La combustión de las diferencias

Sergio Ernesto Ríos

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A propósito de la multiplicación de identidades en la América Occidental que se escapa de lo unitario y grandioso, J.M. Briceño Guerrero ha apuntado que la diversidad precolombina se complicó con el aporte europeo y africano sin que tendiese «hacia la formación de un gran rostro mestizo, ni aceptase de buen grado la impronta del rostro occidental. Tiende hacia la constitución de mil rostros disímiles (…) mil lenguas disímiles. La maravilla de Babel. Separación. Dispersión. Afirmación de las diferencias». (El discurso salvaje, Venezuela, 1980). La escritura de Sergio Ernesto Ríos produce el embeleso que nace de la experiencia de esa multiplicación diversificada referida por el filósofo, centellea por su reluctancia a ser comprendida desde el sentido que se concibe solamente a partir de la arista intelectual del lenguaje, y se sostiene en una sonoridad que augura y prepara para la reinvención del mito y la canción.

Tal temperamento, a la vez dandy y cimarrón, parece provenir por lo que afirma Miladis Hernández Acosta: «Sergio Ernesto enaltecido por los símbolos se categoriza con múltiples diseños culturales, y surtidas conquistas formales. Su rejuego se adentra en las reservas trans-genéricas, megatexto o ultrapresencialización idiomática, a veces innecesarias, a ratos procedentes para reinterpretar  y/o decodificar un discurso que ansía renovarse con ignorados estereotipos» (Sobre Mi nombre de guerra es Albión, Cuba, 2012). Es así como Ríos escribe con la versatilidad intempestiva y experimental de Flying Lotus, si se permite el salto comparativo hacia la música electrónica del artista afroamericano Steven Ellison, quien ha llevado su música a límites inusitados desde el jazz, el hip hop, hacia el disco, el show en vivo, el videojuego, la televisión y el cine. Escindido como Flylo y el Capitán Murphy, Ríos encarna el doble ser de poeta-traductor y así infiltra a sus textos con samples venidos de otros idiomas, de jergas supeditadas, de referencias cultas y usos castizos, sin que por ello su poesía quede como un objeto Eliotiano, muy inteligente pero imbailable. Todo lo contrario, Sergio Ernesto suena al ser-ahí de un sound system dub en la radio del Grand Theft Auto.

La complejidad que se experimenta en sus textos ni repele ni repugna, son instancias al servicio de una creación que se objetiva y autonomiza hacia otros sentidos, no solo entendidos como significados sino también como las formas de reconocer estímulos, poniendo los recursos poéticos en función del giro sinestésico, e incluso proprioceptivo, que retumbra en el poema, tal y como lo señala Matías Moscardi: «por acá pasa precisamente uno de los efectos de lectura más fuertes de la poética de Ríos: lo críptico del lenguaje poético no equivale a lo oculto, ni siquiera a un rasgo de oscuridad emparentado con el barroco o el surrealismo. Por el contrario, ese encriptarse del lenguaje poético hace aparecer una nueva superficie de inscripción en donde las palabras ya no operan como signos, sino como verdaderos objetos, cosas, que hay que descifrar pero no en un sentido hermenéutico sino como forma de manipular el poema con los ojos, el tacto, la boca y el oído. Leer es, acá, pasar por el poema y llevarse lo incomprensible (…) La sensación que nos interpela cuando leemos la poesía de Sergio Ernesto Ríos es que ya no hay contienda entre sentido y sinsentido, porque lo que queda como resonando en la lectura es una verdad desligada, que se impone casi como un mandato musical, más allá de su significado.» (La isla. Apunte sobre la poética de Sergio Ernesto Ríos. Presentación a Obras Cumbres, Argentina, 2014)

La singularidad del trabajo de Ríos es muy americana, prismática y esquiva. Su presencia, como traductor y poeta, en recientes antologías transtextuales de poesía latinoamericana se debe a ello. De allí que sostengamos la importancia de su revisión no solo desde los precedentes críticos sino también desde la lectura directa y sin propagandas. Considerando además que algunos de sus libros se despliegan como eventos visuales, así como otros corren como poemas largos, hay que señalar lo que se escapa a ser exhibido sucintamente en un pase de revista. Se destacan las desventuradas ausencias en esta muestra: no se incluyeron textos del ejercicio taxidérmico, fetichista y necrofílico, de Semefo, ni la embriaguez baconiana de The Colony Room, ni la ironía mítica de Mi nombre de guerra es Albión, entre otros. Para enriquecerla se coronó con un generoso e interesante texto sobre la combustión genesíaca de su ars poética, donde expone a la música como línea paralela al estupor del lenguaje.

Para redondear el cabo de la presentación a esta muestra poética, dando cuenta del valor de la poesía de Ríos, seguimos al mexicano Ángel Ortuño que apunta en el Epílogo del libro Quienquiera que seas (2014): «Sergio Ernesto Ríos suscribe con sus poemas la conocida frase de Groucho Marx: Jamás formaría parte de un club que me incluyera entre sus socios. Inusitado y de un humor feroz, este hemisferio de Mi nombre de guerra es Albión despliega en sus pocas páginas tal variedad de recursos técnicos y tal capacidad imaginativa que lo sitúan en un lugar aparte y muy por encima de la mayoría de lo que se escribe actualmente en nuestro país.» El trabajo de Ríos es, con palabras de Briceño Guerrero, aéreo testimonio musical, ígnea evidencia de una expansividad crepitante, líquida prueba, borbotante e irresistible, que se derrama, inunda, cala y enchumba al lenguaje desde la mestiza productividad verbal de nuestros pueblos latinoamericanos.

César Panza
Naguanagua, Venezuela.
Febrero de 2019

 

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Ignición & Negación

Para Julián que hace meses me preguntó por estos temas

 

No sé qué fue primero: la sensación de sentirme ajeno a la preparatoria o mi amigo nazi que había llegado de Texas y traducía en su libreta canciones en inglés. Esa suerte de transfiguración, de un idioma a otro, que anulaba una realidad para que apareciera otra, deformada, irrepresentable y falsa, me pareció magia. Tenía 15 o 16 años. Iba casi diario al cine de arte, «Lost Highway», «Pizza, birra y faso» y «Bernie, nacido en el basurero». El examen final de literatura era escribir. Hice una especie de revista o libro con poemas y cuentos. Robaba palabras de un diccionario etimológico. ¿Por qué nadie usaba de nuevo «febrífugo» y «uxoricida» en una misma frase? Recorté dibujos de mis cuadernos: mujeres, monstruos, ojos, robots, naves, texturas triangulares, con ellos hice un collage para la portada. Lo engargolé con pastas transparentes. No había armonía en esa saturación. Incluso era grotesco. Escribí un par de engargolados más y se los di a una chica. Nada más ajeno a mí: ella era yoga, vegana y la más lista del salón, había crecido en un Áshram en la India, hablaba mejor inglés que español, nunca había cortado su cabello que se extendía en un chongo que le daba apariencia de alien con un hermoso rostro ascético, olía a leche cortada. Había en mis engargolados poemas de amor pero todo era imaginario; poemas a la patria, la muerte, el suicidio, pero todo era imaginario, también. Estaba leyendo la biografía del Che Guevara, Dostoyevski, Nietzsche, Freud y «Mi lucha», por influencia de mi amigo.  No sé por qué le di los engargolados a la chica, quizá porque me parecía extraña y venida de otro planeta. Ella me empezó a prestar discos de jazz, Art Blakey y «The Giants of Jazz». No recuerdo que platicáramos, nuestro nivel de timidez era patológico, o simplemente se trataba de ese enamoramiento bobo que siempre consigue engañarme. Duró un mes con mis engargolados, me dijo que quería mostrárselos a una amiga suya profesora. Escuché Moanin’ y repetí el bajeo en mi guitarra. Ella y yo estábamos en la misma clase de guitarra. Usaba la guitarra acústica de mi papá, pero realmente nunca me importó aprender el círculo de sol y «México lindo y querido». Tenía una guitarra eléctrica y un amplificador de una distorsión bellísima ochentera. Nunca imaginé que hacía el mejor shoegazer de la ciudad. Hace casi 20 años que no toco mi guitarra eléctrica. No recuerdo qué me dijo la chica sobre mis engargolados. Creo que algo malo y yo fui malo con ella. A los 20 años me volví lo bastante críptico para que me aborrecieran o amaran. Que la gente quiera entender y habitar un bloque de palabras ficticias me parece un contrasentido. Amo la saturación y la mezcla caótica de lo que queda inconcluso, y el ruido. El poema es la transfiguración y la suma de efectos de qué lenguaje o rumor, no lo sé. Sospecho de toda producción escritural sin fermento ni limbo, sin tragedia ni derrumbe. El poema no necesita explicaciones, sino ser legítimo en su misterio. En esa adolescencia, en la remota nebulosa de los archivos de audio, en la sección de literatura, de la Enciclopedia Encarta escuché «Ranas» de Arturo Carrera. No había transcripción del poema. La voz de nosferatu de Arturito y un fondo de ranas pringlenses[1].

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Ranas

En la invisible seguridad del que piensa estas ranas
en la noche del verano.

Son ranas que no pidieron
ningún rey de madera, como las de Esopo.
Son las ranas de Pringles ―¡las más asustadizas!
¡las más elocuentes!

Criaturas cuya música de vestigio pliega y amplifica
nuestra risa lejana. El rumor de las pasiones
que caben todavía en esta tierra oscura.

Sólo quería que recordaran ese coro,
esa línea dorada.

…ese tacto visual de relieve sombrío
que se lleva huidiza la arena de la memoria.

Y el recuerdo como único conocer, harto saber,

hastío de providencia
que va de un tiempo a otro
ceñido a la voz, a la energía momentánea
de la voz. Y así, su moderada métrica parece
nuestro titubeo,
nuestra salud.

Busco una memoria en la convicción de que las
huellas
que no miramos ni esperamos
son chispas a las luciérnagas mezcladas.

…ranas a las ranas oídas.

Acuerdo infinito con infinitas formas sin colores.

Y la misma laguna,
la misma duna clara: ¿libro?

el mínimo desplazamiento que no vemos todavía

dura,

en las palabras.

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Quizá lo que quiero llamar poema es más bien un conjuro.

Muchos años después, luego de una temporada en la pampa en la que nunca me quité mi piyama y pasaba todo el día oyendo Sumo y Bob Marley, fui a la búsqueda de las ranas de Pringles. Nunca entendí ese pueblo fantasma. Pasé todo el tiempo en el hotel, una noche encontré abierto un local de maquinitas con ese juego del repartidor del periódico que era mi favorito en la primaria. Luego de ver mi pasaporte, el botones me recriminó que los mexicanos siempre bebemos cerveza caliente. No encontré a ninguna rana.

Eso confirmó todas mis teorías de que la escritura es lo único real.

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Los cuellos de una turba de mandrágoras
figuran el bosque

 

Cuando digo ‹bonito› digo: serrucho

que usan los esquimales,

últimos colaboracionistas de esa porción de unicel llamada contestador automático.

‹Bonito› es un volcán (de unicel) y tú la sesión completa

de ciencia ficción que significa ‹anticiparse›,

estas son ‹mis novelas de anticipación›;

en este mundo El Maestro del Valle del Demonio en este mundo en este valle de múridos en este valle en este bulbo seriamente cauterizado

en este mundo en este valle de acelgas desocupadas por una ginecología abisal, ¿cuándo te veré de nuevo?

Un cefalópodo untado de porcelana

sobre la luna ‹ecuestre›

y todos los cernícalos

y la palabra ENTHIRAN

que fue hecha para tu memoria

cuando visitamos las brujas sueltas, sus incidentes de flores, la posibilidad de una travesía donde el vehículo que nos lleva a la Luna es un mecanismo similar a la paloma de Arquitas.

‹Pelicanosis›, dije. De esa escopeta cuelga un corolario. La escopeta, el terrorizador, el trotalobos, la calabaza nacida en el columpio, la princesa de Éboli acurrucada en su alcándara.

Leopoldo o Juan de La Cosa. Plinio el Viejo: las abejas son cebras amarillas/las cebras son abejas sin alas y sin tecnicolor/la miel de las cebras /la miel de las cebras/la abeja que es una cebra

bonsái.

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En el campo de batalla
aparece un incendio de hadas aéreas

 

Los lomitos piramidales del napalm
se han llevado nuestros monóculos
por el valle naranja de los hibiscos,
de largas náuseas,
y ustedes lo han negado todo,
y ahora será la guerra.

Oh dadores del armadillo.

Los lomitos piramidales del napalm bajaban
pedaleando unisemblantes
como una tonta morcilla dejaron sus unisebos,
mal dichos, en mi eterno aire.

Oh, alfa-enanos, sepultados en la duna oculta de un
marsupial.
No somos czaripiés hundidos en el puchero supino,
no seremos sus czarifangos.

Oh dadores del armadillo,
bienvenidos a la lejanísima oda a la abdicación,
bienvenidos a la palabra para elegir entre los
escarabajos al nuevo conductor de la catapulta,
bienvenidos a los buenos días grises y sus fardas,
bienvenidos al paseo de árboles de litio.

Es la hora en que desfloran sus gorgueras las
nodrizas para triturar a la liebre lechosa.

Este es el czar postizo comiendo su papilla bélica.
Soy todo lebreles. Soy su ida y vuelta a
desconocilandia.

Oh dadores de la manivela,
oh dadores del frigio.

Es la hora en que las buhardillas vuelan
sobre el fondo de los parques de higos
que imitan umbrosas genitalias.

Y es más fácil que una salamandra
pase por el ojo de una pagoda
que el que una metamorfosis
entre en este reino.

Este es el Czar postizo naciendo sus huellas.

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amapolaman

 

amapolaman en una vacuna de zarzas helicoidales soñando a papá veraceae, el padre de la verdad.

amapolaman entre una parvada de centauros y látigos y chimeneas, a solas, o desde el cielo, la ciudad es una monógama chimenea de monóxido de carbono.

amapolaman el nunca esqueleto de adamantium, el nunca rayos gamma, el nunca araña radioctiva, el nunca espinaca.

queridos amiguitos, los rayos gamma son los hermanos más jóvenes de nuestro hermano mayor el sol, son sus brotecitos, sus retoños, hijos-sobrinos, ¿conocen otros famosos hijos-sobrinos? así es: pato donald y hugo, paco y luis. el sol es un pato donald, también es mezquino y quisquilloso, y con esa voz de caracol en sal, ¿alguien entiende al sol? ¿alguien hace todavía maldades con insectos, cuáles son sus favoritos? ¿los rayos gamma son el origen de canguros verdes pigmeos con brazos de motosierra y nariz de lengua de rana y pendulares orejas acebradas y ojitos procelosos en la costa de christchurch?

amapolaman canta a la ornitología de los planetas.

amapolaman la transcarreterasónica.

amapolaman y dos minutos de tábanos adentro de una máscara antigás de la primera guerra mundial.

el himno de amapolaman es igual a dos minutos del mañana.

vi a amapolaman galopar la fernsehturm como su verdadero centauro (o verdadero yo) desde siempre, desde guillermo segundo de alemania.

amapolaman, un mono de cierzo, antropohálito.

amapolaman dibujado por daniel johnston: el capitán américa y su hijo de pecho, satanás, son derrotados en un concurso de vencidas, en un bar de tejas. satanás convertido en escotilla. satanás convertido en meadero. satanás convertido en destapacaños. capitán américa el fofo silabario de párvulos protonazis. capitán américa el silbidito adiposo de barras y estrellas de aves de cadalso.  capitán américa, el correcaminos guardián de misiles no tripulados. biiii biiiiiiiiip. cuenta regresiva. un tiovivo. un pianito psicótico. golosinas en forma de torsos ulcerados. cuenta regresiva a cero. amapolaman, su verdugo. se abre la nuca el bebé de la 666.

amapolaman amado por la kgb, amado por los fontaneros ítaloasiáticos de sensei miyamoto.

amapolaman en el sueño de una cobija voltaica, por diez mil años.

amapolaman es el único que rescataría al hombre bañado en ácido muriático que embiste robocop en su patrulla taurus 1987.

salve.

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Luca Trotacielos

well the sadness of a lone dead star on late night tv
the sadness of shooting away your bloom
Luca Prodan

para ser rómbico y fuera de foco y balancear la derecha a la quijada para dilatar las pupilas en un reino esloveno capolar capodistria me vierto al mediterráneo aquí encallan las zancudas angustiosas blondas copos de avena mezclados a la sal marina para esférico y erizado recorrer de la garganta del diablo al tancredo neves donde un manatí es tan parecido a un nabo qué es esto del ruido razonado futuro endémico que estalla alguien te pide como regalo una hormiga un guilguero una tucá para curar la epilepsia un capiguara un ñandú un acorazado de ancas planas me he enamorado de un armadillo para cruzar con una vela de guanaco las costas de todos los nanocéfalos yo me largo si de aquí a media hora sigue una eléctrica brake horse power reventando los adentros el miedo es un producto de sudán pero en liberia cuelgan los blasones pork is my business deadrunk no romano en metadon(n)a & calefacción de domingo en avellaneda la historia inválida como decir sindicatos del miedo estaban preparados para ridiculizarnos con una boina oliva para ver si descalabra entera la conciencia aquí hay huesos carajo   antitorpor   antimutismo   antidromedario  extra-nambiyeroá o decir catástrofe verdugo errores dunas hipnotizadas dando alcance al principio de razón abajo tu retraída máscara elegir veintitrés años like a spruce little man no hay canción de bisturí necesito un traje espacial metal verdadero corona que gira a 33 revoluciones para el triunvirato de moscas que miran (siguen) impacientes mi cabeza para aceptar un ángel de traslación sobre lo discontinuo agujas helvéticas (crecen) en la contención vertical el olor a cloro masivo y finito en los patios pesadillas dobladas al tedio en una exploración nunca determinada vendrán por ti con zancos de plomo y la nave serena que sabe desvanecer también soñaba que decían «somos ministros del láser» mi velocidad habla del verano y esa constelación visible no me interesa me enseña el yo que estorban corceles acrobáticos me enseña a llegar a los efectos que suben la cresta me enseña que es indispensable una ondulación craneana (criminal conversation)

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Muerte del dandysmo a quemarropa

 

  1. Usted es un especialista en excursiones al infierno.
  2. Lo que lleva escrito equivale a un doble registro de nacimiento y defunción.
  3. Cuántas flores retóricas pone sobre su tumba.
  4. Se resiste a la luz y la genera, en la dirección de uno de sus más breves y contundentes versos es una «sobre-ausencia». Un graznido en un guante de seda.
  5. Quiere cantar una canción iluminada por el sol, soltar las velas sobre los mástiles en el aire, soltar los tigres y leones en los patios.
  6. Se trata de la muerte del dandysmo a quemarropa, avispas con peluca y jirafas tripulantes en paracaídas.
  7. La gente prefiere leer su horóscopo en cajas de cerillos.
  8. Lo siniestro puede ser condecorado.
  9. La poesía es un crimen que no puede realizarse sin cómplice.
  10. La poesía es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
  11. Si exprimiéramos el cerebro de un poeta el líquido obtenido semejaría almíbar al lado de la hiel que segregan algunas tristezas.
  12. Cuando comparo mis poemas con los suyos me da la sensación de estar en un triciclo de pedales al lado de la turbina de un avión.
  13. Es una catástrofe en ningún lado.
  14. El último pensamiento es transformarse en un ruido, en un enorme cuarto oscuro, un cuarto lleno de ruidos.
  15. Es la puerta que permanece cerrada.
  16. Es un literato natural: tiene la espontaneidad de un esquimal muerto en un iglú.
  17. También el uso aristocrático de las palabras puede ser condecorado.
  18. El poema es la cabeza de un luchador de sumo que no se decide a bajar la resbaladilla.
  19. Los poemas son como diminutas madres-topo desfallecientes dando a luz en una isla que en ese instante declara una ley para exterminar a las madres-topo y sus crías.
  20. Se me figura la llamada de un extraterrestre desde una cabina telefónica pidiendo la dirección de una clínica para desintoxicarse, aunque en realidad se trata de una transmisión telepática completamente silenciosa y nadie lo advierte.
  21. Pienso en el emperador de «El traje nuevo del emperador» agazapado en la torre de un palacio invisible.
  22. No me canso de leer y releer su prosa-en-abismo. Muy debajo de la línea del silencio hay una cosa vecina de los brotes del inconsciente.

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De cetrería

No volver con el agravio de imaginar la cítara o el guante cuerpo si al menudo remolino pueden desterrarse partes; una lección de espalda: el peso debe convertirse en alfil discreto, palmas deshilvanadas, orfebres como la saeta, lo curvo, lo protervo, lo nervado. Las redes de la jauría, al fin hélice del árbol, preguntarán como péndulo en contra, como flor de garfios. Una almena muda sin quilla. Pero yo vi álula umbría, sobre un trapecio convulso su baño de viuda, porque si un pozo en vez de jardín la espiara lo zopo en la rama no viera.

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Censura

Peligroso a los mancebos aún, y por igual a los amancebados, con trajín de idas y vueltas, como abundé durante el Sermón de los Gatuperios Carnales, y a todos los humores sin recato de seso, y fe de marrano, y átomos torvos, es la avería que por bastardo asunto, usa el tal tratado intitulado «De Cetrería», con montes de fingimiento; que jamás vi siquiera entre los naturales de la Panonia a la Aquitania, que parece hechura de pesuños remotos porque nada contradice la dicha ruindad que de los que en las provincias de las Indias moran; que mucho ofende el estómago de la cristianía; que parece fórmula liviana de oráculos, y hay brujas, Maellus maleficarum, y aves de sortilegio; que si engarza esta palabra con esta escura, ninguna regala y todo queda tartajoso. Ansí para el falseario, que escribió el tal tratado intitulado «De Cetrería», sea mejor el vulgo de la soledad y escuela el llamado somorgujo. Ansí ni pliegos, ni maravedí, ni óleo de impresión para este recóndito bestiario. Ansí destiemple cada yantar, y se ayunte ojo y oreja de aguijones de pecado, para el que hogaño lo leyere.

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brazuca remix 14

 

dj ifá
papo de caparazones espaciales rotando en amplitud

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dj carnificina
el cartaz villano de la rotación a 33

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dj fociño apresenta el tutorial de la sangre

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dj esquife

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los muslitos me van a apuntar
me van a relinchar van a dar con la borrasca sus féretros de revés
van a desabar las coronas del dueño de la turbarata
cuando venga de viento
me van a roer me van a combatir los muslitos me van a guerrear
los llamaré mis besa flores banguelas los llamaré mis juan sin brazo mis puercos a hurtadillas los llamaré mil buzos al desfiladero

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sistemados sistemiedos
sistema excretorio en bocaluva en nudorehén
cascos de cuadrilla de suíno

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nudotizados capacetizados labirintizados

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la gente va a posar en atrapacanes y jugo de azo
en atrapacanes y jugo de truta
en atrapacanes y jugo de chacina

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y ahí es lo siguiente un monte de ofídicos sabe
un monte de ofídicos machofemea en esa fita isoladora
largando los fociños para atrás

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la gente va a posar en atrapacanes y jugo de azo
en atrapacanes y jugo de truta
en atrapacanes y jugo de chacina

sabe no vuelvo más a granfofoca

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robot operário de la fábrica dom aveso el diablo a cuatro el diablo a siete el diablo a trece
robot operário de la fábrica dom aveso mente engatillada

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dj de la usina elevatoria

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se llama de josé polvito jota pe
se llama de cocidoenmuslosdeloira ce eme ele
se llama de pegarcaronaenlatragedia pe ce te
se llama de pie de oso  pe o
ge ce ce gado craniano de cadena
a ese ce apodrece sin corona
ene pe eme a no pise más aquí
ve pe efe va a pegar fuego

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en la be erri

envuelvelata cielos sonecas

en la be erri

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dj carnificina
el cartaz villano de la rotación a 33
dj fociño apresenta el tutorial de la sangre

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por qué no puede me entender
está batiendo las calzadas reparando las nubes y se vuelve lata el vuelvelata
sólido encaré y le dije de tal su vagabunda su venado su ningunopresta
va solo voy a batirlo su macaco su macaco viciado
su atrapaperros su quilateblanco va aprender a me obedecer su podre
va solo a la cadena

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es sólo un nuevo ganado craneano
es solo la vista a vacamarte

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su celebro viró salud pública
su celeiro viró a ningunopresta
su celepórida es cicrano con oitón
su celéctomo cayó en el papo de cadenas
su celerado va colar los pregos del ministerio de piedramacacos
del ministerio de piedrazancadas
su celelminto es cirujano de naifadrede
su celescopio sale del bafo de omolú

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pueblo desimportante
pueblo carozo
pueblo soneca
hilado alienista en bestialógica

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pisó en la bola bum pisó en la bola bum esa es la ley

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otoridade crucifa
otoridade quiere facción de crime en la cintaviuda
quiere cicrano ahí de ensamblaje podre
podre esquema de gallinapelada
cadastre su tripa seca en urubú

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dj ifá
papo de caparazones espaciales rotando en amplitud
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dj carnificina
ministerio de alabanza bestialógica
ministerio coercitivo de enseño suíno

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dj fociño
segura ahí

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dj esquife
liga ahí

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para que mis inimigos tengan varios mano y no me toquen
para que mis inimigos paguen sapo y no me compren
para que mis inimigos tengan pie de plomo y no me alcancen
para que los gambés tengan grampos y no me escuchen
para que los muslitos me tengan encuadrado y no me vean
y ni siquiera puedan tener el pensamiento de dañarme
pete fusil oitón ni tanque bomba agá mi cuerpo alcanzarán
picos de naifa se quiebren sin tocar mi cuerpo
piedras pilantras y cadenas revienten sin amarrar mi cuerpo

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dj paraisópolis
mente zulú

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dj gafañoto
sacerdotes emecés

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dj timón
sistema negro

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dj priquito
comando del crimen original

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dj bocaluva
pérolas
área plomo
clones de la costa magoada

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a los pocos los llamaré mis puercos nudoburacos

 

 

 

  

Sergio Ernesto Ríos. Toluca, México, 1981. Poeta, traductor y librero. Publicó máquina portadora de cabezas (edición digital, 2018), Quienquiera que seas (FOEM, 2015), Brazuca remix 14 (Palacio de la fatalidad, 2015), Obras Cumbres (Bongobooks, 2014), La czarigüeya escribe (Editorial Analfabeta, 2014), en coautoría con Diana Garza Islas, Muerte del dandysmo a quemarropa (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2012) y Mi nombre de guerra es Albión (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010). Tradujo del portugués Bruno Brum a ritmo de aventura de Bruno Brum (Palacio de la fatalidad, 2017); Droguería de éter y de sombra (Palacio de la Fatalidad, 2014) de Luís Aranha; Oda a Fernando Pessoa (Palacio de la Fatalidad, 2017), Paranoia (Palacio de la Fatalidad, 2013) y Voy a moler tu cerebro (Red de los poetas salvajes, 2010) de Roberto Piva; la antología de poetas brasileños nacidos en los ochentas Escuela Brasileña de Antropofagia (Kodama Cartonera, 2011). Tradujo del inglés, con Diana Garza Islas, Una noche, senté a Donald J. Trump en mis rodillas/Y otras teorías estéticas del siglo XXI (Oficina Perambulante y Palacio de la Fatalidad, 2017), a partir de un ejercicio de Chris Rodley. Imparte los talleres de poesía latinoamericana Periferia de Escribidores Forasteros en la Ciudad de México y Toluca. Trabaja en la librería Mi Primer Día en el Salón de la Fama.

 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=K0z0spbT3gA
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