Voces de un cuerpo

Giovanni Collazos

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El cuerpo de estas voces

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(…) el cuerpo, corpóreo, jamás tuvo ahí lugar, y menos que nunca cuando ahí se lo nombra y se lo convoca.
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-Jean-Luc Nancy en Corpus

 

Las voces, reproduciéndose las unas en las otras, son memoria háptica en el cuerpo otro y en el propio. Voces de un cuerpo moldea una experiencia, no solo la del cuerpo sensible de la voz poética, sino la de la narratividad del entorno social que trasciende la escritura como rezo o proclama, voz dirigida. Giovanni Collazos escribe con su cuerpo desde el margen, cuerpo político que rebusca una vez más en la zona telúrica del lenguaje, quizás el hogar definitivo o, más bien, a modo de «transcender la extranjería». ¿Qué significa habitar, con el cuerpo, un lugar donde no se pertenece? Es el mismo cuerpo de Migrante (La Garúa, 2018) -y sus mismas voces, amplificadas- el que aquí se erige, pero ahora para sens/xualmente pronunciar, nombrar, separado de su materia, aquello que lo habita (o no) en conflicto y en constante movimiento. Ya no en busca de habitar sino de ser habitada, la misma «sonrisa decolonial» y grito rebelde, desanda una calle que puede ser torso, ladera o lucha al mismo tiempo.   

Para leer la poesía de Giovanni Collazos hay que poner el cuerpo en la lectura, sacrificar la voz propia y acompañarlo hasta el centro de la enunciación social de su balbuceo, tan contundente. Voces de un cuerpo es un poema de largo aliento, pues parece que donde acaba una voz irrumpe otra, hasta que en la cadena se llevan al límite las palabras inmoladas y su sintaxis quebradiza como seña de identidad, acaso compartida. «Por humedad revolucionaria al afecto» este canto poético invita a desdibujar su forma-piel para trazarla de nuevo. En definitiva, las voces que aquí se reproducen las unas en las otras no pretenden alinearse a la memoria de un solo poema-cuerpo, sino a la matriz inestable de la palabra poética como voz coral absoluta, afectiva, profunda que se pregunta (o quizás afirma) «¿qué rumbo?» en la derrota.    

 

Cristina Elena Pardo
Nueva York, julio 2020

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V o c e s  d e  u n  c u e r p o

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f r a g m e n t o s

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Lo que habita en un ojo quizá mar quizá lengua de frutos prolongados pensamiento aquí la edad de la sangre quizá azul moviéndose sentada sentida luz resbalan agua en la piel delante sol y los cóndores sudando imagina estómago por la callejuela de balcones antiguos en el ojo ahí el estribo ahí perdido por el instante gotea en su frente abajo palmeras y el ojo libre quizá alucinación a treinta y ocho grados de tan lejos su venida a mi impuntualidad túnica arquitectura del desnudo al puñal de una nalga en silencio sugerido despierta fuego racializado hasta política azul quizá su ojo aliado fuerza desordenada su pelo satén mis crines calvas en sus ojos habito extrae fondo pezón incienso de alga mujer el rostro libre transciende la extranjería azul quizá sea árbol su cintura rama en mi causa limeña su paladar alguien sabe que su puerta abre el exilio donde mi retrato en su ojo alma es mi lectura mi silencio compacto.

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Mi silencio compacto muy cinematográficamente pinta azul intensidad sus hombros su nombre el bar por la mirada cual asomé a limpiar el paisaje vereda pastillas en la tira de su blusa ni me fijé hasta la salida islas llenas de frutas despreocupadas los relojes en mi cara letrero los ríos se incendiaban cursi no puede tejido párpado pero no vi un bote para el bastón que cantar dulcerías aquí la pupila se abrió en su labio la noche sí camarero cientos de mesas en un solo brazo de cuanta ternura ahí sentada tinto tinto qué hacer si el aire es mucha evidencia sí me clavó su vamos a bailar en la risa escondida norma camarero te veo la danza el pie los imperios caen en mi cabeza la dedicación fuese miel humana ay volverse escritura temblando pintótodaslasvecessuaromaquevolteabamisojos la ciudad media el cambio de un sabor oceánico marinero de árbol había cucharas en la luna.

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Las cucharas en la luna nacieron de una conversación de cóndores revoloteando las vísceras fueron aquí dispensaban el viaje su huida abrazo en la cebada dentro deseo silba el salario de su gracia más exclamación no pude ser me filtro extranjero por la garganta libre el confín libre ella su palabra purpura despega trigo el pensamiento olor playa olor cuello despegue del barro su boca como viejo ensamblaje de sangre hogar me quedo dije magnético por humedad revolucionaria al afecto quizá es sí seguro mi mente precisa igual el tiempo estancia su respiración piel todavía su ojo erizaba sigue naciendo extranjero en cada aspa ventilador la escritura al sur me engendra sus dedos semicerrados al filo de mi insomnio el azul se repite salvaje y no hay porqué entender no hay porqué entender flaco te ha sentido las costillas temblar el rostro expandirse el lenguaje no resiste no encuentra no cabe ni mirada a la nada tumultuosa calor ahí acá ahora el miedo la sed soñaba que no soñaba pero vino azul despliegue salaz desprevenido lo supe.

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Desprevenido lo supe y la danza del que sabe vivir al filo de su filo nuevo en el trapecio dientes su voz Berlín qué importa estaré el curso de las aguas es y lo salado de las islas de la imprudencia es vencer ya convicto al cuerpo al sabor tintura tu sudor el cerebro sexo la conversión de las formas reflexión tu olor me habla el deseo que el mundo vuelva a empezar no urge territorio nos sabemos boca lenguaje de árbol el viento confiesa las expresiones del pueblo somos luz y hechos comarcas por descubrir letales el lugar mismo hervidero de tendones pero tu voz me acá está hortaliza la carne como cemento rapsodia los estacionamientos no ha caducado la pobreza rica en escritura sigo ardiendo ojeroso en clítoris rango espuma de antorchas escafandrista me vuelvo a los pulmones en la mirada músculo de mañana moriremos y me gusta el brillo de la sangre en tu iris me transparenta me engulle humano el desierto me puntúa el mundo dentro vertebral de las cañerías música del fragmentado texto que el verano agudiza en tu vestido de hierba al sol subterráneo vientre donde sentí poeta la infancia de cientos movimientos telúricos ha sentido elástico el cielo las ramas se han detenido los pájaros para esperar la brisa

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Quiso ser al inicio masa un grado tener soltura y facultades ser catre un Marx criogeniza dientes sin propiedad nada sin carne reconforta los vicios del domingo sin propiedad la piel nadie ser moscas sobre cuerpos allá la luna gira puente y qué es púlpito la inexistencia falta de aire cúbito desafecto Lima su sensual economía para encontrar el daño allá ha pasado presintiendo un piano y un gesto se ha ido yendo hacia los muros mezquindades saberes reaprendidos de una memoria anciana los letreros sexuales conociste te desarmas impresionista no ha llegado la muerte ven tu piel a esta casa no ha llegado nieve salto un continente para el labio inferior muy carne y el estómago bulle silenciosamente ente visual la calma el vestido líquido cae pierna aladas el resumen clítoral de lenguas expande cerebro aguja cerebro sal su sabor persistente en los dedos abre sensible calle Leyva y su marqués en cama jugo el rostro confidencia un libro allá el regazo su piel no sabía nadie el aliento para abrigar el frío no sabía nadie América escombros han matado indígenas tantos lo mismo un amanecer nosotros aquí sangrando el tiempo como niebla tu rostro los dos chorreantes no queremos irnos puede escucharse al abrirse un yacimiento siento al rasgar hueso humo en cana caballo lentas raíces alcanza para el amor adormidera es la piel constelación del cobrizo al asfalto musical suena qué importa salpica cadáver en el rescoldo la migración pídeme certificado de la sangrecita con hambre lúcido afásico lúcido a cien puñaladas alunesado sabe sí tristeza irse en tenue vulva la oscuridad de fruta arbitraria la sed sonriente y fugaz pasa habitando los flujos la papaya su vitamina solar ser color tender una peruanidad inventada de dónde vas por qué vienes allá tú sabes la cáscara miran salieron púas cual hemisferio si la cabeza notara lunar sus ojos razón cual eres y pasa tiempo amar aprendes desligas propiedad visión tu aquí con lejanía lo cercano trasciende idea aún contradictorio no importa el mar la sal prende pólvora entiendes idiomas como propios pasa tiempo cerebro se desarma expande duele suave la soledad emancipado racial poder tomas poder un lugar para crecer con toda esa multitud del pecho ambulante luz.

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Giovanni Collazos nació en Lima el 24 de octubre de 1977 y reside en Madrid desde finales de 1999. Su primer poemario publicado fue Contra la niebla (Unaria ediciones, 2013), el segundo fue El tísico bolchevique (Ruleta Rusa ediciones, 2016), Migrante es su tercer poemario publicado (La Garúa editorial, 2017).  Ha publicado también la plaquette Landó blues (Ultramarina ediciones, 2015). Poemas suyos han aparecido en cuatro antologías madrileñas y en la antología Felina (Editorial La Tuerca), en Puerto Rico, que reúne a escritores latinoamericanos. Ha colaborado con poemas en el libro Pessoas, 28 heterónimos esperando a Fernando Pessoa (Karima editora, 2015) y Tribu vs Trilce, libro homenaje al «Trilce» de César Vallejo (Karima editora, 2017). También ha colaborado en varias revistas literarias de España, Perú, Chile, México, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana, Portugal, Francia,  Venezuela y EEUU. Ha sido participe del V encuentro de escritores de La Feria Internacional del Libro de La Habana – Cuba (2015).

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Valentina Aguirre
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