Pugilato para la resistencia poética o poesía implosiva

Coral Pérez Gómez

 

Todo tiene relación, la poesía como constructo de la fe política, de la visión testigo de la historia, aunque fuera desde el testimonio fragmentario, la poesía en su función social. Lo político lo atraviesa todo, sí, visible o invisiblemente, pero la reafirmación de la voz poética está también en gran medida encausada en la expresión más propia; un pacto con el modo de decir, irreductible en un momento dado. Es también la «forma como valor»[1], y la «voz» como autodefinición. Con Poemas electorales no solo se plantea por qué seguir escogiendo a estas alturas el camino poético, también la problemática del estilo y el tono, del lenguaje como médula de la ética y de los afectos. Digamos que el derrotero de su modo de decir es la antipoesía[2], pero todavía así es un fin en sí mismo, como objeto estético y comunicacional, una apelación por la función afectiva de la expresión.

Por eso no deja de ser un plante con carácter de manifiesto, en definitiva, aunque asumiendo una protesta contra lo formal, y por la voz propia, consciente. Por esa misma vía y razón escoge la expresión marginada, la descomposición del habla, lo agramatical, con el tono agresivo o provocador muchas veces. Una manera otra de decir como también lo han hecho los poetas venezolanos Roger Herrera y Antonio Robles. Ellos vienen de la misma genealogía, son parte de varias generaciones coincidentes con un estilo incómodo, una especie de fabla salvaje, al decir de César Vallejo (aunque cada uno con una voz diferente). El autor se separa de sí mismo diciendo que respeta la bilogía y el tiempo de nacer de este poemario[3]. Y se entendería que apostaría por otra pulsión expresiva incluso lejos de la poesía, otra posición frente a la comunicación. Pero en el caso de este poemario bien vale diagnosticar y construir su razón de ser y de nacer, su pasión y su ética.

Pese a que el autor lo considera un constructo acumulativo, sin forma, y separa las tres partes en: los poemas familiares («privados»), los políticos («públicos») y los globalizados («totales»), los tres estratos, o mejor dicho, lo afectivo, intelectual y político hacen comunidad de origen o matriz en un modo del decir asumido. Esos estratos también resguardan entre sí su propio vínculo a través de una arteria o vaso mayor comunicante: lo político. Para el autor no es posible separar lo íntimo o confesional de lo político. Lo político no a razón de pasquín o panfleto, no como programa, ni para hacer vida común con cualquier sombra de estética demagógica o burocrática. El poemario alcanza su sentido cuando da forma afectivo-emocional a lo político y da sentido político a lo afectivo-emocional. Los sentimientos, el dolor, las angustias hacen un espacio común con las visiones, más que convicciones, políticas y las contingencias históricas. La carga semántica de las palabras: suelo, tierra, patria, se entronca con lo íntimo.

La política está en lo íntimo-sentimental, en versos del autor: en la tierra del crimen y de lesa vida, en el dolor y angustia de la tierra de miseria y el dolor de gente. Un poemario se autodefine desde su universo propio, y este hace del imaginario propio un espacio para construir también desde lo identitario y colectivo. Estos poemas modulan un testimonio de país y de situaciones dentro de la globalización actual. En ese sentido las ideas y credos involucrados responden a un universo colectivo y común, es decir, no son reflexiones fuera de lo común, en el mejor sentido. Pero para apuntalar la relación entre la elección expresiva y la política, y en defensa de la poesía como ventura mayor para quien a todo riesgo escribe, vienen bien como cierre argumental de estas reflexiones algunas glosas dejadas por el autor:

«Una preocupación cierta e implicante en este poemario es la idea de nación y poesía nacional: narrar la nación (Bhabha) desde la poesía» (…). «La necesidad de testimoniar ante uno mismo y el resto o estar al tanto del nudo de la consciencia histórica no deben dejar de ser aproximadamente explicadas» (…). «El mundo escuece y así se trate de las difusas posiciones políticas de un clasemediero, desordenado y contradictorio que resiente de alguna manera la militantosis actual y el rumbo de las cosas en una realidad planetaria angustiante y vertiginosamente catastrófica, que tampoco ameritan la complicidad de la omisión o al ombligo egolátrico. Contra ese silencio también existen formas de no confinar a la nada o al silencio. Además del cierre de un ciclo expresivo, haciendo mías esas palabras que son cartilla de ruta, mapa y rumbo a la vez, intento de salvarme».

Entre Poemas electorales, este, y el primer poemario de Diego Sequera, Poemas irresponsables (Fundación editorial El perro y la rana, 2011), hay una línea de continuidad, una relación más allá de la impronta estilística del estallido. Una relación de fondo que podría esbozarse confrontando el epígrafe venido de Cuadernos en octavo, de Franz Kafka, que tutela a Poemas irresponsables. Se trata de una invocación para dar una posible respuesta ante un instinto y un condicionamiento primario, el terror humano por la responsabilidad, el peso del mundo y sus cosas. Por su parte, la idea que se alberga en la entraña de Poemas electorales, también de Cuadernos en octavo, es una toma de posición estética por la poesía como constructo ideológico. Pero la categorización de la poesía como escogencia ante el lenguaje también pone en relativización las convicciones todas, desde el punto de vista de la relación entre las palabras, y del lenguaje con las ideas y las convicciones.

En palabras de Diego Sequera: «Tomando en cuenta esa tensión entre la fe en las palabras y las convicciones, toda aventura expresiva / reflexiva partirá de una convicción, una pulsión diferenciante. Pero también es un acto de transgresión en sí mismo. Si se quiere, de transgresión espiritual, allí donde la batalla es permanente antes de invadir los hechos y las cosas». Tanto como las ideas, las marcas expresivas definen este poemario. Vale de por sí entonces apostar a si este proceder electivo construye una nueva forma de concebir el significado, la comprensión y la interpretación. Una de las formas específicas usadas en Poemas electorales es el «monólogo» digamos extremado; con la anfibología que viene del estilo ripioso, no sin ciertos puntos dramáticos. Por eso su uso como impulso, movimiento, flujo conscientemente torcido que desborda todas las formas, y sin embargo, la reflexión tiene su manera de salir a flote, con nervio irreverente, iconoclasta.

Se apuesta no a idolatría por la forma, que no es la no-forma, pero sí el sentir que encabalga a la forma, como en «El Chino» Valera Mora. No hay miedo a la ruptura y descomposición de la forma[4]. Tampoco hay complacencias ni regusto por la sonoridad o la cadencia, por la imagen o la frase poética en su sentido bello, sino para que se lea con el instinto y la intuición, incluso desde la rabia o el impulso protestatario. También el poema incompleto, no cerrado o acabado estéticamente forma parte de ese credo. Ahora bien, mejor que todo argumento de la especie de los previos es dar cuerpo a un sentido de lectura, múltiple en cada lector de letra y vida, con un relato anecdótico, aunque sea un recorrido breve y rasante, de algunos poemas puntuales, entre los quizá mejores logrados, conducido por la agrupación temática de las tres partes del poemario: «Retratos familiares», «Yo mismo soy el que dice esto / Sequera presidente» y «Despachos de Globalistán».

En la primera parte encabeza la necesidad de dejar un testimonio, una especie de testamento hereditario ante la llegada de una niña al mundo, es decir, a un país, a una historia por vivir. La hermosa definición que hallamos en uno de los poemas y epígrafes habla de eso, los niños son seres en estado de poesía. Y la lucha siempre será entre el hombre/mujer y el hambre. El poeta escribe para su niña que nació y ha ido creciendo, que pregunta por las cosas. El solo atina a describir el paisaje-país que él lleva dentro, pero que ella puede ver cómo ve pasar un paisaje desnudo y en movimiento desde la venta de un bus, un país cenizo, carburante, hecho de petróleo, o para caminarlo como lo que es: el país descalzo. Quiere dejar a su hija lecciones afectivas de un país sin evadir de modo alguno su mayor determinante: su reciente historia política. Con la premisa de que para tanto dolor de vida solo basta acompañar y compartir la herida. En esta parte están los poemas «Autorretrato con palimpsesto», un escrito sobre el padre donde se encuadra un autorretrato del autor. El «Poema entero», donde logra reflejar con juegos semánticos y sintácticos los desdoblamientos de la relación del yo con el otro, y la ruptura de la certeza de la completud del yo:

De todas las fascinaciones que caben en alguien
Que creen que alguien tiene suficiente sustancia como cualquiera ninguno
Y todo lo que se siente tiene el absoluto derecho serio
De que lo que hagas o digas cabe en
lo más afuera de todo adentrándose en serio
Y quién soy yo es decir tú lo mismo
sino es por el yosoytú y el túlomismo
como para no decir que el tú que haces ahora
es el mío simultaneamente tú desde’l otro lado
……………………………..todo?

En la segunda parte comparece un poema de tono trágico y de épica actual, profundamente humano: «Sobre grietas matinales». Y otro: «Cenotafio 27 (oda antitriunfal o anábasis de clase media)», un autorrelato de la clase media que para el autor desenmascara los límites entre lo público y lo personal. De esta parte también es el hermoso el homenaje a Arnaldo Acosta Bello y reveladora la figura de otro poeta venezolano, Salustio González Rincones, que fantasmal y entrañablemente atraviesa algunos momentos del poemario. Respecto a la tercera parte, una ventana al mundo globalizado, pienso en la globalización determinada por la noticia, la historia monopolizada y secuestrada por la noticia, y la doble verdad histórica, en los momentos sintomáticos que autor escoge, entre otros: el golpe parlamentario en Honduras, la ONU, los Cascos azules o la OTAN en Haití, el asesinato del joven líder campesino Nelson López, un viejo hombre llamado Dimitris se suicida en la Plaza Syntagma de Grecia ante el desahucio social, la Palestina, Monsanto, los drones, los satélites militares…

Uno de sus poemas, «Exposición de motivos», enuncia de esta manera la realidad mediática:

Saludo a toda memoria perseguida
a toda memoria sobreviviente
a toda memoria que todavía habla con su propia lengua
y desafía toda normalización televisada

«Perorata de Jesús Migrante de todas las fronteras» desafía todos los límites fronterizos de todo exilio social:

No resucita la fuerza de trabajo
La rentabilidad del pobre desconoce territorios
Jesús Migrante no pertenece solamente a la frontera

Pregunto

Aquí son oportunas las palabras de Diego Sequera, sin que por eso represente un acuñar concluyente, que describen esta parte que cierra el poemario:

«Despachos de Globalistán vienen a ser los poemas de ese gran afuera que constituyen, a falta de palabras decentes, los temas globalizados. Compuesto apenas por cinco poemas, de alguna forma o de otra ejercen un acto de conciencia del tiempo inmediato, que vienen expresándose en la actualidad global: localizarse obliga también a asumir topologías más amplias y destrabar la cerrazón frente a implicaciones de otro carácter más complejo, reticular y sistémico. Designar no solo un lugar ante uno mismo y la nación, también existe manifiesta una vinculación textual, inevitablemente actual y ramificada, implicante. Existe otra toponimia que imbrica grandes amplitudes y no por eso dejan de tener el mismo fondo humano. Cinco poemas que ambicionan hablar desde la verdad lógica y contra la verdad agradable. Son poemas que asumen posición y hablan en contra de la lógica del capitalismo actual, en este momento controlado y dirigido por una minoría cada vez más pequeña, cada vez más cerrada en sus propósitos, y cada vez más demente en sus ejecuciones».

Apostillo este preliminar con una frase invocativa del primer manifiesto de El Techo de la Ballena: «Para la restitución del magma» (Rayado sobre el Techo, No. 1, 24 de marzo, 1961):

«… eso que preside el acto de crear que es violentarse-dejar constancia de que se es porque hay que restituir el magma en su caída…».

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Notas:
[1] Roland Barthes: «toda forma es valor» (El grado cero de la escritura seguido de Nuevos ensayos críticos, 1973).
[2] Una impronta que si bien no proviene de ahí se reafirma en la estética consciente que promulgó el grupo artístico y literario venezolano El Techo de la Ballena (1961-1967), específicamente en la poesía. Algunos de estos rasgos de la antipoesía están presentes en este poemario; es cuestión de actitud ante toda promesa de una poesía salvadora y lírica.
[3] A partir de ahora, todas las citas y referencias alternas son tomadas de un registro no publicado, personal, que el autor compartió para la prologuista.
[4] Precisamente, sobre esa anti-forma y esa voz propia a ultranza, Diego Sequera acude comentando: «Con sus asedios a la forma y a las palabras que se expresan alejándose del concepto puro y duro, el extremar el uso del lenguaje, una especie de neologismo propio, buscando la reivindicación de la fabla: la oralidad del momento y del lugar en el que el autor hace vida y pretende situarse. Busca tener un lugar propio de enunciación, tanto como estilo como ejercicio de sensibilidad: una identidad en un momento y ubicación determinada. Esto es parte de la voluntad expresiva. Convoca e interpela a otras instancias de la comprensión, lejos de la mistificación y oscurecimientos. Debe existir una ejecución más o menos consciente, más allá del poema encontrarse acabado o no».

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Coral Pérez Gómez. La Habana, Cuba, 1971.Editora, poeta, ensayista, investigadora y pintora. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado crítica y ensayos literarios en revistas, y por la Fundación Editorial El perro y la rana las monografías de los Premios Nacionales: Ida Gramcko: lo emotivo lúcido (2006), Vicente Gerbasi: relámpago extasiado entre dos noches (2007), y Alfredo Silva Estrada: poesía en proceso, laberinto en expansión (2009). Poemas suyos han sido antologados en: Amanecieron de bala. Panorama actual de la joven poesía venezolana (2007), Versos-diversos. Antología sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana (2011), De pan y la canción. Antología poética popular (2015) y Como una brasa que ha seguido encendida (2016). Ha publicado el libro de poemas Tierra sin voz (2010).

Este trabajo publicado pertenece al trabajo crítico realizado por Coral Pérez Gómez sobre el libro Poemas electorales (Fundarte, 2018) de Diego Sequera. La imagen que ilustra esta entrada es cortesía del portal web evolve-mma.com.

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