Tatiana Pequeno

Trad. Cristina Gutiérrez Leal

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Carta para Sebastián

Cuando una canción comienza muy ruidosa
es porque su urgencia precede a la armonía,
una voz de nieve hubo de ser sacrificada para
que los repetidos nosotros no hiriesen
hasta el fin
la vida diminuta e inútil de los intensos.
hablo conmigo de estas canciones sin
saber perfectamente la teoría de ese
mundo
aunque eso ya lo sepas porque estás
al lado, tan cerca que, si extiendo
un libro, él se acuesta en tu pecho
se despierta a nuestro lado para
que un poema sobre nosotros esté
presentido
de un largo encuentro vienen otras
canciones hondas, y son alimento integral
para los que creen en la misericordia como
nosotros
porque hablo contigo de nuestras Lunas
de los desconocidos que mueren donde
hacemos fotografías y de la lejanía
que alcanza nuestra voz silenciosa
de estar indignados incluso conscientes
cuando la imagen de un Hombre
nos conmueve y tan rápidamente
desaparece.
cuando nos sentamos a la mesa, lo juro, no
hay como no sentir las vibraciones de la
amistad, la fuerza larga del fuego, el
nacimiento del agua y la tierra doméstica
cruzando lo que de amor ponemos
en el pan
tal vez porque conozcas la lengua de la que
hablo la música y la música de ti relate una
historia de falta y migraciones
deshechas desde que nacemos tan
separadamente en el mapa de una desembocadura.
hay lugares que se ocupan de vacíos
después de tanta travesía, y de montes
rocas y polvaredas nos ganamos cielos, cuerpos
en abrazos, semillas y palabras que
nos inauguran nuevos pies. y, Sebastián,
si hablo contigo del mundo es porque
también no lo sé diferente de esta dificultad,
pero deseo que a nosotros la humanidad
nos resplandezca y que, tengamos una labor o no,
podamos entonces recibir
a quienes amamos en nuestras tierras en
nuestras mesas y en nuestras camas
como un bien preciado de fraternidad y del
Amor mismo
entre nosotros

 

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Carta para Mariana

Hace mucho les decían amigas
a esas que se amaban en la espera de la
noche, oscuro adentro o en la madrugada
es así también que te conozco,
Mariana, no solamente como nombre o manos
cerradas; en ti fue posible un
posar largo de alas, marco alfa en
nombre de una mujer honda en cuerpo
del paisaje muy alto. de tu piel,
Mariana, nunca olvidé el azote y
es por eso que existo ahora en ti y
me encontraba; además
de orfandad yo reconocía el trámite
de una Tristeza certera que no
se refería solo a tu continente
sino a todo lo que hubiese sido
perdido o nunca posible, porque
la medicina del Amor nos desengañara.
y permanecimos algo enfermecidas
en un comienzo de poco verbo, a medio-amor
interrumpido y precoces planes condenados al
temor de lo que una historia de frases legaba
tiránicamente al cuerpo imposible porque
en nuestras propias manos no estábamos nosotras.
de repente, Mariana, un día me desperté luego
de mucho dudar y te encontré resonando
real, más hermosa que todas las otras humanas
criaturas y presentí que una llave me había
sido dada, para poder entrar y hallar reposo
dentro de una luna al interior de la casa, repleta
ancha y genuina como la astucia de las ovejas.
tu lealtad al fuego y al agua que nos deja
preparadas da sentido a tu porte ético de profunda
realeza, Mariana,
y también por eso hace mucho no eres apenas amiga
sino prometida, rosa y regaliz
de ahí que tu nombre esté inscrito en la causa
amante porque tuyo el terreno, Baobá preciado,
raíz por donde alimento la tierra que me falta.

 

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Carta para Mariana, después de las protestas

pienso sobre tu silencio y escucho ahora
una artillería pesada de gas y de choques
como si esperase el gesto imposible
que prometiste nunca dirigirme.
guardo tu cara gracias al rostro lavado de sal
de la última despedida y nada de lo que fuimos en las
habitaciones donde sistemáticamente nos despedimos
arregla los más de mil kilómetros de
litoral que recorro hace meses para llegar
al movimiento central de las reivindicaciones
a la marcha certera de los afligidos y las protestas.
los días han sido intentos obtusos
de ver cómo es sagrada la depredación y los
ajustes, más por ti que por mí pues retuve
de la última hospitalización otros monolitos
que no logro ni puedo devolver o
simplemente hacer deslizar rápidos por las
nefronas. porque es a través de ellos que no
amo y no seré capaz de amar a otros sino a
vándalos y herejes — incluso tú olvidada
saludando entre las banderas y taxis la pérdida de los
empleos para los que no se nace o sobre
vive. de ti, Mariana, solo el brillo de imagen
después de la revista del guardia en camino a una
filiación médica (o militar) en Madureira: algo
como una página escondida sobre manos deshechas
y desatadas en un invierno de mucho miedo
y combate

 

Rio de Janeiro, 18 de junio de 2013

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Tatiana Pequeno nació en 1979, en Río de Janeiro. Tiene tres libros publicados: réplica das urtigas (2009), Aceno (2014) -al cual pertenecen los poemas que componen esta muestra- y Onde estão as bombas (2019). Trabaja como profesora de literatura en la Universidade Federal Fluminense, donde coordina un grupo de investigación sobre la relación entre cuerpo, género, sexualidades y las literaturas en portugués.

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Cristina Gutiérrez Leal. Coro, 1988.  Poeta, docente y traductora venezolana. Doctora en Literatura Comparada (UFRJ). Publicó la plaquette La primera huida es única (LP5, 2018) y el poemario Estatua de Sal, con el que obtuvo el Premio XX Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre (2015). Ganadora del II Concurso Nacional de Poesía Rafael Cadenas (2017). Sus poemas han sido publicados en diversas antologías y traducidos al inglés, italiano y alemán.

La imagen que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Javier Miranda

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