Teorías del desecho

Arnaldo Jiménez

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Todo “objeto” supone la continuidad de un flujo,
todo flujo, la fragmentación del objeto”.

Guilles Deleuze. F. Guatarri.

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A la memoria de César Panza.
Y a la locura que nos habita.

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introducción

Series, Moldes y Fugas de Producción

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La sociedad capitalista debe considerarse, en cada uno de sus momentos, esencialmente productiva; no hay una sola de sus instituciones ni una sola de sus formaciones culturales que no esté signada por la producción, de tal manera que este no es un concepto que se deba acuñar para referirse al funcionamiento de las industrias nada más. Toda la cultura capitalista, su cotidianidad, sus costumbres, sus modos de hacerse y rehacerse, construirse y reconstruirse, son funciones productivas. La base de la industria y, por tanto, de la cultura, es la producción de moldes en serie.

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El mercado sirve de vínculo general a todas las relaciones entre los moldes producidos, cuenta para ello con el uso y la circulación de la mercancía universal o dinero. Lo que Marx denominó la superestructura ideológica no se reduce nada más a las representaciones inmediatas, directas, de una falsa conciencia surgida desde la base material del modo de producción; hay mediaciones deformantes de esas directrices, sin que ello niegue a la falsa conciencia como ideología. Si nada más nos rigiéramos por esta adecuación entre superestructura y estructura estaríamos dejando a un lado la complejidad del asunto de la producción y el consumo; entendiendo complejo como un tejido que se teje a sí mismo: una entrada se une a otra entrada, un flujo de ideas a otro flujo de ideas, de tal manera que sus bordes se confunden, se enlazan, se unifican y se dirigen al mismo objetivo: no permitir la visión de otro ordenamiento social; conciencia dispersa, desenfocada. Acoplamientos entre las partes y los sistemas y funcionamiento de engranajes ideológicos discursivos. La superestructura en la estructura y viceversa.

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Quizás el destino de la humanidad se juega en la posibilidad de quebrantar o no el ordenamiento educativo vigente. Moldes y series de sujetos son funciones estrechamente dependientes del sistema educativo, porque este ha asimilado la función de cualquier otra industria: producir series; en este caso, series de sujetos o mercancía-sujeto. El molde determina la serie y la serie distribuye los moldes. No se piense que el sistema educativo se resume a las instituciones escolares en cualquiera de sus niveles. El sistema educativo produce el mismo patrón de subjetividad dentro o fuera del aparato escolar: educación formal e informal en múltiples implicaciones.

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Si del sistema educativo parten hacia el resto de las instituciones una línea de series de moldes acoplados al sistema de producción, quiere decir que el sistema educativo se extiende hacia esas otras instituciones que a su vez sirven de engranajes reproductores de los moldes; si no fuese así, el sistema económico podría detener su marcha productiva. Todas las averías en los engranajes e incluso en los moldes son pronto reparados por el sistema general de producción tanto ideológica como material. El fin último del sistema es la producción en serie de diferentes moldes consumidores y consumistas, moldes que se consumen en la medida en que consumen lo producido: la producción produciéndose y reproduciéndose.

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En una época determinada, la clase social dominante de esa coyuntura histórica impone un molde y una producción de la subjetividad de acuerdo a sus intereses de clase, incluyéndose ella misma, por su puesto. Los moldes solo varían de acuerdo a su posición en la estructura social. Los discursos estarían otorgando las diferentes formas de los moldes, pero sin variar la sustancia que se vierte en ellos. Así tenemos, por ejemplo, que un barrendero con características sociales de vida propias a su oficio, también es un ser que se consume en la medida en que trabaja (yo real), es un ser que prefiere pertenecer a otro molde en el campo del imaginario (yo ideal) y, además es, al fin de cuenta, un consumidor de los productos del mercado, porque hasta la carencia se comporta como una mercancía; apetece el dinero y ambiciona otros productos que su condición no le permite obtener.

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Cada grupo de series se desliza por el tramado socio cultural reproduciendo el sistema general de producción y por tanto mantienen la marcha del sistema capitalista. El movimiento de las series supone la eficacia de los moldes producidos. Cada molde contiene una subjetividad inducida. La personalidad –que puede ser algo más amplio que la subjetividad–, se adapta a esta y terminan confundiéndose. La serie actuando en conjunto con las instituciones que la han producido, es decir, la superestructura y la estructura acopladas en un mismo objetivo deben asegurar que la personalidad no rompa el molde de subjetividad; que la serie no tenga posibilidad de ruptura; pero esto no es posible, en la marcha del proceso productivo siempre hay fugas de producción que pueden generar otra moldealidad y la marcha de otras series: los discursos poseen ámbitos de conciencia que permiten la reflexión sobre las condiciones de clase social, permiten sentir el orden de cosas como injusto y, por tanto, el discurso puede desviarse del ordenamiento general de los moldes y comenzar a generar una moldealidad diferente. Se trata entonces de saber ¿desde dónde se genera la fuga?, ¿desde qué momento de la producción?, ¿desde cuál posición de clase?

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Si la fuga se genera desde el gobierno, puede haber o no un cambio paulatino en la producción de moldes que al fin y al cabo es producción de identidades; en el caso de que se dé un cambio, es necesario que el sistema educativo comience a producir otras líneas de series de moldes que desestabilicen las instituciones y modifiquen su funcionamiento. Esto tiene grados de penetración. Discurso no se refiere solamente al encadenamiento producido por el lenguaje, como afirman los lacanianos. Las diferencias entre los moldes generan un discurso que se sitúa fuera del lenguaje, muchas veces fuera de la conciencia, pero genera un comportamiento, este comportamiento es a la vez otro discurso, disociado generalmente del habla.

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Las fugas de producción tienen como objetivo captar esos discursos que aún no tienen lenguaje y darles existencia más concreta para poder fortalecerlos aumentando su producción y su distribución. Si el sistema educativo no cambia la filosofía para la cual funciona, si solo se cambia la manera de comprender la realidad, la realidad sigue siendo la misma, no cambia por ello. Si el discurso está dirigido a estimular la producción, de otra manera, dentro del marco del sistema capitalista, solo se estará generando otra serie de moldes que el sistema puede asimilar fácilmente.

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La posición de clase no determina la posición del pensamiento. Se puede ser de la clase dominante y pensar como un dominado, se puede ser de la clase dominada y pensar como dominante, se puede ser dominante-dominante y dominado-dominado; ahora bien, en ninguno de estos casos se producen puntos de fugas, reinicio del sistema según otro modelo de producción, esto es posible cuando un dominado ocupa la posición del poder y piensa desde la liberación. También puede ocurrir que piense desde la liberación sin ocupar la posición de poder y, aun así, genere un cambio, porque al pensar desde la liberación se ubica en el inicio de un discurso que puede vincular a otros sujetos.

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Pensar desde la liberación acarrearía una serie de rupturas en otros puntos de las líneas de producción. Cuando se conoce desde la liberación los mismos conceptos que sirven para dominar pueden servir para liberar. Desde el punto de vista del dominio, por ejemplo, el habla del pueblo carece de estilo, es entendida desde sus carencias, de forma negativa al compararse con el habla culta o de la clase dominante; desde la liberación, el habla del pueblo contiene sus modos de no dejarse dominar, no hay carencia, hay resistencia, forcejeo, defensa. De esta manera, desde un lenguaje que para existir no necesita ser comparado con ningún modelo académico, se puede partir a concebir una forma de entendernos y de comprender el entorno con la menor intervención posible de una ciencia que ha servido a los más funestos intereses de dominio, que se ha enrevesado en sus propias ataduras epistemológicas y trata de remendar lo que ella misma ha contribuido a romper: el equilibrio del ecosistema planetario. Como lo afirma Kurosawa en uno de sus Sueños, solo necesitamos para vivir aire puro y agua limpia. Entonces debemos preguntarnos: ¿desde dónde piensa nuestro sistema educativo?

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Desde la liberación, se deben construir las herramientas suficientes y necesarias para transformar la sociedad de productora-consumista a alimentadora conservacionista. La sociedad puede producir sus alimentos, distribuirlos y a la vez conservar los espacios de la biodiversidad necesaria. El cambio reducido al mínimo. Quizás todo comience con una serie de moldes subjetivos o de personalidades que no se dejen intervenir por el dinero.

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Este libro pretende ser un punto de fuga; indudablemente, el objetivo que se alcanza es otro.

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Obrero

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El callo-coraza formado por travesías e insistencias de tubos y tuercas. La mano calla y habla la máquina. Se le cubre de gris para que no alumbre a los enterrados. Él cicatriz, placenta de motores, él sílaba del ruido, burbuja del ácido. Se roe la dicha, se cortan los lugares, se corta al hijo: alianzas, filiaciones, se prohíbe o se detiene el flujo de deseo. No tiene palabras, otra vez el hambre comando, otra vez cableado mordedura; conexiones, extensiones, ni pesimismo ni optimismo, vacío: una línea de horizonte desértica, idas y venidas en blanco y negro, silencio; alianzas. Siempre consuelo en la hostia cerveza cigarro, siempre ¿hasta cuándo?, piensa, persiste, y vendas que caen y vendas que envuelven miembros para girar, deslizar para abrir y cerrar miembros, mascarilla, rastros de bombas bajo las palmeras, dentro de las arenas, es cuestión de crear circuitos y empalmar, deshaciendo planos, reproduciendo engranajes; filiaciones, alianzas. Expiación hacia adentro, reparación hacia afuera, ¿dónde estoy, por qué estoy?, sin embargo, la condena existe, no solo ocho horas, no solo doce horas extras, no. Se van figuras tiznadas, todos los árboles están secos, ni el viento ni el sol parecen ni aparecen y aunque surjan ya no son. Empuja la consigna del producto y este escapa con sus señales y tramas; la consigna tijera pesadilla. Todo el cuerpo pieza impulsa el sistema, todo el cuerpo quiere pensar otro, bordes de azufre, de hidrocarburos, y trac-trac, tono y marcha de obediencia, sobre el rostro el otro lado de la furia, el pago roe los huesos y el tiempo entra, sale, circula, sale como si no estuviera, como si no entrara, y pasa y pasa el nudo de las venas, jeringa, vía, guantes, mariposa, mercurio, plomo, reparación indemnización no; alianzas y acoplamientos a reunión de desahuciados. Se destranca una palanca, se hunden botones, comandos, correas de distribución, rehén, nace y se desliza cabeza abajo por la bolsa industrial, el útero-máquina, y muere cuando nace y ya no es. Carrusel de mercancías, da vuelta, se importa, se exporta, se acopla, se ensambla…

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¿debe el orificio ser custodiado
con la llama del Paraíso?
¿con el Padre-padre que mete el dedo
y tapa el flujo de los hijos?

algo nuestro queda fuera
de la realidad
un órgano vivo en la quietud
una membrana de abismo
que le falta al alma

lo que no es conocido
también se produce

el orificio no tiene
dentro ni fuera

es cualquier posibilidad
centro de conexiones
próximas y distantes

desde allí todo puede
tener un símbolo un molde un diseño
y copiascopiascopiaseries

quizás todo desarraigo
sea poroso
y se acople a la lengua
insaciable de la muerte
no te embadurnes
el rostro
tu enemigo te conoce

no hay un animal
para la flecha
arco-mano-ojo
no hay

¿dónde está tu territorio?

no hay cuerpo-tierra-sentido
no

solo posees una deuda
y tus pedazos pagan.

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el orificio
asume otros lugares
y vacila entre lo que
no es y lo aparente
domina la multiplicidad
nunca lo real

desde siempre
el sacerdote no es puro

el orificio comienza
un vínculo con el altar

¿habrá una manera de salir
de la conjunción?

y dejar de creer en el infinito

si dominas el orificio
edificas el muro
que aísla tu niñez

sin embargo
el orificio
no está a tu alcance

el orificio puede ser tu alma
aunque no te reconozca

por eso no es

oscuridad de pesadillas
recientes

la niñez no brilla
idéntica a lo que fue

uno piensa en una región
sin edad

las manos viejas
llenas de heces

una puerta quiere ceder
su adentro
y no alcanza a dejar
pasar la luz

el orificio todavía te acuna
y es inútil porque calla

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Teoría de Desecho

Masticar: ¿qué se pierde cuando se mastica? Fue la pregunta inicial que nos llevó a un largo recorrido a través del engaño y de las adversidades que han padecido las mesas desde que fueron creadas quién sabe en cuántos círculos de reyes y esclavos. Porque el resultado de masticar algo se entiende como un proceso acabado de digestión y, allí, en el resultado, se evidencia lo que se pierde; pero no siempre lo antes dicho es cierto. ¿Se arroja un sacrificio? ¿Se deshecha una violencia de letras desconocidas? Por eso, por el hecho de que en lo desechado no se encuentra una verdad ni siquiera en el ámbito de lo relativo, me decidí a investigar el inicio del proceso que, indudablemente, involucra a la trituración que ejerce el masticar; es decir, el misterio del inicio y el del final pueden tener una relación cuya develación pudiera cambiar para siempre la armonía de los cortejos, de las comuniones familiares y, quizás, del hábito mismo de consumir. Puede verse de manera clara el acoplamiento: mano-producción-boca-consumo-ano-basura, y así se capta el funcionamiento del sistema capitalista. Y entonces las huellas que deja ¿quién?, se evaporan, el amor con su torpe acecho en nombre de ¿cuál?, se arroja. Toda opresión y toda gloria, rincón de borras, en el polvo otras moradas, se va la ración de …  Las sucesivas hojas de una historia. Cualquier ¿quién cuál dónde qué?; desgarradura de los dramas.

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El ser humano, considerado en su especificidad histórica, es una vasija en la que caben cadáveres de cualquier especie; no digo urna o sarcófago porque me estoy refiriendo a un ser activo: el que devora relojes y desgarra paraísos tratando de encontrar su última máscara. Anuda un mecate en el cuello de la culpa; lastima el corazón de los amantes y lo tiene listo para detenerlo en un solo bocado; maquilla el miedo de los animales acostados sobre vajillas en las que no se destila el aceite de la compasión; alucina con el cuchillazo de gracia en la garganta del enemigo; busca incasable los desgastados frontales de Dios y pide misericordia cuando lo ve venir con la oscuridad de su cielo y cierra su boca y, una vez más, devora lo que él mismo creó. ¿Cuál es el sentido de este oficio de comensal-criminal-asesino? Rechinan los filos semejantes a un escalofrío o a una fiebre en el dolor ajeno. Pienso que la estructura económica, siendo perversa y asesina, se proyecta en el comportamiento de toda la sociedad y, en aquellos que no ejecutan esta orden, surge la paranoia, el malestar de ser. Se escucha la sierra romper los huesos, y una pregunta que vaga en la mente que siempre se ha creído huérfana en el momento de matar: ¿quién es eso?, ¿qué es eso quién? La eterna duda que jamás podrá llevar a su boca y digerirla completamente despejada, sin astillas que luego se vuelvan a reunir y darle forma a una duda mayor. Y entonces se pregunta si alguien hace realmente, o si acaso tiene un costado pintado donde penetrará el proyectil. Todo es como un dios pájaro que picotea insaciable, porque es verdad toda arma que guiña el ojo o hunde el hombro, la tierra, el corazón, las casas… No se puede mirar más allá, ni siquiera aludiendo al abanico de los venados y las vacas muertas, con faenas de derrames y cuchillos cantos y gritos de alegría, arpas. Yo digo que algo golpea, rompe, inunda, acaba inicia, un gramo de suceder, sesos, palabras y el alma nuestra agitada en las sedientas empuñaduras de los que trazan planes y, bueno, todo esto parece…

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Todo esto supone una secuencia de placeres: desde el goce por el chillido de lo que muere: hundir la espada, torcer los latidos, descuartizar, desmembrar los cuerpos, llenar y vaciar los platos, las cárceles, las fosas, las funerarias; el tendón tembloroso, el muslo enredado en media lunas de cebollas, bastoncitos de pimentón y trenzas de cilantro; el plop de la caída, el crac de lo que se parte; el gatillo certero, los niños servidos como carne de cañón, antes de ir a la guerra como carne sin perdón, para el amo-lobby-lobo Leviatán, el pum del disparo, la perforación; el desecho desangrándose, colgando de los ganchos en los camiones donde se lleva el ganado despellejado, sin caricias ni pastos ante el gancho, ostentando los precios de la digestión; al igual que en las guerras donde da gusto ver marchar a tantos caníbales. Y las vísceras nadando en un caldo con trozos de verduras erosionándose como rocas en el mar, hasta el placer por ser tumba trinchera común y la copia más clara del diablo.

¿Qué se pierde cuando se mastica? Se pierde la separación que teníamos con la tierra, no importa. Engullimos vegetales, frutas, trozos de animales… Y esto es un acto de pertenencia, de acercamiento y, quizás, de desalienación. Nada importa. Se pierde la crueldad de la herida y el absurdo de la muerte; se sublima el instinto de la caza y se es huésped de la sobrevivencia. Masticar confirma la cultura de la que somos parte. Comer también es morir lentamente. Malestar, malestar, malestar.

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En una mesa se libran otras batallas, ajenas a las que produjeron la aparición de la comida en los platos; en la mesa, en tanto núcleo del hogar, suceden trituraciones intangibles en el ámbito del pensamiento moral y ético. Algunos comensales se mastican y no se tragan; otros, le dan vueltas y vueltas a la presa dentro de ideas obsesivas que rasgan, mordisquean y levantan viejas pústulas. (En las tormentas de la noche te encuentras a ti mismo, o te enfrentas a propósito, y el hedor a tumbas.) En la medida en que la comida material va arrojando sus restos, sus brozas, o sea, va acumulando los desperdicios; en esa misma medida las preguntas destajan, los secretos pulsan por salir y destrozar al otro. Y el pasado asciende con su cuerda tensa en el desequilibrio; el presente suena fuerte la caída de sus vasos vacíos, y así se va sumergiendo la vida en baño de sombra con su tinta. Y es que andamos llenos de basuras que no queremos botar: la duda, el celo, la indecisión, la intriga, la traición, la hipocresía, la tristeza… Nunca estaremos seguros si cuando mantenemos esos desechos intactos, sentimos un cierto orgullo por nuestras miserias; pero hablar siempre es la intención de extraer algo cochino, sucio, algo que aún no conocemos o no le hemos dado nombre. Escribir también, sin duda. Quizás a esto se deba el hecho de que muchos seres hablan sin detenerse, hablan sin importar que en lo dicho no todo tenga sentido, hablan como si estuviesen diseccionando un cuerpo descompuesto. ¿No es este fondo de rechazo lo que se proyecta en los diferentes tipos de racismos y de fobias? Aquello que veo como sucio en el otro es lo que me constituye y, a la vez, niego. Los místicos en relación con la desnudez, los ricos con respecto a los pobres, el heterosexual en relación con la homosexualidad… No deseo ser contagiado de mí mismo.

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Sin embargo, el pensamiento tiene la cualidad de devorar a quien piensa y no al objeto del pensamiento, por tanto, cada quien mastica sus propios contenidos, imágenes y emociones, y de esa ronda de acechanzas, de ese repasar y repasar interrogaciones y reclamos silentes, se sale devastado, débil, digerido: desechado. Quizás lo esencial de nuestro ser es lo que merece ser conservado; pero no sabemos aún qué es lo esencial y, tal vez, esto sea una de tantas ilusiones con las que nos hemos revestido, deformado. Nosotros somos nuestro trabajo, luego el trabajo es máscara social, entonces, ¿qué somos?

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MOLDESERIESSERIESMOLDES…

El hombre, desechado del Paraíso; el diablo, desechado del Cielo. Pero ambos con el soplo divino dentro de sí mismos. Al menos, en el primero, ese desalojo era necesario para que pudiera cobrar materialidad, para que pudiera ser real, ya que solo existe lo que se desgasta, lo que se crea para luego ser dejado a un lado. Por eso la perfección es un atributo divino (atribuir cualidades a algo-alguien supone que este último tiene un espacio para realizar la contradicción, la diferencia, es decir, no es absoluto, luego, no es idéntico a sí mismo), en el caso de que lo divino no esté sujeto al cambio de lo histórico, lo cual es dudoso según lo que contiene el paréntesis anterior; por eso la filosofía se desprendió del Ser, lo hirió, lo despedazó, y una vez que lo dividió en múltiples partes, se dedicó a dejar afuera al sujeto cognoscente; de esta manera el conocimiento adquirió el rango de lo imperecedero. ¡Cómo! ¿El hombre se desecha a sí mismo? Quizás no sea otra la estructura que hace posible la dinámica de la civilización. ¡Cómo! ¿Nacer es ser arrojado a un basurero llamado sociedad?

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Alabanzas Sean Dadas a la Mercancía

¿A quién pido permiso para iniciar mi alabanza? ¡Oh, mercancía que llenas mis espacios! Luz que entra a mi hogar y persigue mi desnudez hasta vestirla con su imagen y su semejanza; hoy, día de tu firmeza, hora de tu dimensión agigantada, año de tus amenazas, saludo a tu cuerpo sacrificado, transformado y multiplicado en los hornos de las industrias donde morimos y morimos para hacerte posible. ¡Cuántas bestias invades para invadirnos! Mostrada en todos los cansancios, ocupando la inmortalidad de los dioses. Tú, que todo lo devoras, que te afirmas en nuestra enfermedad, que te haces cargo de nuestros destinos; inmaculada y rebelde, no desistes de tus desafíos y nos cargas en tus manos meciéndonos en regazos de hierro plomo acero, dándonos a beber tu leche de mercurio y ruidos de machos cabríos en la cena de nuestros anhelos. Saludo; no Salve, a ti mercancía: espíritu imbatible que vences todas las guerras y encarnas las mutilaciones de nuestros cuerpos. Nos vemos en tus espejos y no sabemos quiénes somos; hoy, un mendigo de tus opulencias; mañana, un vestido que fluye sin conciencia, sin piel verdadera, regocijándose en las pilas de los bautismos donde tus marcas florecen en corimbos de burlas. A ti te llamamos los desesperados hijos de la vanidad, llorando y gimiendo en el cáliz de neón que nos acercas. Mercancía que siempre abre las puertas de la soledad y se mete en el lomo de los toros para ver rugir sus filos de victoria; tú que vuelves tormenta de guerrero a los cobardes e inflamas la importancia de los asesinos y nos amas más allá de nuestros límites y necesitas todas nuestras crueldades y desatinos; déjanos caer en otra suerte, déjanos clamar por nuestra substancia olvidada en el fondo de tus baúles, en el resinto de los escaparates donde colgamos los hábitos para tu adoración. ¿Cuándo dejarás de seducirnos con los frutos del bien y del mal?  Aguafiestas de nuestro silencio, de nuestro derecho a negarte todas las veces que sean posibles, sin la oscuridad de las minas, sin la sangre de los niños que te paren y te desean. Tiemblan en nuestros dedos tus aros de caza, tus metales de odio. Sorda diosa que acompañas nuestro paso por la existencia y enfrentas a hijos contra frustraciones, y a hijos contra ideales y la fe contra los padres y la palabra contra la indiferencia. No nos dejes ir de tu lado, te ofrecemos la diestra de nuestro aire incoloro e insípido, ¿seguirás oficiando tus misas?, ¿seguirás arrumando partidas de defunción de todas las razones que se ahogaron en la luz de las monedas? Tan inmóvil y tan rápida, nadie confiesa los mendrugos que se anhelan en el repertorio de tu ficción por ocupar un puesto en el dominio de tu reino; hágase entonces la voluntad de tus aleaciones y levántense contra nuestros ojos todos los fuegos de tus muros y conviértenos de una vez y para siempre en el vitral de tu alma, y no importa que abandones nuestras voces en el desierto.

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el orificio podría lucir
la textura
de la incógnita

una vez develada
y poseída
desaparece

para devenir
una nueva interrogación

un abismo donde florecen
verdades
que no se pueden tocar

el orificio permite
cualquier movimiento
todos los refugios

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tantos desiertos se extienden
en el alma

el riesgo de no tener nombre
y ver surgir la desnudez

el sentido de las marcas
es desgarrar
las superficies

en la voz se siente el anhelo
de las venas
saltar y no ser culebrear hundirse
un camino rojo seco sellar pasar

el límite es oscuro
cerradura del lenguaje
algo de entraña para el barro

se anda a tientas
rodeado de
dóndes que agonizan
cuándos frotándose
en la garganta
un exceso de dosis

las evidencias preguntan
pero hay tantos desiertos…

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el guante cubre las rayas incurables
de la mano

¿hacia dónde van?
el sitio de la sed desasosiego hambre
no mirar la lepra de sus noches
un puñado de finales

recuerdan algún muerto
desmembrado bajo la máquina

la alianza rota en el centro
de la palma

algún callo de piedad
úlceras por remontar los días
y sacrificarlos

forzosa su forma para asir
y deslizarse
su inscripción en las superficies
el cordón a la ley

y esa mancha ampolla pagada
herrumbre de la vida
como respuesta a la obligación
de sudar dolencias duelo de piel
hendidura de fiebres

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A.

Arnaldo Jiménez. La Guaira, Venezuela, 1963. Poeta, narrador y ensayista. Es licenciado en educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo. Maestro de aula desde el 1991. Es miembro del equipo de redacción de Poesía del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida, de la misma Universidad. Cuenta con una extensa obra publicada en distintos géneros, entre ellos, la narrativa y el ensayo. En poesía: Zumos (2002); El silencio del agua (Recopilación y notas. Poemas y dibujos creados por niños y niñas, 2007); Tramos de lluvia (2007) y Caballo de escoba (2011).  En el año 2013 recibió el Premio nacional de poesía Stefanía Mosca por su libro Álbum de mar.

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por el artista venezolano TÁRTARO

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