismo de mi propia cabeza.

3. ¿Has visto un atardecer cuando estás a punto de arrojarte al vacío desde tu propia cabeza? ¿Has visto tu propia cabeza –hijo– helada por las confusiones como si nunca hubieras nacido? –sigue mi padre hablando (su guante y su bate de béisbol respiran furiosamente irritados por cierto desamparo, bajo esa embestida de vidrio que atrapan algunos de sus posibles rostros futuros dentro de unos pedazos de ropa, en el fondo de su cuarto, donde él desapareció)-. ¿Has visto la cadena de colores moviendo la noche hecha anaquel de lenguaje, de lamentable lenguaje, puro veneno? No se hace con frío el infierno aquí en la tierra. No se hace con calor ninguna forma tampoco. No tuve mi propia cabeza en mi cabeza, sosteniéndome el trapo desteñido y la barba gastada. Pero tuve el atardecer en otro cuerpo.

4. Dice mi padre, apareciendo y desapareciendo frente a mí, como un circuito de lava enamorada, como un gitano inflándose entre metros de telas relampagueantes cual vísceras en manos hermosas, hilando con palabras el origen de cierta urbanidad descascarada en su rostro de oso revolucionario: yo ahora existo en el momento en que el no hay idioma. Mi cielo es un espejo engomado, definitivo. No habito en el silencio en formato de libro. Habito en tu reclamo en formato de hombre, de acantilado abnegado al que le falta vivir. Nace otra vez en paz y en lo creado. Olvídate del nombre que te puse, como quien desprende de sus propios testículos la nueva niebla. Construye un cielo entero, diferente. Abre tus manos.
.
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LA PALABRA ESENCIAL, PARA ENTENDERSE Y HACERSE POSESIÓN MÁS COMÚN DE TODOS, DEBE HACERSE COMÚN.

Hacerme casa en otro. Con otro, junto a él menos huérfano,
cubrirme de chorreantes estrellas sobre un cuerpo inmenso
que, de tramo a tramo, ve cadáveres. Un verso sobrevivirá a
esta ilusión mía de respirar de memoria, relinchando en la
yema de los dedos.

Hacerme casa en otro, armarme de valor, domesticar el tajo
en un tramo de papel. Repetir en otro mis gestos humanos,
mi horizonte quemado por las frases que no existen, mi con-
fusión amarilla de arañar el espacio en cualquier lengua.

Hacerme casa en otro. Vivir en otro. Ser Yo en Otro. Y ser
otros conmigo. Hacerme lugar común, al pie de la letra.

Ø

:

Ernesto Carriøn. Guayaquil, Ecuador, 1977. Es autor del tratado lírico «ø», compuesto por trece libros, repartidos en tres tomos. I. La muerte de Caín (en el nombre del hijo): El libro de la desobediencia, Carni vale, Labor del Extraviado y La bestia vencida. II. Los duelos de una cabeza sin mundo (en el nombre del padre): Fundación de la niebla, Demonia factory, Monsieur Monstruo, Los diarios sumergidos de Calibán y Viaje de gorilas. III. 18 Scorpii: abiogénesis (en el nombre del hijo): El Cielo cero, Novela de dios, Verbo [bordado original] y Manual de ruido. Ha recibido los siguientes reconocimientos: Premio César Dávila Andrade (2002), Premio Latinoamericano de Poesía del Festival de Medellín (2007), Premio Jorge Carrera Andrade (2008), Beca para creadores de Iberoamérica y Haití en México (2009), Accésit Premio Hispanoamericano de Poesía Festival de la Lira (2011), Premio Jorge Carrera Andrade (2013), Finalista del Premio Casa de las Américas (2013), Finalista del Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma (2014), Premio Pichincha de Poesía (2015), Premio I Bienal Nacional de Literatura Universidad Católica (2015), Mención de honor del Concurso de Novela Corta Miguel Donoso Pareja (2015), Mención de honor del Premio La Linares de Novela Breve (2015), Premio Nacional de Literatura Miguel Riofrío de Novela (2016) y Premio Literario Casa de las Américas de novela (2017).

Los poemas acá publicados pertenecen a la antología Perros de ficción (2017), salvo el poema «Las leyes del tiempo III» que es parte del libro inédito El Cielo cero.

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