The black art & others poems

Trad. Deisa Tremarias

.

.

Anne Sexton

Arte negro & otros poemas

.

.

Arte negro

Una mujer que escribe siente demasiado,
¡aquellos trances y augurios!
Como si los ciclos los niños y las islas
no fuesen suficiente; como si los dolientes y los chismes
y vegetales jamás fuesen suficiente.
Ella piensa que puede vestir las estrellas.
Una escritora es esencialmente una espía.
Cariño, soy esa chica.

Un hombre que escribe sabe demasiado,
¡tantos conjuros y fetiches!
como si las erecciones y los congresos y productos
no fuesen suficiente; como si las máquinas y galeones
y guerras jamás fuesen suficiente.
Con los muebles usados hace un árbol.

Un escritor es esencialmente un ladrón.
Cariño, eres ese hombre.

Jamás nos amamos nosotros mismos,
odiando incluso nuestros zapatos y sombreros,
nos amamos el uno al otro, precioso, preciosa.
Nuestras manos son color celeste y gentiles.
Nuestros ojos están llenos de confesiones terribles.
Pero cuando nos casamos,
los hijos se marchan con disgusto.
Es demasiada comida y no queda nadie ya
para comer toda esta extraña abundancia.

.

.

.

The black art

A woman who writes feels too much,
those trances and portents!
As if cycles and children and islands
weren’t enough; as if mourners and gossips
and vegetables were never enough.
She thinks she can wear the stars.
A writer is essentially a spy.
Dear love, I am that girl.

A man who writes knows too much,
such spells and fetiches!
As if erections and congresses and products
weren’t enough; as if machines and galleons
and wars were never enough.
With used furniture he makes a tree.

A writer is essentially a crook.
Dear love, you are that man.

Never loving ourselves,
hating even our shoes and hats,
we love each other, precious, precious.
Our hands are light blue and gentle.
Our eyes are full of terrible confessions.
But when we marry,
the children leave in disgust.
There is too much food and no one left over
to eat up all the weird abundance.

.

.

.

.

.

La obra

Soy el único actor.
Es difícil para una sola mujer
actuar toda la obra completa.
La obra es mi vida,
mi acto solista.
Mi carrera tras las manos
para nunca atraparlas.
(Las manos están fuera de la vista —
es decir, fuera del escenario)
Todo lo que hago en escena es correr el tiempo de la función,

correr para mantenerla,
correr para jamás lograrlo.

De repente, dejo de correr.
(Esto a la larga cambia un poco la trama)
Doy discursos, millones,
Todas las plegarias, todos los soliloquios.
Digo cosas absurdas como:
los huevos no deben pelear con piedras
o, mantén tu brazo roto dentro de la manga
o, me mantengo erguida
pero mi sombra está torcida.

Y tal o cual cosa.
Los hombres abuchean. Abuchean mucho.

A pesar de eso, voy a las últimas líneas:
Estar sin Dios es ser una serpiente
que busca engullir a un elefante.
Cae el telón.
La audiencia se apresura a salir.
Fue una mala actuación.
Eso es porque soy el único actor,
y son pocos los humanos cuyas vidas
harán una obra interesante.
¿No estás de acuerdo?

.

.

.

The play

I am the only actor.
It is difficult for one woman
to act out a whole play.
The play is my life,
my solo act.
My running after the hands
and never catching up.
(The hands are out of sight—
That is, offstage.)
All I am doing onstage is running,

running to keep it up,
but never making it.

Suddenly I stop running.
(This moves to the plot along a bit.)
I give speeches, hundreds,
all prayers, all soliloquies.
I say absurd things like:
eggs must not quarrel with stones
or, keep your broken arm inside your sleeve
or, I am standing upright
but my shadow is crooked.

And such and such.
Mans boos. Many boos.

Despite that I go on to the last lines:
to be without God is to be a snake
who wants to swallow an elephant.
The curtain falls.
The audience rushes out.
It was a bad performance.
That’s because I’m the only actor
and there are few humans whose lives
will make an interesting play.
Don’t you agree?

.

.

.

.

.

45 de la calle Mercy

En mi sueño,
taladrando hasta el tuétano
de mi hueso por completo,
en mi sueño de verdad,
camino subiendo y bajando Beacon Hill
Buscando un letrero en la calle —
que diga CALLE MERCY.
Allí no.

Lo intento en Back Bay
Allí no.
Allí no.
Todavía conozco el número.
45 de la Calle Mercy.
Conozco la vidriera
del vestíbulo,
los tres pisos de la casa
con sus suelos de parquet.
Conozco los muebles y
mamá, abuela, bisabuela,
los sirvientes.

Conozco la alacena de Spode,
el bote de hielo, de plata sólida,
donde la mantequilla se asienta en cuadrados prolijos
como un extraño diente de gigante
en la gran mesa de caoba.
Lo conozco bien.
Allí no.

¿A dónde fuiste?
45 de la Calle Mercy,
con la bisabuela
arrodillándose en su corset de huesos de ballena
y rezando gentil pero ferozmente
en el lavamanos,
a las cinco a.m.
al mediodía
cabeceando en su mecedora ondulante,
el abuelo tomando una siesta en la despensa,
la abuela tocando la campana para que la criada baje las escaleras
y Nana balanceando a Mamá con una flor enorme
en su frente para cubrir el rizo
cuando ella era buena y cuando ella era…
Y cuando ella engendró
en una generación
la tercera que engendrará,
yo,
con una extraña semilla brotando
en una flor llamada Horrorosa.

Voy con un vestido amarillo
y una cartera blanca repleta de cigarrillos,
suficientes pastillas, mi billetera, mis llaves,
soy de veintiocho años, ¿o de cuarenta y cinco?
Camino. Camino.
Sostengo los fósforos en los letreros de la calle
para esta oscuridad,
esta oscuridad es como la muerte curtida
y he perdido mi Ford verde,
mi casa en los suburbios,
dos hijos pequeños
que chupaban, como las abejas, el polen en mí,
y un esposo
quien ha borrado sus ojos
de forma en que no puede verme de adentro hacia afuera
y cuando camino y observo
esto no es un sueño,
solo mi grasosa vida
donde las personas son pretextos,
y no se encuentra calle para una
vida entera.

Baja las persianas—
¡No me importa!
pasa el pestillo a la puerta, piedad,
borra el número,
arranca mi letrero en la calle,
¿qué puede importar?,
¿qué puede importarle a este tacaño
que quiere adueñarse del pasado
que se fue en un barco muerto
y me dejó sólo con papel?

Allí no.

Abro mi cartera,
como hacen las mujeres,
y los peces nadan de un lado a otro
entre los dólares y la pintura de labios.
Los escojo,
uno por uno
y los arrojo a los letreros de la calle,
y tiro mi cartera
al río Charles.

Luego, me aparto del sueño
y lo arrojo contra el cemento
del torpe calendario
en el que vivo
mi vida,
y está explicado
en cuadernos.

.

.

.

 45 Mercy Street

In my dream,
drilling into the marrow
of my entire bone,
my real dream,
I’m walking up and down Beacon Hill
Searching for a Street sign—
Namely MERCY STREET.
Not there.

I try the Back Bay.
Not there.
Not there.
And yet I know the number.
45 Mercy Street.
I know the stained-glass window
of the foyer,
the three flights of the house
with its parquet floors.
I know the furniture and
mother, grandmother, great-grandmother,
the servants.

I know the cupboard of Spode,
the boat of ice, solid silver,
where the butter sits in neat squares
like strange giant’s teeth
on the big mahogany table.
I know it well.
Not there.

Where did you go?
45 Mercy Street,
with the great-grandmother
kneeling in her whale-bone corset
and praying gently but fiercely
to the wash basin,
at five a.m.
at noon
dozing in her wiggy rocker,
grandfather taking a nap in the pantry,
grandmother pushing the bell for the downstairs maid,

and Nana rocking Mother with an oversized flower
on her forehead to cover the curl
of when she was good and when she was…
And where she was begat
and in a generation
the third she will beget,
me,
with the stranger’s seed blooming
into the flower called Horrid.

I walk in a yellow dress
and a white pocketbook stuffed with cigarettes,
enough pills, my wallet, my keys,
and being twenty-eight, or is it forty-five?
I walk. I walk.
I hold matches at the street signs
for it is dark,
as dark as the leathery dead
and I have lost my green Ford,
my house in the suburbs,
two little kids
sucked up like pollen by the bee in me
and a husband
who was wiped off his eyes
in order not to see my inside out
and I am walking and looking
and this is no dream
just my oily life
where the people are alibis
and the street is unfindable for an
entire lifetime.

Pull the shades down—
I don’t care!
Bolt the door, mercy,
Erase the number,
rip down my street sign,
what can it matter,
what can it matter to this cheapskate
who wants to own the past
that went out on a dead ship
and left me only with paper?

Not there.

I open my pocketbook,
as women do,
and fish swim back and forth
between the dollars and the lipstick.
I pick them out,
one by one
and throw them at the street signs,
and shoot my pocketbook,
into the Charles River.

Next I pull the dream off
and slam into the cement wall
of the clumsy calendar
I live in,
my life,
and it’s hauled up
notebooks.

.

.

.

.

.

 

 

Anne Sexton. Estados Unidos, 1928-1974. Poeta y novelista. Entre sus libros de poesía destacan To Bedlam and Part Way Back (1960), Live or Die (1966), Transformations (1971), O Ye Tongues (1973), The Awful Rowing toward God (1975), 45 Mercy Street (libro póstumo, 1976), entre otros. Sexton fue una importante e influyente poeta estadounidense, merecedora de varias distinciones durante su carrera, en 1967 obtiene el Premio Pulitzer en poesía por su libro Live or Die.

.

Deisa Tremarias. Baruta, Venezuela, 1987. Poeta, editora, traductora, correctora e ilustradora. Ganadora del Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2016, mención poesía. Finalista del II Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas. Sus poemas y traducciones han sido publicados en revistas impresas y digitales.

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Alba Izaguirre 

Contenido relacionado

EL CUERVO

Emparedado

Trad. Jesús Montoya

Archivo

introduzca su búsqueda