Un germen insurrecto

Sobre Supernova, de Leonardo Alezones Lau

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 César Seco

 

Esta poesía se sacude el polvo de la tradición y vuelve la espalda a la finta de la moda. Esto me dije luego de una primera lectura de SUPERNOVA. Más tarde encontré el título atractivo y atrevido, y me alerté: cuidado, puede que exageres en tu apreciación. SUPERNOVA de Leonado Alezones Lau (Valencia, 1983) estuvo reposando por días en mi móvil luego de una primera y deslumbrante lectura. Ya el hecho de que lo dejara en reposo me implicaba como lector atento que debía poner en escritura curso a su apreciación. Pienso ahora, el poeta dejó atrás el yo y se dedicó a hacer poesía. No más. Y esto lo hizo con recursos, motivos, súbitos y aprehensiones con los que viene obrando desde hace 20 años, casi la mitad de su vida porque se trata de un joven poeta y, esto, también, llamó mi atención. Pero me sentí exigido a esculcar entre sus páginas, poema a poema, a escudriñar pues los posibles resortes que impulsan esta poesía, que la sostienen. Me refiero al envés y revés implícito que no la hacen fácil de digerir. Sólo esto podía dar respuesta a las preguntas que se acumularon en la espera. Que me perdonen los críticos de ocasión o los académicos el que «no tome el toro por los cachos», es decir, que no comience por el inicio del libro, por el primer texto, sino que «lo tome por el rabo», el que lo cierra, sin cerrarlo en verdad:

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tus ojos
tazas de café donde alojo el porvenir
parecen alumbrar lo que miran
son la justificación del amado

(…)
cuando se asoman a los míos. (p. 74)

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Y es que SUPERNOVA conlleva un poderoso sustrato que sólo crees confirmar con una lectura completa del libro. Lectura que además puede comenzar en cualquier página, sugiero. Lo que nos puede parecer constante improvisación, en verdad no es propósito definido ni definitivo, sino un suceder en la impronta del lenguaje que Alezones Lau intenta, lenguaje de ruptura, de evidente renovación en la poesía venezolana, algo a lo que muchos de sus contemporáneos parecieran haber renunciado, o pretenden asumir partiendo de viejas fórmulas, foráneas casi siempre. Eso sí, deja de lado todo afán de impresionar, todo alarde sintáctico o paráfrasis emotiva del presente, va a tener tratamiento desde una sencillez que se nos revela auténtica. Pero, aclaro, sin renunciar por nada a implosionar las fuentes de las que se han alimentado quienes le han precedido. A la poesía breve o a la de desenfadada intención, Alezones Lau, la entresaca, la desconstruye, la desarma y por momentos pareciera volverla armar como para que no pierda, por un lado, su alma, su canto callado, canto inherente de las cosas sucediendo en su dada existencia, sin agregados, sin excesos metafóricos; y por el otro, espulga el ya viejo camisón de lo que se ha rotulado como poesía conversacional o poesía del decir. No dudamos que, en algún período de su creación, el poeta haya intimado o tenido al menos llamado de atención de lo que conocemos por antipoesía, o bien, la new poetry norteamericana le atrajera como un peatón que tomara la acera de su desenfadado discurso, para al instante o en el proceso, virar a un punto más cercano de la lengua.

Leo y leo pues, y me doy cuenta que el suyo no es un intento abandonado al azar. Como músico de rock, Alezones Lau parece estar a la medida de su vuelo, o como pintor o artista gráfico busca su mirada en el cuadro que lo mira. Una palabra y la que le sigue va a dejarnos una imagen que no esperábamos. O un fragmento completo nos va a remitir al sonido que escuchamos en alguna parte, o nos va a devolver a un eco interior, es decir, al pensamiento, a la reflexión. Decimos con esto que en SUPEROVA el asombro no falta y es, no por acción de efecto, sino de contexto, un ser, un lugar, un instante:

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rehacer el mundo como un lienzo
con grumos de óleo blanco
elaborando emociones
con cada pigmento
hasta diferenciar las reales de las elaboradas
¿no es este tu deseo?
–eres un tonto que sueña– dicen
–todo terminará en el vacío de donde provino–
desmiento y pinto desde la perspectiva
de un pasto estrellado que dio lugar
a las fuerzas angelicales
la paleta es un remo con que podríamos
navegar un lago que dibujé
para verlas volver
girando en la inmensidad de las nubes (p.8)

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Como sugerí líneas atrás, el autor de este libro no recurre a efectismos metafóricos, o apela a ese pulimento del verso al que nos tiene acostumbrado cierto lirismo, esto en cuanto al uso de giros gramaticales dados a gasto escritural y convertidos en retórica: ese «modernismo» que no nos hemos podido sacar, así escribamos en versos libres o nos preciemos de una precisa brevedad, como otros han afirmado, acertando en su apreciación crítica. Alezones Lau estuvo advertido de esto antes de emprender su tarea, es decir, pasar del poema al libro, y como tal, estuvo «mosca» como nombran en la calle a estar despierto a cualquier devaneo o peligrosidad, sea por exceso de seguridad o de conformismo, sea de estilo o de suficiencia aprendida en talleres o aulas y, en este caso, el suyo, el centro era saber que trataba con un instrumento delicado: el lenguaje, con el cual «se puede decir nada con mucho» y «se puede decir tanto con poco». En la cuerda de este difícil equilibrio, creo, anduvo y obró en su escritura. Es desde aquí que oficia, digamos.

En la conformación de su libro, su hacedor renuncia a la evidencialidad propia de la fotografía que es tan recurrente en la poesía de estos tiempos convulsos. A esa versificación como cinematografiada que te pone por delante el sujeto dejando de lado el objeto, las cosas. Y, cuando le es inevitable, el poeta la aborda de otra manera, por aparición, no por definición, trazo inserto en la memoria sin ceder del todo a lo que se muestra descoyuntado, fragmentado, en lo que hay que tomar más de la imaginación que de lo predeterminado. No es lo rígidamente anecdótico, no es en lo narrativo, donde esta expresión encuentra lugar:

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cada charca es un pájaro
por eso milagrosamente
logra volar

cada reflejo se basa en la memoria
y con esto nos atrapa

soy
sin el yo que ató mis pies
para caminar libre

y en lo dicho reconozco
que lo proveniente del vacío
encontrará su asiduo
en cada palabra o gota de lluvia (p.15)

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Queda claro que no es esta una poesía que redunde en lo trágico, como tal vez puede que quisieran los cercanos a este muelle o los parados al filo de este abismo. Queda claro por igual que lo contemplativo substancia su materia expresiva, pero no nos equivoquemos, se trata de una escritura que lleva implícita una crítica a su instrumento, como alerté. Esto como actitud, no como simple o arrebatada postura intelectual. Recordemos de nuevo que Alezones es también un artista visual. De fondo, la hechura que le da al todo, al libro en sí, puede emerger no sólo de la forma que le ha sido dada o experiencia alcanzada en cada libro; puede a su vez provenir de lo amargo doliente que constituye el carácter, la personalidad del poeta; nada de esto podemos negar; pero mucho más, estemos claros, hay aquí voluntad de trastocar lo establecido para hallar lo esencial, dinamitando las bases del lenguaje mismo que lo ha motivado:

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hoy pienso en llenarme de adjetivos y lugares comunes
lo elijo cacofónicamente
porque en la palabra no existe bemol
además mi alma tiene derecho
de encontrar su igual
en la experiencia del habla
e irse para contarle su historia a los ríos
a otras frases nunca usadas por el hombre  (p. 20)

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Llegados aquí, SUPERNOVA nos hace un llamado a capítulo. Ojo. Hace rato, como si fuesen artefactos, se nos vende obras de arte, y con la poesía se pretende que sea inofensiva, plegada a lo establecido, cercana al producto de consumo. Por otro lado, incluso, convertido uno y otra en esto, se pretende erigirlos como corona de la posmodernidad, o bien, se les asume como lo que la va a implosionar. Ya Nietzsche desconfiaba de lo que se asumía como vanguardia. Si, se refería él a la que lo hacía más por adaptación antes que por incidir, transformar el tiempo en el que precisamente se estaban haciendo. Una huella de esta reflexión puede estar al fondo de SUPERNOVA, y no como simple infiltrado en su manifestación. Pero lo que termina imponiéndose entre el poeta y lo que hace es una indoblegable voluntad de riesgo, de inconformidad, de rebeldía. Se trata pues de una poesía que por nada va a responder a un discurso complaciente. Menos a otro aparencial, disfrazado, sujeto a la máscara del vanitas vanitatum, a lo que los galardones literarios suelen pedir para validar una corriente, o como ya dije, postura dizque vanguardista de un momento determinado.  El poeta que leemos parece haber escogido su disparo desde su propio desamparo o renuncia, y puede, sospechamos apenas, ser «el propio blanco o centro de la hondura» el que salga a buscar la detonación, como le percibimos aquí:

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dirigirse a la gerencia
cuando no se está contento con lo leído
buscar el momento de la emoción
hacer rebotar el verso
como un cheque sin fondos
cotizando ante el seguro social
toda línea escrita desde el amor de los vasallos
anticipando a dios
en paráfrasis crónicas vividas
para darse cuenta al fin
de la pureza y el ruin estatuto
del viejo cuaderno de matemáticas (p.66)

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El cómo se da la develación, el cómo se nos acerca al sustrato de las cosas mediante el decir del sujeto, o es éste mantenido en resguardo, en secreto, es parte del misterio mismo al que esta poesía nos remite pese a su claridad expresiva, a la limpieza de lenguaje, a esa exactitud gramática que SUPERNOVA exhibe con distingo. Algunos títulos nos permiten constarlo en verdad. Son varios los poemas que nos lo indican como tal, hay en ellos un anhelo de unidad. Se de en su extensión o se de en su brevedad, la cual se alterna en las dos secciones o apartes del libro: una titulada Cielo abierto, y otra El botalón del sueño. Ambas nos van a remitir a una frecuencia, a un sentido propio de las cosas antes que, si bien puede rozar el afán de absoluto, sabe recogerse en la plenitud de sencillez, la misma que ya señalamos. Este sentido de las cosas nos trae a Foucault cuando dejó dicho que: «…de cualquier modo tal entrelazamiento del lenguaje y las cosas, en un espacio común (en este caso, el del poema), supone un privilegio absoluto de la escritura», y detrás de esta va a estar alguien o algo (en nuestro caso solemos creer que sólo tal privilegio es dado al poeta). Escritura en que el «mundo de las palabras» se relativiza, se compone o se descompone, se aproxima o se aparta. Sea por parentesco o por rechazo, o sea por diferencia o distanciamiento, por extrañamiento o encuentro: «marcas visibles y silenciosas» a las que, sí, el poeta busca darles voz, hallar eso que puede ser su verdadero significado, «marcas de la naturaleza» al fin, si atendemos y entendemos que pensador francés no hacía disociación entre las palabras y las cosas.

Lo que apunté líneas atrás del músico o pintor presentes en el carácter de este poeta, no contradice esta reflexión. Para Alezones Lau el sentido de las cosas está en su particular modo de mirarlas y a cómo éstas le miran. Como si estuviésemos presenciando cuadros de una exposición o escuchando un ritmo y sus variables sónicas, lo percibimos en algunos títulos de los poemas Un eco de la pintura (p.8); Hipérbole (p.13), Carpe diem (p.20); Una escena de cama en el espejo (p.22); Un canto a muchas voces (p.23); El tren que somos (p.49); Cosas que no se pueden hacer en poesía (p.66); Escenografía (p.71). A este último citamos, lo que consideramos un apéndice iniciático en el que pone a dialogar alma y espíritu, pero no es éste religioso:

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me deshice en la película del ángel
gris
sentí la intermitencia de algo
que se adelantaba a mi senda
entonces el amor y los orines del perro
no hicieron sino marcar una pausa
entre el ala que acunó y la calle (p.71)

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Consideramos esta lectura apenas una aproximación aun libro y a un creador que ofrecen interpretaciones varias, lo cual nos habla de una riqueza verbal aún por descubrir. Sentimos que la responsabilidad de confesarlo así, no es otra que ahondar algo más en un aspecto que tiene que ver con su construcción formal. Recordamos a Rafael Arráiz Lucca cuando en El coro de las voces solitarias (2003), nos advierte que tras toda obra poética hay un proyecto y éste conlleva un proceso; para ser francos, proceso de evolución o desarrollo, palabras no de muy buen gusto poético, pero imprescindibles cuando se trata de interpretación crítica. En principio, reconocemos que hay filiación, que es donde están las bases sustentables, las lecturas o asimilaciones del poeta, sea de estilo o presentación. No obstante, cuando ahondamos en esta poesía, podemos enterarnos de que, si bien la filiación está allí, no es ésta una escritura de imitación, en la que tanto suele incurrir la poesía actual venezolana, sobre todo la dada a la brevedad a partir de Cadenas, Crespo o Pérez Só. La de Alezones Lau es contentiva de cierta oralidad que pudo haber tenido su mayor presencia entre los años 70’s y 80’s, pero cuyas inflexiones no son las mismas ni tienen porque serlo, tratándose de alguien que comienza a publicar al inicio de este siglo, y  ha tenido su evolución en las últimas dos décadas, concluyendo, por ahora, en SUPERNOVA, donde «pudo resistir la tentación de plegarse», por decirlo con palabras de contentivo y contundente lugar común: «seguir la corriente», la de quienes le han precedido.

Hemos seguido esta obra que ya indica un carácter y, por tanto, lo que señalamos pudo al principio parecernos vacilante, y sí así lo apreciamos, no tardaría en mostrarnos lo contrario, el que está sostenida en un firme propósito: encontrar lo que llamaría su «germen insurrecto», lo que estaba en su médula y que venimos señalando desde las líneas iniciales de esta aproximación, fuere por decisión inicial o por impulso irrenunciable, tratado, desde luego, cada vez con mayor solidez en cada libro o intento, por ambos decisivamente. En la poesía hay que insistir para atreverse, y esto, atreverse, es a su vez, insistir. SUPERNOVA es un libro que su autor ha trabajado con insistencia, pero mucho más asistido de una sencilla lucidez. Un libro que aguarda por lectores propios, tal como lo hicieron en su época los libros de Ramos Sucre, o posteriormente El círculo de los 3 soles de Rafael José Muñoz, o en los últimos tiempos, más que con su «soledad callada» implícita y a su vez extrañamente sonora, que arrimada al estruendo de los manifiestos y galardones, como fueron los libros de Teófilo Tortolero o de Rafael José Álvarez, de auténtica sencillez y a su vez de rigurosa construcción. Y de esto que afirmamos con gratitud lectora, no nos desmiente un poema del libro que pareciera reunir los alcances que apenas hemos podido intuir en esta propuesta.

 

yunta

te invito a un arado de estrellas
cada semilla un sol

¿abriremos zanjas dolorosas
en el corazón d alguien más?
¿o por el contrario
una lágrima de ángel
arrebatará los nuestros?

somos la yunta
el río a punto de secar
y la mañana que bronceo mis párpados

tus pestañas comienzan a moverse
e irán arando en toda la llanura

la tierra es una soledad compartida
al pie de un camino
para oír como la brisa hace crujir al sorgo  (p.11)

 

Septiembre, 2020

 

 

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Notas
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• Supernova. Leonardo Alezones Lau. El Taller Blanco Editores. Col. Voz aislada. 2020.
• El coro de las voces solitarias. Una historia de la poesía venezolana. Rafael Arráiz Lucca. Grupo Editorial Eclepsidra. Colección Fuegos bajo el agua. Caracas, Venezuela, 2003.
• Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Michel Foucault. Siglo XXI Editores. Traducción de Elsa Cecilia Frost. 2dBuenos Aires, Argentina, 2011.

 

 

 

 

 

César Seco. Coro, Venezuela, 1959. Poeta, ensayista. Miembro de la redacción de POESÍA, y de la directiva de la revista IMAGEN, del Centro de Estudios Literarios Rómulo Gallegos. Ha publicado los libros de poesía: El laurel y la piedra, (1991); Árbol sorprendido, (1995); Oscuro ilumina, (1999), Mantis, (2004), El Viaje de los Argonautas y otros poemas (2006), Lámpara y Silencio, Antología poética, (2007) La playa de los ciegos (2014) y El poeta de hoy día (2014). Por El Viaje de los Argonautas obtuvo el Premio Nacional de Poesía de la Bienal Ramón Palomares (2005). Colabora en diversas revistas digitales, entre ellas Agulha (Brasil), e Híbridos (Venezuela).

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Blanca Haddad.
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