Peter Boyle

Trad. Mario Licón Cabrera

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Después de Heronymus Bosch. Tal vez 

Saint Germain des près, San Martín en los Campos –
¿Qué hacen tantas iglesias en los potreros?
¿Por qué están flotando al pasar mirando al
laborioso ratón del campo?  Todos  esos portones dorados
y ángeles en los vitrales girando lentamente
sobre verdes estanques donde caen dormidas las ranas.                                           
Y las campanas del ángelus navegan adelante
de celebrantes invisibles mientras una arpista solitaria
toma su lugar en el abandonado campanario.
En tanto estos marcos de iglesias vacías
viran y giran en los largos corredores de los campos
sólo la música permanece para hablar
de lo divino.  Y de pronto nos damos cuenta
de que ya no hay campos ahí
sino trincheras de entrelazados alambres ,
y explosivos.  Y las iglesias
parecen más bien altas bodegas blancas
para los muertos.  Pero la lluvia
ritma su propia e interminablemente errática
sinfonía.  Sabe cómo perdurar.  Mientras a lo lejos
en la tundra están construyendo torres transmisoras
para cualquier mensaje que todavía pueda llegar
desde los espacios interestelares.

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After Hieronymus Bosh, Perhaps

Saint Germain des près, St Martins in the Fields —
what are so many churches doing in the meadows?
Why are they floating past gazing at
the industrious fieldmice? All those golden doorways
and stained glass angels spinning slowly
over green ponds where frogs fall asleep.
And the angelus bells sail ahead of
the invisible celebrants while a lone harpist
takes up her position in the abandoned
bell tower. As these empty church frames
tack and veer in the long aisles of fields
only the music remains to speak
of divinity. And suddenly we’re aware
that these are not fields any more
but criss-crossing trenches of wire,
of explosives. And the churches
look more like tall white warehouses
for the dead. But the rain
taps out its own endlessly varying
symphony. It knows how to outlive. While far off
in the tundra they’re building transmission towers
for whatever messages still come in
from the spaces between stars.

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Las cantatas perdidas de Mozart

………….Las cantatas perdidas de Mozart están siendo ejecutadas  en una isla en la amplia bifurcación de un río no lejos de aquí.  Es una de esas neblinosas islas que continúa deslizándose  hacia atrás y hacia adelante entre la más deslumbrante luz y progresivas capas de cerrada obscuridad.  Las cantatas están compuestas para varios solistas – soprano, contralto, tenor, barítono bajo, acompañados de flauta, un clarinete o cello, a veces arpa o un pequeño conjunto de oboes. Algunas cantatas están marcadas como “para ser acompañadas de balafón, kora u otros instrumentos de los reinos de Ghana y Mali».  Inmensas cítaras y cajas de resonancia similares al laúd han llegado a esta isla desde los mundos acuáticos trayendo con ellos parvadas de pájaros iridiscentes y una profunda quietud que nunca habíamos sentido.  Las cantatas fueron compuestas siguiendo la expedición de Mozart a través del Sahara para aprender de los músicos africanos y de sus canciones.  Adentro de estas obras, deslizándose hacia atrás y hacia el fondo de la filigrana del siglo XVIII tardío, uno puede escuchar secuencias de acordes y melodías elaboradas durante generaciones, que hablan de ríos profundos, del triunfo del amor sobre el prejuicio, de un fin a la violencia, del matrimonio de todas las razas y del reino de la justicia.
………….Pero entre las cantatas están también las canciones del dolor – doce extraordinarias lamentaciones cuyo texto en suajili viajan al origen de ríos inmensos, saludan a nuestros amados atrapados en el largo sueño de la muerte con sus rostros brillantes y sus largos vestidos de cola, negocian con los señores del inframundo por derechos de visita, y, cuando están bien ejecutadas restauran el perdón entre los vivos y los muertos.
………….Y ahora, en esta isla, ligeramente empapado de sudor brillando bajo su peluca engomada, Mozart continua más allá de la muerte. Muy despierto y relajado en el oscilante carruaje que lo  trae a donde las cascadas enormes brindan el pasaje a través de todas las pesadillas, donde pájaros de las altas montañas traen semillas de tierras desconocidas para nosotros, Mozart nunca ha dejado de transcribir su música. Se quedará entre nosotros, aun si vamos a la isla o nos quedamos confinados en las estrechas casas, percibiendo su resonancia en el aire, mientras esperamos el regreso de  las lluvias de invierno.

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 The lost cantatas of Mozart        

………….The lost cantatas of Mozart are being performed on an island in the wide fork of a river not far from here. It’s one of those mist-shrouded islands that keep slipping back and forth between the most dazzling light and unfolding layers of heavy darkness. The cantatas are scored for various soloists — soprano, contralto, tenor, bass baritone, accompanied by flute, a clarinet or cello, sometimes a harp or a small gathering of oboes. Several cantatas are marked as «to be accompanied by balafon, kora or other instruments from the kingdoms of Ghana and Mali». Vast zithers and lute-like sounding boards have come to this island from the waterworlds, bringing with them flocks of iridescent birds and an immense stillness we have never known. The cantatas were composed following Mozart’s journey across the Sahara to learn from African musicians and their songs. Within these works, stirring behind or beneath the late 18th century filigree, you can hear chord sequences and melodies elaborated over generations that speak of deep rivers, of the triumph of love over prejudice, of an end to violence, of the marriage of all races and the kingdom of justice.
………….But among the cantatas there are also the grief songs — twelve extraordinary lamentations whose text in Swahili travels up immense rivers, greets our beloveds caught in the long sleep of death with their shining faces, their long trailing dresses, negotiates with the lords of the underworld for visitation rights and, when properly performed, restores forgiveness between the living and the dead.
………….So now, on this island, lightly doused in sweat glistening under his pomaded wig, Mozart continues beyond death. Wide awake and relaxed in the swaying carriage that brings him to where the giant waterfalls offer passage across all nightmares, where birds from the high mountains bring seeds of lands unknown to us, Mozart has never stopped transcribing his music. It is among us now whether we make it to the island or stay confined to our narrow houses, sensing its resonance in the air around us as we wait for the return of the winter rains.

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Envuelto en las alas de una grande oscuridad 

fragmentos

abajo en el sendero al lado de la casa
en un floreciente
universo paralelo

las hortensias de la mujer difunta
emanan su luz
por algún tiempo todavía

por algún tiempo todavía
la luz encima de su hombro
cae a través de un leve oleaje aquietado por el viento en el agua
que se mira como una larga
procesión de puertas que casi podríamos
tocarlas y cruzarlas

una corriente de rostros girando

como un árbol
enraizado en la tierra
que nos sobrevive
cómo se inclinan sus ramas
hacia nosotros
en la suave brisa
de las tres de la tarde

la manera
en que una mujer joven
hunde un pie en el agua

y sostiene
su cuerpo entero
suspendido en el otro
y los corredores del agua abriéndose ante ella
brillan
como si ella careciera de peso

es la luz que irradia
de los muertos

todo esto
que no tenemos nombre para ello?

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arriba del vacío
estacionamiento de asfalto
tú asciendes las empinadas
escaleras angostas
hacia la puerta angosta,
apoyada contra
una improvisada catedral

una estantería de madera
del cielo —

en cada escalón de la escalera

qué tan pequeña te has vuelto,
apenas dos brazos
saludando desde un saco de lino oscuro —

ahí para entrar a lo desconocido
cualquiera que sea
cualquiera que haya sido
quienquiera que seas tú
en ese momento

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ocho o nueve palabras
caen sobre una página
lentamente

gotas de sangre o
estrellas de un remoto
cielo

ocho o nueve
indicadores de
una sentencia

arrancada del
viento blanco, de la cotidiana
confusión del tiempo

la luz del día se va
en una frase
vacía

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allá afuera
hacia el estruendo en las orillas

el vaivén
del diálogo de la sangre
y el aliento
abriéndose paso
entre los huesos

esta voz
no somos nosotros
no es no-nosotros
es a través de nosotros

en intensos ciclos
enormes ruedas avanzan
hacia nosotros

en el centro quieto
del torbellino
resplandecen
fragmentos del cosmos

nosotros
desnudos

envueltos en las alas
de una grande oscuridad

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Enfolded in the wings of a great darkness

Excerpts

down the side path of the house
in a proliferating
parallel universe

the hydrangeas of the dead woman
emit their light
for some time yet

for some time yet
the light over her shoulder
falls across a wind-stilled pattern in water
that looks like a long
procession of doors we could almost
touch and pass through

a circling stream of faces

like a tree
rooted in the earth
that outlives us
how its branches lean
towards us
in the slight
3 p.m. breeze

the way
a young woman dips
one foot in water
and holds
her whole body
suspended from the other

and the corridors of water opening before her
shine
as if she were weightless

is it the light that emanates
from the dead

all this
we have no name for

:

:

above the empty
asphalt carpark
you climb up the steep
narrow stairs
towards the narrow door,
propped against
some makeshift cathedral
a wooden shelf
of the sky —

at each rung of the ladder
how much smaller you grow,
barely two arms
waving from a sack of dark linen —

there to enter the unknown
whatever it will be,
whatever it once was,

whoever you are
at that moment

:

:

eight or nine words
fall on a page
slowly

blood drops or
stars of a remote
heaven

eight or nine
markers of
a sentence

torn out of
the white wind, the everyday
shuffle of time

the daylight goes
in one phrase
empty

:

:

out there
towards the exploding edges

the back-and-forth
dialogue of the blood
bone-cages the breath
makes its way
between

this voice
isn’t us
it isn’t not-us
it is through us

in harrowing circles
vast wheels spin
towards us

at the whirlwind’s
still centre
cosmos-fragments
glitter

ourselves
stripped bare

enfolded in the wings
of a great darkness

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Peter Boyle, Melbourne, Australia, 1951. Poeta y traductor. Ha publicado en poesía: Coming Home from the World (1994), The Blue Cloud of Crying (1997), What the Painter Saw in Our Faces(2001), Museum of Space(2004), Apocrypha (2009) y Towns in the Great Desert (2013). Un nuevo libro, Ghostspeaking (2016). Enfolded in the Wings of a Great Darkness (2019). Su poesía ha ganado prestigiosos premios australianos, entre otros el Queensland Premiers Award for Poetry (2010), el South Australian Premiers Award (1998), NSW Premier’s Literary Award (1995) y el National Book Council ‘Banjo’ Award (1995 y 1997). También ha traducido al inglés a poetas hispanoamericanos y francescos, entre otros, Eugenio Montejo, José Kozer, Marosa di Giorgio, Olga Orozco, Jorge Palma, Federico García Lorca, César Vallejo, Luis Cernuda, Pierre Reverdy y René Char. Ha ganado el premio por traducción literaria del estado de New South Wales en 2013. Como traductor sus libros incluyen Anima (2011) por José Kozer y The Trees (2005) por Eugenio Montejo. Está completando un doctorado sobre la tradición de poesía heterónima y la traducción a la Universidad de Western Sydney.

Mario Licón Cabrera, poeta, narrador y traductor (Nvo. Cassas Grandes, Chihuahua, México 1949) realizó estudios de artes plásticas en la ex-academia de San Carlos, Ciudad de México, y en la Universidad de Sonora, estudió fotografía en Art Studio University of California, Berkeley. Ha publicado las plaquettes Divagagavadi, y Nostos en el Umbral y los libros La reverberación de la ceniza, y Yuxtras (Back&Forth) edición bilingüe. Fue becario del Australian Coouncil for the Arts/Literature Board durante 2006-2007. Su obra ha sido incluida en numerosas antologías en Australia y en México. Obatuvo el Premio Literario Trilce en la categoría de poesía 2015, Australia. Avecindado en Sídney desde 1992.

La ilustración de este post es un detalle de la obra «Lego» del artista venezolano Juan Pablo Garza.

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