Sobre lo auténtico

Arnaldo Jiménez

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a f o r i s m o s

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¿tú pretendes escribir poesía sin que el ego se manifieste?, ¿qué haces para mantenerlo a rayas?, ¿te concentras y lo extraes de tu estructura psíquica?

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obviamente, no tienes por qué hacerle caso ni a Freud ni a Jung ni a Lacan, en mi caso, que sí les hago caso y los sigo en sus redes, tengo en cuenta esto: todo ser erige su identidad desde la ilusión de ser otro, hasta su desarrollo motor, biológico y psíquico es el efecto de una suplencia, «en donde el ello era el yo ha de advenir», en donde pudiste haber habitado tú otro ser ocupó el sitio, entonces, ¿cómo puedes creer que eres auténtico cuando escribes?

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pero si quieres refutar el aforismo anterior para volverte a engañar, déjame decirte con Deleuze, y su Anti-Edipo, que lo auténtico nunca es absoluto, mucho menos en la puesta en escena de la escritura, pues, en esta todo un pueblo actúa, todo un pueblo se territorializa.

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el objeto no es posible hacerlo aparecer cuando escribes, está perdido, no hay manera de que no exista en ausencia y no se sitúe en tu escritura en forma de fantasma, y ese velo que no te permite decirte.

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el sujeto está sujetado al lenguaje, tachado por este, y en esa relación no es más que un parásito que lo enferma constantemente.

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todos escribimos desde un cuadro patológico que ignoramos.

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uno debería arrojarse al centro del poema, a su núcleo, es decir, el centro de uno mismo, así piensa un poeta abstracto, aquel que no sabe desde dónde escribe. Nuestra definición, si es que se puede decir esto, nunca dejará de tomar en cuenta que somos desatino en acto, como dice Carlos Castañeda, un desatino sin control, descentramiento de carne y hueso, así, aunque uno crea haberse arrojado–y esta creencia pienso que es causa del poema–nunca se logra, nos contenemos, nos detenemos en el borde, en ese lugar donde se piensa en demasía.

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al formarse tu estructura psíquica, un vacío permanece sin llenar, un vacío es causa de aquello que buscas para llenarlo, la autenticidad estaría dirigida no solo a decir un evento, una idea, un anhelo tal cual lo concibes, ciertamente, con una relativa honestidad, sino a dar en ese blanco y extraer su esencia que no es desconocida. Ante esta imposibilidad, no es conveniente escribir pensando que la escritura expresa todo lo que queríamos decir. El poema sufre de nuestros mismos extravíos.

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la palabra alma quizás sea la única creencia del poeta, pese a que existe un 98% de posibilidades de que ella sólo exista como creencia.

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el poema debe consolar, redimir, admirar, curar, reflexionar, cambiar…porque proviene de un dolor o de un anhelo de vida, de instante o de otro asunto más osado y deshumanizado que no sé bien cómo llamar.

 

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a veces me digo, fíjate, hay momentos en que rechazas el lirismo, quizás por presiones externas e internas, pero sabes que tienes una gran cantidad de poemas y prosas, escritos sin este recurso, pero digamos que a veces, Arnaldo quiere desechar el lirismo para siempre, y yo le digo, está bien, hazlo, pero como esa zona es conocida por mi falsedad de ser, y entiendo que si escribiera siempre de manera concreta y directa, también lo seguiría siendo, le aconsejo a Arnaldo Jiménez que el lenguaje, cualquiera sea, siempre será una película superpuesta sobre lo real, nunca se corresponderá con esto último, porque todo lenguaje directo está condenado a la muerte (entiendo por lenguaje directo aquel que evita desplazarse y aparecer en un sitio que aparentemente no le corresponde) muy pocos genios lo han usado y han perdurado en el tiempo, pero Jesús, el poeta de los poetas, no se cuenta entre estos, tampoco el I Ching, ni Cervantes, ni Confucio…Entonces él me pregunta: es decir, ¿qué tú lo que quieres es perdurar en el tiempo? Claro, respondo, yo asumo el engaño de cualquier escritor.

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el poema seguramente se aferra a un instante, al pedazo de una fecha, o a una mezcla de hechos acaecidos y supuestos, con las emociones que les fueron propias, pero su intención es el abandono del tiempo, de sus pasados, seguramente procura una superación, no lo sé, aún pienso si lo que estoy diciendo en este aforismo sea cierto o no, todavía pienso en ello.

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¿será cierto que el poema, siendo un efecto del lenguaje, coloca sobre las palabras o dentro de ellas, aquellas relaciones que, en la vida que le dio impulso, están más allá de las causas, aquello que Jung denominó sincronismo? Pero, ¿el sincronismo no acarrea un sismo, un movimiento que concatena causas y efectos, causas y efectos en sentido lineal y disperso, múltiples y singulares, con movimientos del espacio-tiempo con forma de oleajes y de rizomas? ¡Dios mío, me parece que esto es mucha ambición para la sencillez de un poema!

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una vez terminado el poema, ¿no será el resto que queda sin recoger aquello que le era más esencial? Por favor, aunque respondas afirmativamente la pregunta anterior, no creas que lo que tú borras, podas, mutilas en el poema es directamente proporcional a ese resto no recogido.

 

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a veces, sólo a veces, me percato de un verso que surge por su propia voluntad, muchas veces, sólo muchas veces, he sido su asesino, pero siempre, sólo siempre, me arrepiento, porque tal vez, sólo tal vez, todo poema posee una voluntad que me es ajena.

 

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¿son las vivencias aquellas resonancias que se expanden en forma de ondas silenciosas para llegar a encontrar música, palabras y sentidos en el poema? ¿Y qué resuena cuando es otro el que se lee en tu poema?, ¿no hay otro en ti–diferente a ti– que lee?

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si tú eres un efecto del lenguaje, su directa invención, un sonido que camina como dirían los guaraníes, ¿cómo pretendes no inventar cuando escribes?

 

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se debería escribir intentando un contacto verdadero con tu ser interior, ahora, si esto ocurriera, ciertamente no te haría falta volver a escribir.

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quisiera creer que la poesía es la perduración de la fe en el hombre, pero tengo muchas dudas, porque si creyese que eso es verdad, tendría que saber qué es el hombre, y con él, es decir, conmigo mismo, tendría que saber qué es la vida y esto me llevaría irremediablemente ante el muro de la muerte y allí ninguna pregunta es posible. En todo caso, la poesía sería la sobrevivencia de la fe en el enigma, lo cual podría ser hasta una ofensa para ella, porque parece que esa expresión quisiera dar a entender que solo por el misterio la poesía es posible, y tampoco estoy seguro de esto, así me aferre al trajinado lugar común que le da carácter de misterio a la vida, ni así.

 

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quizás solo se pueda decir algo sobre el poema, y dejar a la poesía en su estado de latencia permanente, ¡ja, ja, ja…!, esto no lo había pensado, la poesía abandona ese estado cuando se transforma en poema y una vez dentro de este intenta acercarse al tiempo y vencerlo. Ahora, si yo evoco a la poesía, mi naturaleza efímera y finita, haría que solo una parte de ella saliera a escena, todo lo demás seguiría oculto. ¿Será cierto lo que estoy escribiendo? ¿Será que mi imaginación interviene y me muestra un escenario imposible como posible?

 

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solo escribiendo hago visible el saber que no sé que poseo. Caramba, esto es algo casi insólito, ¿cómo puede acumularse un saber que no entró en la memoria a través de las palabras? ¿Cómo sé que ese saber se corresponde con algo auténtico en mí?

 

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no puedo hablar por otros. Trataré de centrarme en mis creencias. Creo que el problema se me presenta porque quiero que mis palabras o mis pensamientos tengan una pretensión de verdad que sea válida para otros poetas. Allá ellos con sus asuntos, cada cual debe emprender sus propias búsquedas. El lenguaje porta una locura en sí mismo, se desliza demasiado, tiene tantas pérdidas y tantas ganancias que cada palabra acarrea un discurso que permuta, copula, se exilia, se extingue y se recupera sin césar. Lo único que deseo es ordenar mis creencias, ¿por qué no puedo hacerlo?

 

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¿hacia dónde van mis caminos? Van hacia mis regresos, todos mis caminos, si avanzan, es a condición de que al mismo tiempo estén regresando. En esos caminos palpo lo que creo muerto y, ah vanidad de vanidades, creo que les doy vida, que los resucito con el toque milagrero del poema, ¡instante, levántate y anda!

 

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pienso que más que presentir un devenir y auscultar el pasado, a mí lo que más me emociona es descubrir esencias, desvelarlas, y en el doble sentido de la palabra, lo esencial en cuanto lo más importante de algo, y la esencia que es olor, que vaga y se va, lo superfluo.

 

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el lenguaje es un instrumento lúdico, un juguete que sirve para indagar superficies que en algún momento nos hicieron creer que eran profundidades, quito un velo, se profundiza, quito otro, se profundiza, se amplía el misterio, porque, ¿cómo evitar que en el lenguaje se encuentre el alma? ¿Qué es esto tan loco que estoy diciendo? ¡Dios mío! No solo el alma, todo lo que hemos ganado y todo lo que hemos perdido, creo que ya escribí esto, me refiero no a una persona con su tiempo limitado, sino a una especie con su tiempo ilimitado.

 

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cuando digo vida, no me refiero a la humana nada más, cualquier vida es poética, claro, aquí no me refiero al poema, me refiero a la capacidad de percibir poéticamente y acercarnos al silencio que nos funda e intentamos traducir, ¿silencio?, ¿será que silencio no es la palabra más adecuada?, ¿adecuada para qué? ¿Qué deseo, qué persigo?

 

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quiero decir–continúo– que lo esencial no está solamente en el profundo mundo interior del poeta, ¿estaré hablando del poeta o de mí?, no está en el profundo mundo interior que poseemos–corrijo–también está en nuestras miserias, en esa colección de absurdos que, siendo brotes del alma, hemos convenido en llamar vida.

 

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el poeta se deposita a sí mismo en esa expresión de su memoria llamada poema, el pasado, guardado allí y allí deformado, le ofrece siempre el recuerdo de otro que fue.

 

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prefiero escribir desde un sentimiento de fatalidad, desde una sensación de desvanecimiento e incertidumbre, que desde una supuesta riqueza interior, un estado de plenitud, una comunicación con el cielo.

 

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¿por qué aspiras a un estado de plenitud que te eleva al cielo sin haber muerto?, ¿por qué niegas lo que eres? El diablo está tan desprovisto de amor como tú, ¿no sería más auténtico realizar esta miseria, esta orfandad?

 

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si la honestidad fuese el camino regio a la autenticidad, todo poema debería ser borrado en el mismo acto que le dio vida.

 

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la presencia de tu egocentrismo se manifiesta con mucha severidad, en esos días en los que careces de voluntad, de ánimo para escribir, en esos instantes, el ego ha subido o bajado tanto, que te ofrece la posibilidad de abandonar el vínculo más fuerte de tus apegos; pero ¿qué haces tú? Vuelves la mirada hacia tu cárcel, te sientes mal, incómodo, andas nervioso, angustiado, pues no desea vivir sin ese fantasma dentro de ti, sin ese papel, esa actuación.

 

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es conveniente tener una hendija, un ojo mágico que nos permita ver los entretelones, que nos permita extender una distancia entre el yo y la seguridad de creer en el papel que el destino le asignó en las relaciones sociales.

 

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cuando he colocado mis poemarios extendidos en el piso de alguna plaza pública para venderlos, y veo acercarse a ellos al público, personas que me son completamente ajenas, siento muchísima pena de enseñárselos, no me atrevería a leerles un solo verso, siento que no entenderían completamente nada, y esto es un defecto atribuible a mis libros, no a las personas. Incluso, llego más lejos, llego a preguntarme ¿para qué y por qué los escribí? Entonces entiendo que en asuntos de escritura siempre se está en el origen.

 

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temo que el único capaz de comprender a Don Quijote es Job, quien siempre atraviesa por los más fuertes vientos arrojados por la ilusión, y, en mucho menos páginas.

 

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muchas veces he escuchado a poetas despotricar del intelecto, se sienten ofendidos si se les dice que sus poemas son intelectuales, pero, ¿por qué sentir esta ofensa si es el intelecto, a fin de cuentas, el que escribe, jamás lo ha hecho el hígado o el corazón. El intelecto siente, sintetiza emociones, canaliza sensaciones, añade imágenes y razones. El intelecto organiza el material memorizado y el material anhelado, les da sentido, coherencia entre forma y contenido. Si quieres aspirar a la libertad, te lo dice Cioran, envíciate en ser lúcido.

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Arnaldo Jiménez. La Guaira, Venezuela, 1963. Poeta, narrador y ensayista. Es licenciado en educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo. Maestro de aula desde el 1991. Es miembro del equipo de redacción de Poesía del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida, de la misma Universidad. Cuenta con una extensa obra publicada en distintos géneros, entre ellos, la narrativa y el ensayo. En poesía: Zumos (2002); El silencio del agua (Recopilación y notas. Poemas y dibujos creados por niños y niñas, 2007); Tramos de lluvia (2007) y Caballo de escoba (2011).  En el año 2013 recibió el Premio nacional de poesía Stefanía Mosca por su libro Álbum de mar.

La imagen que ilustra esta entrada pertenece al detalle de la obra By the Lake (1940) del artista chino Gao Xingjian.
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