Poemas de «Mester de altanería» de Luis Carlos Mussó

(extracción de la piedra del olvido)

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I

días de caos

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esta casa de neón iza la decadencia: retraso el avance del síntoma [inhibiendo mi jugada sobre el tablero] / galantamina, rivastigmina, donepezilo –genéricos que degüellan  su patente de reojo–: palabras de metal que escinden la chocolatera de mis neuronas hasta plagiarme por completo / persianas de memoria asesinan esas olas: el olvido se lo traga todo con la negra tela de un fotógrafo de parque

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cero [00:01]

un resuello que deshoje las ásperas orillas del miedo / que amenace –como la belleza, o como este cortocircuito que quiebra mi tórax– desde sus ámbitos hostiles, encharcados en alcohol desnudo sobre un rostro que se aleja / un resuello de alcurnia adulterada que me haga sobrevivir a los herrumbrosos hiatos del amor / y que desvencije la memoria en su lenta deriva similar a lechuguines en la ría / uno que contenga los saberes herbolarios de los abuelos, que secuestre este instante y lo retenga en un eterno presente / que enmudezca como el universo que contienen estas manos estriadas / un resuello, como el silencio

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uno [01:12]

lengua habitada / lengua torcida / lengua suspensa: no me seduce si me alcanza su mundo trunco / la mañana que vino después de mi deceso me halló lidiando con el arte mayor de la muerte [soy patrimonio del surmenage / nadie se recuesta junto a mis muertos en sus ataúdes de pino recién derrumbado, ni les talla la noche en los párpados –aunque la hayan ganado–]

lengua habitada / lengua torcida / lengua suspensa en una vertical plantación de peyote: no me escribe si me alcanzan sus yemas biseladas [la víspera del campo me acosa con urgentes cremalleras] / en esta visión que me ciega no hay falacia que me fabrique el invierno con sus tereques / que me traiga la fláccida mirada del error, envuelta en envase tetra-pack nocturno / porque dejo de tener en la memoria lo que debía, abrazan el mercurio mis neuronas –como guijarros degollados–: estas varillas de tinta rasguñan una poética del olvido

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dos [08:53]

mundos de helio se atascan entre las ramas del mango: ráfagas de superchería se incrustan en las ojeras de la virgen / y otras, violetas, en las manos de la madre mientras lesionan los correlatos del vértigo [moscas de tungsteno frustran mi juicio] / tu estropicio languidece estas pupilas rengas, guardo la noche que fornicas en el lugar de las palabras desportilladas / IGUAL A UN ÁCARO, SIGO POSADO EN LA ESTRECHÍSIMA HOJA DEL ABEDUL, DONDE PASADO Y PRESENTE SON EL MISMO / allí, donde las hembras insinúan su tortura fresca [los peligros de mirar el fuego] / ¿a quién sirve el volumen de la palabra?: la ciudad dejada atrás, partida en dos [el cuerpo, auditorio de memorias] Y LOS HABITANTES, RECONOCIÉNDOSE ENTRE SÍ POR LAS SÍLABAS QUE DEFORMAN SU LENGUA

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tres [14:05]

porque la luna –partida en dos– nace en el exilio, sé que la epidemia de las furias viene del norte [velas deshilachadas, que antes combaban mis carbones como ramas que punzaban el desgano]: apenas vestigios de ese viaje montado en mis propios hombros –LAS CABALGADURAS OFRECIDAS ERAN UN PUÑADO DE DECIRES REGADOS EN EL BULEVAR–:

el cristo del consuelo vuelve a ser mi barrio / vuelve a pasearse en andas durante la procesión de viernesanto a la que iba de la mano del viejo, con réplicas de tatuajes fronterizos en los pulmones / ya no destellos de la memoria: la luna –partida en dos– nace en el exilio, pero crece donde debe / y hay un fulgor nocturno en los tácitos espinos del arenal / garúa: el cadáver de dios bajo una nube de gallinazos / y yo, alfiletero de sus punzones domésticos / y yo, con un poemario de fuego entre las sienes por las calles del cristo del consuelo

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cuatro [22:41]

se retiran [se amilanan] estas jadeantes AGUAS CALCINADAS, abriéndose paso a fuerza de una ebriedad que arrastra su consigna de lápida gaseosa / y pueda que escriban sus esclusas los juncos de retórica solitaria / pueda que también, la recompensa de un deseo curvo como las garras que quiebran mi esternón bajo la lluvia / porque perpetro continuamente el mismo asalto, OLVIDO SIEMPRE LO QUE ESCRIBO

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cinco [23:15]

porque detrás de esta casa hay otra casa, y detrás de estos ojos hay otros ojos, NO PUEDO RECORDAR LO QUE ES RESPIRAR SIN DOLOR / NO PUEDO RECORDAR LO QUE ES PAGAR LAS DEUDAS / NO PUEDO RECORDAR LO QUE ES ESCRIBIR / no puedo recordar el oficio más complejo / si registrar los eslabones de esta cadena de megahertzs / o viajar al fondo de mi silueta / o saber regresar de un riguroso viaje con los tatuajes precisos

como fallidos ejercicios mnemotécnicos están tu piel y, más allá, tu nombre / porque detrás de esta práctica censas las ensordecedoras lápidas [empujas a la memoria a ser virgen de nuevo] / y olvido lo que son un friso griego, un clásico del astillero en el estadio monumental, un cebiche, el rol de los espejos / a pesar de mis bocanadas, NO LOGRO RECORDAR EL SABOR DE TUS HUMEDALES / NO LOGRO RECORDAR LO QUE ES DESEAR[TE]

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PortadaMusso

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II

los espejismos del vidrio
o retrato del artista como una sospecha 

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esta casa de neón iza la decadencia: lo que ves es el estero que se yergue con infértiles cabriolas y que guarda las islas como reliquias nuevas / aún no festejemos nuestra jornada de cacería con broches falsificados / lo que ves es el estero: súrcalo con ráfagas de labios –francotirador– / que no sea su cauce en el próximo solsticio nada más que un huesudo galgo, fatigado

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uno [11:31]

del aguacero cuelgan las cortinas que son uñas y son navajas al mismo tiempo: elevo mis cometas como si fueran blasfemias / blasfemias que pesan tanto como un burdel dialéctico en la bahía / al flamear ese estandarte, contradice la tabla de mareas / mis muertos lanzan ademanes, como estropajos: vuela el verso sin bridas ni cesuras / el hombre de mandil me jura sanación eterna [me miente] / ¿quién es el hombre de mandil?

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dos [13:55]

cuando la sombra del pulpo viene de un sauce todo florido de mariposas negras, otra sombra se viene en frente en ondas circulares y me invita a jugar ajedrez / cuando mis huesos levitan su taquigrafía en una casa que es la de la infancia pero también es la de un hosanna petrificado / más allá me asaltan la apertura española, la defensa siciliana:

– ¿cuántas veces el fuego, si este náufrago olvida su oficio de huesos quebradizos? / ¿dará otra vez el paisaje con la mirada, ahora que el mes más cruel ya no lo es / ahora que el año entero es un calendario mafioso y empinado que me despotrica su remolino?

–  nevermore

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tres [14:51]

escupiendo poemas en la lengua más ajena que se conozca y con una calavera en la mano, ¿puede mi sombra incrustarse en un charco de saliva / escapar por un bosque de jeringas o de postes de alumbrado / instalarse bajo las farolas de arquitectura extranjera, ahora que su perfil imita la actitud de un fresco egipcio –a la hora de la lectura de los cómics domingueros–? / mi cerebro y yo nacimos gemelos: por qué diablos agoniza mi hermano / no puedo recordar mi sangre / no puedo recordar mi sangre / no puedo…

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cuatro [24:11]

y la desmesura es pródiga en relatos como una vieja thule llena de tu prieto aroma / y el sauce anciano se inclina sobre la ría para mostrarte –quintaesenciado– el poema / para escamotear tu documentación, reblandecida por el arrecife de la amnesia / para leerte la trunca tozudez de los horóscopos

alguien me dijo que lo demás es silencio / pero lo demás es la hoja afilada del agua / lo demás es la doctrina quebrada del sexo / lo demás ya lo he olvidado

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Luis Carlos Mussó. Ecuador, 1970. Poeta. Ha publicado los poemarios El libro del sosiego (premio Bienal de Cuenca), Propagación de la noche (premio César Dávila Andrade), Tiniebla de esplendor (premio Jorge Carrera Andrade), Las formas del círculo (reúne los anteriores), Minimal hysteria , Evohé (premio M. I. Municipalidad de Guayaquil), Geometría moral, Alzheimer, Cuadernos se Indiana y Mea Vulgatae (premio Jorge Carrera Andrade). Con Luis Fernando Chueca publicó Esquirla doble. Es corresponsable, con Juan José Rodinás, de la muestra de poesía ecuatoriana Tempestad secreta, y editó y prologó la antología La astillada sombra de Sodoma. Estudió letras en grado y posgrado. Se desempeña en la cátedra universitaria y en el periodismo. Sus colaboraciones han sido traducidas y editadas en seis lenguas. La obra La parada por fabor, utilizada en la imagen de cabecera, pertenece a la serie Es que yo (no) quiero tanto a mi Caracas y fue realizada por la artista plástico Ivette Díaz.

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