The three brains

Robert Bly

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I

CREO QUE ALGUNAS investigaciones recientes sobre el cerebro lanzan luz sobre lo que hemos estado hablando. Resumiré alguna de las conclusiones y especulaciones hecha por el neurólogo Paul MacLean. Me encontré con sus ideas por primera vez en el libro de Koestler «El fantasma en la máquina» quien dedica cerca de seis páginas a las teorías de MacLean, y remite a las revistas sobre neurología donde MacLean ha publicado. La esencia de la idea de MacLean es que no tenemos un solo cerebro sino tres. El mapa que propone no es psicológico como el Yo-Ello-SuperYo de Freud, sino más bien geográfico -los tres cerebros están realmente en la cabeza, y los neurocirujanos han sabido cómo lucen desde hace largo rato. La contribución de MacLean ha sido sugerir que cada uno de estos cerebros es, hasta cierto punto, independiente. Durante la evolución, el cuerpo con frecuencia remodeló al cuerpo -las aletas, por ejemplo, en nosotros, se convirtieron eventualmente en brazos- pero aparentemente la cantidad de movimiento de la evolución era tan grande que el cerebro no podía darse a sí mismo el tiempo necesario para reformarse -simplemente se agregó.

El cerebro reptil está aún intacto en la cabeza. Conocido en la medicina como nódulo límbico, es un órgano con forma de herradura que está localizado en la base del cráneo. El trabajo del cerebro reptil parece ser la supervivencia física del organismo que lo posee. Ya sea que el peligro o los enemigos se acerquen, un sistema de alarma se activa, y el cerebro reptil toma control de los otros cerebros -toma lo que podríamos llamar el «poder ejecutivo».  En circunstancias de gran peligro podría tomar tal poder exclusivamente. Se ha reportado, por ejemplo, que cuando los escalistas están en peligro de caer, el estado del cerebro cambia -la vista y los reflejos se intensifican, los pies dan «milagrosamente» los pasos justos. Una vez abajo, el escalista se da cuenta de que estuvo «en blanco». Esto probablemente significa que la necesidad de energía del cerebro reptil era tan alta que se hizo de ella incluso a costillas de los sistemas de memoria del cerebro mamífero y del nuevo cerebro. La presencia del miedo produce un ingreso de mayor energía al cerebro reptil. El creciente temor de este siglo significa que, como resultado, más y más energía va al cerebro reptil: es lo mismo que decir que el presupuesto militar de todas las naciones está en incremento.

El mismo MacLean especulaba, en un artículo escrito recientemente para una conferencia de filosofía, que el rasgo persistente de la paranoia en los seres humanos se debe a la incapacidad de cerrar la fuente de energía al cerebro reptil. En una sociedad establecida, si no hay enemigos verdaderos, el cerebro reptil imaginará enemigos con el fin de preservar, usar y ampliar su porción de energía entrante. John Foster Dulles representó al cerebro reptil en los años 50.

Cuando ocurrió el cambio a la vida mamífera, un segundo cerebro se plegó alrededor del nódulo límbico. Este «córtex», el cual llamaré acá el cerebro mamífero, llenó la mayoría del cráneo. Tal cerebro tiene funciones bastante diferentes. Cuando llegamos al cerebro mamífero encontramos por primera vez un sentido de comunidad: el amor de las mujeres, de los niños, de los vecinos, la idea de hermandad, el cuidado por la comunidad o por el territorio. «No hay amor más grande que aquél del hombre que daría su propia vida por un amigo» (Juan,15,13). Evidentemente en el cerebro mamífero hay dos nodos de energía: el amor sexual y la ferocidad. (El cerebro reptil no tiene ferocidad: simplemente pelea fríamente por sobrevivir.) Las mujeres tienen cerebros mamíferos fuertes, y probablemente pequeño el correspondiente canal de energía al cerebro reptil. Están más interesadas en el amor que en la guerra. «Haz el amor, no la guerra» (Lennon) significa «muévete del cerebro reptil al cerebro mamífero». El rock es música mamífera en su parte mayoritaria; el cabello largo es cabello mamífero.

El guerrero vikingo que se convertía en un berserker durante la batalla podría haber experimentado un arrebato temporal del cerebro mamífero. Testigos oculares reportaron que el rostro de un berserker parecía cambiar, y su fuerza se incrementaba fantásticamente –cuando «despertaba», a veces notaba que había asesinado a 20 o 30 hombres. La expresión facial es probablemente la unión de las ansiedades de los tres cerebros, así que si uno de ellos toma el control, es natural que la forma del rostro cambie.

¿Qué es lo que el tercer cerebro, el «nuevo cerebro», hace? En los últimos tiempos mamíferos, el cuerpo evidentemente adicionó un tercer cerebro. Los neurocientíficos no saben bien el porqué –quizás tal adición está relacionado con la invención de herramientas, y la explosión en la disponibilidad de energía que siguió a tal evento. En cualquier caso, este tercer cerebro, el cual llamaré acá el nuevo cerebro, toma la forma de un tejido cerebral de 2 milímetros ubicado sobre la superficie exterior del cerebro mamífero. Se le conoce médicamente como neo-córtex. El tejido cerebral del neo-córtex es increíblemente complicado, mucho más que los otros cerebros, con millones de neuronas por cada 2 centímetros cuadrados. Curiosamente, el tercer cerebro parece haber sido creado para problemas más complicados que aquellos en los que se usa ahora. Algunos neurólogos especulan que un hombre inteligente de hoy usa tan solo una centésima parte de su poder. Einstein pudo haber estado usando dos veces más de lo que una persona promedio usa de tal poder.

Las únicas especulaciones interesantes que he conseguido sobre el nuevo cerebro y sobre cómo es, están en el nuevo libro de Charles Fair, «El yo moribundo». El autor sugiere que lo que Freud pensaba como Ello eran los cerebros reptil y mamífero, y que lo que los antiguos filósofos indios pensaba como «yo» era el nuevo cerebro. Su libro es fascinante. Fair piensa que el nuevo cerebro puede crecer y que sus alimentos son ideas espirituales salvajes. Cristo dijo, «si una semilla cae en la tierra y muere, entonces brotará (¡!)». Los cerebros reptil y mamífero no entienden en lo absoluto tal oración, al ser ambos naturalistas, pero el nuevo cerebro la entiende y siente su emoción. Las religiones misteriosas de los griegos y el culto esenio del cual Cristo era miembro, eran claros intentos de alimentar al nuevo cerebro. Los «misterios» eran la religión del nuevo cerebro. En Europa llegó a su nivel más alto de energía alrededor de los 1500, luego de conocer las ideas espirituales extáticas del cercano oriente por 700 años. Desde entonces, la «secularización» significa que los otros dos cerebros han aumentado su poder. Sin embargo, un hombre aún puede vivir en su nuevo cerebro si lo desea más de lo que sus vecinos lo hacen. Muchas de las parábolas de Cristo y sus observaciones involucran, evidentemente, instrucciones sobre cómo transferir energía del cerebro reptil al mamífero y desde allí al nuevo cerebro. Un «santo» es alguien que ha logrado mudarse de los cerebros reptil y mamífero y que está viviendo ante todo en el cerebro nuevo. Así como el poder del cerebro reptil está simbolizado por el frío, y el mamífero por la tibieza, la marca del nuevo cerebro es la luz. La luz dorada que siempre está alrededor de la cabeza de las estatuas de Buda es un intento de sugerir que él está viviendo en su nuevo cerebro. Algunos meditadores tibetanos del siglo XIII eran capaces de leer libros en la oscuridad con la luz que sus propios cuerpos emitían.

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II

Si no hay una organización central en el cerebro, es claro que los tres cerebros deben estar compitiendo en todo momento por la energía disponible. Los cerebros son como comités legislativos –compitiendo por subvenciones gubernamentales. Una decisión particular sobre el reparto es tomada en cada cabeza, aunque el tono general de la sociedad tiene peso en tal decisión. Sea cual sea el cerebro que reciba la mayor suma de energía, ese cerebro determinará el tono de la personalidad, sin que importe su inteligencia o su «poder de razonamiento». Los Estados Unidos, dada la cantidad de miedo que todos los días que genera en sus propios ciudadanos, así como también en los ciudadanos de otras naciones, es una enorme máquina en cuanto a empujar a la gente al cerebro reptil. Los ecólogos, los poetas, cantantes, meditadores, músicos del rock y muchas personas de la generación más joven en general, tratan desesperadamente de revertir el flujo de energía contemporáneo en el cerebro. Las inversiones militares no pueden ser reducidas hasta que el flujo de energía en el cerebro, el cual ha sido canalizado por cuatro o cinco siglos del cerebro nuevo al reptil, sea revertido. Tanto el cerebro nuevo como el reptil están tratando ahora mismo de hacerse visibles. En el mundo exterior el cerebro reptil se ha encarnado en la forma de un tanque que incluso se mueve como un reptil. Quizás la computadora es el cerebro nuevo lanzándose al mundo de los objetos para que podamos verlo; la espiritualidad del nuevo cerebro no podía ser proyectada, pero al menos su velocidad es evidente en el computador. Por supuesto, el peligro con la computadora es que puede caer bajo el poder del cerebro reptil. Nixon es un tipo peligroso –una mezcla de cerebro reptil y cerebro nuevo, sin casi nada de cerebro mamífero.

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III

Nosotros no pasamos todo el día «dentro» de un solo cerebro sino que más bien nos cambiamos de uno a otro, quizás miles de veces durante tal período. Es más, hemos estado haciendo ese tránsito desde hace tanto tiempo –desde que estamos in útero– que ya no reconocemos cuando ocurre. Si no hay una organización central en el cerebro, y evidentemente no la hay, significa que no hay «Yo». Si tu nombre es Juan, no hay un «Juan» dentro de ti –no existe «Yo» alguno. Por extraño que parezca, esa fue la idea fundamental que Buda tuvo unos 300 años atrás. «Tengo buenas nuevas para ti», dijo, «no hay «Yo» allí dentro. Luego, intentar encontrarlo es inútil». Occidente malinterpreta a la «meditación», o sitting, porque, estando obsesionado con la unidad y la «identidad», asume que el propósito de la meditación es lograr unidad. Por el contrario, lo más valioso del sitting, particularmente al principio, es permitir a quien lo practica experimentar el verdadero caos del cerebro. Los pensamientos se disparan desde los tres cerebros por turnos, y quien medita no habla al respecto, sino que experimenta la ausencia de un «Yo». La ausencia de un «Yo» es una verdad central en el Budismo (el Taoísmo lo expresa al hablar de la presencia de un «flujo»). En cierto sentido, el cristianismo nunca llegó a tal idea. De todas formas, nunca desarrolló métodos prácticos, como el sitting, para dejar que cada persona se experimente verdaderamente a sí misma (o permitir que cada uno experimente la verdad por sí mismo). El Cristianismo Institucional está en crisis porque depende de un modelo pre-Budista del cerebro.

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IV

Evidentemente, el crecimiento espiritual de los seres humanos depende de la habilidad de transferir energía. La energía que fluye normalmente al cerebro reptil puede ser transferida al cerebro mamífero, parte de ella al menos; energía destinada al cerebro mamífero puede ser enviada al nuevo cerebro.

El cerebro reptil piensa constantemente en la supervivencia, en la comida, en la seguridad. Cuando Cristo dice, «Los lirios no trabajan, y aun visten mejor que tú» (Lucas 12:27) insta a sus alumnos a no preocuparse tanto por sí mismos. Si el estudiante quiere «no-preocuparse» y el «no-preocuparse» persiste, el «no-preocuparse» eventualmente causará alguna transferencia de energía fuera del cerebro reptil. La pobreza voluntaria funcionó para San Francisco y él tenía tan poca paranoia del cerebro reptil que las aves bajaban a posarse en sus hombros.

Si la energía fue desviada del cerebro reptil, con suerte, el iniciado puede transferir parte de ella al cerebro mamífero o al nuevo. Cristo una vez aconsejó a sus alumnos, «Si alguien te golpea en la mejilla izquierda, coloca la mejilla derecha» (San Mateo 5, 39). El cerebro mamífero adora encolerizarse y atacar de vuelta inmediatamente. Si consistentemente te rehúsas a permitir que la ferocidad del cerebro mamífero siga adelanta y entre en acción, se desalentará y alguna de su energía estará disponible para ser transferida. Como el cerebro mamífero compromete mucha de su energía en el amor sexual, algunos estudiantes, al llegar a tal punto del «camino», se convierten en ascetas y célibes. Proceden así para incrementar la velocidad de la transferencia de energía. Incluso mujeres santas, como Anna de Foligno (Vid. Ángela de Foligno), experimentó el mismo vuelco en el camino, que usualmente involucra un abrupto abandono a su esposo e hijos. Cristo comentaba en el Evangelio de San Tomás que algunos hombres nacen eunucos y algunos hombres deben hacerse eunucos a fin de llegar al Reino del Espíritu. Sin embargo, si un hombre está en el cerebro reptil al momento de iniciar su ascetismo entonces el resultado es un desastre psíquico, como lo ha sido para muchos monjes y sacerdotes católicos.

El salto del cerebro reptil al cerebro nuevo no puede ser dado directamente; el iniciado debe ir a través del cerebro mamífero. En su prosa espiritual, Santa Teresa utiliza muchas imágenes sexuales, quizás porque el cerebro mamífero compartió su energía con el cerebro espiritual.

La «meditación» es un método práctico para transferir energía del cerebro reptil al mamífero, y de éste al cerebro nuevo. Es un camino lento pero «amplio», un camino que muchos pueden tomar y que muchas religiones han adoptado. Los orientales no lo llaman meditación sino «sitting». Si un cuerpo se sienta en un cuarto por una hora, quieto, sin hacer nada, el cerebro reptil se pone cada vez más inquieto. Quiere emoción, peligro. En la meditación oriental, el cuerpo se sienta en posición fetal lo que además enfurece al reptil ya que básicamente se trata de una posición mamífera.

Por supuesto, si el que practica el sitting continúa sentado, el cerebro mamífero rápidamente también se inquieta. Quiere emoción, confrontación, insulto, alegría sexual. Empieza entonces a alimentar una imaginería erótica espectacular, del tipo de sitting de San Antonio por lo cual eran famosos. Aún, si quien medita persiste en no hacer nada, eventualmente la energía no tendrá lugar a donde ir sino al cerebro nuevo.

Como el Cristianisno no tiene sitting pocos hombres y mujeres de la cultura Occidental, en comparación con las civilizaciones orientales, han sido capaces de experimentar el éxtasis del cerebro nuevo. Thoreau se las arregló para transferir una gran cantidad de energía al nuevo cerebro sin meditación, tan sólo como la ayuda de la soledad. Claramente, la soledad ayuda al cerebro nuevo. Thoreau, por supuesto, quería su soledad y no estaba en una ciudad reptil sino en la mamífera o «madre» naturaleza. Una vez más, la verdad mantiene que el camino al cerebro nuevo pasa a través del mamífero, a través del «bosque». Esta verdad está encarnada por la literatura antigua en la tradición de los hombres espirituales que primero meditan en el bosque y sólo luego en el desierto. Para la última parte del camino, el desierto es útil, porque no tienes imágenes mamíferas. Sin embargo, incluso en el desierto, los santos preferían vivir en cuevas –quizás para recordar al cerebro reptil la senda tomada.

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V

Volviendo a la poesía, es claro que los poetas, como cualquier otra persona, pueden estar dominados por uno de los tres cerebros. Chaucer es un gran poeta del cerebro mamífero, evidentemente San Juan de la Cruz y Kabir son grandes poetas del cerebro nuevo. El cerebro reptil parece no tener poeta alguno, a pesar de que ocasionalmente influencie a alguno. Robinson Jeffers es un hombre con un cerebro mamífero extremadamente poderoso, sobre quien, a pesar de todo, el cerebro reptil tiene una leve ventaja. Sus magníficos poemas no son cálidos hacia los seres humanos. Por el contrario, él tiene una curiosa atracción por la garra y por las piedras del mar más antiguas. De vez en cuando dice rotundamente que si todos los seres humanos muriesen, y una foca o dos permanecieran en la tierra, estaría bien para él.

Bach hace música para las emociones del cerebro nuevo; Beethoven principalmente para las emociones del mamífero. Blake es un poeta tan sorprendente porque habla de pasar de un cerebro al otro. La gente en «estado de experiencia», después de todo, ha sido arrastrada al cerebro reptil.

El gusano invisible
Que vuelta en la noche
En la aullante tormenta
Ha encontrado tu lecho
De púrpura alegría,
Y su oscuro amor secreto
Tu vida destroza

(La Rosa Enferma, de Cantos de Inocencia y Experiencia, trad. Nicolás Suescún)

Cuando estamos en estado de «inocencia», Blake dice que estamos sintiendo parte del éxtasis espiritual del nuevo cerebro. Los industrialistas, como claramente lo vio Blake, están en un estado de «experiencia», entrampados por el cerebro reptil.

Creo que la poesía debe tener en cuenta estas ideas. Algunas especulaciones biológicas y neurológicas son maravillosas y seguro que esas especulaciones pertenecen a la crítica literaria tanto como las especulaciones acerca del aliento o las imágenes o la metrificación. Un hombre debería intentar sentir cómo es vivir en cada de uno de los tres cerebros, y un poeta debería intentar colocar a los tres cerebros dentro de sus poemas.

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Robert Bly. Minnesota, Estados Unidos, 1926. Poeta, ensayista y activista de ascendencia noruega. Autor de decenas de libros, así como traductor y antologador. En sus primeros trabajos ejerció una considerable influencia desde un estilo llano e imagista. Posteriormente tomaría una postura crítica frente a la tradición de la poesía norteamericana juzgándola de carente de alma e interioridad,  como resultado de un tendencia a la impersonalidad y a la objetivización. Interesado en incidir en ello, se dedicó a popularizar entre los escritores de su generación a la obra de autores poco conocidos en los Estados Unidos como Machado, Rilke, Neruda, Vallejo, Jiménez, Hernández, Lorca, Ponge, Ekelof, Martinson, Traströmer, Trakl, Rumi, Hafez, Kabir, entre otros, a través de las revista literarias The Fifties, The Sixties The Seventies y numerosas traducciones. En 1968 fue galardonado con el Premio Nacional del Libro por su libro de poesía The Light Around the Body. Su mayor éxito comercial lo logró con el libro Iron John: A Book About Men (1990), con el que se convertiría en el lider del movimiento masculino mitopoético. El ensayo Los tres cerebros fue traducido y corregido por parte del equipo de POESIA.

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