Testimony: The United States (1885-1915) Recitative

Trad. Sarug Sarano

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Testimonio de Charles Reznikoff es, en palabras de Charles Bernstein, «acaso el más oscuro, y ciertamente el más implacable, de los poemas largos modernistas». No se equivoca. Durante más de cuatro décadas, Charles Reznikoff pacientemente trabajó los materiales que extrajo de los voluminosos archivos de transcripciones procesales norteamericanas —voces de testigos, víctimas, criminales, jueces—,  produciendo una obra de una singular radicalidad de método, forma y escala que continúa ejerciendo influencia sobre numerosas poéticas contemporáneas. Publicado en su forma definitiva en 1978, Testimonio logra una visión crítica del infierno social producido por la veloz expansión capitalista de finales del siglo XIX y principios del XX en los Estados Unidos. Violencia, negligencia, robo, injusticia, engaño, racismo, feminicidio, abuso, accidentes e infortunios atraviesan los más de 450 casos —divididos en cinco partes, organizados por regiones, clasificados según el crimen— que conforman este monumental poema.

 S.S.

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C  H  A  R  L  E  S

R  E  Z  N  I  K  O  F  F

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T  E  S  T  I  M  O  N  I  O

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Los Estados Unidos
(1885 – 1915)
Recitativo

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iii | la vida en sociedad

 

—3

Mientras Berry bailaba
en un baile público,
con una pistola en el bolsillo trasero,
Williams prendió a la espalda del saco de Berry
un pañuelo blanco con alfileres.
Lo amigos de Berry lo sacaron
de la cantina
debido a su lenguaje,
y no le permitieron regresar
hasta prometer no hablar más
del asunto.

Sin embargo lo hizo, y continuó maldiciendo a Williams,
quien de nuevo dijo
haberlo hecho en tono de burla;
entonces Berry dijo
que deberían salir del lugar
para arreglar el asunto.

Williams se dirigió a la puerta
y descendió
a la oscuridad,
más allá de la luz que alumbraba desde la casa.
Berry lo siguió
pero cuando puso su pie
sobre el escalón
Williams lo azotó en la nariz,
justo donde se junta con la frente,
con un palo
del tamaño de un bastón,
aunque algunos dicen
que era el tablón de una barda de cementerio.

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—4

Un domingo de mayo
un grupo de muchachos se bañaba
en el río
cuando pasó un extraño
al que invitaron a que se les uniera.
Se metió en el agua
pero pronto salió enfurecido
porque alguien lo había salpicado con agua,
sacó su navaja
y acuchilló a un miembro del grupo.
El joven acuchillado
murió a los pocos minutos.

El extraño fue arrestado
y, con las manos atadas a la espalda,
fue llevado a un almacén
medio kilómetro río arriba

Ahí una muchedumbre comenzó a reunirse.
Un primo del muerto
que no era parte del grupo de bañistas,
con fusil en mano,
gritando a la muchedumbre
que se apartara,
encaró al extraño.
Sus manos seguían atadas a la espalda.
No cruzaron palabra entre ellos.
Entonces el primo del muerto disparó
y mató al extraño.

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—5

Banks y Miehle jugaban una partida de billar «a cinco quillas»
en el Commercial Saloon de Laredo.
La partida había comenzado a las nueve, un domingo por la noche,
y Banks y Miehle le habían pedido a Riverton —un conocido de Miehle
cuyo nombre había sido Reinhard —que llevara la puntuación.
A la una de la mañana, un extraño entró y se sentó en la mesa de billar,
alguien llamado Douglas. Estaba borracho
y se entercó en comentar esporádicamente la partida.
Riverton estaba enojado, pero Banks dijo: «No hagas caso».

A eso de las dos de la mañana, Riverton se dio cuenta de que Banks no jugaba limpio.
Le sugirió a Miehle que abandonaran la partida y se fueran a dormir,
se negó a seguir llevando la puntuación, se alejó y se sentó.
Para las cuatro de la mañana, Miehle ya le debía sesenta dólares a Banks
y le dijo a Banks: «Te juego otra partida por sesenta dólares».
«No», dijo Banks, «pero te acepto una por cincuenta dólares.
Necesito diez dólares para quedarme despierto toda la noche».

Banks sumaba quince puntos en el alambre de puntuación,
tiró dos quillas más y dijo: «¡Buena bola!»
Miehle dijo: «Debe haber un error».
Dejó que las bolas rodaran por la banda,
contó catorce en voz alta y entonces dijo:
«Algo no me cuadra».
Banks sacó discretamente una bola de su bolsillo y, escondiéndola en su mano, dijo:
«¿A poco solo hay catorce?»
Rastrilló las catorce bolas y las contó todas y dijo:
«Son quince».
Miehle dijo: «Sí, ahora son quince.
¡Ya estuvo bueno de este juego!»
En esto, Douglas alzó la voz y dijo: «Banks, toma tu dinero».
«Sí», dijo Banks, «quiero mi dinero antes de que te vayas».

Miehle contestó: «Recibirás tu dinero».
Tomando su saco, caminó por detrás de la barra y se lavó las manos.
Banks, Douglas y Riverton siguieron a Miehle,
y Banks le preguntó si no quería un trago.
Miehle dijo que no le importaba nada.
Estaban todos frente a la barra y Miehle estaba recargado sobre esta.
Douglas le dijo a Banks: «Ten tu dinero antes de que él se vaya»,
y Banks dijo: «Sí, quiero mi dinero antes de que tú te vayas».
Banks le dijo algo en español al cantinero
y el cantinero le entregó una pistola.
Miehle miró a su alrededor y la vio.
Y le dijo a Riverton: «¿Podrías subir a mi habitación y traer mi maleta?»
«Quiero pagar lo que debo».

Riverton llevó la maleta hasta la puerta de la cantina.
Miehle entró por la puerta,
abrió la maleta y sacó una pistola.
Douglas estaba parado en la barra, lo más cercano a la puerta.
Miehle, con pistola en mano
y al costado,
pasó por delante de él y se detuvo frente a Banks:
«Dos veces me exigiste este dinero antes de que me fuera.
¿Cómo lo quieres?»
Douglas estaba recargado con el brazo derecho sobre la barra.
Vio la pistola en la mano de Miehle y dijo:
«Vas a ver que bien rápido» y apresuró su mano al bolsillo trasero.
Miehle giró bruscamente y «empuñó» la pistola contra él.
«Compadre», dijo, mientras palpaba la solapa del saco de Douglas con su mano
izquierda,
«esto a ti no te incumbe,
y me gustaría que levantaras las manos».
Sin embargo, Douglas seguía intentando sacar la pistola de su bolsillo.
Miehle esperó un minuto y añadió: «Levanta las manos o te trueno».
Douglas retrajo de nuevo su pistola
y Miehle disparó y lo abatió.
Entonces se volvió hacia Banks y dijo:
«Te tengo a punta de pistola.
¡Dámelo!» Y «empuñó» su pistola contra Banks.

Banks dijo que era comisario y que tenía derecho a portar armas.
Miehle respondió: «Me vale madres quién seas.
¡Suelta el arma!»
En eso, Banks se movió, preparándose para disparar,
y Miehle dijo: «Párate allá o te vuelo los sesos!»
Banks levantó las manos y Miehle lo alcanzó
y le quitó la pistola. «¡Lárgate!» Y así lo hizo Banks.

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—6

En un patiecito trasero,
un domingo por la noche,
doce o quince negros jugaban a los dados.
Jugaban en una mesita de tres patas,
apoyada contra un árbol
y alumbrada por una lámpara
colgando de una de las ramas.

Popham llegó y se unió a la partida:
apostó solo en pequeñas cantidades
hasta que perdió sesenta centavos.
A medida que el juego avanzaba,
se juntaron treinta dólares sobre la mesa;
cinco dólares eran del tal King.

El viento estaba volando los billetes,
y Popham puso su mano sobre estos.
King de inmediato gritó:
«¡Cancelo mi apuesta!»
Popham dijo:
«¿Estás diciendo que me quiero robar tu dinero?»
Saltó sobre la mesa
y pateó a King
pero la mesa se volteó;
después se zafó de los que lo tenían agarrado
y se abalanzó sobre King

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Charles Reznikoff. 31 de agosto de 1894 –  22 de enero de 1976. Poeta y traductor que encabezó con George Oppen el movimiento objetivista, el cual buscaba suprimir la voz del autor y sus experiencias del poema para dotar a las palabras de una nueva relación con los objetos. En 1918 apareció su primer libro; Rhytms, y en 1933, In memoriam, donde responde a la amenaza e los nazis al pueblo judío, aunque esto lo haría de manera más radical en Holocaust (1975), en donde utiliza los juicios de Núremberg y Eichmann para  convertir los testimonios de la corte en poesía, aunque ya en 1965 Reznikoff había utiliza este poderoso recurso para escribir su obra maestra Testimony: The United States 1885-1890. Recitative y en 1968  Testimony: The United States 1891-1900: Recitative. Paul Auster describió a Reznikoff como un «poeta del ojo», explicando que para Reznikoff «cada expresión poética es una emanación del ojo, una transcripción de lo visible en el código del ser bruto y no descifrado. Lo que significa que el acto de escribir no es tanto un reordenamiento de lo real como un descubrimiento de ello.» Milton Hindus también destaca la calidad visual del trabajo de Reznikoff, afirmando que el poeta tenía una «ojo para las semejanzas», que le permitía tomar la escena más común y transformarla con un metáfora inolvidable.

Sarug Sarano es traductor, editor y poeta. Actualmente prepara una selección y traducción al español de la obra de Carl Rakosi.

 

Este avance de Testimonio fue enviado por sus editores en exclusiva para POESIA. La publicación del volumen del cual se tomaron estos textos se trata de una afortunada coedición entre Matadero Editorial, Meldadora y la Universidad Autonoma de Nuevo León, en México.
La fotografía que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Freisy González Portales

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