Tributo a Reynaldo Pérez Só

Edda Armas

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Comencé a admirar al poeta Pérez Só desde su primer libro. La temprana lectura de Para morirnos de otro sueño irradió en mi alma una lluvia inaudita, con su modo personal de oficiar un podado lenguaje poético, tal vez respondiendo a búsquedas en la exactitud templada de un decir, girando las palabras en una estructura visual de aire limpio, de un muy original modo suyo, con el que su voz irrumpía en el panorama de la poesía venezolana en un formato que experimentaba la brevedad, en un momento de esplendor del poema extendido, más épico que lírico, digamos.

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Y es que, con su forma de hacer una poesía desnuda y danzante a inicios de los años 70, Pérez Só le abría sustancialmente otro espacio al cuerpo del poema. Uno revestido de síntesis y despojamiento, expresando su contacto con la vida y muy honda respiración interior, conectando con aquellos asuntos dolientes al poeta, con la destreza sobria del decir sin adjetivaciones, siendo un maestro de la disección.

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Ante su propuesta del corto poema que danza en la página, sentimos otra manera punzante de respirar, con el apenas asomar imágenes flotantes hiladas por un sentir qué, si tenía raíz en una emoción, un recuerdo, una reflexión, un trenzar sucesos interiores a los que les daba cuerpo apelando al recurso de los blancos “mallermianos” al desplegarlos sobre la página. Similar diseño a un pentagrama con líneas vibrantes y dispersas, en la que se estructura el poema con musicalidad, libertades y otras resonancias, de forma lacónica quizá, a lo que me gusta llamar ‘caricias de alma’. Al dar cabida a los mundos subjetivos del autor y el lector, buscando un diálogo. El poema encuentra resonancia en el otro y allí arma sus cruces de sentidos particularizados. Y por cierto, el poeta dejó dicho que no tiene influencia zen, porque incluso cuando hizo sus primeros poemas lo desconocía, admitiendo más influencia de la poesía americana por su contundente brevedad.

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La verdad es que, al toparme en 1971 con ese –su primer poemario- y su propuesta de la brevedad, lo apenas sugerido con respiración interior, yo me encontraba en la solitaria escritura de los textos breves que conformaron luego mi primer poemario, roto todo silencio, convirtiéndoseme su estilo en un claro estímulo. Esta sentida empatía se acrecentó con la lectura de cada nuevo libro suyo, configurándoseme dentro un árbol de ramas extendidas de flores inusuales, en cuyo tronco veía asomarse búhos de mirar profundo, coronando sus hojas intermitentes luciérnagas.

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Él nos dice:
-El árbol que está en mí /el árbol /la piedra/ peso para caer /únicamente.

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A RPS lo percibía como un maestro que creaba cercanías. Oírle hablar era un privilegio. Por lo dicho y lo no dicho. Rozaba el cielo de lo místico, sabía oír y preguntar aquello que no debía suponerse, y de verdad creo que llegó a tener la llave maestra a los misterios de la vida y la muerte. Siento que tuvimos una fraterna amistad, en la que el destino nos dio oportunidades de acercamientos que hoy día me funcionan como refugio afectivo. Para mí fue, junto al también querido amigo Armando Rojas Guardia, de los pocos poetas con los que sentí confianza para mostrarles un poema en construcción, dispuesta a aceptar su silencio o su certera crítica. Con él, logré debatir tópicos espinosos de la política y el dolor-país; también fue de los pocos poetas que me llamó por el cantv para saludar durante la temporada del COVID, preguntándome con afecto, cómo estaba, cómo me sentía.

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En este tributo que le hacemos en FILUC, deseo resaltar su generoso dar, siendo pionero en el compartir su experiencia en el tramar poético, dictando talleres de poesía, enclavado en su Valencia (aunque abrió los ojos al mundo en la Caracas de 1945), siempre ligado a la Universidad de Carabobo y al grupo editor de la revista de mayor tradición en Venezuela con 52 años cumplidos, me refiero a la Revista Poesía, de la que fue uno de sus fundadores junto a Eugenio Montejo, Teófilo Tortolero y Alejandro Oliveros en 1971. Pérez Só fue también su director en una larga travesía de muchos años, en la que particularmente le inyectó sangre y alto linaje de ideas y traducciones, logrando también incorporar muestras de poéticas periféricas, de Latinoamérica y el Caribe, África y Asia, enriqueciendo así el gran legado que esta importante revista ofrecía al lector de habla hispana.

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¿Desde dónde nos habla Pérez Só al hacer poesía?
Él nos dice: –cuando bajo el mundo rueda/ otra alma

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¿Cómo logra la magia de incluir al silencio al tramar su tejido?
-No diré nada/ nada.

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¿Podremos seguir en diálogo con el poeta Pérez Só?
cuando la muerte se viene/ yo solo / soy en tus manos

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¿Qué urdía cuándo titula Solo a la antología que reúne toda su obra?
¿qué haremos con tantos muertos/ arrinconados sobre las sillas?

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A los 77 años, Pérez Só había legado once títulos publicados (casi todos poemarios breves). Imagino que, por la severidad en el ejercicio de la autocrítica, pertenecía al clan de los que deshojan sus manuscritos dejando un corpus final depurado, con aquello que concluyeron puramente esencial en cada poemario. Dos años antes de que la muerte le alcanzara publicó un volumen antológico que simbólicamente tituló Solo, en la que incluyó cuatro poemarios inéditos: Piedras de la lluvia, Inelegancias sueltas, Lavar el Met y Kavra, Kavrika, algo bastante inusual, por cierto.

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Solo entonces es un regalo excepcional del poeta, por ser de libre descarga en la web, en la que podrás recorrer toda su obra, desde su primer y grandioso primer libro Para morirnos de otro sueño (1971), seguido de Tanmatra (1972), Nuevos Poemas (1975), 25 poemas (1982), Matadero (1986), Fragmentos de un Taller. Ars Poética (1990), Reclamo (1992), Px (1996), Solonbra (1998), Antología Poética en MAEd (2013), Rosae Rosarum (2011), hasta llegar a sus cuatro inéditos ya mencionados.

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Su obra poética lo mantendrá vivo. Valdrá la pena todo esfuerzo que se haga en la difusión de su obra, a través de revistas digitales, ediciones en el mundo, o fomentando su apreciación y estudio en clubes de lectura o talleres, donde quiera que uno esté. Les confieso, ahora, que el poeta quiso dejar en nuestras manos un manuscrito inédito para la colección de poesía venezolana Dcir ediciones, proyecto editorial independiente que llevamos adelante desde Caracas en formato impreso, en equipo con la poeta María Clara Salas y la artista visual Annella Armas, con el manto protector de un logotipo diseñado por el maestro Carlos Cruz-Diez, quien formó parte del Consejo Editor los cinco primeros años de Dcir, en los que publicamos 12 títulos contando con su activa participación. El compromiso es que, el poemario inédito que Pérez Só dejó en nuestras manos, vea la luz con cuerpo impreso en papel en 2024; trabajaremos con dedicación y orgullo para que así sea.

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Rendirle homenaje al autor de Solo invita a hacer un voto de silencio, poner flores silvestres en una vasija de transparencias sobre una mesa que cubra un mantel blanco, con un velón igual de blanco encendido sobre una piedra de río, y ante ese altar darle lectura a su poesía en voz bajita, hasta que la última gota de cera, lentamente derretida, selle el ritual, atendiendo a la noble belleza de su alma.

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Y sin adiós posible, tengamos presente su reflexión de que “la poesía se va haciendo como más de piedra, se va acercando más a la tierra”. Gracias poeta.

 

 

Caracas, 29 de septiembre de 2023
Palabras leídas en la 20Filuc, Valencia, Venezuela

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E.

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Edda Armas.
Poeta. Psicóloga social egresada de la Universidad Central de Venezuela. Coordinadora de talleres de creación poética de forma independiente. Desde 2015 dirige la Colección de poesía venezolana Dcir ediciones. Obra publicada reciente: Fruta hendida (Kálathos, Madrid), Manos (El Taller Blanco, Bogotá), A la hora del grillo (ElÁngelEditor, Quito), Alas de navío (Ed. Caletita, Monterrey). En 2019, Editorial Pre-Textos le editó en España su investigación antológica Nubes. Poesía hispanoamericana donde reúne 291 autores. Su obra ha merecido: Premio Municipal de Poesía 1995 «Alcaldía de Caracas» por Sable; Premio «XIV Bienal Internacional de Poesía J.A. Ramos Sucre, 2002» por  En bicicleta; y «Orden Alejo Zuloaga / Universidad de Carabobo» por su obra literaria y aporte al país como gestora cultural. Figura en antologías de España, Italia, Francia, Colombia, Perú y Ecuador. Ha participado en festivales poéticos en Europa y América. Es la primera autora venezolana en el catálogo de poesía de Vaso Roto con su recién publicado poemario Talismanes para la fuga (2022).

La imagen que ilustra esta publicación  es el detalle de una obra realizada por el artista venezolano Víctor Julio González

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