Sheep’s Vigil by a Fervent Person

Trad. Ricardo Migueles Rodríguez

 

¿No es O guardador de rebanhos una traducción de Pessoa a su maestro Caeiro? Por supuesto, no se trataría de un trabajo a partir de palabras, ni mucho menos de ideas, una abominable hipótesis frente al paganismo depurado, ingenuo y genuino del primero de los heterónimos de Pessoa. ¿Cuál sería entonces el original? Mejor dicho, ¿qué sería? Casi cien años después, en Canadá, una cierta persona llamada Eirin Moure precisaría a esa suerte de pre-texto de O guardador: ni vocablos ni símbolos ni imágenes, el sentido íntimo de los poemas –su lugar en la naturaleza– son estados de ánimo, una certeza que haría que la tierra se volviese a transformar, y todo el mundo adquiriese el sentido que ella ya tenía instintivamente en sí, tal la elación descrita por Pessoa en una carta a Sá-Carneiro. Así Erin Mouré, durante un invierno de principios de siglo, obedecería el dictado/lectura del ánimo de Eirin al escribir su fresca y actualizada Sheep’s Vigil by a Fervent Person (Anansi, 2001). Que no se espere un trabajo de precisión literal, pues no es eso lo que pueden estas trans-e-lations, trans-eirin-elations, transcreaciones, debido a que su fervorosa fidelidad está dirigida hacia otra cosa, una otra cosa que llamaría la atención y los afectos del mexicano Ricardo Migueles Rodríguez quien, por su parte, invocase a su propio heterónimo, Miguel Ricardos, ahora lector del inglés, para la revelación de la nueva naturaleza, sin adentro y sin afueras, de los poemas de Mouré. Siendo este el caso, traducir a esta vigilia implicaría leer varios alientos: Pessoa, Caeiro, Erín, Eirin: el Portugal de Pessoa, el campo de Caeiro, el Ontario rural de Mouré: «la poesía —en sus varias formas—, el ateísmo-metafísico-no-metafísico de Alberto Caeiro, el español, entre otras subcapas que yacen dormidas en el texto», como ha escrito Migueles Rodríguez para presentar su trabajo. El experimento sobre esta concatenación de lecturas, nótese que se trata de un retorno a la familia romance, no puede ser menos que estimulante; los resultados ya han sido exhibidos en las revistas La Idea Lista y Vallejo & Co. Por parte nuestra, nos complace sumar al conocimiento público de este trabajo cinco otros textos de El cuidador de rebaños, por una ferviente persona, en tanto conjeturamos que de alguna forma corroboran la tesis de Rexroth, «quien tiene oído para un idioma, tiene oído para todos los demás», permitiéndonos agregarle a la manera de Caeiro, que quien tiene oído para un idioma, tiene oído para la naturaleza toda.

César Panza

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E r i n   M o u r é
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E l   c u i d a d o r   d e   r e b a ñ o s ,
p o r    u n a    f e r v i e n t e    p e r s o n a

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ix

Oye, estas son mis ovejas
Tengo ya toda una manada de gatos en mi puerta.
La manada son mis pensamientos
y mis pensamientos son todos ellos sensaciones.
Con mis ojos pienso, y pienso también con mis oídos
y con mis manos y mis pies
y con mi boca y mi nariz.

Pensar una flor es verla y olerla.
¡Es posible que no haya otro día como este!
Me como la fruta con respeto; es una enseñanza de sentido.

Así, cuando en un día caluroso
me siento un poco decaído por disfrutar de tal placer
y me recuesto con los gatos calientes en el pasto,
con mis ojos cerrados, que también tienen calor,
siento que todo mi cuerpo se desprende de la realidad,
hace tanto calor afuera,
y entonces conozco la verdad, llamémosla así, me da tanta alegría.

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xiv

Las rimas me ponen de nervios. Raramente
No tengo nada que ver con las rimas. Raramente
hay dos árboles iguales, uno al lado del otro.
«Pienso y escribo» y «las flores tienen colores».
¿Qué opinas de la rima de ese pareado de árboles?
Sé que no es perfecta mi forma de hablar
pues no soy lo que aparento.
No, eso sería una simpleza, como la divinidad.

Veo y me reanimo,
alentado como el agua que sale de una casa con el suelo inclinado,
y mi poesía es natural, como el viento que vuela el papel.

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xvi

Lo que daría porque mi vida fuera el viejo coche de mi vecino
Lo que daría porque mi vida fuera el viejo coche de mi vecino
que ruge en vano cada mañana en Winnett,
y vuelve luego más sereno,
entrada la tarde, por la misma avenida.

No necesitaría aferrarme a la esperanza, sólo necesitaría ruedas…
Envejecería sin arrugas y sin canas…

Llegado el momento en que yo fuese inútil se limitarían a vender mis llantas;
y limpiarían el aceite que derramé en la calle;
y me tumbaría en mi toldo, mi caliente toldo, en el fondo de un cálido barranco.

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xxx

Así que soy un místico. ¿Y entonces?
Si me acusan de místico, ya está, soy culpable.
Soy un místico. ¿Te sientes mejor ahora?
Mas es sólo un asunto del cuerpo.
Mi alma es simple y no piensa en absoluto.

Mi misticismo radica en no querer saber.
Vive sin pensar en vivir.

No sé lo que es la Naturaleza; sólo cavilo y discurro sobre ella
Vivo en la curva casi doble de Winnett, en un pequeño valle,
en una casa de ladrillo, mitad dúplex —por cierto—,
construida por un hombre que perdió a su hijo en el 68.
El vecino de al lado le tira lasaña a los cuervos.
Eso es. Así es como puedes definirme.

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xli

Al final de unos calurosos días de Verano…
Al final de unos calurosos días de Verano,
cuando no hay brisa alguna, siento
por un momento, sólo eso, una brisa trémula…
Pero los árboles no mueven
ni una de las hojas de sus hojas.
Es una ilusión de los sentidos
que inventan lo que les complace…

¡Ah, ustedes los sentidos en la avenida Vaughan, enfermedades que ven y oyen!
Si fuéramos hechos tan sólo para ser
y no necesitáramos de la ilusión;
bastaría con sentir lucidamente,
y nunca pensar en que hay sentidos…

Pero el mundo es imperfecto, ajá sí ajá, y lo necesitamos mucho
pues la imperfección es chose y coisa
y equivocarnos nos hace originales;
además hace calor y queremos un vaso de agua,
somos graciosos ¿no?
Y tenemos nuestros achaques, que impulsan un mundo extraño

Sin imperfección habría una chose menos,
y precisamos de todas las choses,

pues necesitamos —desesperadamente— ver y oír…

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Erin Mouré. Calgary, Alberta, 1955. Poeta, ensayista y traductora canadiense. Cursó estudios en filosofía. Especialista en traducir del francés, gallego, portugués, portuñol y español al inglés. Es Doctora honoris causa por la Universidade de Vigo, España, por su contribución a la poesía y la traducción de la cultura gallega, así como por la Brandon University por su contribución a la poesía canadiense. Ha recibido varios premios, como el Governor General’s Awards para poesía por su libro Furious y la beca creativa Woodberry Poetry Room por la Universidad de Harvard en 2017. Desde 1979 hasta hoy ha publicado cerca de 20 libros de poesía, entre los que figuran Empire, York StreetDomestic Fuel, Furious, Search Procedures, Little theatres, O Cadoiro, Expeditions of a Chimæra, O Resplandor, The Unmemntioable, Kapusta y The Elements. Es la traductora de Chus Pato al inglés, con quien además escribió el libro dual Insecession – Secession. Ha traducido a los poetas Nicole Brossard, Louise Dupré, François Turcot, Andrés Ajens, así como a la poeta gallega Rosalía de Castro y a Fernando Pessoa.

Ricardo Migueles Rodríguez. Poeta y traductor. Estudió Letras Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Ha traducido textos buddhistas de la tradición Theravada; así como poemas de Anne Waldman, Joy Harjo, Marianne Moore, Fernando Pessoa, Wallace Stevens, entre otros, que pueden encontrarse en su sitio web.

La imagen que ilustra este post  es un detalle de una obra  realizada por la artista brasileña Ana Persona
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