Un mundo que fluye y se desborda

Leonardo Lugo

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Entre oralidad y escritura: traslados y mudanzas de la lengua y la experiencia
Acerca de Las casas de Alberto Cisnero

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El primer poema de Las casas dice:

1-

traslado otras líneas. desde mi lengua
particular materna. a ésta, casta a medias.
quichuistas todos en las casas. bestias del mismo
pelo. referencias a tiempo y lugar: ayer murió
envenenado el gato. económico su nombre.
después le compondré un soneto, una tardía
moción. los animales que sufren se parecen.
reiterarse habrá que. intercalar agua coloreada
con sangre. vamos a extrañarte, ezra.
en un cónclave mencionaron el gentilicio
cultura. atiné a ponerme el pulóver.

De aquí en adelante el poemario adquiere su carácter particular gracias a las líneas de fuerza que lo atraviesan. «Traslado» es la primera palabra del libro exceptuando su título. El lector la puede entender en su sentido de «movimiento», «mudanza», «cambio de lugar», de «copia o traslación de un escrito», de «traducción». «Trasladar» es también la acción de llevar por ejemplo un criminal de una sección policial a otra. En la palabra «traslado» pareciera que hay núcleos de sentido interesantes que motorizan la construcción del libro.

Pound, nombrado como «ezra», concebía al poema como una especie de drama que se nos transmite o refiere («traslada», diría Cisnero) de forma incompleta. Los espacios en blanco o «huecos» apuntarían a elementos claves que nunca podremos reponer en su totalidad. Aquí la distancia visual entre las frases es mínima: un punto seguido, pero en lo semántico están a veces muy alejadas. Eso nos indica que falta más de lo que se nos da. En toda mudanza de una casa a otra perdemos objetos, cosas. Algo no se recupera ni va a volver jamás. Tampoco en el libro de Cisnero.

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Lengua y obra en movimiento constante

En Las casas las palabras, a causa en parte de la violencia ejercida sobre el lenguaje en estos «traslados»,  sufren varias clases de «torsiones» que enrarecen la materia verbal: uso del hipérbaton («porque mancillan lo que en la punta de la / lengua / a ocluirse torna», 13-); elipsis innecesarias y que tornan enigmáticos los mensajes («en la mesa / corría la de costumbre», 12-); fórmulas y modos de la oralidad («un repente», 13-); arcaísmos o términos en desuso («utillajes», 4-), etc.

El idioma español está desgarrado, es un «campo minado» cuyos elementos están «estallados» tanto en las formas como en los contenidos. Esto último se observa en la «distancia» que separa los temas sobre los que se habla. En cada poema se yuxtaponen frases «cortadas» por el punto y seguido, frases que son despojadas de elementos conectivos. Doble lógica: encontronazo fuerte de elementos que componen un discurso «cortajeado» pero muy distantes en lo semántico. Estos «huecos» nos hablan de una pérdida de algo imposible de recuperar y que pertenece a un discurso mayor, entiendo aquí y volveré sobre ello más adelante, pero agreguemos ahora que esa pérdida se torna ganancia en la medida en que las zonas no resueltas se vuelven terreno de acción para el lector:

77-

ninguno dijo que llegaríamos al sol.
no somos poetas. sé lo que puedo. yo te doy
las gracias. en medio de las voces. de pronto
triste y leve, volviéndome más viejo en esta hora.
no te olvidés de mí en esa ciudad que otro llamó
laberinto roto. quisiera otro vaso. quisiera más
alcohol. ya quedó escrito. lo obtenés o no.
quisiera también que hagas que fuese cierto.
y que siempre y en todo lugar.

Otro aspecto que nos interesa indagar en relación al trabajo sobre la lengua que se lleva a cabo aquí es cómo el libro abre el espectro de expresiones correspondientes a distintas épocas, a distintos lugares, registros, niveles lingüísticos. La lengua se nos muestra en movimiento, en su devenir histórico. La historia de la lengua es revisitada por Cisnero y nos vuelve conscientes de su materialidad: «se dice que debemos a aristófanes de bizancio la puntuación», nos advierte el poema 12-. En intertexto con «Te doy una canción», de Silvio Rodríguez, en ese mismo poema leemos la expresión «con las mismas de mudar», que nos hace reparar nuevamente en la idea de cambio o mudanza que sufren las palabras, justamente «mudando» una palabra por otra («mudar», en vez de «matar»).

Pero si la lengua con la que se escribe la obra está en movimiento, también lo está la obra. El poemario Las casas reescribe partes de otros libros del autor. Un ejemplo de ello se da en la frase «Los animales que sufren se parecen», verso que le suena conocido al lector de Cisnero, y que finaliza el poema 8- de Adiós y hasta pronto. Citar para «enmendar», para hacer proliferar el sentido, pareciera ser el intento de este autor. Ni siquiera la cita textual es confirmación total de lo antes dicho, porque sabemos que todo traslado conlleva una pérdida. No hay copia totalmente fiel, digamos.

La obra de este poeta no se nos muestra nunca como algo totalmente acabado. Es como si Cisnero trasladara la reescritura del momento previo a la edición de un libro al momento posterior. Publicar un libro es, si se me permite la exageración, la excusa para reescribirlo en los subsiguientes. Con este tipo de propuesta autoral Cisnero rompe la idea de obra cerrada, acabada de una vez y para siempre, gesto que me recuerda ciertos postulados posestructuralistas al estilo de Roland Barthes, por ejemplo, cuando habla de cómo la literatura y la crítica hacen un cambio de paradigma que va, en palabras del autor francés, «de la obra al texto». Señalo simplemente una cercanía o afinidad en un aspecto del trabajo con el sentido, no una influencia ni una identidad.

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Tensiones entre la lengua quichua y el español

El procedimiento de reescribir en este libro lo que quedó «congelado» en la escritura de libros previos se repite internamente en el poemario, entre poema y poema. El número 59- es casi un «refrito» del 1-: «reiterar- / se habrá qué», es la consigna. Pero cómo creerle a ese slogan, dada la elocuencia del final del poema 59- en su acción de reescritura: frente a la frase «atiné a ponerme el pulóver», se nos ofrece esta otra: «pulobre: así llamaba ma el abrigar», frase más ligada al mundo íntimo, a la lengua materna quichua, que «taladra» in absentia el idioma español.

Arriesgaremos nuestra hipótesis de lectura: el poemario de Cisnero se presenta como el «traslado» imposible de un texto oral y original quichua que reside en la memoria y en la experiencia del sujeto a la escritura del idioma español. Hay un intento siempre fracasado por «trasladar» la música, la semántica y la sintaxis del quichua natal, a la lengua del conquistador. El resultado de ese fracaso, que es también una victoria, adquiere la forma de poemario: Las casas.

Diré que en esta obra hay un mundo que fluye y se desborda, un magma vital que no se doméstica en el cauce de las palabras: «escribí / el movimiento obrero granizado con el fierro / en el escritorio», dice el poema 9-. ¿El arma o el libro «Martín Fierro»?,  podríamos preguntarnos. «Las armas y las letras»: viejo tópico de la literatura española que fuga hacia la literatura de nuestro país y que revisita Cisnero de manera ingeniosa. Con él nos recuerda que el arma de la poesía es la palabra, por supuesto.

¿Qué rol le cabe a la poesía en nuestra sociedad, en nuestra cultura?, sería una pregunta interesante para formular ahora y cerrar este desarrollo de ideas. Más allá de respuestas generales, quisiera señalar el gesto político de este poemario en particular, y retomo para ello el título del libro: «Las casas» me recuerda a la expresión coloquial de ciertas zonas rurales que nombra el hogar y que se reconoce en frases como «Vaya pa’ las casas», uso lingüístico que el poemario recoge; pero también me remite a Fray Bartolomé de Las Casas, y su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Las casas  interviene en el juego discursivo de escritura y reescritura de la historia. Se instala en y produce sentidos a partir de «estados de la lengua» del español, estilos y formas de contar o poetizar (en un momento utilicé la palabra «refrito». Podría haber hablado del término «ensalada» como nombre de un subgénero poético-musical usual en el siglo XVII, caracterizado por Rengifo en su Arte poética, especie que cuestiona la idea de originalidad); y tensiona estos modos propios del español con formas lingüísticas provenientes del quichua. En la tensión entre la lengua quichua oral y la escritura del español pervive el poemario de Cisnero, en la dialéctica de producción y destrucción, equívoco y enmienda; en la tensión entre lengua materna e íntima y lengua heredada vía genocidio y procesos de aculturación.

Algo de esto es lo que se perfila al leer el poema 8-:

8-

he visto en los antigales las tinajas
de mis muertos. obviaron la emoción
lexicógrafa, el bostezo, un énfasis que chorreara,
para trinar en el agua. tributaron. palearon.
firmaron con una cruz. supieron y conservaron
sus nombres verdaderos y completos.
compartieron el mismo pedazo de pan.
ninguno adosó a sus atuendos emblema
de múltiples colores. vivieron y dieron su fin.
quichuistas todos en las casas.
bestias del mismo pelo.

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§

p o e m a s

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5-

qué lee, señor. enmiendas. cada una
en su lugar. nunca volvió a saberse
de ellas. examinalo todo. de eso precisamente
se trata. los asesinatos, los incendios,
las ruinas, los dulces transportes del amor.
y en efecto las conocí. como un hombre
que ya no tenía nada que temer y cuyo corazón
palpitaba. ahora ya soy viejo de algunas partes
del cuerpo. no entremos en detalles. tienen
tres dimensiones, tienen peso y son divisibles.
así pasa la vida.

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27-

he sabido bailar al compás de las propias
cantigas. he sabido batir palmas.
que es consuelo y núcleo de otra verdad. que tiene
por objeto reparar heroísmos al pedo, versales,
y eludir la detección de los propagandistas
de intenciones cívicas, que viven y vivirán
en fraquecitos azules y chalecos atezados,
kerouacs y caulfields asibles, computables
y consumibles en una colonia para niños
débiles junto al mar o detrás del tallo
de una flor. escribo como pronuncio.
y finalmente me convierto en rentista.

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35-

tenía un padre, pero se fue a la guerra.
y lo mataron. ustedes se sentirán capaces
de no recordar tales datos. hice mi vivienda
y mi pan. y remedo a los viejos artistas:
ya no dispongo sino de recuerdos. unas listas
de luz donde danza el polvo. llegan al fin
las garzas. pequeñas bandadas. y ya vuelan
rectas hacia el cielo. se van.

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Leonardo Lugo. Quilmes, Buenos Aires, Argentina,1983. Es profesor de Lengua y Literatura por el Instituto Superior de Formación Docente Nº 50 de Berazategui. Ha cursado la Licenciatura en Enseñanza de Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de San Martín. Ha publicado investigaciones que atañen al área de la didáctica de la literatura y ha sido ponente en congresos y jornadas de didáctica de la literatura. Ha participado de cursos y seminarios sobre poesía y otros géneros con escritores como Jorge Fondebrider o Leopoldo Brizuela. Actualmente se desempeña como profesor en diferentes instituciones del Nivel Terciario del sur del Gran Buenos Aires. Sus intereses se centran, sobre todo, en la narrativa y en la poesía modernas.

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