Tiempo escrito

Freddy Yance

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el lago, el sol, el Catatumbo

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a Neila Otero, mi abuela

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Zulya

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y, sin embargo,
el Lago,
ancho y luminoso,
como una estrella de agua impenetrable,
boca que concentra espejismos,
niños con olor a iguana
allí en el centro,
ubicuo,
omnisciente,
la realidad del espacio es el margen
subversivo y silencioso que aleja
el baile hacia esa tarde
intranquila
que no quiere resignarse

árboles de otoño huyen de la nieve
cuando un ángel
mitad animal mitad luna llena
se sumerge
con nido y todo
en sus lugares más externos,
más al oído del mundo

no tan allá, al sur,
la resonancia es intocable,
se ve
como las venas de un dios
o como una voz
que al morir entrega sus días
en un cerrar y abrir de eternidades,
¡Catatumbo!
cataclismo del aire,
palabra que sabe a moléculas hirviendo

en las regiones del este
tu imaginación no son nubes, mediodía,
cabimos, floripondios,
irrigación del verbo,
hectáreas de sol pulmonar, en alegría,
orquestas de avispas subterráneas,
subcutáneas,
inteligencia de piedra viva
en el tabaco
que destruye células infecciosas,
agusanadas,
y la oración solo la entienden ellos
los árboles,
casas
abiertas y olorosas
con los muebles de la primera era,
bíblicas casas,
atornilladas a la columna vertebral del viento,
trágicas,
imperfectas,
donde ningún día se resistiría a nacer

en el norte del agua,
la paja tejida que nos cubre se incendia,
pero ya nos acostumbramos,
maíz y aguardiente,
a soñar al revés,
a no necesitar aire
para hablar

en la orilla izquierda del Lago,
como en el centro de una luz muy grande,
el efecto cardiaco es permanente,
nadan entre sonidos elevados
como águilas a través de una lluvia,
cantan colores y de memoria recitan
himnos
exageradamente largos

egos, islas desnudas,
chocan, gritan, muerden
brincan, caen, se retuercen,
ríen, ríen, ríen,
como almas
que invocadas
aprovecharan ilimitadamente el instante,
esa porción de eternidad prestada,
siempre ajena e inentendible

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Sanfran Cisco II

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mueren porque la diabetes no ha leído a Séneca,
mueren
desnudos y ebrios de una ebriedad anterior al nacimiento,
solos
en un catre de días retratados oralmente
con vehemencia

de cerca la córnea aún devuelve cierto brillo enorme
ves
en un segundo de flamas,
atmósferas magníficas, alegres
hasta el borde, en una acumulación de gozo
que quiere desprenderse en lagunas irreales
Idelano, Waldo, Gerónimo,
Vito, Vitico,
el gordo de la esquina

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en viaje

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montes bajos, rala y lenta caligrafía,
pasos de música en corto,
huesos de agua, elevado centro
en la fragancia inicial de la palabra
como la vida cuando despierta
y salta hacia nosotros
ubícame en viaje, con mi cara
perdida entre otras caras iguales al día,
di tu nombre y abriré los ojos
en el árido sabor del cuerpo
y del espíritu que lo cubre

tus rodillas sostienen el cielo
como tinta aplastada sobre una hoja
donde la claridad se concentra
en el sitio más oscuro, distancia
glacial de las fronteras, mi cara
perdida entre otras caras
contra la noche impresas

desde la inmaculada,
infinita y más dura dicha,
desde los pies hasta las nubes,
como una montaña,
labro dentro de mí esta luz tan breve,
para tocar el día
en los jardines subterráneos,
ósea armadura de la noche,
hermano mayor de las estrellas

somos esto: líneas
de un libro hecho de comienzos,
de un mundo
donde solo anochece una vez

morir es, quizás, despertar hacia adentro,
hacia la tierra,
nacer
como un amor difícil
en pleno mediodía

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abril

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abril es cruel con sus hijos de agua,
les llena los ojos con flores,
inunda las flores de luz,
pero a sus manos niega
la sola idea del tacto

en sus corazones oye arder la noche
como un tren de fuego a punto de partir
y cada uno de sus latidos
son astros que nacen y mueren como luciérnagas

pero en sus ojos de agua solo hay flores,
la dimensión más natural de un mundo
que sufren sin poder vivirlo

solo hay flores, luz inmensa,
amigos que se despiden
como una lluvia

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mi país

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mi país no quedó atrás
como esa casa en la montaña

donde jugábamos de niños

en el futuro, tampoco es claro,
la vorágine de días
no sabe hablar

mi país no existe en el tiempo,
ni en los mapas,
nace
cuando me preguntan
de dónde vengo

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F.

Freddy Yance (Maracaibo, 1996). Ganador del segundo lugar en el 19º Concurso Nacional de Poesía Joven Lydda Franco Farías (2016) con el poemario El mar y la montaña. Fue publicado en la antología de joven poesía venezolana Amanecimos sobre la palabra (2017). Merecedor de una mención del VI Premio Nacional Universitario de Literatura Alfredo Armas Alfonzo (2017) por su libro El viento de la noche . En el año 2019, le fue concedida una mención en el IV Premio Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas por el poema «Interior a oscuras». En (2020) fundó la editorial web La Casa Andrógina, en la cual publicó el poemario Para un niño geodésico. En (2021) poemas suyos aparecieron en una antología de poesía venezolana publicada por la Fundación Neruda en Chile.

 

La obra que ilustra esta publicación  fue realizada por la artista venezolana Gabriela Guilarte (Garabato)

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