Sebastián Diez Casares

Inéditos

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Sábanas

hoy al colgar la ropa los veo de nuevo
han estado cruzando durante días
vivimos por debajo de estos pelícanos
…………………………………………………jorie graham

 

 

piensa en los pelícanos que sobrevuelan
la nuca de jorie mientras cuelga la ropa
una tarde nublada

para los nazarenos esta ave era el cristo,
la que da de comer de su propia carne
a sus criaturas

tiene sentido                  pero míralas
me importan menos los cristianos
que la sábana que los cubre

en ella se cargó el cuerpo del profeta
a su catacumba, centro estratégico
de su espectacular resurrección

pero me importa menos dios
quiero dormir bajo una hectárea de sábanas
blancas como tu inmaculada piel de esquimal
y con rastros de menstruación que la tiñan

―te avergonzabas de lavarlas
y colgarlas en los tendederos
del condominio, te provocaba
pudor exhibir tus lienzos más
provocativos         auténticos―

en nepal la mujer que menstrúa
es escondida en cobertizos
para que no manche la casa
chhaupadi se llamaba esa tradición
prohibida por los mismos puristas
que ahora les dicen: anda y hazte
un traje de novia con esta sábana hecha jirones

si los escombros de tu útero fueran impuros
que me corten así mismo las gónadas
pues dios se manifiesta a través del sexo
y de toda su indumentaria y artilugio

lo que no fue utilizado del capullo se suelta
pasa en la menstruación como en el otoño
las hojas caen así fueran efusiones de sangre

pero ya sabes, somos carroñeros
recolectores de basura y tirachinas
gente que recicla correctamente
lo orgánico del metal del cartón
unos veteranos del greenpeace
amamos lo que se desprende ¿qué dices?

quiero mandarme un john & yoko contigo
en la cama durante semanas, meses
y procrastinar por la paz en el mundo

míralas ondear en los cordeles por ti
la paz es rendición
y estas sábanas nuestra bandera

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Hay un poeta muerto en el jardín

hay un poeta muerto en el jardín
vayan y échenle guano encima
a ver si le crece una malvarrosa
o una parra de uvas moradas

y de paso fermentarlas y beber
y caer muerto de curado, quizás
en el mismísimo jardín

no hay poeta muerto en el jardín
se mueren de hambre sí, pero en casas
viejas de provincia, en tugurios
en los que aún se cierra la calle
para jugar al fútbol o por operativos
policiales que parecen saqueos
o invasión española del siglo quince

hay un poeta muerto en mi jardín
y no soy yo, y no quiero especular
los muertos suelen ser cisnes
bastante sublimes como para asirlos
y meterlos en una jaula

que el poeta muerto en el jardín
sea menor o no, de edad o de calaña
me importa un rábano,
que a todo esto, puede que crezca
también en este jardín.

un poeta tiene todo el derecho
a morir en un jardín de malvarrosas
y no de hambre, sino de pena
que es más común y silvestre

nada de alharacas por él
es más, que se muera como se marchitan
algunas flores, o sea, inclinándose
en una reverencia

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Sebastián Diez Casares. (1988). Sociólogo y librero. Poemas suyos han aparecido en Entrada en Materia (Altazor, 2014) y en la revista electrónica colombiana Cronopio. Y sus ensayos en Latin American Literature Today, de la Universidad de Oklahoma.

Los poemas publicados pertenecen al trabajo inédito de Sebastián Diez Casares. Remitidos a la redacción por César Panza, miembro de POESIA.

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