Por los caminos del basalto

Virginia Moreno Goitia

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El primer muerto
fue un hombre asesinado por su hermano

no sé si alcancé a verlo
pero tengo su imagen guardada
como signos de sangre

fue un hombre atropellado
rodeado por una multitud

con el paso del tiempo
el recuerdo ha mutado
las huellas del carro desaparecieron

 la mancha alrededor de su cabeza
ya no está

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Mi madre toma mis manos en sueños
mi padre y mi gato entre las sombras
y ante la ciudad que es un cadáver

Son las luces que incendian los montes
y este es el mismo cantar de siempre

madre, cuánto te entiendo
padre, tu caminar por las dunas
este es el rumor de nuestros pies ligeros

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p r o n u n c i a r e m o s  t u  n o m b r e

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Virginia, comenzaré por tu cuerpo,
no fue encontrado en ninguna parte del río       

¿Se hizo agua?
¿Cómo se despide a quien desaparece?

Te evoco a través del agua
porque cuando me limpio digo mi nombre

y viene la brisa
y recuerdo
dicen las llanuras que te llevaron los duendes

Digo mi nombre en voz alta para regresarte
recreo la alucinación
camino con vértigo las orillas del río
esperando un llamado parecido al tuyo

Tengo postales de ti
cabellos largos, con rastros de trenzas
cabellos sueltos bailando desnuda
en el medio del ritual

Hay una necesidad instintiva en despedirse
por eso, aunque no has muerto,
hice funerales para ti

Ahora desciendes con los ojos abiertos
eres el pez de escamas preciosas
que descansará entre seres amorfos
en el fondo de mi mente

 Hice funerales en el agua para mí

ya no serás esa foto translúcida, casi rota
ya no seré aquella que besa la orilla
tan solo para encontrarte        

Descansaremos en paz, descansaremos.

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¿Quiero morir brevemente?
                                              Duermo
¿Quiero emular otras vidas?
                                             Duermo
¿Cómo me pierdo tan rápido?
                                              Duermo
¡Cuánto trabajo me cuesta la atención!
                                               Duermo
Escucho otras voces en mi voz
                                               Duermo
En el sueño, adjetivo tras adjetivo
                                               Duermo

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También fuiste la palabra no pronunciada
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La soga
abrazada a la garganta

 

El filo
en la muñeca

 

El blanco
                                      reposo de la bala                  
                  

 

El veneno
dulce para siempre

 

La altura
desaparecida en un suspiro

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«En la espalda del poeta hierve el mundo.
El poeta es quien más veces muere entre los hombres»
:
Michael Benítez Ortiz

He visto el basalto repleto de hojas amarillas
los mosaicos húmedos
las grietas preñadas de semillas
he quedado ciega viendo el suelo
por donde pasa también la muerte

y rezos salen de mi boca

Si tiene fuego que no me vea
Si tiene violencia que no me hable
Si tiene manos que no me asfixie
Si tiene dolorosa lentitud que no me siga

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i

Hay personas que nacen y mueren en una misma casa,
en un mismo pueblo
Hay personas que nacen y mueren cuando se van

La luz de este lado de la tierra es distinta,
las pinturas ahora tienen sentido
la luz de una vela es igual en cualquier lugar

Hay personas que mueren cuando olvidan sus palabras
por eso prometo dejar en mi lengua una luz

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ii

Diré la Muerte besando otras lenguas
Diré la muerte con tres casas clavadas en el pecho

Miro el camino de basalto para no caer
y enciendo velas para mis muertos

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:

iii

Si cierro los ojos bajo los naranjos
serán árboles de mango en un cementerio

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iv

Tuve en mis manos un pájaro que nunca dijo la Muerte
enfrentó el tránsito como el primer vuelo

Cuando hago de mis manos un nido
recuerdo los ojos del gorrión cuando se marcha

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v

Después de tanto decir la Muerte
queda la boca seca

Los no nacidos tienen la fortuna de no morir

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Pienso en el final por caminos de basalto
Este país no me pertenece
pero este país me tiene
y la luz en los ojos de la vejez tiene una verdad

Pienso en el final de los pasillos de mi vida
La primera casa, la primera calle, con el primer muerto,
la primera oración, mi primera familia

Y veo sus puertas cerrarse, llenarse de flores
de lágrimas que terminan en otra oración

En todas las lenguas las personas se despiden
El pasado es una llama ardiente
pero ya las cenizas no pueden hacer más cenizas

Debo terminar de morir en recuerdos
para ser quien soy ahora
esta mujer que agradece el agua y la piedra donde camina

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Todo lo anterior fue un sueño
tú también lo recordaste un día
y esto es un regalo que nos guarda

El borde del futuro
son cayenas negras que no existen
otro sueño sin memoria

Cuando llegue esa piedra alada
que nos hunda al infinito
ya no será más el final sino la sorpresa
escrita mucho tiempo atrás

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Virginia Moreno Goitia. Puerto Cabello, Venezuela, 1994. Poeta y docente. Licenciada en Educación, mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Ha participado en diversos talleres de lectura y creación poética en el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo. Es colaboradora de Liberoamérica. Textos suyos han sido publicados en varios periódicos regionales, en revistas tanto impresas como digitales, en las memorias del I Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes de Venezuela (2016)  y en la antología El puente es la palabra (2019). Es autora de los libros Retorno (NSB, 2016) y La geometría sagrada, pronto a ser publicado por Perniciosa Editores, con ilustraciones de la artista venezolana Carmen Larrovere. 

La obra que ilustra este post se titula «Cacaotero», y fue realizada por la artista venezolana Andreína Vallés. 

 

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