Robin Myers

Trad. Ezequiel Zaidenwerg & Hernán Bravo Varela

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Poema de cumpleaños

El dolor vive en la atmósfera
como la electricidad. ¿Quién podría culparlo

por llegar primero? Algunos días,
en el metro, casi no puedo resistir

la tentación de rozar con los labios el cuello de cualquiera
que tenga enfrente: la frágil nuca de él, su lunar

tenebroso, los pelitos traslúcidos de ella. Tantas cosas
pueden pasarle al cuerpo. Ciática,

submarino, migrañas, balas
de goma, melanoma, manos cortadas puestas

con su par equivocado en bolsas de plástico y tiradas
a la parte de la autopista que en inglés llamamos “hombro”:

sé que la ligereza de la lista
es peligrosa, que el dolor que se inflige y el orgánico

no son lo mismo. Pero ambos son dolores.
Soy más religiosa de lo que pensaba,

o algo así. Espero mi turno. Le paso
las yemas de los dedos por la espalda a A. como

si ya estuviera lastimado; quiero saber
si tengo el bálsamo

que sé que esta vida va a reclamar. Hay huesos
que duelen para siempre, ojos borrados con ácido

nítrico, ingles que se desgarran en el parto,
una mujer que conocí en una clase de dactilografía de sexto grado

que murió tras subsistir a puro café negro
por más de lo que dura el ciclo vital de la cigarra periódica.

Mi fisioterapeuta me venda la rodilla con unos electrodos
que parecen prolijos nenúfares en miniatura. Me tiemblan los músculos.

Después usa una aguja, y se me escapa un grito
que nunca solté frente a nadie

que nunca hubiera estado dentro de mí. Perdón, dice en voz baja,
y sigue firme, Perdóname, lo siento.

¿Qué les pasa a las células humanas
que son miradas con amor? ¿Y a las que

miran? Una tarde
con A., en un cuarto en la costa, estábamos

en la cama con toda
nuestra piel casi quieta, una contra la otra,

casi resplandecientes, un par de horas antes de que el sol
se acordase de ardernos. Y nos miramos. Mira,

hinchazón por la gota. Mira, muñón de brazo. Mira, cicatriz de cesárea,
congelamiento, herida de arma blanca, y tú también, delicado esternón aún

intacto, miren la sangre invisible, sientan
su limpio golpeteo. Hoy cumplo treinta.

Éste es el regalo que le hago a mi cuerpo.
Éste es el regalo que le hago a mi cuerpo.

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Para una amiga que no siempre tiene ganas de vivir

Las cosas se derriten, se inundan, se escabullen, se pinchan,
…………..se desvían, se enferman, se fisuran y caen de rodillas
en la más increíble variedad
…………..de circunstancias. Creo que tampoco
somos más que cosas desde una perspectiva
…………..general, almas trémulas
garabateadas al pasar
…………..sobre la cáscara del mundo en su erosión
de martillos neumáticos. Mira
…………..cómo junto letritas en terrones
de satisfacción aliterativa, rascando
…………..algo para regalarte.
No sé mucho de ti
…………..más allá de las razones por las que nos sentamos
un ratito juntas en unos bancos bajos de madera,
…………..hojeando servilletas, la cabeza inclinada
hacia las palabras de la otra en reverencia
…………..a la dificultad para encontrarlas. Creo
que estar así con alguien
…………..es abrazar el suelo
con los pies, y ésa es
…………..la única campaña
que pienso librar contigo o con cualquiera.

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Alza la mano si alguna vez

Ahora que volví a ser niña de nuevo,
todo resulta más interesante.

Tú me resultas más interesante,
el alcohol me resulta más interesante;
mi temor de quedarme bajo el agua es, a un tiempo, más obvio y más interesante.

También los choques automovilísticos me llaman como nunca la atención,
al igual que los rostros de jóvenes mujeres que venden cigarrillos y gardenias,
al igual que mis propios y súbitos ataques de deseo,
los cuales me desangran en torpes direcciones
como dedos de plantas suculentas.

¿Te acuerdas del juego de “Quemados”?
¿Te acuerdas de los machucones?
¿Te acuerdas de la electricidad estática?

Cada rostro es, de nuevo, un parpadeo.
Un perro con correa termina por meterse en todas las preguntas adecuadas

¿Qué es lo que quieres?
¿Qué es lo que tú quieres?

Quisiera, a veces, echar mano de mis propias manos y sacudirme,
y marcarme a mí misma con mis uñas.

Ahora me doy cuenta de que esto, también, es una especie de éxtasis,
una demanda generalizada:

dame algo útil.

Críame.

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Ciudad de Nueva York

La niña, sin que se lo pida
nadie, le extiende la mochila
abierta al policía. Allá
arriba, a lo lejos, y afuera
están la nieve, el rascacielos,
el cuarteto local, el vaso
de vino de catorce dólares,
una bandada de palomas
lívidas, la Isla Rikers, los
patinadores sobre hielo
que andan abrazados, el auge
y la caída de algo —pero
no todo— que tiene que ver
con nuestra historia. Parpadea,
detrás, la madre de la niña.
El policía hace una mueca
de papá caprichoso. Alguien
toca, al fondo de todo esto,
un tambor de acero. La médula
metálica del túnel canta
su cántico, suelta pixeles
como un llamado a la obediencia.
Si llegas a ver algo, di algo.
Y si te vas a quedar, paga.

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Robin Myers. Nueva York, 1987. Poeta y traductora norteamericana, radicada en la Ciudad de México. Licenciada en Letras Inglesas por parte del Swarthmore College, Pennsylvania. Sus poemas han sido traducidos al español y publicados en las ediciones tituladas Amalgama (México, Ediciones Antílope, 2016), Lo demás (Argentina, Zindo & Gafuri, 2016; España, Kriller71 Ediciones, 2016) y Tener (Argentina, Audisea, 2017; México, Ediciones Antílope, 2019; España, Kriller71 Ediciones, 2019).

Ezequiel Zaidenwerg. Buenos Aires, 1981. Poeta y traductor argentino. Zaidenwerg es autor de Doxa (2007) y La lírica está muerta (2011), también ha traducido un importante número de poetas clásicos y contemporáneos. Actualmente vive en Nueva York donde realiza estudios doctorales. 50 estados, es su libro de poesía más reciente.

Hernán Bravo Varela. Ciudad de México, 1979. Poeta, ensayista y traductor. Licenciado en Literatura y Ciencias del Lenguaje por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha sido becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA, así como de la Fundación para las Letras Mexicanas. Ha publicado Oficios de ciega pertenencia (1999), Nueve poemas (2001), Historia de mi hígado y otros ensayos (2017), entre otros.

Los textos de Myers fueron seleccionados y enviados a POESIA por Diana Moncada, quien forma parte de nuestra redacción.
La obra que ilustra el post, titulada «Bang!», fue realizada por  la artista venezolana Ivette Díaz Espín.

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