Poe por Mallarmé

Trad. Mariano Rolando Andrade

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Que la obra de Edgar Allan Poe (1809-1849) haya sido traducida al francés por Charles Baudelaire (1821-1867) y Stéphane Mallarmé (1842-1898) es un designio literario que no puede ni debe ser pasado en alto. Es, al fin y al cabo, la posibilidad de leer a Poe reinventado por lo más alto de la literatura francesa del siglo XIX.

En el caso de Mallarmé, el interés va más allá incluso, por tratarse de una extensa reescritura en prosa de los versos del estadounidense. Su admiración por el autor de The Raven fue precoz: en su conocida carta a Paul Verlaine del 16 de noviembre de 1885, Mallarmé ensaya una autobiografía en la que dice «haber aprendido el inglés simplemente para leer mejor a Poe».

Esa admiración, y el deseo de completar la obra iniciada por Baudelaire, lo van a llevar a traducir 37 poemas de Poe. De hecho, Mallarmé publica su libro «en memoria de Baudelaire», indicando que «solo la muerte le impidió terminar, traduciendo el conjunto de sus poemas, el monumento magnífico y fraternal dedicado por su genio a Edgar Poe».

El trabajo de Mallarmé quedó reunido en Les Poèmes d’Edgar Poe, traduction en prose de Stéphane Mallarmé, que tendrá dos ediciones: una primera de Edmond Deman en 1888 en Bruselas, y la segunda de Léon Vanier Libraire-Éditeur en París en 1889.

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El palacio encantado

En el más verde de nuestros valles por bondadosos ángeles ocupado, otrora un bello palacio majestuoso, ¡un radiante palacio!, elevaba su frente. En los dominios del monarca Pensamiento — allí era su lugar — jamás un serafín desplegó sus plumas sobre una construcción ni la mitad de bella.

Los estandartes, claros, gloriosos, de oro, sobre su techo, colgaban y flotaban (esto — todo esto — en una antigua época en otro tiempo) con cualquier viento amable que jugaba en la dulce jornada a lo largo de las murallas adornadas y blanqueadas; alado, un aroma venía.

Los extranjeros en este feliz valle, a través de dos ventanas luminosas, miraban a unos espíritus, musicalmente moverse, según las leyes de un laúd bien afinado, alrededor de un trono en el que, instalado (¡Porfirogéneta!) con una pompa adaptada a su gloria, el señor del reino se veía.

Y toda de perla y rubí resplandeciente era la puerta del bello palacio, a través de la cual venía por oleadas, por oleadas, por oleadas y reluciente siempre, una compañía de Ecos cuyo dulce deber era solo cantar, con voces de una belleza insuperable, el espíritu y la sabiduría de su rey.

Pero seres de infortunio con vestimentas de dolor asaltaron la alta condición del monarca (¡ah! nuestro duelo, ¡porque jamás el mañana hará relucir un alba sobre ese desolado!) y, alrededor de su casa, la gloria que lo teñía de púrpura y adornaba con flores no es más que una historia oscuramente recordada de viejos tiempos sepultados.

Y los viajeros, ahora, en el valle, ven por las rojizas ventanas vastas formas que se agitan fantasmalmente sobre una melodía disonante, mientras que a través de la puerta, pálida, una espantosa multitud se abalanza por siempre, ríe — pero no sonríe más.

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Le palais hanté

Dans la plus verte de nos vallées par de bons anges occupée, jadis un beau palais majestueux, rayonnant palais ! dressait le front. — Dans les domaines du monarque Pensée — c’était là son site — jamais séraphin ne déploya de plumes sur une construction à moitié aussi belle.

Les bannières, claires, glorieuses, d’or, sur son toit, se versaient et flottaient (ceci — tout ceci — dans un vieux temps d’autrefois) à tout vent aimable qui badinait dans la douce journée le long des remparts empanachés et blanchissants : ailée, une odeur s’en venait.

Les étrangers à cette heureuse vallée, à travers deux fenêtres lumineuses, regardaient des esprits, musicalement se mouvoir, aux lois d’un luth bien accordé, tout autour d’un trône où, siégeant (Porphyrogénète !) dans un apparat à gloire adapté, le maître du royaume se voyait.

Et tout de perle et de rubis éclatante était la porte du beau palais, à travers laquelle venait par flots, par flots, par flots et étincelant toujours, une troupe d’Échos dont le doux devoir n’était que de chanter, avec des voix d’une beauté insurpassable, l’esprit et la sagesse de leur roi.

Mais des êtres de malheur aux robes chagrines assaillirent la haute condition du monarque (ah ! notre deuil : car jamais lendemain ne fera luire d’aube sur ce désolé !) et, tout autour de sa maison, la gloire qui l’empourprait et fleurissait n’est qu’une histoire obscurément rappelée des vieux temps ensevelis.

Et, les voyageurs, maintenant, dans la vallée, voient par les rougeâtres fenêtres de vastes formes qui s’agitent fantastiquement sur une mélodie discordante, tandis qu’à travers la porte, pâle, une hideuse foule se rue à tout jamais, qui rit — mais ne sourit plus.

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The Haunted Palace

In the greenest of our valleys
By good angels tenanted,
Once a fair and stately palace—
Radiant palace—reared its head.
In the monarch Thought’s dominion—
It stood there!
Never seraph spread a pinion
Over fabric half so fair!

Banners yellow, glorious, golden,
On its roof did float and flow,
(This—all this—was in the olden
Time long ago,)
And every gentle air that dallied,
In that sweet day,
Along the ramparts plumed and pallid,
A wingéd odour went away.

Wanderers in that happy valley,
Through two luminous windows, saw
Spirits moving musically,
To a lute’s well-tunéd law,
Round about a throne where, sitting
(Porphyrogene!)
In state his glory well befitting,
The ruler of the realm was seen.

And all with pearl and ruby glowing
Was the fair palace door,
Through which came flowing, flowing, flowing,
And sparkling evermore,
A troop of Echoes, whose sweet duty
Was but to sing,
In voices of surpassing beauty,
The wit and wisdom of their king.

But evil things, in robes of sorrow,
Assailed the monarch’s high estate.
(Ah, let us mourn!—for never morrow
Shall dawn upon him desolate!)
And round about his home the glory
That blushed and bloomed,
Is but a dim-remembered story
Of the old time entombed.

And travellers, now, within that valley,
Through the red-litten windows see
Vast forms, that move fantastically
To a discordant melody,
While, like a ghastly rapid river,
Through the pale door
A hideous throng rush out forever
And laugh—but smile no more.

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Annabel Lee

Hace muchos muchos años, en un reino junto al mar, vivía una joven, que puedes conocer por su nombre de ANNABEL LEE. Y esta joven no vivía con más pensamiento que amar y ser amada por mí.

Yo era un niño, y ella era una niña, en este reino junto al mar, pero nos amábamos con un amor que era más que amor yo y mi ANNBEL LEE; con un amor que los alados serafines de los cielos codiciaban de ella y de mí.

Y esa fue la razón por la que hace mucho tiempo, un viento sopló de una nube, helando a mi bella ANNABEL LEE, de modo tal que sus familiares de alta alcurnia vinieron y me la quitaron, para encerrarla en un sepulcro, en este reino junto al mar.

Los ángeles, ni medianamente tan dichosos en los cielos, vinieron, envidiándonos, a ella y a mí. ¡Sí! Esa fue la razón (como lo saben todos los hombres en este reino junto al mar) por la cual el viento salió de la nube durante la noche, helando y matando a mi ANNABEL LEE.

Porque la luna jamás brilla sin ofrecerme sueños de la bella ANNABEL LEE. Y las estrellas nunca se elevan sin que yo no sienta los brillantes ojos de la bella ANNABEL LEE. Y de este modo, cada hora de la noche, reposo junto a mi querida mi querida, mi vida y mi esposa, en ese sepulcro junto al mar, en esa tumba junto al estruendoso mar.

Pero, en cuanto a nuestro amor, era un mundo entero más fuerte que el amor de aquellos mayores que nosotros de varios un mundo entero más sabios que nosotros. Y ni los ángeles arriba en los cielos, ni los demonios abajo en el mar, jamás podrán separar mi alma del alma de la bellísima ANNABEL LEE.

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Annabel Lee, reinventada por Mallarmé

Il y a mainte et mainte année, dans un royaume près de la mer, vivait une jeune fille, que vous pouvez connaître par son nom d’ANNABEL LEE, et cette jeune fille ne vivait avec aucune autre pensée que d’aimer et d’être aimée de moi.

J’étais un enfant, et elle était un enfant, dans ce royaume près de la mer ; mais nous nous aimions d’un amour qui était plus que l’amour moi et mon ANNABEL LEE ; d’un amour que les séraphins ailés des cieux convoitaient à elle et à moi.

Et ce fut la raison qu’il y a longtemps un vent souffla d’un nuage, glaçant ma belle ANNABEL LEE ; de sorte que ses proches de haute lignée vinrent et me l’enlevèrent, pour l’enfermer dans un sépulcre, en ce royaume près de la mer.

Les anges, pas à moitié si heureux aux cieux, vinrent, nous enviant, elle et moi. Oui ! ce fut la raison (comme tous les hommes le savent dans ce royaume près de la mer) pourquoi le vent sortit du nuage la nuit, glaçant et tuant mon ANNABEL LEE.

Car la lune jamais ne rayonne sans m’apporter des songes de la belle ANNABEL LEE ; et les étoiles jamais ne se lèvent que je ne sente les brillants yeux de la belle ANNABEL LEE ; et ainsi, toute l’heure de la nuit, je repose à côté de ma chérie, de ma chérie, ma vie et mon épouse, dans ce sépulcre près de la mer, dans sa tombe près de la bruyante mer.

Mais, pour notre amour, il était plus fort de tout un monde que l’amour de ceux plus âgés que nous; de plusieurs de tout un monde plus sages que nous, et ni les anges là-haut dans les cieux, ni les démons sous la mer, ne peuvent jamais disjoindre mon âme de l’âme de la très-belle ANNABEL LEE.

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Annabel Lee, original de Poe

It was many and many a year ago,
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of Annabel Lee;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.

I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea,
But we loved with a love that was more than love—
I and my Annabel Lee—
With a love that the winged seraphs of Heaven
Coveted her and me.

And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her highborn kinsmen came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.

The angels, not half so happy in Heaven,
Went envying her and me—
Yes!—that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud by night,
Chilling and killing my Annabel Lee.

But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we—
Of many far wiser than we—
And neither the angels in Heaven above
Nor the demons down under the sea
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee;

For the moon never beams, without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise, but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling—my darling—my life and my bride,
In her sepulchre there by the sea—
In her tomb by the sounding sea.

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Notas
Los poemas de Mallarmé fueron extraídos de Les Poèmes d’Edgar Poe, traduction en prose de Stéphane Mallarmé, Léon Vanier Libraire-Éditeur, París, 1889.
«Annabel Lee» extraído de The Works of the Late Edgar Allan Poe, Vol. II, J.S, Redfield, Nueva York, 1850.
«The Haunted Palace» extraído de The Works of the Late Edgar Allan Poe, Vol. 2, Blakeman & Mason, New York, 1859.

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Edgar Allan Poe. EE.UU, 1809-1849. Destacado escritor, poeta, crítico y periodista, ampliamente reconocido como uno de los maestros del relato corto, renovador de la novela gótica y recordado especialmente por sus cuentos de terror. Su obra poética es considerada como una de las piedras fundacionales para la renovación de la poesía moderna.

Mariano Rolando Andrade. Buenos Aires, Argentina, 1973. Poeta, escritor, traductor y periodista. Actualmente es miembro del comité editorial de la revista Buenos Aires Poetry. Entre sus más recientes trabajos se destaca el realizado junto con el poeta, traductor y crítico literario Juan Arabia la antología bilingüe Poesía Beat (Buenos Aires Poetry, 2017).  Sus poemas han sido publicados en Argentina, México, Chile e Italia.

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