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Reynaldo Pérez Só

Nació en Caracas, Venezuela, en 1945. Poeta, traductor, profesor, editor, y médico. En 1960 se radica en Tocuyito, Carabobo, luego se traslada a París (1967-1969). Publica por primera vez sus poemas en Zona Franca, y más tarde en El Nacional. En 1971 publica en Monte Ávila Editores: Para morirnos de otro sueño. Este mismo año funda con Alejandro Oliveros, y otros poetas valencianos, la revista POESIA, que más tarde estará a su cargo por más de cien números. Se gradúa de Licenciado de Educación en la Universidad de Carabobo y hace postgrado en Literatura Brasilera en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Posteriormente realizó estudios de Medicina en la UC. Para 1986 aparece el libro Matadero y crea Ediciones Poesía. Fundó la editorial Amazonia y la revista La Tuna de Oro. Publica: Reclamo (1992), Px (1996) y Solonbra (1998). En la década de los noventa fundó y dirigió el suplemento literario La Bicicleta, encartado en el diario Notitarde. En 1998 se hizo merecedor del premio del concurso de cuentos del diario El Nacional, con Viento sur. Fue Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde impartió talleres literarios hasta su jubilación. Luego se residencia por algunos años en Canarias, España, específicamente en Tenerife, donde ejerce Medicina del mar. Para 2007 vuelve a Tocuyito y ejerce funciones de médico. Fue el poeta homenajeado en el Noveno Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo Venezuela 2011, donde recibió la Orden Alejo Zuloaga Egusquiza en su Única Clase. Rosae rosarum y Solo, publicados por Monte Ávila Editores, son sus obras más recientes. En 2021, recibió el Premio Nacional de Literatura.

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ReynaldoPérez Só

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EL CUERVO

The Flea

Trad. Reynaldo Pérez Só

Toda persona es la primera persona y su estado natural es la infancia. Un albor que, frente al paso del tiempo, se oculta y amenaza con devaluarse como tesoro, con irse para no volver jamás. Pero eso no es del todo cierto. Ella de por sí no mengua; aunque se retraiga y proteja en un centro donde no pueda ser fácilmente suprimida por la mezquindad, el cautiverio o la enfermedad. Está aquí, y es porque que se trata de un verbo, una perseverancia y, a la vez, de una y la primera de las instancias de la perspicacia sub specie aeternitatis. Pero, ¿cómo volver a ese prístino modo de existencia sin los lugares típicos de la inocencia inmaculada, el siglo de oro y el silabario pueril, desde un estar fuera de ella? Es decir, ¿cómo sería un retorno así, libre de la trampa escolar, descontaminado de lo que se considera tiernamente párvulo, crédulo y puro? ¿Cómo hacerlo sin traicionar el asombro y la ventura que definen a la niñez?

César Panza