Poemas de Federico Díaz-Granados

Noticias de este tiempo

A quién darle cuenta de este tiempo:
acaso unos recortes de prensa
algunas fotos que caen de un sobre
o un signo dibujado en el vaho sobre el espejo
y que desaparece.

A quién si son cada vez menos los amigos
si los que tienen hábitos y apegos se marchan
hacia destinos inconclusos o países sin mapa.
A quién dar cuenta
si los únicos que oían con atención los miedos
de repente huyeron sin explicaciones
ni recados.

No hay a quién darle cuenta de un tiempo envejecido
y a quién narrarle los adioses
o las preguntas que nos hacen fugaces.

A quién darle cuenta si no hay quién deje su aliento en la ventana
viendo cómo se aleja un Zeppelín que lleva tu nombre en mayúsculas
y cómo se deshace la vida entre los dedos
como si fuera arena de una playa o ceniza de un cigarro.

 

LA NUEVA CASA

Al fondo de su cuerpo la casa nos espera
y la mesa servida con las palabras limpias
para vivir, tal vez para morir,
ya no sabemos,
porque al entrar nunca se sale.
Eugenio Montejo

El amor como esta casa
se construye con piedras y con arenas
y algunas maderas de fácil remoción
porqué desde allí
la tierra se ve plana y vieja
colmada de insomnios y periódicos de ayer.

Al final uno se acostumbra a vivir entre esas paredes y esos muebles
y es fácil habituarse a sus  nuevos ruidos, sus fantasmas
a los cortes de luz y las goteras.
Algo de ti tiene este cuarto de ventanas empañadas
y ropas arrumadas en el piso
algo de ti tienen mis libros amontonados
y la vida guardada en gavetas y carpetas de ocasión.

Porque en el amor como en esta casa
el corazón parece un corcho lleno de razones y de fotos
y paredes llenas de manchas y agujeros
cuando bajan un cuadro o cambian un retrato de lugar.
Y si me buscan mis miedos que suben en fila vestidos de despedida
habrá que dejarles recados y signos entre la luz
para que no se tropiecen en la escalera
cuando se topen de frente con tantos rostros y sitios ya perdidos
con los viejos talismanes y rencores.

Acá la música suena en compases diferentes
y siempre habrá un vecino que se lamenta en la noche
y una fiesta a la que no estás convidado.
No se dónde  poner las cosas viejas,
los muebles en desuso y la ropa de los muertos.
No se dónde cubrir el corazón con cartones por si hay goteras,
Porque en el amor como en la casa
si enciendo la luz o abro las cortinas
se deshace el barro del que estamos hechos.

 

El nombre del olvido

Las heridas como los barcos
tienen nombre de mujer
y también anuncian mar de leva
y algún derrumbe imprevisto
algo de adiós y de secreto
en el desaliño de las horas tempranas
y el desgaste de las palabras que siempre repetimos.

Es inútil el afán de buscar
cartas atrasadas en los buzones
y un aroma de tamarindos o almendros
que me devuelva un instante ese rostro ya perdido.
Es baldío que las ciudades no tengan tranvías
y portones con aldabas
y ruidos de alcancías y campanas de relojes
adviertan nuevos climas.
Qué más da que esta mañana
esos nombres exhiban otras dichas y otros llantos
designios y destinos desconocidos.

Acaso los barcos y las heridas
tienen himnos puntuales
y abecedarios acumulados
en sus bodegas
de reserva para un naufragio.
No es mío ese presagio
solo olvido de nuevo las llaves del reino
para aplazar otra vez y como siempre la huida.

 

En mi calle

En esta calle
estará toda la nostalgia humana
en esos rostros
en esas limosnas
en ese alfabeto extraviado.

Es aquí donde trazan mapas al azar
mientras camino con el aire de quien hereda la ropa de los muertos
con los azules recuerdos de aquel mundo
que ya no vive en las repisas ni en los armarios
a esta hora en que las ruinas son andamios de rencores
y en que el mundo se ve desteñido
a través de una persiana a medio cerrar.

Es esta mi calle, la misma que veo alejarse por el retrovisor del auto
cada vez que me despido
y que se empaña
cuando tus ojos cambian de música.

Si pudiera escoger la calle de mi muerte
escogería esta calle que me regaló la mujer
que inventaba las palabras
y el color de ese fugaz instante.

 

Federico Díaz-Granados. Colombia, 1974. Poeta, ensayista y divulgador cultural. Ha publicado los libros de poesía: Las voces del fuego (1995), La casa del viento (2000), Hospedaje de paso (2003) y Las prisas del instante (2015). De su poesía se han publicado varias antologías, la más reciente siendo Las horas olvidadas (2010). Es coautor de El amplio jardín (Antología de poesía joven de Colombia y Uruguay, 2005). En el año 2009 le fue concedida la Beca Alvaro Mutis en la Casa Refugio Citlaltépetl en México. Es director de la Biblioteca de Los Fundadores del Gimnasio Moderno y de su Agenda Cultural y forma parte del equipo de corresponsales de POESIA.

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