Poemas escritos na Índia

Trad. Jesús Montoya

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P o e m a s  e s c r i t o s  e n  l a  I n d i a

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Cecília Meireles

 

 

Humildad

Barre el suelo de cuclillas.
Humilde.
Encorvada.
Adolescente anciana.

En la paja, en el polvo
su viejo sari talla
mensajes de sol
con la tenue esterilla dorada.

Plata en las fosas nasales,
en las orejas,
en los dedos,
en las muñecas.

Pulseras en los pies.

Una luminosa pobreza.

Toda negra:
frágil escultura de carbón.

Toda negra:
de centellas inundada.

Barre su propio rastro.

Arrincona las hojas del jardín
en manojos;
primero,
una
por
una
hasta el fin.

Luego desaparece,
tímida,
como un pájaro en el árbol.

Recoge a la sombra
sus luces:
oro,
plata,
azul.
Y su negrura.

El día entrando en la noche.
La vida siendo muerte.
El sonido convertido en silencio.

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Mañana de Bangalore

Auriceleste mañana con estrellas diluidas
en nueva luz.

Un suspiro de gallos a través de los campos;
allá donde invisibles las cabañas despiertan
alumbradas y obscuras,
colmadas de dioses sobre los techos de paja.

Auriceleste mañana con brisa de montaña,
lozana brisa,
coloreando sus giros de libélula
en el horizonte de seda.

Corren vacas blancas y enormes
de cuernos dorados,
oscilantes cítaras
con flecos rojos en las puntas.

Las primeras mujeres se asoman a la ventana del día,
llenas de pulseras y campanillas,
separando sus velos como cortinas de aurora.

El camino despunta estrellas brillantes,
aquí, allá, más allá,
en el interior de los jarros de cobre,
los jarros de cobre pulido que ellas cargan
como coronas.

Ay, frescura de manantiales ríos,
de fundas blancas que ondulan el sol.

Alegrías de agua, susurros de árboles,
el primer perfil del pájaro:

la bella joven morena, con una rosa en la mano
y los dientes centellantes.

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Bien de madrugada

Bien de madrugada,
vamos a ver los hombres lavar los campos.

Antes que el sol derrame
torrentes de fuego, vamos a ver los hombres,
bien de madrugada,
en su trabajo eterno.

Muy de madrugada,
vamos a ver las vacas, reinas de la tierra antigua.

Vamos a ver el misterio
de los cestos, de las ruedas, de la tierra entreabierta,
muy de madrugada,
los terrenos ritos.

Bien de madrugada.
¿Dioses? ¿Sacerdotes? ¿Mágicos patriarcas?

¿Dormimos o soñamos?
Los hombres unen tierra, semilla, agua,
bien de madrugada,
con mansos gestos.

Muy de madrugada,
cuando la sombra de las vacas es impalpable arado.

Hay un silencio redondo:
húmeda suspira la tierra su perfume
entre horizontes de oro.

Bien de madrugada.

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El elefante

En las piedras posa cuidadoso sus patas el arrugado elefante,
piedras de inmenso camino, íngrimo y arqueado,
entre murallas antiguas y altas enramadas,
va subiendo lento hacia el palacio – fatigado patriarca.

El arrugado elefante posee apenas un viejo manto amarillo,
manto amarillo rasgado y pobre, no se parece
a las vestimentas elevadas, a los bordados que antes
envolvían a sus ancestros, dueños de palanquines.

El arrugado elefante es un gran mendigo, tras él van y vienen
tenues los niños de dientes claros que sacuden follajes,
y juguetones dicen a los viajantes:
«¡Bakhshish, Bakhshish, Bakhshish!»
para ganar alguna pequeña moneda negra.

Van cantando así, y sus dientes son diminutas perlas.

El elefante protege a los niños con su sombra,
los alza en su trompa, ríe con los ojos, es un abuelo complaciente
que muriendo va entre bondades, alegrías, pobrezas, recuerdos.

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Jaipur

Adiós, Jaipur,
adiós, casas color rosa con ramos blancos,
portones, peces azules en los arcos de entrada.

Adiós, elefante de lengua rósea,
inmemorial hermano,
comedor de azúcar,
anciano paciente.

Adiós, Jaipur y espejos de Amber Palace,
jardines extintos, circulares rejas,
ojos muertos que espiaban por tejidos transparentes de mármol.

Adiós, cortejos dorados, música de bodas,
fiesta bailada, brillantes calles y trinos de flauta.

Adiós, sacerdote de humeante candil,
tantas luces, tantos picos,
y los gongos y las campanas y la puerta de plata
y la Diosa antigua,
y la existencia fuera del tiempo.

Adiós, pinturas, pasadizos, miradores,
murallas, escaleras de castillo, mendigos allá abajo,
niños que piden limosna como quien canta.

Adiós, Jaipur.
Adiós, letras del observatorio,
pulseras de plata de las mujeres que venden mandarinas
en el crepúsculo.
Adiós, fogones de albóndigas,
adiós, tarde tibia de anís, canela y rosa,
clavo, pistacho, azafrán.

Adiós, colores.
Adiós, Jaipur, sandalias, velos,
flácido viento de marfil.

Adiós, astrólogo.
Centenares de adioses sobre el Palacio del Viento.
(Donde yo debía vivir)
Sobre el Palacio del Viento mis adioses: palomas sueltas.
Mis adioses: ruiseñores cantando.
Mis adioses: nubes desplegadas.
Mis adioses: lunas, soles, cometas mirándote,
mirándote partir,
Jaipur, Jaipur.

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Cecília Meireles. Río de Janeiro, Brasil, 1901 —1964. Poeta, profesora, traductora, conferencista, escritora y periodista. Comenzó a escribir poesía desde de la infancia. Estudió lenguas, literatura, música, folklore y teoría educacional. Publicó su primer libro de poesía a los 18 años, el cual es considerado atemporal por estar inscrito en diferentes corrientes literarias. En vida, publicó más de una docena de libros, que comprenden no solo libros de poesía sino también literatura infantil. Parte de su obra poética se enmarca en la vanguardia del Modernismo brasileño, junto con Manuel Bandeira y Carlos Drummond de Andrade, destacándose por su destreza técnica, y la riqueza humana de su lirismo. Sobre la poesía y el tiempo, es celebre una aseveración de Meireles: «No sé si las actuales condiciones del mundo permiten el equilibrio de forma y expresión, porque serían raros los poetas en tal estado de vivencia puramente poética, libres del aturdimiento del tiempo, que logren hacer del grito música, esto es, que creen poesía como se forman los cristales. Pero creo que todos padecen, si son poetas. Porque al final se siente que el grito es grito y la poesía ya es el grito (con toda su fuerza), pero transfigurado.» Fue galardonada con múltiples premios  doctorados honoris causa, órdenes y distinciones, como el Premio Jabuti de poesía por su libro Solombra.

Jesús Montoya. Tovar, Mérida, Venezuela, 1993. Poeta, licenciado en letras mención lengua y literatura hispanoamericana y venezolana de la Universidad de Los Andes. Ha publicado Las noches de mis años (Monte Ávila Editores, 2016). Obtuvo el premio en la mención de poesía por el libro Primer viaje del XXIII Concurso de cuento, poesía y ensayo (DAES) de la Universidad de Los Andes (2013). Asimismo, fue merecedor del primer lugar del XVII Concurso Nacional de Poesía Joven Lydda Franco Farías (2014). Ganador de la segunda edición del Concurso Hispanic Culture Review (2017) en la mención de ensayo, organizado por George Mason University. Forma parte del equipo de redacción de la revista POESIA y es editor de la revista Insilio. Ganador del I Premio de Poesía Hispanoamericana Francisco Ruiz Udiel por su libro Hay un sitio detrás de los incendios.

La fotografía que encabeza la entrada es cortesía del portalweb cultura.estadao.

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