Una lectura de «Mar de Interama» de Corina Maruzza

Patricia Jawerbaum

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-Hace tiempo escribí y envíe a la autora del libro por privado esta…. ¿reseña? de Mar de Interama, con su generoso feedback de la misma y cariños de entre poetas y bailarinas que agradezco. El libro se reseña solo, así que léanlo a él mejor antes si no lo han hecho, y hagan su propia levantada de cabeza (Barthes) hacia donde les trine. Esta es una lectura (feliz lectura, experiencia de un encuentro placentero con algo de lo que ahí late diamantino) y no la guía para una lectura, ni un juicio sobre el libro. Pero la lectura dispara escritura y nos patea la pelota para que sigamos en el juego que se vuelve tan estimulante cuando hay eones más que peones en juego. Va en especial para Corina (a quien advierto de este modo privado-público que se trata de re-invenciones de la reseña que te compartiera entonces).

La invitación es, era. Fue. Para: dejarse arrastrar por la corriente, ¡ah! a nadar en ellos y aprenderse -y prenderse- al ritmo, la respiración al cruce de los elementos, una acción física en el lenguaje que nos permita nadaR. La tensión de los cuerpos que en el encuentro afinan una disolución mutua entre: las pieles del paisaje -los paisajes, hacia la vertical, hacia la horizontal. ¡Hacerse oír lo que Corcorina entre el pelaje de las palabras! Si recurrencia, es cadencia música ¡que de corte a corte de verso re-enlazan y lanzan! Y en laza la danza. Pues es fraseo que escala en la nota que se detiene y retoma, cuando toma aire, y cuando es rozado por el agua el brazalete braceo que agarra a su aire el modo del crawl (¿se tempera con Temperley?) (se témpera con Turner) ¡se marea! De interamar que de-canta de lluvia a mares al viento a la ventana, amares secretos y soplados por doquier pues son entregados a la marea del principio y rodeos del fin. Con una melancolía, sí, pero como la de la palomba de la vieja canción a-ladina ¡frota la lámpara! Querida Corina. Y coreamos digresionando: En el mar hay una torre (te contaba el otro día querida). En la torre una ventana. En la ventana una palomba. Que a los marineros llama. -Vuelvo al estilo reseña que había escrito entonces:

Desde el principio arranca un índice cuya mareante marea pasa por poema de títulos de poemas. Índice y a modo de la primera línea del oleaje. Esa que viene mansa a lamer la punta de los dedos de los pies antes de la inmersión y entrega a las múltiples y más tupidas lenguas del venir e ir de aguas. Y luego el, llamémosle, epígrafe que hace poema a lo ancho mar, como segunda línea de olas, aun no nos cubren, pero pueden hacernos trastabillar en la media orilla por la fuerza con que arrasan, ahí donde se superponen las capas que van y las que vienen. -Me releo. No recuerdo ya todo lo que pasó entonces, que había comenzado, uno de los comienzos por este abordaje de, digamos lo «formal» la estructura, como si existiera un «procedimiento», pero yo prefiero hablar de procederes, de idas-vueltas, de «andando se acomodan los melones» o en este caso, de mares y de interiores amados, los amores. Pero claro, Corina, me golpeo la cabeza con la mano y sonrío en el insight: ¡si el príncipe azul es el mar! -Sigo con lo que escribí entonces y no se en qué versión de las tantas:

Componen el concierto ese oleaje de voces en citas que van aumentando el volumen, la masa de las aguas compleja. Se anuncia así un pentagrama (¡el programa en mano!) de azules, verdes y ocres por venir, de intuiciones de lo que se dice y se agota pero recomienza, porque donde el líquido del decir se nos arrima casi objeto-sujeto inagotable es en el momento justo que captaba la pérdida (*naKh ab Ra citando a Perlonguer y lo que él llama signo barroco «la canilla que no cierra») Corina cantarina de esa gota que inunda sala al mar que ama. Y su espuma, que es alcanzada por el roce escurridizo y tangible. Inevitable sal mancha entre poemas cruce de corrientes. El mar espora palabras, y yo encuentro que es fin y principio del decir, hogar y lejanía. Pienso ahora: automar como quien dice autocine, y no se automatiza frente a la intemperie. Sino hace amparo de un mar madre un mar casa y un mar funeral, el mar de la poesía toda, ¡tanta poesía que amar!

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Pero el mar que poliniza está al fin en todas partes

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Dice Corina. Y:

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En cada sede una casa

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Y:

sobre los acantilados la casa se nos cae

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¿Entre el dormir y la muerte hay un mar de distancia? ¿Cuánto mide esa vara, mojada? ¿Cuánto pesará, una vez seca? Canta Corina la canción de Barea Mattos:

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En el fondo del agua
Donde los motores se apagan
Me duermo
Y muero sin morir
Y sueño que me muero
Y en la realidad
Duermo

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¿Se duerme en la realidad y se despierta en el sueño? Cortazariana la noche boca arriba (googlear cuento). ¿Es el mar que acuna a la realidad que sueña? ¡A ella arrulla y le canta! O le ruge para despertarla y llevarla al sueño. En «un sueño» Corina insiste:

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Puro cielo gris abierto
sobre mi pecho una y sobre su pecho la siguiente y el viento
pulmón sobre pulmón
y así cada una
intemperie
oriente
procura de dios de la otra
vemos
viento del viento dentro del viento
adentro nuestro

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Con el viento adentro «la espuma de los días de Boris Vian», me digo. El tono confesional quiere que acerquemos el oído, y alejemos el odio porque el amor. Pero para ver bien hay que tomar distancia y para eso está la torre. Cito: «ver desde la proa». Entonces, ordenemos el reorden: 1) Podremos llegar a ver: al ras. Pero a la distancia horizonte, horizontal póngannos, pongamos, la línea esa del horizonte (Poeta Serial me auto-cito) para atender mejor a todo el panorama. Captarlo así como si hubiera recta allí donde la curva nos detiene los ojos. El panorama va rasgado, y marcado por las rutas de los que caminan o se mueven por la tierra, las marcas que dejan, los caminos que horadan. Huellas, huellitas, pasos que agujerearon superficies hasta el punto de asfaltarlas o hacer desde surcos hasta carreteras. O bien: 2) Mirar hacia arriba el cielo es otro panorama de aves y aeronaves (ellas tendrán su propio horizonte de nivelación celeste supongo). Pero esta perspectiva aérea pone apta la mirada para captar otras rutas: las del cielo invisibles a los ojos, rutas que llevan hacia el mar a las aves.

Sigue la Poeta Corineando:

 

tres pájaros negros

 

Que eran tres palomas

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Se lanzan a pique

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¿Son bodas entre el cielo y el agua?

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ha sido
El enlace
El agua
Álgida
Entramar

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Pues duele. Un agua álgida también acontecida de algas, supongo.

El lenguaje es una casa. Una «casa océano». Y va entramada mientras nos cae la ficha, mientras baja esa flecha poema, tan certera, hacia debajo de punta, a pique, picamos, mordemos el anzuelo, llegamos hacia la cantera de lo que le esperaba: el enlace, la boda de elementos:

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antenas arenas espejismos

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Toda esta base de operaciones entre acuosa y ventosa sabe como el

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viento sobre viento sobre ventana

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Lo sentimos, querida, mientras lo decís ahí está. El carro pasa por nuestra boca. La arena se mastica travestida por el viento en el aire en fino polvo estelar diurno. Tu firma afirma la cosecha en carrera que certera toma al paisaje por las astas porque es como una pintura, como una marina, que se te mete en la narina.

La casa de sí y va a la caza de un sí, que puede ser un cada quien de nosotros, de nosotras, que es un mí en vos donde la duda pone, todos toman. Perinolan:

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cada una es hacia cada una que es hacia mí, todo es arena nosotras nuestro ser de una

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Y ¡Somos Dunas! Y es también casa la tumultuosa multiplicidad que es lluvia, vuelve lo mojado, pues algunas veces como cuando cambió el rumbo horizontal por la anchura para decirse en la verticalidad del poema. Otra vez en forma de flecha que se escribe y dibuja de arriba hacia abajo para renacer hasta pulverizar el resto: Crucigramas: horizontales y verticales, componen el puzzle.

Y:

cuanta astilla
Del mar
Urge

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Epilogar dialogo: pero está en medio la cadencia. El libre sensorial que no duda porque ritma en danza sonora:

 

Del lado del viento
Alguna hoja ondula

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¡Viste cómo cantan! Los versos, al moverse desde el sonido que encarnan así sembrados «inter»: entre: lo que ama: ¡consonando las eles! deL Lado deL … AL La La acentuación vocálica cantarina: Eao eiéo auoa oúa. Y la ondulación se hizo. Anfibia la poeta va cuerpo a mar. Mar a cuerpo se escama cielo y escala. Y cae a pique para

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nadar en la rompiente

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Donde:

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todo rosa

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Es roce de una experiencia física de le la piel y el rubor sudor marino:

 

la piel sube
Y se escurre
Versátil
Mejillas alternadas…

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¡Estás nadando! Nada sirena Corina aletea con las piernas largas que porta poeta Corina Con-tacta así como médium a su citado que asiste a la cita: Viel Temperley. Son devotas y versátiles en versos las mejillas ofrecidas: una y otra, pues así es el crawl, pero aquí es fémino el roce del rosa que la incendia. La piel sube y se escurre, chorreos que la imagen impone, al estar nadar entrar-salir adentro-afuera entrenando el entramado trance:

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solo toca deslizarme ahora/ todo roza

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Si para nadar es fundamental cambiar la manera de respirar pasar de un medio a otro este poemario, nada. Nada porque respira bien. Brazada a brazada, y sacar la cabeza cuando lo pide el ritmo, y sabe dar la bocanada. Ahhhh! Toma. Uhhhhh! Saca. Aire entra, arma, corta, y se relanza. Inter-ama. Explora los mediums. Así antenee en el área aérea, o acuática, o asome con-sustancia. Hostia atenta antena de cuerpo arena, mar, humana, pájaro, ¡pulmón! ventana, sedimento, otea desde altura o cae y decanta o chorrea a ritmo de cuerpo dormido, gotea o horizontalea su pálpito anfibio, corazón a corinazón tendrá en su música que le pida razón. Y así, juntos en su crescendo crespo da a hablar, da a leer Mi exceso decantando su algo tan que desmido, pidiendo permiso para colgarme de sus órganos fluídos, que se comparten en la amistad de un poema. En lo que dura una elección. Nos dicen: Shhhhhh,  dejá al libro decir lo que quiera. Yo solo comparto lo que me comporta.

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nos quedamos hasta que se va el último
Nos quedamos como el mar…

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Leyendo con todos los ojos olas que dejemos que nos suelten o posean.

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M a r   d e   I n t e r a m a

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Jardín interior
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ha sido

el enlace

el agua

álgida

entramar

excéntrico

lleno de pájaros

a pique vertical

antenas

arenas

espejismos

en casa

océano

savia

panorama

morada

donde el frío no bulle

no nada no

corre

viento sobre viento sobre ventana

y la espada

en la lluvia oculta

cuánta astilla

del mar

urge

:

:

:

:

:

A cierta hora

 

mis ojos se amparan en los cambios

Liliana Ponce

 

en la luz hay un reborde que el aire dibuja

como ola cuando eleva

la proa del balcón

el cielo escribe en indeleble

por el canal encofrado del viento hacen su llegada los botes

y las bandadas

¿todas reman, todas se la ven con la marea?

a cierta hora

si la nave titubea, pienso, se hundirá

y la zambullida de un ave me hace creer

que se lanza aunque se deja

caer en libertad

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:

:

:

:

Orientación sur


luna de todos los temores

erguida y enclavada

luna de sol

dátil

en tu espada neural

impávida

alguna luz se desglosa

no deja de anunciar

tu lado mantra

piedra viva de mar preciosa

volátil

a contra sombra

se espesa la lluvia

a contra marea tuya

se despliegan los árboles

hacen agua

reflejan sus omisiones

su aura menguante

desconcierta

vine a traer mi cuerpo a tu lado

las piedras menos precisas

el dato de un día que hace a la historia

y me amarro

mareas inexactas

indecisas de Interama

acércame autopista

cada copo de mí

en la torpeza

te nombra

:

:

:

:

:

Dragón sumergido


no desisten las mareas

confluyen

como un fuego

hasta el sitio dorado

donde estoy en casa

nadar nocturno

mar de Interama

aún hago pie

y absorta

sigo

sobre mí misma

todo el suelo tiene sentido

recojo mis manos

como único guante

como

un

g

o

t

e

o

pronuncio agua y brota

un ardor de espada

que desclava la torre

e insinúa:

ven a empuñarla

a esgrimirla

:

:

:

:

:

Estrella opaca

a Emma Villazón

:

irte

como una

luz roja horizontal

no hace falta

estamos a salvo

por ahora

tinta de tu tamaño

marcas del estuario

son las escaleras del Naval

nada más

algunas vías

colapsadas

capilares pliegues arácnidas

la autopista

que no para de drenar

mosquita inquieta

glóbulo del aire

miniatura

detalle de mi

soledad

no hay guarida

en las alas

es de noche

aunque estemos en casa

:

:

:

:

:

Mar medular
:

caída

toda cáscara

lo mínimo

indispensable

 resumida

en una espada

síntesis

sin familiarizar

 no termino de salir

del sueño químico

 no termino de ser

quien entró

en una cápsula

antes del mar

¿ya estaba rota?

tinta distante

quiero quedar

arraigada

:

:

:

:

:

La casa debajo del agua
:

hundo la cabeza en el agua así

veo cómo era la casa

mi familia no tiene patas ni cuernos

sólo bracea

provista de alas

cada quien percibe distinta

la apnea y se abraza

indiferente

a la distancia

cada quien hace disipar

su nervadura en lo hondo

 llora por su cuenta

sin otredad

hundo la cabeza para ver fondeo

con ojos de ver que no veo

 aberturas anteceden lo nocturno

sobre velo de desvelo

voy a ver al fondo y veo

cada quien cubre su rostro

el dorso esconde una

especie de desierto

no puedo ver quién habla

quién se queda o está

lejos

quién no recibe

ni devuelve la llamada

las palabras son un hueco son espinas

donde nadie se sitúa

oigo debajo

alguien lee enigma

una visión

yo busco el gesto

nadamos en la casa

entre fantasmas y pájaros

apenas nos movemos

si se mueve el agua

desanudan las cifras los desbordes

la frágil cercanía rehacen

la constelación disuelven

y ahora no hay dónde

:

:

:

:

:

Patricia Jawerbaum. Poeta y psicóloga por la Universidad de Buenos Aires (Argentina) con posgrado en Literatura infantil por la UNSAM. Auspiciadora y coanfitriona de la Estación Orbital Alógena. Experimentó con Alogenitos, taller de invención literaria para jóvenes de 8 a 12 años. También se desempeña como ilustradora, buceadora visual y verbal, realizadora, narradora de kamishibai y bailaora Flamenca. Licenciada en psicología UBA con posgrado en literatura infantil UNSAM. Ha publicado en poesía Imprudentes Insensatas (1990), Luna Park (2000), y mantiene inéditos Poeta serial (poemas) y Hasta que los insectos no enciendan las lámparas (poemas infantiles). Obras para kamishibai Sevilla era una fiesta (junto a Sergio del Popolo), Tío lobo y Hotel de hadas. El trabajo que presentamos fue remitido a nuestra redacción bajo el título de: Reversión. Bitácora de lectura: Una lectura de Mar de Interama de Corina Maruzza (2020, Juana Ramírez Editora).

Corina Maruzza. Temperley, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1979. Es guardavidas y Licenciada en Psicología. Mar de Interama es su primer libro.

La imagen que ilustra este post  es un detalle de una obra  realizada por el artista venezolano Víctor Avellaneda.
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