Piquirico

Víctor Manuel Pinto

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[ o  e l  b a i l e  m a c a b r o ]

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/ El gobernante

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Así te quería encontrar, lerdo & desnudo entre whisky & barraganas.

El mecate que halabas & halabas, trepando por abyectas posiciones,

cae flácido, contigo, en lo negro, derribando tu torre de monedas.

Cuánto plomo, sangre & moscas; cuántas glorias, que han sido mis obras,

te adjudicaste en tus arengas; esos pacatos poemas de plaza.

Las urnas te llevaron al poder & desde el poder llevaste a las urnas.

Tachando tu cara en mi boleta, te boto en la ranura de la tierra.

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/ El policía

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Ven, antiguo obrero de mi dictamen. ¿Recuerdas al hombre que arrodillaste?

Te espera con el puñal en la mano para ser contigo un remolino

de polvos y basura de la esquina por donde velabas con tu pistola;

la huella de tu bota sobre rojo, la huella de tu bota sobre tumbas

clandestinas & sucias osamentas que usabas para invocarme, fumando.

Tu amuleto era el sapo de la bruja & como tal he de coser tu boca.

Irás sin voz igual al inocente que protesta con hambre en un penal.

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/ El matemático

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Ven, hermano mío, tu corazón, misterioso como el cero, suma

agachado ante la negra pizarra & ha totalizado tu existencia.

& al final de esa cuenta retorcida, de los signos & sigmas & las llaves,

se ha trazado una línea polvorienta, afincada por tu cabeza triste,

de un lado & caída como el uno. Seré yo quien arrugue tus papeles.

La basura que llamaste amor. Ahora te consumes como tiza.

Tu nombre ha sido borrado de las aulas por las manos alegres de los brutos.

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/ El manifestante

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No supiste qué hacer con el fuego azul de la hornilla resentida,

recubierta de aceite y huevo frito, donde un disco de hierro obscuro

derrite hombrecitos de margarina. No supiste qué hacer con el fuego

bajo el pedazo de carne humeante en torno a cuchillos & banderas;

las llamas que congregan a los hombres mientras se escurren sangre & grasa.

Cebo del cañón & el gobernante, no supiste librarte con el fuego;

no más que volverte un gas de lágrima, algo pálido, que desaparece.

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/ El malandro

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Una lacra menos, decía la gente que te miraba ahogarte con tu sangre.

El oro que arrancaste de los cuellos de pronto refulge y se esfuma.

Aquella hembra que nunca te quiso; el muchacho hermoso que reía;

el rival al que llamaste culebra, a todos los trajiste a mi cama,

montado en tu moto de acabar: humo que estremecía el monte.

¿Por qué llamas a tu primera víctima? La mujer que te dio lo que te quito.

Te montan las hormigas del asfalto. Gracia que ajusticia de rodiilas.

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Víctor Manuel Pinto. Valencia, Venezuela, 1982. Editor y profesor universitario. Jefe del Dpto. de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirige la revista POESIA y es ductor en creación y teoría poética. Welserland (Kavrial, 2021) es su libro más reciente.

Piquirico [o el baile macabro], es un libro incluido en Lady Zédernand, segundo titulo de la serie WELSERLAND.
La imagen que ilustra esta publicación es el detalle de una obra realizada por el artista venezolano Martín García / Yeyo

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