Prender y apagar la luz

Algunas notas sobre Vigilia de Juan Manuel Portillo

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Tania Favela Bustillo

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Lo primero que llama la atención de Vigilia es la sensación de una discontinuidad en la continuidad. Me explico: el pensamiento que discurre en los poemas se ve interrumpido por los cortes de las frases. Juan Manuel Portillo corta la frase e impide que se complete, es decir, demora o desplaza el sentido que se va trazando, creando silencios de distinta amplitud o espesor. En uno de los poemas se nombra a las luciérnagas que se encienden y se apagan, intermitentemente. Me parece que esa misma intermitencia puede percibirse en esas pequeñas interrupciones que entrecortan las frases. La frase se detiene (se apaga) pero vuelve a encenderse (se religa); vuelve a iluminar el mundo (tal vez) en consonancia con el epígrafe de Sor Juan Inés de la Cruz que abre Vigilia: “…quedando a la luz más cierta / el mundo iluminado…

La interrupción se da también a partir de un afuera que irrumpe y desvía al pensamiento. Ese afuera es el sonido de los pájaros, el silbato del tren, las luces y sombras que se despliegan, el orden de los objetos, la cotidianidad del día a día; o bien, el bombardeo mediático, las noticias a través de las pantallas. Podría condensar lo anterior en una sola oración: el mundo irrumpe en Vigilia.

Los cortes de las frases me llevan a pensar en la puntuación alógica de la que habla Denise Levertov, distinta a la puntuación regular. Esta puntuación permite “que se introduzca un contraritmo alógico en el ritmo lógico de la sintaxis”; posibilita la entrada  de otros matices emocionales, hesitaciones, minúsculas pausas no sintácticas que tienen lugar en el proceso pensar-sentir-sentir-pensar: ese es, pienso, el ritmo y el contraritmo que se percibe en Vigilia.

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El juego entre el afuera y el adentro me parece también relevante; pero no como espacios separados, sino como espacios interrelacionados: el afuera es el adentro y viceversa. Hay en Vigilia un fluir de la conciencia y al mismo tiempo el intento de registrar aquello que acontece. Se percibe y se registra casi al unísono.

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Vigilia. El título apunta a un estado de atención. Juan L. Ortiz  comenta algo que podría dar luz al libro de Portillo: “la poesía es vigilia en cuanto es descubrimiento y una tensión hacia la captación de una zona a la que no se puede acceder por los modos habituales del conocimiento”. La escritura, entonces, como herramienta para indagar los modos de la percepción y de la reflexión; también para indagar lo real.

En ese indagar se entrecruzan el pensamiento filosófico (reflexivo) y el poético. Portillo hace un contrapunto sutil entre las palabras de Sor Juana (en el epígrafe) y un fragmento del cierre “Para terminar” de Minima Moralia de Adorno, que aparece en Vigilia, entrecortado, dividiendo tres de las partes del libro. Adorno ahí apunta hacia la luz iluminadora de la redención. Luz que se enciende y se apaga a lo largo de todo el poemario.

Transcribo las palabras de Adorno con los cortes realizados por Portillo:

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(El único modo que aún le queda a la filosofía de responsabilizarse a la vista de la desesperación es intentar ver las cosas como aparecen desde la perspectiva de la redención)

(El conocimiento no tiene otra luz iluminadora del mundo que la que arroja la idea de la redención: todo lo demás se agota en reconstrucciones y se reduce a mera técnica)

 (Es preciso fijar perspectivas en las que el mundo aparezca trastocado, enajenado, mostrando sus grietas y desgarros, menesteroso y deforme en el grado en que aparece bajo la luz mesiánica)

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4

Me parece que la pregunta que asoma en Vigilia podría ser: ¿Cómo disponer las palabras para ajustar el desajuste entre el universo humano y el universo del discurso? (tomo estos términos de Charles Olson). Creo que los poemas de Vigilia rondan precisamente esa dificultad. Entre los poemas surge la pregunta por el nombre: ¿cómo nombrar? Se cuestiona también la imagen: ¿es posible situarse fuera de ella? Casi al final del libro, leemos: “Adiós al lenguaje    mis mensajeros    como palomas de plaza te llevarán    migajas de ese gran silencio en que te protegí me voy  con lo real  te dejo”. Y ese Adiós al lenguaje señala hacia Godard y su película, en la que las imágenes y los sonidos se intercalan, se superponen, se entrecortan, y como en Vigilia producen chispazos en los que el mundo se apaga y se enciende; se crea y se destruye.

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5

El inicio de Vigilia son unas “Líneas azules   muy delgadas”, y hacia el final las líneas intuidas al comienzo reaparecen: “Líneas que adiviné como promesa de todos mis mundos posibles pero ya   no ya no ya no   da para más”. Entre estas líneas se escribió Vigilia: frases y silencios que al finalizar, deteniendo su juego de intervalos, le piden al lector que apague la luz antes de salir (del libro).

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t r e s  t e x t o s

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Líneas azules  muy delgadas  sobre mi cabeza
vientre abajo              un hormigueo

 las líneas van y vienen
vientre abajo              urgencia                     

 esto
quitar la página de la mente              la metáfora de la página y la metáfora de la mente

 esto
¿cuánta piel muerta sobre la plancha?                     ¿es una piedra de sacrificios?

esto
el hambre        el ansia                       de los datos útiles se hace cargo el cuerpo

esto     mi libro de horas

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Al final de la tarde     un campo de luciérnagas y     la noche que cargan    pequeña

………noche inmensa            noche planetaria         y en ese  alumbramiento restos de

………otras vidas peces         a la orilla del lago trozos       de piel escamas

………………….una nueva textura de esqueletos y marcas en la arena un     campo que se

………apaga y            se enciende que se apaga y                se enciende que

 

……………….se enciende y alumbra lo que no es                mío ni son       mis luces

………………………..lo que se me aparece

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Últimamente el ruido blanco             el ruido de pantallas               de imágenes que inundan

y se multiplican                      no es eso lo que busco                        colocar mi bandera

 

ni mi estatua ni mi mausoleo             piedras de otoño tristes son                por mucho que

acomode sus desprendimientos                     o piense sus montañas

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Tania Favela Bustillo. Ciudad de México, 1970. Cursó el Doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad Nacional Autónoma de México. Del 2000 al 2011 formó parte del Consejo Editorial de la revista El poeta y su trabajo dirigida por el poeta argentino Hugo Gola. Ha publicado poemas, traducciones y ensayos en distintas revistas, tales como El poeta y su trabajo, El pez náufrago, Este País,  Periódico de Poesía de la UNAM, Revista Laboratorio (Chile), Tierra Adentro, entre otras. Publicó el libro de poemas Materia del Camino (Compañía, 2006), la traducción (con Jahel Leal) del libro En la tierra de Robert Creeley (Textofilia, 2008), el libro de poemas Pequeños Resquicios (Textofilia, 2013), la antología de poesía El desierto nunca se acaba de José Watanabe (prólogo y selección, Textofilia, 2013), Un ejercicio cotidiano, selección de prosas de Hugo Gola (prólogo y selección, Toé, 2016). La marcha hacia ninguna parte (Komorebi, 2018) Actualmente es académica de tiempo completo en la UIA.

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Juan Manuel Portillo. Ciudad Juárez, 1967. Ha publicado passwords (2011), Bla (2015) y Vigilia (2020). Autor de Deadline, instalación y performance (Maine 2016) y pieza sonora de Emilio Hinojosa Carrión y Jorge Solís Arenazas (2018). Poemas y traducciones suyas aparecen en Ciudad negra. Antología de poetas de Ciudad Juárez 1980-2013 y en publicaciones periódicas tales como Mandorla, Mula blanca, Plan b, Periódico de Poesía, Polis Poesía, La Jornada Semanal, Tierra adentro, Tragaluz, Oráculo, El poeta y su trabajo, Anuario de poesía mexicana y Aufgabe, Journal of Poetry. Es Doctor en letras latinoamericanas por la Universidad de California y profesor en Hollins University.

La imagen que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Jhonnatan Suárez
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