Water in the crawlspace

Andrés Fisher

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Water in the crawlspace

Ya te digo, Lew. El agua. Debajo. No dentro. Entre el piso y la tierra. No debería. El agua, ya te digo. Dentro no. Debajo. Entre el piso y la tierra. Allí donde respiran las casas. No debería, ya te digo. El agua. Allí. Donde respiran. Las casas. Entre el piso y la tierra.

 

 

 

 

Water in the crawlspace viii

Cuarta vez en menos de un año, Lew. El agua. Allí. Donde no debiese. Debajo. No dentro. Entre el piso y la tierra. Allí. Donde respiran las casas. El agua. No debiese. Y ya no cae solo del cielo. Sino que brota también del suelo. El agua. Y el arroyo. Ni te cuento. Parece ya todo un río.

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Poesía. (Soneto). (De César Vallejo, casi). Le pegan a César Vallejo. Le pegan con un palo. Le pegan con una soga. Le pegan a César y le pegan a Vallejo. Le pegan con un palo y le pegan también con una soga. Le pegan sin que él les haga nada. Le pegan a César y le pegan también a Vallejo. Le pegan al Cholo y le pegan a todos los cholos. Con un palo y con una soga sin que él ni ellos les hagan nada. Golpean al Cholo golpean a César golpean a Vallejo y hasta golpean a sus mismas sombras. Los golpean con palo y los golpean con soga sin que ellos les hagan nada. El palo y la soga no quieren seguir golpeando a César ni a Vallejo pero no pueden contra las mano que los manda. Contra la mano de la manada que los manda. Entonces tanto palo como siga siguen dando a César y a Vallejo. Palo y soga tienen que seguir dando al Cholo y a todos los cholos sin que ellos les hagan nada. No quiere dar el palo ni quiere dar la soga pero la que da es la mano que los manda. La mano de la manada que manda sigue dando a César y dando a Vallejo. La mano de la manada sigue golpeando a los cholos y sigue golpeando a las cholas sin que nadie les haga nada. Nadie les hace nada y siguen cayendo los golpes del palo y los golpes de la soga. A pesar de que ni palo no soga quieren seguir golpeando los golpes siguen cayendo sobre César y sobre Vallejo. Sigue cayendo el palo y la soga sobre las cholas y sobre los cholos. Sobre César sobre Vallejo sobre las cholas y sobre los cholos es que siguen cayendo. Los golpes. Pero no solo sobre ellos. Y mucho menos aún solo sobre ellas.

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Poesía. (El otoño del patriarca). (De Gabriel García Márquez, casi). Una vaca contempla el ocaso desde el balcón presidencial. Que cosa más inicua. Que país de mierda. Aunque la vaca dignifica el balcón que antes ocupaba el tirano. Aunque todo el mundo sabe que las vacas no suben escaleras. Y menos aún si son de piedra. Ya no solo vacas sino también gallinazos contemplan el ocaso desde el balcón presidencial. Y también los gallinazos enaltecen al balcón que antes ocupaba el tirano. Aunque todo el mundo sabe que los gallinazos no entran por las ventanas. A no ser que no haya autoridad. Menos aún si han venido desde el mar de polvo donde antes estaba el mar. Manos aún si han volado en círculos durante días sobre el balcón. Y sobre la ventana que antes ocupaba el tirano. Y que ahora ocupan las vacas con su beatitud. Que las hace capaces de pastar en ese mar de polvo donde antes estuvo el mar. Ahora que ocupan el balcón que antes ocupaba el tirano. Sobre el que ahora vuelan en círculos los gallinazos. Entrando y saliendo por las ventanas. Alimentándose también en ese mar de polvo donde antes estuvo el mar. Ahora que ya no está el tirano. Ahora que vuelve el mar también en círculos. Para ocupar ese mar de polvo que antes ocupaba el mar. Ahora que las vacas ocupan el balcón del tirano que vuelve a mirar al mar. Ahora que los gallinazos entran y salen por las ventanas. Ahora que suben y bajan las escaleras tal como hacen las vacas. Ahora que las vacas vuelven a pastar en el mar.

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San Marcos de Arica

Multitud de gaviotas en las calles por algún desequilibrio en la producción de harina de pescado.

El calor seco del desierto aunque el mar azul celeste como el cielo azul celeste de la pasta base.

Como el cielo azul celeste por el que ya no vuelan las gaviotas que caminan por las calles.

Como el mar azul celeste por el que ya no nadan los peces hechos harina en la arena.

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San Marcos de Arica i

Las gaviotas y el pescado en la harina de las calles y el calor seco del desierto.

La pasta base y su cielo azul celeste desequilibran la producción de la arena y del pescado.

De la harina del desierto que comen las gaviotas junto con la arena en las calles.

En las que los peces como harina nadan hacia el cielo azul celeste de la pasta base.

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Andrés Fisher. Washington DC, EE.UU. 1963 A muy temprana edad viaja a Chile, donde crece en Viña del Mar. En 1990 va a Madrid donde hace su doctorado, forma parte del colectivo Delta Nueve y afianza su relación y práctica de la poesía. Su último libro es Castilla & otros poemas (2015) precedido por Series, poesía reunida 1995-2010. En crítica y traducción en 2009 apareció su antología bilingüe de la poesía de Haroldo de Campos, Hambre de Forma, en 2012 su ensayo La poesía inmortal y pobre de Borges y en 2013, la versión en castellano de Entremilenios de Haroldo de Campos. Con Benito del Pliego han publicado en 2010 la antología de José Viñals, Caballo en el Umbral seguida en 2013 de Círculo de Hueso, selección bilingüe de la poesía de Lew Welch y en 2014 Objetos, Retratos. Geografía, muestra de piezas breves de Gertrude Stein y Yunaites, poesía en español en Estados Unidos. En apareció 2015 Cualquier día, selección bilingue de la poesía de Philip Whalen y en 2018 Neuronas del Espíritu de Michael McClure. Desde 2005 vive principalmente en Triplett, Carolina del Norte, donde es profesor en Appalachian State University y pasa regularmente temporadas en Madrid.

La imagen que ilustra este post fue realizada por el artista venezolano Fabio Rincones.
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