Sobre «Bernat Metge» de Lucas Margarit

 

Por Mercedes Roffé

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Puedo adivinar lo que Bernat Metge, el humanista catalán del siglo xv, redivivo, primero le reprocharía y luego —seguramente, sin reconocerlo del todo— le agradecería a Lucas Margarit por este libro: la sutileza, lo etéreo de una voz que, muy pero muy probablemente, ni Metge, ni todo el siglo, la cultura y la lengua de Metge —como no fuera en los dorados arrabales de la poesía oral— jamás habrían sospechado: la capacidad de sugerir, la capacidad de no agotar, de no ser exhaustivo y aun así ser capaz de cantar y meditar en los más hondos temas en el fugaz devenir de un verso, de una estrofa:

que no existe el canal que
separa los vivos y los muertos

o:

 

—lo animado no vive ni muere de un solo modo:

Ese es el homenaje que Lucas Margarit le rinde hoy a ese oscuro humanista. Esa luz. ¿Acaso no tildaríamos hoy de «oscuro» a alguien a quien sus acciones llevaron dos veces a la cárcel? ¿Estaba él acaso en la cacería en la que murió —¿de un disparo? ¿de una caída?— su señor, Juan I de Aragón? ¿No tildaríamos hoy de oscuro el haber tenido un hijo natural con Violante de Bar, la esposa de su rey? ¿No tildaríamos hoy de oscuro haber reelaborado uno de los más lamentables personajes del Decamerón: la fiel y honesta —y absurda e inhumanamente abusada— Griselda, esposa de Gualterio, Marqués de Saluzzo?

A toda esa densidad, a toda esa sordidez, Lucas Margarit decide en su breve poemario despojar de su acervo doctrinal y darle alas. Porque así suenan sus poemas: como una filigrana que ha expurgado de sí todo peso asertivo sin perder por ello el luminoso acecho de la duda.

No importa si el que habla es el rey asesinado o la eólica Ifigenia; no importa si es Bernat rogando la bendición a su padre o perorando con Próspero sobre su cueva marina. No importa si es Medea reclamando a Jasón su traición de orilla a orilla, altavoz en mano. O si es la abandonada Dido, la fantasmal Eurídice, la traicionada Ariadna. Aquí todo es viento. En tanto todo es alas. Pájaros. Vacío. Vuelo. Tiresias ordenando el sueño de la muerte. Bernat soñando. Orfeo enseñándole al poeta a nombrar. Bernat nombrando.

Como bien recuerda Diego Muzzio —vía Borges, vía Eliot—, «nuestras lecturas presentes modifican de algún modo nuestra mirada y comprensión de los autores pasado». En este libro, lo que parecería develarse no es tanto otra interpretación de ciertas —ciertamente olvidadas— obras del pasado, como una poética posible a partir de la cual Bernat Metge, el poeta y notario autor de El Sueño, podría volver a concebirse a sí mismo. A concebir su obra.

 

 

v

—¿qué ves Bernat a través de las hojas trituradas
por tus pasos?

—veo mi cuerpo extendido hacia el mar
y veo sólo hojas trituradas.
veo las huellas de la oveja que escapa
la perdiz huyendo del halcón
veo las hojas trituradas

—veo el nido arrasado de un pájaro hueco
veo a Orfeo que pisa las hojas secas
por el viento

—¿qué ves Bernat a través de las hojas trituradas
por tus pasos?

—veo la caída de mi cuerpo extendido hacia el mar
y veo sólo las hojas trituradas
o las huellas del ciervo que escapa
un flamenco huyendo del león
veo las hojas trituradas

—veo un nido de ratas arrasado y
veo a un dios desnudo que pasa
entre las hojas secas
por el viento

—y veo una anciana despedazando
arañas con su piel oscura,
un hombre con la cabeza de un cerdo
como la máscara luminosa de una estatua,
un hombre con la cabeza inclinada
que asimila la sangre y canta
antes de despertar debajo
de todos los horizontes de piedra

—y veo las hojas trituradas
que, como escamas, envuelven
mi cuerpo de niño en un territorio vacío

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xv

Padre:
deja las hierbas
y ayúdame a distinguir
el óxido y la costa del mar

cuando vuelvas con la bendición
busca en el camino
las palmas de mis manos
ahora hambrientas

Madre Agnes:
¿qué haces sola frente al fuego?
ayúdame a distinguir
la vida de la muerte
que a estas horas tengo la vista cansada
por la luz ocre de las velas

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xx

Don Juan I de Aragón a Bernat Metge

—lo animado no vive ni muere de un solo modo:
aquí me ves, como la noche y como la voz que circula
de la nada hacia la nada

baja la mirada, en el suelo está la respuesta de cada pregunta,
de cada pregunta que has escrito

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xxi

Pedro IV a Bernat Metge

—Bernat, antes que mueran
los peces del río
descubre frente a la ventana un campanario,
una noche blanca y una noche fría

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xxiii

mira dentro de tu bolsillo, la última moneda
y el vidrio.
Es transparente. Otra vez entras a casa para descubrir
que no existe el canal que
separa los vivos y los muertos

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xxv

una grulla extiende
sus alas dentro de la catedral
el agua bendita
esconde la imagen quemada de Narciso

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Mercedes Roffé. Buenos Aires, Argentina, 1954. Poeta, traductora y editora. Es una de las voces de la poesía argentina actual de mayor relevancia y reconocimiento internacional. Recibió la Beca John Simon Guggenheim por su libro La ópera fantasma (2005). En 2005 aparece también en España la antología de su obra Milenios caen de su vuelo: Poemas 1978-2003. Entre sus libros de poemas se destacan: El tapiz (1983), Cámara baja (1987),  Memorial de agravios (2002), Canto errante (2002) y Definiciones mayas (2000), entre muchos otros más. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés, italiano, catalán y rumano. La nota sobre el libro Bernat Metge de Lucas Margarit –Buenos Aires Poetry Ediciones, 2016–, junto a la selección de textos, fue realizada y remitida para su exclusiva publicación en POESIA.

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