Poesía y pedagogía III

Julio Borromé

.

Ese fondo incognoscible

.

 

También es bueno amar, porque el amor es difícil.
Tener amor a un ser humano por otro: esto es quizá lo más difícil que nos ha sido encomendado;
es lo supremo, la última prueba y examen, el trabajo ante el cual todos los otros trabajos no son más que preparación.

Rainer María Rilke

.

i

.
El pensamiento europeo nos ha legado los conceptos con los cuales se ha constituido buena parte de las bondades y las demencias de la civilización occidental. Esto se encuentra lejos de ser simplemente un lugar común, se encuentra en la base de la actual crisis ecológica y es imposible no advertir sus efectos devastadores. Sócrates crea el concepto de alma y los neoplatónicos se amarran al único Dios por el que hoy seguimos persiguiendo y combatiendo al enemigo imaginario. Freud habla del alma humana, de su estructura y su desarrollo; y cómo llega a formar nuestros actos y sueños. Por su parte, el dualismo cartesiano nos separa de la naturaleza y nos convierte en individuos encerrados en nuestros capullos delusorios. El Antiguo Testamento y Descartes están perfectamente de acuerdo en esa fabulosa aventura del hombre máquina en separarnos de los demás seres vivos, de conquistar y explotar la tierra.

.

Hechos que se acentúan por la codicia del hombre occidental en producir ganancia bajo la instrumentalización de la razón moderna y la tradición judeo-cristiana. Por más que hagamos un esfuerzo por salirnos del laberinto colonial y del dogma, es imprescindible sostener un dialogo con esas tradiciones que están lejos de cerrarse, se extienden y saben integrar sus valores a su contrario. La efectuación del dialogo requiere tanto comprensión, como de su permanente crítica, puesto que es necesario escuchar, obligándonos a buscar formas de pensamiento alternativas para producir resoluciones a los conflictos generados por la modernidad.

.

No hay, pues, motivo para asombrarnos si entramos en los amores líquidos y olvidamos los abrazos, si andamos en la tribu celebramos la soledad hedonista, si leemos las noticias de la Internet, el pandillamiento de los políticos anuncia el retorno de las guerras civiles y más de uno ensilla su caballo y ondea su bandera estrellada, si miramos la televisión el voyerismo hace de nuestras vidas pura banalidad, morbo, excitación; y si cambiamos de canal somos espectadores en tiempo real de masacres, porno y genocidios. Goce virtual para sociedades virtualmente seducidas bajo la producción y el consumo visual, es decir colgadas por el máximo rendimiento.

.

Lo terrible es que ya nada nos conmueve y esta indiferencia nos conduce a apropiarnos de los cánones de la normalidad, impuestos por un grupo de empresarios que hace que la naturalización de la guerra y el entretenimiento se transformen en satisfacción común. Nuestros sentidos están sedientos y cada día que pasa necesitan más equipamiento de violencia sistemática, sadismo y distracción banal, con el fin de reducir al mínimo nuestra capacidad de ser agentes críticos.

.

Al mismo tiempo y simultáneamente, esta mezcla de acontecimientos y otros de destino impersonal, nos integra a un conjunto más vasto de soledades, produciéndonos formas adictivas de calmar nuestra ansiedad por lo que la repetición es el remedio. Nos repetimos. Las imágenes se repiten desde afuera. Nos repetimos en función privada y pública, no hay línea divisoria entre un campo y el otro. Nos repetimos y nos gastamos por una práctica de encierro, sin estrategias de vigilancia, el miedo y el peligro del afuera están dentro y garantizan el aumento de consumo visual para acceder a una mayor dosis de anestesia y pasividad.

.

Los que se desquiten o se impongan a la modernidad deben mucho a esta idea de Jean Cazeneuve: la elección de una cultura del conjunto, desmenuzarla para presentarla en desorden. Precisamente porque no estamos en una cultura de masas, sino presenciando una «cultura mosaico o rapsoda». Presenciamos fragmentos de culturas y diversos rituales que son parte de un reciclaje de modulaciones culturales de gran espectro. En este caso la verdad no ordena al mundo, son simulaciones las que designan un desorden específico de ese mundo y de lo que ocurre en él.

.

Sin embargo, hay un orden detrás del aparente desorden: el orden de la posverdad. La filiación a esta estrategia impone un nuevo nombre a las cosas, que es de todos, por ser lo propio de la opinión que produce al velar la realidad. Para administrar la posverdad, los rostros anónimos que componen «el gran hermano», ponen la política a su servicio, puesto que la posverdad la constituye el conjunto de favores que aquella otorga.

.

En este punto, recuperamos las palabras de Séneca en De la bienaventurada vida. Advirtamos su actualidad:

.

En nada se ha de poner mayor cuidado, que en no ir siguiendo como las ovejas las huellas que van delante, sin ver adónde se va, sino por dónde se va; porque ninguna cosa nos lleva a mayores males, que el dejarnos guiar de la opinión, juzgando por bueno lo que recibimos por consentimiento de muchos, siguiendo su ejemplo y gobernándonos, no por la razón, sino por la imitación, de que resulta el irnos atropellando unos a otros, sucediendo lo que ocurre en las grandes ruinas de los pueblos, en que ninguno cae sin arrastrar tras de sí a otros muchos, siendo los primeros causa de la pérdida de los demás.

.

Este espectáculo es muy triste. Estamos tan empeñados en juzgar y borrar el rostro del otro, que dañar tal vez el fondo de cada ser humano es la causa del sadismo la violencia en ese inmenso teatro donde todos representamos cabalmente nuestros roles y desempeños; y con qué dedicación y eficiencia los ejecutamos. Guiados por ese fondo incognoscible que aún permanece, es siempre una hazaña descender y cumplir con la promesa del retorno, y traer como el héroe antiguo, una rama en señal que hemos visitado el mundo de las sombras; y que todavía hay esperanza de abrazar al otro, aun cuando tengamos que soplarle las cenizas de los ojos.

.

Pongámosle nombre al fondo incognoscible: el alma. Sócrates nos enseña a ocuparnos del alma: es el supremo bien a que podemos aspirar. Sin embargo, requiere disciplina, educación y conciencia. Examinarnos a nosotros mismos es el deber racional y sea lo que fuera que hallemos, nuestro empeño consistirá en adquirir destreza y habilidad para el autoconocimiento. De ahí que Sócrates nos invita a combatir la ignorancia y hacer las paces con nuestro demonio, mas en particular a dirigir y gobernar nuestras acciones. Y cuando el mismísimo Sócrates duda y pierde la fe, el amor y la sabiduría de Diotima, nos convence del mandamiento de la prudencia.

.

Hay en el planteamiento de Sócrates todo un cuidado del alma que favorece el sumo bien y la felicidad, y naturalmente, ese deber está siempre dirigido a un querer el alma. Es evidente que la enseñanza socrática es asimilada por Freud, y no hay más remedio que descender al alma humana y remover el bestiario inconsciente que domina el plano emocional y nuestro comportamiento.

.

Ya podemos vislumbrar con Sócrates y Freud, que el descenso a la propia intimidad requiere amor, coraje y piedad. Cierto es que también Michel Foucault convierte ese saber en «juegos de verdad», de forma que la crítica está centrada en las técnicas y los procedimientos con los cuales el hombre busca comprenderse a sí mismo; y detrás de esta comprensión están las formas y los dispositivos históricamente fundamentados, conceptos y categorías de orden ficcional que han organizado nuestras vidas.

.

No obstante, la lectura del mundo antiguo realizada por Foucault, nos ofrece otra deriva por donde repensar «el cultivo de sí mismo», que sin tener encima la cruz del psicoanálisis, ni el daimon socrático, es una invitación a recuperar cierto dominio a través de prácticas concretas. No podemos seguir esta pulsión que nos trajo hasta aquí, el paisaje que imprime es discontinuo y rebasaríamos los márgenes de esta escritura, por tanto, aprovechemos la propuesta foucaultiana de la «Escritura de sí mismo» como «ejercicio personal» de autoconocimiento.

.

No vamos a un recreo dinámico de la noción de «escritura de sí mismo», y a partir de ella, problematizar la noción de individualismo y libertad. Por ahora dejamos por sentado que el ejercicio de la escritura comporta un modo de cultivo del alma. No vamos a buscar la causa de esta afirmación en Foucault, no hacemos del retorno de lo igual, la desesperación de una afirmación inmutable del discurso. Nos parece más atractivo detenernos en algunos fragmentos de las Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke. Tampoco forzaremos un remoto punto de encuentro, solamente queremos desdibujar las fronteras de la poesía y la filosofía. Qué similitud hay entre Foucault y Rilke en el siguiente planteamiento. Leemos en la Carta X: «El arte mismo no es más que una manera de vivir, y puede uno prepararse para él viviendo de cualquier manera, sin caer en la cuenta». Pero si se puede imaginar otra vida en este mundo como nos dice Foucault, también se podrá vivir, en definitiva, otra vida como obra de arte. Rilke continúa su reflexión en la carta III:

.

Dejar completarse cada impresión y cada germen de sentimiento absolutamente en sí, en lo oscuro, en lo indecible, en lo inconsciente, en lo inasequible al propio entendimiento, y esperar con profunda humildad y paciencia la hora del nacimiento de una nueva claridad; sólo eso es vivir como artista: en la comprensión como en la creación.

.

.

ii

.
Las Cartas a un joven poeta están destinadas al «querido señor Kappus». Rilke escribe en el tono moralizante de Seneca y nos recuerda los libros espirituales que hacen consciente al hombre para vivir rectamente.: «En suma, sólo he querido aconsejarle […] Por eso, sálvese de los motivos generales yendo hacia aquellos que su propia vida cotidiana le ofrece; diga sus tristezas y deseos, los pensamientos que pasan y su fe en alguna forma de belleza». […] Viva usted ahora los problemas. Viviéndolos, tal vez en un lejano día, poco a poco, sin advertirlo, penetre en la respuesta. Quizá lleve en usted la posibilidad de formar, de crear: modo de vida particularmente venturoso y puro. Edúquese para esto…»

.

Rilke construye un espacio íntimo de escritura donde la poesía es un imperativo de primer plano, y por supuesto, el camino hay que hacerlo por cuenta propia. Los consejos son apenas orientaciones en cuanto a que no subrayan la relación entre maestro y discípulo, sino la invitación a reflexionar sobre el lugar que tiene la escritura en la formación de un joven poeta. Esto da sentido al cultivo de sí y al parentesco con la noción de «escritura de sí mismo» de Foucault. Hay en todas las cartas referencias a este ejercicio de autoconocimiento. Dice Rilke al señor Kappus:

.

Nadie le puede aconsejar ni ayudar; nadie. Solamente hay un medio: vuelva usted sobre sí. Investigue la causa que le impele a escribir; examine si ella extiende sus raíces en lo más profundo de su corazón. […] Ahonde en sí mismo hacia una profunda respuesta; y si resulta afirmativa, si puede afrontar tan seria pregunta con un fuerte y sencillo ‘debo’, construya entonces su vida según esta necesidad; su vida tiene que ser, hasta en su hora más indiferente e insignificante, un signo y testimonio de este impulso. […] volver sobre sí y sondear las profundidades de donde proviene su vida; en su fuente encontrará la respuesta a la pregunta ―si debe crear. […] uno se encuentra nuevamente de retorno en sí mismo. […] Pues lo que hace falta es sólo esto: soledad, gran soledad interior. Ir-hacia-sí y durante horas no encontrar a nadie, he ahí lo que hay que lograr. Estar en soledad como lo estaba uno de niño cuando las personas mayores iban y venían enredadas en cosas que si aparecían importantes y grandes era porque esos mayores tenían el aire tan atareado y porque nada se comprendía de su hacer.

.

Rilke parece decirle al señor Kappus: no caigas en la tentación de dejarte dominar por los otros y por la opinión. Examinarse a uno mismo es un viaje al alma y es el camino para afirmarse sin factores externos y condicionantes. La primera captación del mundo no está ni con mucha investigada solamente por la escritura. Cuál es el supuesto previo que Rilke exige al joven poeta para llegar al autoconocimiento: «Ir-hacia-sí», después ir a la naturaleza, aprender estar en soledad y hacer del dolor una experiencia que fortalezca la existencia. ¿Es requisito el sufrimiento para estar más cerca de Dios? En esta aceptación está contenido el coraje de enfrentar el temor a lo desconocido que está escondido en nosotros. Ese fondo incognoscible que es por naturaleza el alma, lo hemos perdido debido al miedo de enfrentar nuestro destino y a la violencia ejercida por la episteme moderna.

.

Y cuando el poeta insiste en hacer de la vida del artista un revelamiento de lo inconsciente y un estar abierto a lo inconmensurable, cuestiones que la ciencia desestima por su impotencia en comprender lo que escapa a su instrumental epistémico, anima pues a tomarse muy en serio la integración de la sombra, es decir, que el Ir-hacia-sí, radica en conocer la medida de nuestra afinidad con las fuerzas oscuras que también nos constituyen, porque son símbolos, huellas y reminiscencias que nos ayudan en el camino hacia el autoconocimiento. Solamente integrando el otro lado lograremos «la individuación». Rilke anima al señor Kappus a descubrir la sombra, el recuerdo y la vida. Naturalmente el camino del señor Kappus es arduo, de forma que siempre hay una elección antes de iniciar el retorno. La elección es afirmada por una voz interior que viene de «la resonancia vibrante del recuerdo». En la Primera Elegía leemos:

.

Nos queda tal vez
En la pendiente algún árbol, que cotidianamente
podríamos ver; nos queda la calle de ayer
y la mimada lealtad de una costumbre,
que se placía con nosotros y así permaneció y no se fue.

.

.

iii

.
La formación espiritual del joven poeta Kappus es un proceso que requiere la  decisión de hacer de la existencia, destino. Los recuerdos, las cosas sencillas de la vida, la soledad, el dolor y el sufrimiento, son las vías de acceso a todo conocimiento de sí mismo, como también el inconsciente, que para Antonin Artaud, crea automáticamente sus propias leyes. Es un elegido el que se una al dolor por amor a la poesía y a Dios. Decía André Gide en Entrevistas Imaginarias: «el heroísmo, una de cuyas más bellas formas es la santidad». Pues ¡quién conoce qué es su «yo»! La exigencia, como medio y camino, es retirarse a las soledades más profundas y examinar lo que somos en tanto participemos de las cosas del mundo.

.

El retiro del poeta no puede ser definitivo. Sólo a Dios le está dado esa decisión, y sin embargo, no abandona definitivamente a sus hijos. ¿Acaso Job no representa la metáfora de ese abandono, sufrimiento y pruebas; y de su recompensa? Rilke es amigo de la fe y creemos que se refiere a un amor fecundado en el que el hombre espera. El poeta reflexiona en uno de los más bellos pasajes de la carta VI sobre la pérdida de Dios y del lugar que debe ocupar en la vida del señor Kappus. Es muy posible que esa meditación compense la histriónica frase de Nietzsche, Dios ha muerto; y por supuesto, es una alerta a la pulsión tanática del hombre moderno que olvida ese fondo incognoscible.

.

«¿Por qué no piensa que él es el Venidero, el que desde la eternidad está por llegar; que es lo futuro, el fruto último de un árbol cuyas hojas somos?»

.

.

.

.

.

J.

 

Julio Borromé. Valera, Trujillo, República Bolivariana de Venezuela. Poeta, investigador y ensayista. Forma parte del Equipo Nacional de la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla y del Comité de redacción de la Revista Resolana. Magister en Literatura Latinoamericana por la Universidad de los Andes. (Núcleo Trujillo “Rafael Rangel”). Ha publicado los libros de ensayos: Escritos desde el monasterio (De libros, lectores y cultura) (2009). Los intelectuales y la filosofía de lo popular (2013). Hacia una filosofía del mestizo y el desencuentro de los géneros literarios en la obra de José Manuel Briceño Guerrero (2013). Crítica de la lectura instrumental. Del sentido, la interpretación y el libro en Venezuela. (2014). América Latina: ecología, liberación y utopía. (2019).  Co-autor de los libros: Bolívar desde la razón poética 5 lecturas a «Mi delirio sobre el Chimborazo» (2022). Salvo el fulgor. Decir un día. Lectura comentada de un libro (2021). Leer, leer y leer. Consigna de todos los días. (2018). Bitácora del río. En torno a la poesía de Pedro Ruiz. (2022). Ha publicado los poemarios Tiempo de pájaros dormidos (2002), Camisa de plumas (2004), Salmos al exilio (2006), Desnuda te ves más alta (2007). Genealogía del bosque (2010). Metafísica del Tartamudo (2013). Ha sido Ganador de la Primera Bienal de Poesía Manuel Felipe Rugeles. Ganador de la Primera Bienal de Poesía Gustavo Pereira. Co-Ganador de la Bienal Félix Armando Núñez.

 

La imagen que ilustra esta publicación es el detalle de una obra realizada por el artista venezolano Jose Manuel Ávila

 

Contenido relacionado

Archivo

introduzca su búsqueda